Japón: terremoto político

jueves, 24 de marzo de 2011

MÉXICO, D.F., 24 de marzo (apro).-El terremoto de Japón empieza a descubrir poco a poco la personalidad de su política basada en el pragmatismo eficaz y ha reactivado los viejos debates de siempre: la parálisis económica, el problema demográfico y la energía nuclear.

 El experto Ken'ichi Ikeda, del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Tokyo, explica en entrevista para Apro que los políticos japoneses harán algunos reacomodos.

“Primero, una posible coalición amplia como alternativa de gobierno para superar la crisis nacional; segundo, un posible cambio de generación para darle más poder a nuevos políticos y, tercero, una organización sistémica de gobierno, especialmente para construir una fuerte relación entre la burocracia central y los políticos bajo un liderazgo más consistente”, enumera.

La primera medida ya camina. El 19 de marzo, el gobierno de Naoto Kan, del Partido Demócrata Japonés (PDJ), convocó a una reunión de gabinete (donde se le unieron incluso los comunistas y los socialdemócratas) para superar la crisis. Si bien el Partido Liberal Democrático (PLD) rechazó entrar en cualquier colación de gobierno con el PDJ, expresó su disposición a  cooperar para la reconstrucción.

Esto se puede explicar, dice Ikeda, por el hecho de que realmente no hay mucha diferencia entre estos dos partidos, los más importantes de Japón.

“A pesar de que el PDL es conservador y el DPJ es liberal, hay mucho empalme de posiciones en la Dieta (las cámaras), “las nuevas generaciones de miembros de la Dieta del PLD comparten mucho en común en sus posiciones políticas con la joven generación del PDJ”, explica.

En sus páginas de Internet, los partidos de Japón muestran las medidas que, junto al gobierno, comienzan a tomar para superar la crisis. Poco antes, en la editorial que lanzó después del terremoto (13 de marzo) el periódico liberal Asahi Shimbun hay una fuerte crítica hacia el partido en el poder y la oposición por enfrascarse en “batallas partisanas” sobre el gasto y los escándalos sobre el financiamiento de la política.

Pocas horas antes del terremoto, el mismo 11 de marzo, este diario publicó una entrevista con los expertos estadunidenses en política japonesa, Sheila Smith y Michael Green, quienes señalaron que desde hace tiempo se presenta un deseo de cambio en la sociedad, a consecuencia del estancamiento en la política.

“Durante el movimiento de reforma política de 1993, muchos pensaron que un debate amplio sería el resultado de la emergencia de dos grandes partidos en Japón (PLD, PDJ), pero hoy no existe esta discusión en la Dieta (congreso japonés)”, dijo Sheila Smith.

“El último asunto (la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores Seiji Maehara) sólo se enfocó en la crítica del individuo, no hubo discusión alrededor de una opción o un curso político para liderar la nación”, dijo Michael Green.

Antes del terremoto, el gobierno de Naoto Kan se tambaleaba no sólo por la renuncia de Maehara, sino por los escándalos de corrupción en su partido y la presión interna para disolver la Cámara baja y llamar a elecciones anticipadas.  

Esta presión sobre la figura del Primer Ministro no es actual; desde 1990 han desfilado14 dirigentes que fracasaron al tratar de revertir el estancamiento económico de 20 años. Aunque este cambio de dirigentes no significa cambio, sino continuidad, pues los elementos más destacados de los principales partidos desciendan de antiguas generaciones de la aristocracia política y económica. Por ejemplo,  Yukio Katoyama, Primer Ministro de 2009 a 2010, es descendiente de Ichiro Hatoyama, quien ocupó el puesto en 1955.

La familia Hatoyama está vinculada a la creación de universidades y se ha granjeado el mote  de la “familia Kennedy japonesa”. Su predecesor, Taro Aso, es descendiente de un prominente samurai de la restauración Meiji, de un Primer Ministro y de hombres de negocios propietarios de la Aso Mining Company.

El tambaleante poder del premier japonés no se compara con la fuerza de la burocracia central,  el motor que realmente echa a andar el país (Apro, Japón: los olvidos del Halcón Aso, 2008).  La burocracia japonesa recluta sus miembros de las mejores universidades del país, como la de Tokio; controla los negocios y la economía mediante la “guía administrativa”, una facultad otorgada por La Ley de Procedimientos Administrativos de 1993 que le da la facultad de dar guía y recomendaciones a los políticos  sobre asuntos públicos. Diversos especialistas han dedicado a la burocracia japonesa amplios estudios que examinan su poder, como Sociedad en camisa de fuerza, de Masao Miyamoto, de 1993, y El bizarro mundo del servicio público, escrito por  Aki Wakabayashi en 2009.

