Somalia: La hambruna

martes, 30 de agosto de 2011
En estos momentos unos 100 mil somalíes esperan ingresar a alguno de los campamentos para refugiados en la frontera con Kenia... que ya están más que saturados. Varias décadas de guerra civil en Somalia han expulsado a más de dos millones de habitantes. El problema se agrava ahora hasta límites insospechados: el noreste africano padece la peor sequía en medio siglo. La hambruna se cierne sobre una población en éxodo que crece cada día y sobre la que se ensaña la muerte mientras organismos internacionales lanzan gritos de auxilio que nadie parece escuchar. MÉXICO, D.F. (Proceso).- En Somalia, las cosas parecen suspendidas en un silencio ominoso, como a la espera de un cambio que debe llegar por fuerza. Pero no llega. En vez de eso más de 20 años de guerra civil y la ausencia de un gobierno central, desde 1991, han obligado a más de 2 millones de somalíes (según datos del ACNUR) a dejar su país. El gobierno federal de transición (GFT) –en funciones desde 2004 y encabezado por el presidente Sharif Sheik Ahmed– no tiene autoridad en todo el país. Además hay muchos otros factores que avivan la crisis de Somalia: las disputas territoriales entre los “señores de la guerra”, el malestar social, la piratería y la inestabilidad. Lo más reciente: una sequía como no se había visto en más de medio siglo, que agrava la emergencia alimentaria. “Lo que pasa en Somalia pudo haberse evitado”, asegura Hilda Varela, investigadora del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. “La simple sequía no explicaría el nivel de desnutrición y miseria de la población. Tenemos mezclados un fenómeno natural, una inestabilidad política prolongada, una incomprensión internacional hacía los somalíes y altos precios de la comida en los mercados internacionales”. Apenas el pasado miércoles 17, la ONU dio a conocer, en un texto proporcionado a Proceso por la organización Save The Children, que 13 millones de personas están afectadas por la sequía y la hambruna en el llamado Cuerno de África. La falta de lluvia y la consecuente pérdida de cosechas afecta a Yibuti, Etiopía, Kenia, Uganda y Somalia. Médicos Sin Fronteras (MSF) describe esta zona como un lugar de refugiados sin refugio. La representante en México de esa organización humanitaria, Liesbeth Aelbrecht, asegura a este reportero que hay más de 100 mil somalíes esperando su entrada. El gobierno de Kenia afirma que la construcción de más campos de refugiados es insostenible. El de Dadaab se creó hace dos décadas para albergar a quienes huían de la guerra civil en Somalia. “Hay adultos ahora que nacieron en el campamento. Ya hay tres generaciones que crecieron ahí”, asegura Aelbrecht, para quien la crisis alimentaria no es más que un ecosistema en colapso que no puede sostener a los niños que nacen. “Son niños que están desnutridos desde el útero”. La médico Pamela Moncada, brigadista de MSF en África, dice a Proceso: “Cualquier niño desnutrido tiene alteraciones en todo el cuerpo: piel acartonada, seca, menor frecuencia cardiaca, un sistema inmune alterado; a nivel neurológico son niños que van a quedar con un daño irreversible”. “Es la misma historia desde hace 20 años. La de Somalia es una crisis olvidada, que a nadie le interesa. La diferencia ahora fue el anuncio de la sequía, la cual hace que la gente pierda sus cabras, sus camellos. En el mejor de los casos los pastores venden su ganado para emprender el viaje a los campos de refugiados”, señala Aelbrecht. En su informe No sabes a quién culpar: crímenes de guerra en Somalia, Human Rights Watch (HRW) afirma: “Con cerca de 400 mil refugiados hacinados en un espacio destinado a 90 mil y con más de mil refugiados que llegan todos los días a partir de finales de julio, las autoridades deben permitir nuevos asentamientos y firmar un acuerdo con la ONU para descongestionar los demás campamentos”. La ONU se empecina en señalar a la sequía, y por consiguiente a la pérdida de cosechas y ganado, como uno de los detonantes de la hambruna en el Cuerno de África. La sequía se anunció desde hace un año y es la peor que experimenta la zona desde 1950. Pero poco tiene que ver el fenómeno natural con la crisis alimentaria que se vive en la región. Según el Banco Mundial (BM), los precios de los dos productos básicos más importantes que se cultivan en Somalia, el sorgo rojo y el maíz blanco, aumentaron de 30% a 240% y de 50% a 154%, respectivamente. En Etiopía el trigo subió 85% en relación con el año anterior. Y en Kenia el maíz alcanzó un valor 55% superior al de 2010. “La carestía en esta región se debe principalmente a la pérdida de las cosechas ocasionada por una de las peores sequías en décadas, además de los conflictos y el desplazamiento en Somalia”, indica el documento firmado por el Grupo para la Reducción de la Pobreza y la Equidad del BM. