Salvador Allende: la controversia persiste

lunes, 1 de agosto de 2011
En Chile, 38 años después del golpe militar que lo depuso, aún se investiga y se discute cómo murió Salvador Allende. ¿Se suicidó o lo asesinaron? Pese a que la familia del exmandatario ya dio por buena la primera versión, lo hizo basándose en una autopsia recién efectuada y fuertemente criticada por especialistas forenses. Los restos de la víctima del pinochetazo serán vueltos a enterrar el próximo septiembre, pero un sector de la izquierda chilena se niega a dejar en el olvido el caso y ya presentó una querella contra quienes habrían asesinado al expresidente. VALPARAÍSO, CHILE (Proceso).- La muerte de Salvador Allende sigue siendo una tragedia envuelta en dudas. Los resultados del nuevo análisis de los restos del presidente fallecido durante el golpe de Estado de Augusto Pinochet inconformaron a víctimas de la dictadura militar que intentan abrir un proceso judicial por “encubrimiento” del presunto asesinato del mandatario socialista. En opinión de expertos forenses consultados por Proceso, el informe del Servicio Médico Legal (SML) –Exhumación y análisis del cadáver de Salvador Allende Gossens– es contradictorio y omiso. A pesar de eso ya fue validado por la justicia chilena dentro del proceso que se abrió para conocer oficialmente las causas de la muerte del expresidente. El martes 19, el informe –que concluye que Allende se suicidó– fue entregado por Patricio Bustos, director del SML, a Mario Carroza, juez que investiga la causa 77-2011. El diario La Nación consignó el miércoles 20 que el magistrado avaló los resultados. “La tarea del SML era que no quedara ninguna duda del resultado. Me parece que esto se ha logrado. El equipo lo conformé yo junto al SML y por lo tanto estoy de acuerdo con los resultados que se entregaron”, dijo el juez. Además y como un aviso de que ya quiere concluir la investigación, el viernes 22, Carroza solicitó al SML que devuelva los restos del expresidente a su familia para que puedan reinhumarlo. El martes 26, la hija del exmandatario, la senadora Isabel Allende, anunció que su familia y el Partido Socialista acordaron realizar funerales públicos el próximo 4 de septiembre. Una semana antes, tras conocerse el informe del SML, la hija del expresidente dijo estar de acuerdo con el resultado. “La conclusión es la que la familia Allende tenía. Es decir, el presidente Allende, el día 11 de septiembre de 1973, ante las circunstancias extremas que vivió, tomó la decisión de quitarse la vida antes de ser humillado”. Posible vuelco Pero esa certeza, en relación con la tesis del suicidio, podría alterarse: el jueves 28, la Agrupación Nacional de ex Presos Políticos (Anexpp), representada por los abogados Matías Coll y Roberto Celedón, presentó una querella criminal contra quienes resulten responsables de ser autores, cómplices y encubridores de la muerte de Salvador Allende. La querella incluye dos informes forenses. Uno hecho por el jefe de los servicios médico forenses de la Universidad de Glasgow, John Clark; el otro, obra del tanatólogo chileno Luis Ravanal. Ambos estudios detallan las fallas y omisiones de la necropsia hecha por el SML. En entrevista con Proceso, Matías Coll dice que la Anexpp decidió presentar la querella por la amplia difusión e impacto que ha tenido la segunda autopsia de Allende y cuyas conclusiones no comparte. El abogado expresa que confía en que el juez Carroza, de quien tiene un alto concepto, sopesará en su mérito los nuevos antecedentes entregados. Proceso también conversó con el tanatólogo Luis Ravanal, quien rechaza categórico el informe del SML pues “carece de sustento científico”. Afirma que no se respondió la pregunta que a su juicio es fundamental: “Esto es, resolver dentro de lo posible la controversia existente respecto al ‘segmento de orificio redondeado, tallado a bisel externo de aproximadamente 2 o 3 cms’, descrito en la primera autopsia de Allende, hecha el 11 de septiembre de 1973”. En aquella primera autopsia, practicada por los forenses Tomás Tobar y José Vásquez en el Hospital Militar, ese orificio fue asociado al disparo suicida que se habría hecho Allende con su fusil AK-47 de culata plegable, que le había regalado Fidel Castro. El doctor Ravanal afirma que “existe un razón fundamental para pensar que existió un segundo disparo: la presencia de un orificio redondeado de salida, lesión que no la provoca un disparo por proyectil de alta velocidad –como el de AK-47– porque éste, al penetrar (la cabeza), origina un estallido de cráneo a consecuencia de la expansión de los gases y, por lo tanto, no deja orificio de salida”. El forense también menciona que en el acta de análisis de la Policía Técnica de Investigaciones (PTI) –efectuada en el sitio del suceso– se describe la presencia de diversos casquillos, proyectiles y un cartucho para pistola. El médico legista afirma que los peritos del SML debieron decir algo al respecto, “pero deliberadamente no lo hacen”. Las