La imagen de la burocracia emerge por la alianza que debe hacer con el ejecutivo para superar la crisis, y por las noticias del 22 de marzo publicadas por Times, que denuncian: Esta la burocracia japonesa ahorcando la ayuda humanitaria?

En el artículo se describen  los miles de trámites que deben hacerse  para que se pueda organizar la ayuda y las  trabas que los voluntarios  deben sortear para ayudar, además de la lentitud de la respuesta por el intrincado mundo de burócratas a quienes  hay que pedir autorización.

Estas élites y su cerrazón movieron a Japón a  cambiar después de 53 años de hegemonía del conservador PLD a una nueva opción: el PDJ; sin embargo, los dos gobiernos del PDJ se tambalean como todos sus predecesores, pues el Primer Ministro Naoto Kan cuenta con sólo 20 % de popularidad y, según Ikeda, no ha logrado manejar bien ningún aspecto de la economía. A esta situación se le ha suma  la creciente popularidad del presidente del PLD, Sadakazu Tanigaki, y lo que él mismo admitió como “la peor crisis de Japón desde la Segunda Guerra Mundial”.

 

El estancamiento

Masami Imai, experto en economía y Director del Centro Mansfield Freeman de Estudios del Este Asiático, refiere en la entrevista que el tema más espinoso de la política en Japón es la economía.

 “Hay muchos ejemplos de cómo el partido en el poder pierde su mayoría por la recesión”, explicó. “El más reciente es la pérdida de la mayoría del PLD en la Casa de Representantes durante las elecciones que tuvieron lugar en la severa recesión del 2009”, dice Imai.

La recesión hizo que en los primeros dos meses del 2011 Japón cediera a China su segundo lugar tradicional como potencia económica mundial. De acuerdo con el documento Propuestas, publicado tras la dimisión de Yukio Hatoyama en junio de 2010 por el periódico conservador Yomuri, Japón no se ha estancado en los 500 trillones de yenes anuales. Esto se debe a la caída del índice de nacimientos y el envejecimiento de la población, pues la población económicamente activa bajará de 87 millones en 1995  a menos de 80 millones en 2012, y se estima que  llegará a 70 millones en el 2027, lo cual tendrá enormes consecuencias para el consumo y la producción.

El bajo crecimiento del PIB, afirma el documento, se agrava por la deuda del gobierno que sube a 200% del PIB. Deuda que es manejada de forma irresponsable por  los gobiernos del PDJ,  por tomar medidas “populistas” como las pensiones para las familias que tengan niños y para los campesinos, que tacha de “limosna” e insiste en “revivir la economía y promover el crecimiento”.

El PDJ, sin embargo, enfrentará grandes retos para continuar con estas políticas. En un artículo del 23 de marzo, el Yomuri reportó que, tras el terremoto, la reforma fiscal que el PDJ diseñaba para financiar sus planes de seguridad social, además de la participación japonesa en un pacto de libre comercio trans-Pacífico, no será viable. Para iniciar la reconstrucción,  añade  el artículo,  el partido en el poder y la oposición piensan ya en subir los impuestos (especialmente al consumo).

En entrevista  para el periódico Asahi, el 24 de marzo el economista japonés Yasunari Ueno advierte que una medida efectiva será redibujar el gasto fiscal del 2011 tanto como sea posible para cancelar eventualmente un aumento en el dinero que se da a las familias que tienen niños y mantener el impuesto al ingreso corporativo. Y recomienda subir el impuesto al consumo y no al ingreso, medida antipopular que, para  aplicarse, requiere  muchos procedimientos políticos.

Además, dice Ueno, la nación enfrenta una crisis sin precedentes, pero habrá una oportunidad para alcanzar una drástica revisión de las prioridades de las medidas políticas para restaurar la salud fiscal  y reconstruir las comunidades después de dejar atrás el pensamiento tradicional de peleas entre los ministerios del gobierno central.

 "Los planes de reconstrucción implicarán tomar fuertes decisiones que traerán un costo político", advierte  a Apro Imai. "Si las situaciones del gasto público mejoran, el gobierno simplemente puede emitir un amplio conjunto de bonos para financiar el gasto de reconstrucción, pero con poco margen fiscal el gobierno estará forzado a hacer ajustes fiscales que tendrán costos.  

 “Aún así —explica Imai—, el electorado japonés pondrá una especial atención en el desempeño del gobierno durante un desastre natural”.

Especialmente cuando se recuerda todavía la tardanza que el Primer Ministro Tomiichi Murayama tuvo  cuando se registró el terremoto de Kobe, y cuando las imágenes muestran que los ancianos fueron los más afectados por el terremoto del 11 de marzo; un tema que, según Imai, llama mucho la  atención al electorado, pues en las zonas rurales más de la mitad de la población tiene más de 65 años.

