Gran Bretaña: el "complot nuclear"

viernes, 13 de mayo de 2011

LONDRES, 6 de mayo (apro).- Todo comenzó la tarde del pasado lunes 2, cuando cinco británicos de origen bangladesí se aproximaron en un automóvil Volvo blanco a la planta nuclear de Sellafield, en el norte de Inglaterra, para tomar fotografías del sitio altamente vigilado.

Los hombres, todos jóvenes musulmanes de entre 20 y 25 años, habían viajado en el vehículo desde el empobrecido barrio de Tower Hamlets, en el este de Londres, para planear supuestamente un espectacular complot nuclear y, según estiman los detectives, vengar la muerte de Osama Bin Laden, asesinado por un comando militar estadunidense, el domingo 1 en Pakistán, tras 10 años de “cacería”.

El vehículo se aproximó a Sellafield –ubicado sobre la costa del Mar del Irlanda–, y desde un costado del arcén de la principal ruta que bordea la planta nuclear, sus integrantes comenzaron a tomar fotografías con una cámara digital.

Sellafield está a cargo de reprocesar deshechos nucleares y combustibles, y es manejada por la Autoridad de Decomiso Nuclear.

El sitio, que funciona desde la década del 40, está fuertemente protegido por una firma de seguridad privada y por agentes armados de la Unidad Policial Civil Nuclear.

Sellafield es también sede de la primera estación nuclear del mundo, Calder Hall, que funcionó de 1956 a 2003.

La Policía británica cree que el grupo de bangladesíes buscaba el mayor impacto posible con un atentado con bomba contra la planta nuclear inglesa, similar al ocurrido recientemente en la central de Fukushima, en Japón, afectada severamente por el terremoto y posterior tsunami del pasado 11 de marzo.

En caso de haberse llevado a cabo el ataque contra Sellafield, Inglaterra, Irlanda, Escocia y Gales hubieran quedado expuestos a altos niveles de radiación nuclear, un hecho sin precedentes en el país.

Hacia las 16:30 horas del lunes 2, las cámaras de seguridad escondidas en el perímetro de la planta nuclear inglesa captaron la imagen del Volvo blanco y de sus ocupantes, actuando de forma sospechosa.

De inmediato, los agentes de la Unidad Policial Civil Nuclear enviaron una alerta a la Policía de Cumbria, que investigó de inmediato lo ocurrido.

Cuatro patrullas de policías armados rodearon al vehículo y arrestaron a sus ocupantes, quienes fueron trasladados a la principal comisaría de la vecina localidad de Carlisle, donde pasaron la noche, y al día siguiente enviados a una central policial en Manchester, donde fueron interrogados por un equipo de detectives.

En Manchester se encuentra la principal unidad anti-terrorista del norte de Inglaterra, segunda en magnitud sólo después de Londres.

Luego de los interrogatorios, que duraron cerca de 20 horas, la Policía del Gran Manchester se comunicó con Scotland Yard, pasando información de Inteligencia sobre el supuesto plan de ataque.

A primera hora del martes 3, varias patrullas de agentes armados se trasladaron al este de Londres, donde realizaron allanamientos en cuatro viviendas, supuestamente donde vivían los sospechosos. De los inmuebles se llevaron evidencia, documentación y varios ordenadores.

La comunidad bangladesí es una de las más grandes en el este de la capital británica, y grupos ultra conservadores del país advirtieron que la segregación y el hecho de que muchos jóvenes musulmanes de esa etnia sean desafectos a la política británica, está cultivando el extremismo y fomentando cada vez más la radicalización.

Pocas horas después de haberse informado públicamente del operativo de arresto y a sólo dos días del asesinato de Osama Bin Laden en Pakistán, el primer ministro británico, David Cameron, fue convocado al Parlamento para dar cuenta de lo ocurrido, ante el temor de represalias de grupos extremistas.

En la Cámara de los Comunes, el jefe de los “tories” afirmó que la amenaza del grupo Al-Qaeda "sigue vigente", y pidió a la población de Gran Bretaña "estar más vigilante que nunca" por las amenazas de seguridad.

Cameron confirmó además algo que muchos esperaban: que el Reino Unido mantendrá su nivel de alerta por terrorismo, actualmente en "severo", que significa que un atentado es "altamente probable", aunque admitió que el nivel de alerta "seguirá bajo constante revisión".