críticas de Ravanal encuentran asidero al considerarse que el informe del SML ni siquiera pudo establecer cuántas balas impactaron la cabeza de Allende. El perito balístico David Pryor, en su informe balístico incluido en la autopsia del SML, lo reconoce de esta manera: “Si hubo o no un segundo proyectil, ocurrió durante el mismo disparo, siguió con una diferencia de milisegundos una trayectoria similar, pero no es posible confirmar o descartar esta posibilidad mediante el examen morfológico del material óseo conservado u otras técnicas de exploración actualmente disponibles”. Es decir, la desaparición de fragmentos le impide llegar a conclusiones certeras. Pryor reconoce que ni siquiera pudo establecer la parte exacta en la que la bala salió del cráneo de Allende: “Se infiere que el punto de salida se encuentra localizado en el tercio medio del parietal izquierdo” (segmento que no fue encontrado). Ravanal afirma que “si uno aplica el sentido común y considera que los peritos del SML no encontraron orificio de salida ni contaron con gran parte de los huesos del cráneo –especialmente parte por donde penetró la bala–, no puede uno dejar de preguntarse, ¿cómo pueden haber establecido un recorrido de proyectil, cómo pueden haber determinado si hubo más de un proyectil y cómo pudieron haber excluido la existencia de lesiones asociadas a proyectiles de bajo calibre, como ese fragmento redondeado que no hallaron?”. Añade que “el SML no pudo haber descartado la existencia de otro disparo –distinto al hecho por el AK-47– porque los peritos convocados no tuvieron a la vista el fragmento de hueso donde estaba el orificio de salida”. Errores y omisiones Luis Ravanal –miembro fundador de la Sociedad Chilena de Medicina Legal y perito judicial con número de registro 1500 ante la Corte de Apelaciones de Santiago– revela más elementos que minan la credibilidad del informe del SML: “Nos presentan a Allende sentado, pegándose un tiro bajo la mandíbula con un fusil de guerra. Pero nadie explica por qué no escurre sangre que manche la ropa en la parte anterior”. En efecto, las fotografías incluidas en el acta de análisis de la PTI muestran el chaleco que vestía Allende sin manchas de sangre. Ravanal señala que junto al informe contenido en la querella de la Anexpp anexó dos videos de suicidios reales efectuados en la posición en la que supuestamente se habría matado Allende. Asegura que la sangre de quienes mueren así brota en grandes chorros sobre el cuello y el tórax. Agrega: “Las pocas evidencias muestran un fragmento de chaleco que no coincide con el diseño del que vestía Allende. La foto del cadáver de Allende –tendido sobre un sofá– evidencia que andaba con un chaleco de rombos. Sin embargo la imagen que ahora nos presenta (el SML) es un fragmento de la parte anterior que no evidencia ese diseño. Y se da por cierto que esa es la ropa, sin haber hecho estudios que lo respalden”. Señala: “El informe de autopsia (de 1973) dice que la ropa interior está ‘profusamente manchada en sangre’. Pero resulta que en el nuevo informe nos muestran una ropa interior sin manchas de sangre”. Además indica que “en ninguna de las prendas se periciaron las manchas de sangre”. En mayo pasado, este semanario publicó el relato del camarógrafo Pablo Salas, quien participó en la primera exhumación de Salvador Allende, la de 1990, y reveló que parte importante de los huesos y ropas del expresidente fueron abandonados por la comitiva que encabezaba el entonces secretario general de Gobierno, Enrique Correa. Y que esos restos fueron abandonados y probablemente tirados a la basura (Proceso 1804). Ravanal subraya que en el informe realizado por los antropólogos forenses Douglas Ubelaker y Ángel Medina se constata que no se hicieron estudios histológicos ni bioquímicos que hubieran ayudado a discernir si las fracturas en el cráneo eran vitales (ocurridas mientras estaba con vida) o post mortem. Sostiene que la realización de esos exámenes en la zona de la mandíbula eran indispensables para verificar si el disparo del AK-47 fue hecho antes o después de muerto Allende. El SML tampoco explica por qué en la zona de la órbita del ojo derecho –donde habría entrado la bala homicida, según Ravanal– hay 18 veces más pólvora que en la zona submentoniana. “No sólo hay uno, dos o tres elementos que no tienen sustento, sino una cantidad muchísimo más grande la que yo podría darle en esta entrevista. Hay un error de método, hay un error de procedimiento”, sentencia el tanatólogo. Los errores se evidencian con la lectura del informe del SML –firmado por nueve forenses más Felipe Donoso, observador del Comité Internacional de la Cruz Roja–, donde se constata que utilizaron partes del informe de la primera autopsia, afirma Ravanal. Se dan detalles, por ejemplo, de los órganos y los tejidos blandos: “Hablan de una serie de elementos que no tuvieron a la vista. Hacen una mezcla de elementos y eso demuestra una metodología muy cuestionable, y por otro lado, una