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura asegura que en todo el mundo se produce comida para 12 mil millones de personas –hay 7 mil millones de habitantes– y da su veredicto: “La crisis alimentaria en Somalia se debe a las malas cosechas provocadas por la sequía”. “La comida de los infieles” “Los de Al-Shabaab reclutan por la fuerza. Si alguien tiene cuatro niños les dicen a los familiares que tienen que donar tres. Les gusta tener a los niños de 12 a 16 años porque no saben mucho. Uno de mis sobrinos fue reclutado. Tenía 11 años. Lo último que supe fue que estaba en Baydhaba. No sé si está vivo o muerto”, dice un testimonio recogido por HRW en el campamento de Ifo, Kenia. En Somalia la simple sospecha de ser espía basta para que alguien sea ejecutado por algún grupo. “A la gente la decapitan o le cortan las manos en público si se niega a unirse a la yihad de Al-Shabaab”, dice el testimonio de una mujer no identificada a HRW. La crisis política se agravó desde finales de 2010 cuando se intensificaron los combates entre las fuerzas aliadas del GFT y el grupo islámico Al-Shabaab, milicias de jóvenes que buscan el establecimiento de un régimen fundamentalista. Según HRW, el conflicto ha dejado más de 4 mil víctimas civiles, incluyendo más de mil muertos y numerosos abusos contra la población. Decenas de miles de somalíes han sido desplazados de sus hogares, incluyendo más de 87 mil personas que cruzaron a Kenia en los primeros siete meses de 2011 para alojarse en campamentos de refugiados; oficialmente son casi 390 mil personas, dice No sabes a quién culpar: crímenes de guerra en Somalia. El estudio –publicado en su sitio web el martes 16– afirma que la inseguridad y las restricciones impuestas por Al-Shabaab a las agencias de ayuda humanitaria se han sumado a la catástrofe de la sequía y la hambruna. El Estado somalí se desgastó en conflictos armados durante sus 51 años de independencia. Pero la debacle llegó en 1991 cuando el presidente Mohamed Siad Barre fue derrocado. “Durante todo el gobierno dictatorial de Siad Barre (1969-91) la población vivió en medio de la pobreza con un gobierno que no respondía a las necesidades básicas de la gente. En los ochenta, se desató la represión por el surgimiento de grupos de oposición política y nadie hizo nada por detener las violaciones a los derechos humanos o ayudar a la población civil. A la Unión Soviética sólo le importó tener un aliado en la zona”, dice Hilda Varela. Posteriormente Estados Unidos efectuó, bajo el mandato de la ONU, una intervención militar para restaurar el orden en octubre de 1993. Pero llegó a un callejón sin salida cuando sus tropas combatieron contra milicias islámicas en las calles de la capital, Mogadiscio, donde murieron cientos de somalíes y 18 soldados estadunidenses. Según David Blair, editor de la sección internacional del diario londinense The Thelegraph, una coalición de señores de la guerra destruyó al gobierno central y se apoderó de Mogadiscio. “Desde 1993 el país se dividió en un mosaico de feudos, disputado por señores de la guerra. “Todos ellos están divididos en clanes; por ejemplo, los Hawiye y los Darod. Estos grupos están divididos en decenas de subclanes que a su vez se dividen en cientos de subsubclanes. Es decir, en Somalia se forman alianzas complejas que son hechas y desechas a una velocidad desconcertante”, escribe Blair en el texto Somalia: análisis de un Estado fallido, publicado en septiembre de 2008. Leyes draconianas Los clanes llegaron a una tregua en 2006 y la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) tomó al poder en el sur de Somalia. Ese mismo año el GFT, con apoyo del ejército etiope, derrocó al gobierno islámico. “Las potencias extranjeras temieron que la UTI y su ala radical de jóvenes armados, Al-Shabaab, crearan un bastión islamista en Somalia. Etiopía intervino militarmente a petición del derrocado gobierno federal de transición. Derrotaron a la UTI pero Al-Shabaab continúo en la resistencia dos años más y se