Su discurso en el Parlamento se produjo después de coordinar una reunión de emergencia “COBRA” en la residencia oficial de Downing Street, donde se evaluaron las principales amenazas de terrorismo en Reino Unido por la muerte de Bin Laden.     

"Aunque Bin Laden ya no está, la amenaza de Al-Qaeda sigue", declaró el primer ministro ante los parlamentarios, quienes le expresaron al mandatario temores serios acerca de que el país sea víctima de represalias por la muerte de Osama.

Las preocupaciones hicieron que el gobierno de coalición en Londres reforzara la seguridad interna del país y en las embajadas británicas y dependencias militares en todo el mundo, que aumentaron la custodia policial, los chequeos y grabaciones de cámaras de seguridad de circuito cerrado (CCTV).

"Claramente hay un riesgo que Al-Qaeda y sus seguidores en lugares como Yemen y Magreb quieran demostrar que pueden operar de manera  efectiva", agregó el mandatario.

Según Cameron "existe el peligro que un individuo radicalizado opere solo, también llamado ataque del lobo solitario (…) Por ello debemos estar más vigilantes que nunca, y debemos mantener esa vigilancia por algún tiempo".

La investigación por los sospechosos arrestados quedó a cargo de la Unidad Anti-terrorista del Noroeste de Inglaterra.

Luego de conocerse la noticia, el jefe de la oposición, el laborista Ed Miliband, dijo que es "correcto" que el gobierno refuerce la seguridad.

"Obviamente las autoridades actuarán en caso que reciban cualquier información de Inteligencia", declaró Miliband en conferencia de prensa.

El desbaratamiento del complot nuclear ocurrió un día después de que un sondeo publicado en varios periódicos de Gran Bretaña indicó que 74% de los británicos cree que los aviones y aeropuertos del país son vulnerables a atentados terroristas.

De acuerdo con la encuesta, elaborada por el grupo de análisis Unisys, la mayoría de los británicos teme que el Reino Unido sea blanco de un ataque aéreo.

El 62% de los consultados considera que las cargas aéreas, por tierra o mar, podrían ser blancos terroristas, en tanto que 63% sostuvo que eventos como los Juegos Olímpicos en Londres de 2012 podrían ser blanco de atentados.

El vicepresidente de Unisys, Neil Fisher, afirmó que las cifras del sondeo "son alarmantes".

"Las medidas draconianas para manejar la seguridad claramente no están funcionando", agregó.

Gran Bretaña ya sufrió un atentado terrorista de grandes magnitudes el 7 de julio de 2005, cuando cuatro atacantes suicidas detonaron sus mochilas cargadas con explosivos en tres vagones del metro de Londres (Aldgate, Kings Cross y Edward Road) y un autobús de la línea 30 que atravesaba Russell Square, muy cerca del British Museum.

Dicho atentado suicida, el acto de terrorismo más sangriento en el Reino Unido desde la muerte de 270 personas en el ataque de Lockerbie (Escocia) en 1988, y el más mortífero en Londres desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), provocó la muerte de 56 personas –entre ellos los cuatro atacantes británicos de origen pakistaní– y más de 700 heridos, en su mayoría londinenses que se dirigían a sus trabajos.

Éstos fueron los primeros atentados suicidas en Europa occidental, planeados por organizaciones paramilitares islamistas con sede en el Reino Unido. La organización terrorista Al-Qaeda asumió la responsabilidad, culpando a Gran Bretaña por su participación en la invasión en Irak y la “matanza” de musulmanes inocentes.

El 21 de julio de 2005, una segunda serie de cuatro explosiones tuvo lugar en el metro y en un autobús de Londres. Sin embargo, esta vez sólo los detonadores de las bombas explotaron y los cuatro terroristas no llegaron a inmolarse. No hubo víctimas mortales: el único herido registrado resultó ser un asmático hospitalizado. Todos los terroristas de este ataque fallido lograron ser arrestados por la policía.

El arresto de los cinco sospechosos de origen bangladesí, en las cercanías de la planta de Sellafield, generó mucho temor en el país y comparaciones con los episodios del 7 y 21 de julio de 2005.

Queda por ver si la polémica muerte de Bin Laden a manos de soldados estadunidenses, que ya es cuestionada en el mundo árabe por supuesta ilegalidad, generará represalias contra Gran Bretaña, el principal aliado en la llamada “guerra contra el terrorismo” y socio central en las ofensivas militares en Libia, Afganistán e Irak.