             Así,  también la reconstrucción será un tema de política, dice Ikeda, en el que la eficacia política y la capacidad de conseguir consensos será básica para el éxito.

             “Creo que la recuperación económica continuará siendo lo más importante. En particular, será el asunto central en las áreas afectadas”, opina  Imai.

 

Memoria

Aunado a la reconstrucción, la economía y la cuestión demográfica, el debate nuclear fue abierto por los intelectuales japoneses ante las radiaciones de Fukushima. En una entrevista a Le Monde y EL País del 18 de marzo, el premio Nóbel de literatura Kenzaburo Oe puso el dedo en la llaga de los capítulos traumáticos en la historia de su país. Al igual que los activistas de Fundación de Apoyo a los Supervivientes de la Bomba Atómica de Hiroshima, reclama ya la urgencia de revisar la política nuclear.

Tanto el escritor como los activistas apelan a la memoria histórica, al respeto por los muertos no sólo de Hiroshima, sino de los accidentes en las centrales nucleares y a los  afectados por  las pruebas de bombas de hidrógeno en el Atolón de Bikini.

La Asociación Médica de Hiroshima  envió una carta a Naoto Kan el 19 de marzo, donde le advierte sobre los riesgos de la construcción de plantas nucleares en un país  con alto grado de sismisidad.

El desastre se ha prestado para que, de nuevo, los intelectuales cuestionen la pertinencia del Tratado de Seguridad con Estados Unidos (que el año pasado cumplió medio siglo) y el que no se respete el pacifismo estipulado en el artículo 9 de la Constitución.

A raíz de la toma de conciencia de estos problemas, Kenzaburo Oe concluye en la entrevista que Japón se acerca a una “nueva era”, la que parece comenzar con el pánico, pues muchos japoneses han huido de las áreas rurales  e incluso de la capital.

Los medios nacionales y los canales de televisión muestran imágenes que parecen evocar la cultura popular japonesa del ánimo  que recurrentemente emplea imágenes de un Japón distópico, traicionado por su tecnología y amenazado por los desastres. Sin embargo, Ken'ichi Ikeda piensa que no debe haber alarma, pues hay un consenso en el tema nuclear.

Hasta antes del 11 de marzo  el PLD apoyaba la construcción de más plantas, pero a raíz del desastre de Fukushima ha puesto mayor énfasis en fuentes alternativas. Ahora, su política es similar a la  que sugiere el PDJ sobre energías alternas.

         “El gran asunto es en qué tipo de poder alternativo puede ser”, dice Ikeda, “y cómo podemos obtener este poder (60,000,000 kw en verano para todo el área de Kanto, incluyendo Tokyo) sin mucho aumento en las emisiones de Co2”, dice Ikeda.

 

 Nueva era

 La columna Vox Populi, Voz Dei del 23 de marzo, publicada en el periódico Asahi, decía que el terremoto de  Ansei Edo, registrado en 1855, condujo a una crisis parecida a la actual, que fue superada revitalizando la economía, especialmente en las zonas de desastre. La columna llama a “concentrar los fondos públicos en las áreas afectadas”.  Y recuerda cómo durante este terremoto los periódicos de madera comenzaron a pedir “cambios sociales” que derivaron en la caída del shogunato y la restauración Meiji (1868-1912).

         “No importa qué le pase a la actual administración, no tenemos más opción que subir los gastos de la reconstrucción a más de 123 mil millones de dólares (10 trillones de yenes)”, publica el diario.

         De acuerdo con Ikeda, los japoneses gustan de “gobiernos grandes” a pesar de la enorme deuda. Eso implica que esperan que del gobierno redistribución de ingreso, seguridad social, cuidado de las personas mayores, atención médica, infraestructura social en desarrollo, regulación de amplios negocios y  control de importaciones y exportaciones. Pero, a la vez,  no tienen mucha confianza en él.

         Recuerda cómo en  1995, durante el terremoto de Kobe, miles de voluntarios ayudaron a levantar la ciudad. Ahora, los  habitantes compran la comida en las calles para no gastar energía eléctrica y para levantar la economía nacional. El gobierno de Naoto Kan, dice Ikeda,  ya tiene problemas para coordinar a los voluntarios que se han inscrito para ayudar en las zonas devastadas, y el optimismo parece encendido, pues el 17 de marzo el canal Fuji reveló en un sondeo que  el 94,6 % de la población cree que se reconstruirá el país,  sólo 2,6%  lo duda.

 “La dirección es muy clara. Creo que muchos japoneses ahora sienten su identidad más que nunca y están mucho más orientados socialmente a ayudar al otro y creer en el otro, creo que este pensamiento está en su punto”, menciona,“tenemos sólo un camino: ir hacia arriba de nuevo”.

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