Gran Bretaña: eutanasia en directo

viernes, 24 de junio de 2011
LONDRES, (apro).- En el programa de la BBC de Londres “Choosing to Die” (Elegir Morir), emitido el pasado lunes 13 en Gran Bretaña, el presentador, novelista y enfermo con el mal de Alzheimer, Terry Pratchett, decide seguir los últimos días de un británico acaudalado que opta por quitarse la vida para poner fin a una enfermedad incurable. Desde un comienzo es evidente que Pratchett, un activista de 63 años a favor de la eutanasia, cree que decidir someterse a un suicidio asistido es un asunto de determinación personal, sin ingerencia alguna del Estado. De hecho, el novelista busca ser testigo de una experiencia a la que alguna vez él mismo podría someterse. El eje del documental es el propio dilema del presentador: diagnosticado con Alzheimer hace tres años, en julio de 2008, Pratchett ya tiene problemas con su memoria a corto plazo. "Sé que llegará un momento en que las palabras no me saldrán, me fallarán. Cuando ya no pueda escribir libros, no estoy seguro que quiera seguir viviendo de esa forma", afirma el novelista al comienzo del programa. Pratchett --quien lleva el título de Caballero del Imperio británico (Sir) y quien, con más de 40 millones de libros vendidos, es el segundo autor de ficción con más ventas, después de J.K. Rowling-- decide entonces seguir el caso del multimillonario hotelero inglés Peter Smedley, de 71 años, quien viaja a la clínica Dignitas de Suiza para ser asistido en un suicidio. El viaje final a Zurich es hecho cada año por cientos de británicos con enfermedades terminales, ya que es ilegal la eutanasia en Gran Bretaña, como también el hecho de que un individuo pueda ayudar a otro a morir. Las cámaras muestran cómo Smedley, que tiene problemas para pararse y saludar a Pratchett debido a una enfermedad neuro-motora sin cura, explica desde su mansión en Inglaterra su decisión de viajar a Dignitas. "Es un asunto bestialmente indigno", comenta Smedley, rendido ante las cámaras. Luego, Pratchett explica el procedimiento del suicidio asistido, al que él mismo considera someterse en algún momento si su Alzheimer se deteriora, y da cuenta de las razones que llevaron a Smedley a quitarse la vida, después de haber vivido rodeado del lujo y las comodidades de una vida opulenta. Las cámaras viajan luego a una helada Suiza, en un trayecto con música sentimental de fondo. La escena más brutal del documental muestra al británico Peter sentado en un sofá junto a su mujer Christine y a una enfermera de Dignitas, mientras ésta última le da fuerzas para que tome un cóctel de barbitúricos. Cuando la enfermera le pregunta si está listo para tomar la dosis letal, Smedley afirma simplemente “sí”, y agrega: “Quiero agradecerles a todos”. No hay lágrimas, su voz no duda. Los tres son mostrados en primer plano. Después de que la enfermera lo abraza y le toma la cabeza, le da el vaso de plástico que contiene los barbitúricos letales. Conmueve la frialdad del momento. No hay lágrimas, ni gritos, ni recriminaciones. Todo ocurre en una especie de calma terrible. Smedley es filmado mientras bebe rápido el contenido, y momentos después su mujer lo besa y le dice: “Sé fuerte cariño”. El hombre pide un vaso de agua, pero se lo niegan, porque éste podría disipar los efectos del veneno. Pratchett se acerca entonces y le da un apretón de manos a modo de saludo final, casi sin mirarlo a la cara. “Tuve una buena vida, sé que la tuve”, dice el hombre en el saludo, con los ojos casi vacíos de emoción. Las cámaras muestran cómo en la habitación sólo quedan sentados en el sofá Peter y su mujer Christine, quien le da la mano y lo ve, mientras aquel muere después de perder la conciencia. No hay rictus mortis ni suspiro final. Sólo la imagen de alguien que parece quedarse dormido en un sofá, junto a su esposa que lo mira intensamente. La escena se extienda por unos segundos. La elección de morir El episodio conmovedor fue grabado el pasado 10 de diciembre, semanas antes de que Smedley autorizada a Pratchett y a las cámaras de la BBC documentar los momentos últimos de su vida. Ninguno de sus amigos supo de la grabación hasta el mismo funeral de Peter, cuando algunos camarógrafos de la emisora británica asistieron para rendirle homenaje al británico. Luego de la muerte, el presentador comenta en el documental: “Mi cabeza comenzó a dar vueltas no porque nada malo hubiera pasado, sino porque algo dentro mío decía: ‘Un hombre ha muerto, eso es malo’, pero luego pensé: ‘Él sufría de una enfermedad incurable que lo iba a arrastrar hasta lo más bajo, así que decidió de propio acuerdo dejar de vivir antes de sufrir de esa forma’. Por ello no fue malo”. El documental no sólo puso nuevamente sobre el tapete el tema de la eutanasia en Gran Bretaña, sino que provocó una oleada de críticas por parte de miles de televidentes, entre ellos cuatro lores, parlamentarios, activistas pro-vida y defensores de derechos humanos, enfurecidos con la BBC por lo que consideraron fue “pura propaganda” a favor de la muerte