conclusión precipitada que tiene que ser analizada”. Lo que más molesta al especialista es que las conclusiones a las que llega el SML “fueron presentadas a nivel nacional e internacional como una verdad única, absoluta e incuestionable”. Asegura que el SML, al dar a sus exámenes periciales el carácter de conclusiones inapelables, se inmiscuyó en materias que son de exclusiva competencia del juez. “Los forenses tienen que limitarse a decir cuáles son sus resultados, pero no adelantarse a los resultados de la investigación, y aquí el suicidio se presenta como una verdad incontrovertible dándose a entender poco menos que ya no hay nada que investigar... y estamos lejos de eso”. Los descargos Para conocer su opinión respecto de los cuestionamientos que Ravanal hace del informe del SML, Proceso estableció contacto por correo electrónico con uno de los forenses del equipo del SML: Francisco Etxeberría, profesor titular de medicina legal en la Universidad del País Vasco. Se le pregunta cuáles son las razones del equipo forense convocado por el SML para no dar una explicación acerca del origen del orificio descrito en el cráneo de Allende. Responde: “No hay ninguna razón para pensar que exista un segundo disparo con trayectoria subhorizontal en el cráneo que salga por la herida descrita en 1973. Y no la hay ya que esa salida de proyectil se ajusta a un disparo que entra en la región submentoniana (fruto de) un disparo con un arma como el AK-47 (hecho) a contacto en la zona de la cara, con una trayectoria ascendente y hacia atrás, (tras lo cual) el cráneo literalmente explota. “Precisamente en coincidencia con esa lesión del hueso en la salida constatada en 1973, transita el desgarro de 28 cm. en el plano de la piel, como era de esperar desde la zona izquierda hacia atrás.” Agrega: “La existencia de una gran mancha negruzca en la piel del mentón, junto con la constatación de los residuos del disparo (ahora) aseguran un disparo a contacto y no hay argumento alguno para pensar en otra cosa (que no sea el suicidio). No hay elementos que nos permitan pensar en otra hipótesis”. Para Ravanal, esta respuesta de Etxeberría “parte con un pronunciamiento parcializado, evita pronunciarse respecto a la existencia del orificio de salida redondeado descrito en la autopsia del año 1973, desviando su comentario al evidente efecto explosivo que produce un disparo de un fusil AK-47, que por lo demás nadie pone en duda”. A partir de esto se le pregunta a Etxeberría cómo un mismo disparo pudo haber provocado orificio de salida y estallido de cráneo. “Los gases y fuerza expansiva que acompañan al proyectil provocan la explosión del cráneo. Es decir los huesos se rompen (algunos quedan sujetos a partes blandas y otros salieron despedidos y se localizaron en el suelo) y al mismo tiempo el proyectil atraviesa el hueso y deja su característico bisel (tipo de fractura con el que se puede discernir si el impacto de bala en el cerebro es de salida o de entrada)”, responde el forense. Ravanal insiste en que Etxeberría evade la respuesta de fondo y sostiene que su argumentación “no tiene lógica desde el punto de vista de la física puesto que un cráneo no puede estallar y luego ser perforado”. Proceso pide la opinión del internacionalmente prestigiado director del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de La República de Uruguay, Hugo Rodríguez, quien señala: “Si lo que el informe de autopsia de 1973 describe sobre los hallazgos del cadáver del presidente Allende fuera real, se encontrarían dos patrones lesionales diferentes, de dos tipos de proyectiles: uno de arma de guerra y otro de arma de baja velocidad.” Sin embargo, Rodríguez deja abierta la puerta a otra posibilidad: “Esto no supone que haya habido dos disparos: podría ser que la descripción de la autopsia (de 1973) fuera errónea”. Y concluye: “En la reciente exhumación no se encontró el fragmento de hueso que presenta con orificio de salida (típico de las balas de baja velocidad) por lo cual todos los hallazgos resultaron compatibles con uno o más disparos de fusil de guerra”. La tesis del suicidio fue promovida por los militares golpistas en 1973. Se basó para ello, fundamentalmente, en el relato del doctor Patricio Guijón, quien dice haber presenciado el instante mismo del eventual suicidio. En un principio, esa interpretación fue desestimada por los seguidores del presidente Allende, pero tras el funeral oficial del 4 de septiembre de 1990, la familia del mandatario la asumió como un hecho incuestionable, pese a que, en aquel entonces, no se hicieron los estudios forenses que pudieran avalar tal convicción. Tras el reconocimiento de la familia Allende, el suicidio se consolidó como una verdad histórica casi incontrovertible. Sin embargo, en septiembre de 2008, Ravanal dio a conocer su Informe metapericial en el que analizó a profundidad la autopsia 2449/73 realizada a Allende. Allí descartó la tesis del suicidio.

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