consolidó como el principal grupo de oposición armada en Mogadiscio”, dice HRW en un análisis del conflicto. Y continúa: “Al Shabaab trató de imponer su versión más extrema de la sharia, la ley islámica, y cometió abusos como decapitaciones públicas, amputaciones y lapidaciones, restricciones a la vestimenta y libertad de movimiento, así como el reclutamiento forzoso de adultos y niños en sus filas, además de privar a los habitantes de la ayuda humanitaria, incluidos el alimento y el agua”. Según la página en internet de la Organización Mundial de la Salud, 3 mil 900 civiles han sido hospitalizados en Mogadiscio desde principios de 2011 a raíz de los combates. En mayo, casi la mitad de los mil 590 ingresados eran menores de cinco años. Aunque el derecho internacional humanitario prohíbe el reclutamiento de menores de 15 años o su participación en las fuerzas armadas de cualquier bando, eso poco importa en Somalia. Las ejecuciones las cometen ambos bandos, incluidos los aliados del GFT. El portavoz del grupo islámico Ahluna Sunna, el jeque Mohamed Hussein Al Qad, dijo el 26 de marzo en Mogadiscio que es política del grupo ejecutar a personas acusadas de espiar para Al-Shabaab, incluso si están en sus propias filas o son niños, reportó la televisora somalí Shabelle Media Network. Al-Shabaab prohíbe actividades recreativas como jugar futbol o cantar; incluso cobra impuestos a cambio de dejar con vida a las familias. “Con el Corán en la mano el grupo exige zakat, un deber religioso musulmán para purificar el alma a través de la limosna. Al-Shabaab confiscó tanto dinero y el ganado que ya no éramos capaces de sobrevivir”, dice el testimonio de un hombre a HRW. El 6 de julio, Al-Shabaab anunció que iba a levantar la prohibición de ayuda alimentaria que se había impuesto en zonas bajo su control desde 2009. Algunas organizaciones pidieron garantías para la seguridad de sus trabajadores; sin embargo días después dieron marcha atrás a la medida. “Se ha prohibido el acceso a alrededor de 20 organizaciones humanitarias a las que acusan de ir contra sus motivos religiosos o ideológicos”, asegura el informe de HRW. Un testigo cuenta: “Ellos (Al-Shabaab) dicen a la gente que sólo dependan de Dios y se olviden de las agencias humanitarias. Dicen: ‘No queremos la comida de los infieles’”. En agosto de 2011 debía terminar el mandato del GFT; sin embargo el periodo de transición se amplió un año y el gobierno del presidente Sharif Sheik Ahmed pospuso las elecciones hasta agosto de 2012. El sábado 6, Al-Shabaab abandonó la capital somalí tras cuatro años de ocupación. “Mogadiscio está completamente liberada del enemigo y el resto del país pronto lo estará también”, celebró Ahmed en conferencia de prensa. Pero un portavoz de los islamistas, Ali Mohamed Rage, afirmó que en realidad se retiraron como parte de una estrategia militar y que buscarán contraatacar. Los insurgentes buscan terminar con el gobierno de Ahmed, quien es respaldado por Estados Unidos y defendido por la Fuerza Militar de la Unión Africana (Amisom). El informe de HRW, que documenta en sus 58 páginas abusos de todos los bandos involucrados en el conflicto somalí, recomienda: “Al-Shabaab debe inmediatamente permitir el acceso a todas la zonas bajo su mando con el fin de proporcionar asistencia humanitaria urgente”. Respecto a las fuerzas de la Unión Africana dice: “La Amisom se mantiene en 9 mil elementos, muy por debajo del estimado de la Unión Africana de 20 mil efectivos para proteger a las instituciones del gobierno federal de transición. “Las Naciones Unidas, Estados Unidos, la Unión Africana y la Unión Europea, que apoyan al GFT financiera y militarmente, deben establecer parámetros claros para respetar los derechos humanos y el derecho internacional humanitario”, concluyen. Morir en el éxodo El éxodo de los somalíes se incrementó con las hostilidades del GFT y Al-Shabaab. “El número de refugiados que cruzan a Kenia y Etiopia ya estaba muy alto mucho antes de la sequía, sobre todo desde que Kenia impulsó la expulsión de Al-Shabaab en ciertas zonas del sur de Somalia”, dice el informe de HRW. Save The Children ha identificado a 220 niños que en los últimos dos meses han llegado o están solos. “Quienes están amenazados son los niños; 85% de los menores en Somalia, Etiopía y Kenia sufren desnutrición severa”, asegura Anthony Caswell a este semanario, coordinador de emergencias de esa organización en México.