asistida. También provocó que la Policía británica investigara el caso, que quedó cerrado luego de que la oficina de la Fiscalía General determinó que no se había cometido delito alguno. Pratchett fue el primero en defender la puesta en el aire del polémico documental. "Estoy convencido que alguien afectado por una enfermedad seria e incurable debería poder elegir morir en paz con la ayuda médica, en lugar de sufrir de una forma espantosa", declaró Pratchett al programa Newsnight de la BBC, horas después de la emisión. Tras preguntarle si cree en la santidad de la vida, el activista respondió: "¿Y qué hay acerca de la dignidad de la vida? La falta de dignidad sería suficiente para que algunos se suicidaran. Y esto es absolutamente entendible". Según Pratchett, el derecho al suicidio asistido "debería otorgarse a todas las personas mayores de edad. Que sean éstas las que decidan, y no el gobierno o las autoridades de los países", sostuvo. Además, el activista por la eutanasia acusó al gobierno británico, que encabeza David Cameron, "por darle la espalda" al tema de la eutanasia, y dijo que es "vergonzoso" que británicos tengan que "arrastrarse" hasta Suiza a costos elevados "para poder morir con dignidad", en lugar de poder hacerlo en su propio país. La emisión del documental generó de inmediato una enorme polémica en el país, como también en otras naciones del mundo. Alistair Thompson, portavoz del grupo Alianza por Cuidados y No a la Muerte, el principal organismo anti-eutanasia del Reino Unido, afirmó al Channel 4 de Londres que el programa de la BBC "fue pura propaganda pro-eutanasia disfrazada de documental", y llamó a boicotear a la emisora. "La evidencia ha mostrado que cuanto más se muestran estos actos, mayor el número de suicidios que habrá", indicó el vocero, enfurecido por lo que consideró "un acto kamikaze". Por su parte, Liz Carr, activista anti-eutanasia y bloggera sobre el tema, sostuvo al mismo canal que el programa de la BBC "fue propaganda a favor de la muerte" y se mostró muy sorprendida de que el canal financiado enteramente por el Estado británico haya aprobado la emisión de dicho ciclo. "Yo y muchas otras personas ancianas con discapacidades o enfermas terminales, tememos mucho por las consecuencias de la legalización de la eutanasia. Esos argumentos no están siendo debatidos ni analizados, las salvaguardas no son consideradas", sostuvo. "Hasta que no contemos con un programa que hable sobre esto, no estaré satisfecha", agregó Carr, quien padece una enfermedad terminal, pero decidió llegar hasta el final. También se sumó a la polémica el obispo de Exeter, el reverendo Michael Langrish, quien afirmó a la BBC que esa emisora "debería poner más énfasis en acciones que apoyen la vida, en lugar de asistir a la muerte". "La ley sigue protegiendo el valor intrínseco de la vida, pero no podrá limitar las opciones individuales. También prohíbe el suicidio asistido (en Gran Bretaña), que sigue siendo ilegal. La legislación es clara al respecto, se creó para proteger a los vulnerables", sostuvo el prelado. Para el obispo de Rochester, el reverendo Michael Nazir-Ali, “hubo propaganda sólo de un lado”, y llamó a grupos pro-vida a mostrar casos de personas con enfermedades incurables que luchan para salir adelante y vivir el resto de sus vidas con dignidad, muchas de ellas con éxito. Tras la polémica, la BBC negó que Choosing to Die, el primer programa emitido por un canal público que muestra de forma explícita el procedimiento del suicidio asistido, incite a otras personas a suicidarse, y agregó que el ciclo ayudará a los televidentes a "formar su propia opinión" sobre el tema de la eutanasia. El creador del programa, Charlie Russell, indicó que la decisión de filmar a Smedley en el momento de morir "fue muy pensada". De hecho confirmó que pasaron muchos meses, hasta que las autoridades del canal dieron el sí definitivo. "Como director sentí que esa era la verdad y que desafortunadamente todos vamos a morir. No es lindo para nada, pero eso es lo que nos pasará eventualmente a todos", continuó, descartando categóricamente que la BBC haya tratado de ser sensacionalista con respecto a la eutanasia. En los últimos 12 años, al menos mil 500 personas de toda Europa se trasladaron a la clínica suiza Dignitas para ser ayudados a morir, todos ellos tras padecer enfermedades incurables o degenerativas sin tratamiento. El tema de la eutanasia no es nuevo, pero el hecho de que las cámaras filmaran ese momento final, y que las escenas fueran televisadas en el principal canal público británico, generando tal controversia en el país, demostró que aún sigue habiendo muchos en Gran Bretaña que se oponen al suicidio asistido y que consideran que relajar las leyes de eutanasia podría terminar con casos de personas empujadas o incentivadas a quitarse la vida, antes que luchar hasta el final. El debate quedó abierto. La eutanasia en directo abrió la puerta para una discusión más profunda y detallada sobre el derecho a morir y la dignidad de la vida humana.