Malasia: Los Villarreal comparecen para salvarse de la horca

viernes, 10 de febrero de 2012
YAKARTA (apro).- Los hermanos sinaloenses José Regino, Luis y Simón González Villarreal comparecieron ante la Corte Superior de Kuala Lumpur, en Malasia, para testificar sobre el caso de narcotráfico que podría llevarlos a la horca. Expuestos los argumentos de su defensa, ahora todo queda en manos del juez Mohamed Zawawi, quien debe dictar sentencia el próximo 26 de marzo. Después de cerca de cuatro años en prisión y ocho meses de ensayos de sus discursos, al fin llegó el momento de su relato y de las explicaciones de los tres. Era el momento crucial para Luis (43 años), Simón (36) y José Regino (33), quienes tuvieron que responder a un interrogatorio sin concesiones. Ante ellos, en la presidencia de la sala número 4 de la Corte, se sentó el magistrado Zawawi, conocido como el “Juez Soga”, quien ostenta el escalofriante dato de sentenciar a muerte nueve de cada 10 casos que instruye. En las manos de este juez está la cara o la cruz de los tres sinaloenses, es decir la absolución o la condena a la horca, aunque todos se preparan para lo peor. Durante la sesión, el juez Zawawi adoptó una actitud dura con los acusados. Los interrumpió constantemente y les cobró los intentos de la defensa de trasladar este caso a otras instancias judiciales. De hecho, el propio abogado de los González Villarreal fue objeto de la ironía del magistrado en la primera palabra de la vista oral: “Consejero (Foong), entiendo que la Corte Federal desechó su apelación…”. “El juez es inflexible, no quiero dar esperanzas a los chicos, porque no sería justo. Confío de veras en que tenemos más posibilidades en las apelaciones”, valoró en una entrevista con Apro el abogado malasio Kitson Foong, principal letrado defensor, guía –en estos tres años de tensión– de los tres emigrantes de la colonia Loma de Rodriguera, en Culiacán, a quienes siempre anima antes de cada comparecencia y trabaja incansablemente en su defensa. Testimonios Entre el martes 7 y el pasado jueves 9 comparecieron seis personas para intentar dilucidar lo que realmente sucedió el 4 de marzo de 2008 en la ciudad portuaria de Johor Bahru, en la frontera malasia con Singapur, un lugar conocido por el gran número de industrias que aloja y por sus altos índices de contrabando. Declararon el singapurés Lim Hung Wah, el malasio Lee Boon Siah, José Regino, Simón y Luis González Villarreal, los cinco detenidos en la misma operación y que enfrentan una eventual sentencia de muerte. En una maniobra inesperada de la defensa también fue llamado al estrado el químico de la Real Policía de Malasia que realizó los análisis de las drogas presuntamente encontradas ese día. Los dos primeros testigos se atraparon en la telaraña que tejió el fiscal Umar Saiffudin. Con preguntas concisas, el fiscal ahondó en las inconsistencias de los testimonios del singapurés Hung y el malasio Boon, que no supieron responder con solvencia qué hacían en una supuesta fábrica de paquetería en la que se confiscaron 29 kilos 460 gramos de metanfetaminas. Después de ellos tocó el turno al primero de los mexicanos, José Regino, el menor de los hermanos, pero también el único que se defiende en inglés. “Les pedí que no respondiesen nada si no estaban seguros de lo que les estaban preguntando”, explicó Foong. Con sólo 33 años, el joven presentaba un aspecto abatido: ha perdido 25 kilos de peso en este tiempo, sufre problemas renales y enfermó de tuberculosis, dificultades que se agravan por los obstáculos para recibir tratamiento y medicinas en la prisión de Sungai Buloh, donde está encerrado junto con sus hermanos. En un laberinto de lenguas –el juicio se celebró en inglés, los mexicanos respondieron sus preguntas en español, el singapurés utilizó cantonés y el ciudadano malasio el idioma local malayo–, José Regino fue desgranando su versión. El interrogatorio de Foong se centró en los motivos por los que se hallaba en Malasia cuando sucedieron los hechos y su conocimiento acerca de la fabricación de drogas. “La posibilidad de un mejor empleo nos convenció (para viajar a Malasia) (…) Vinimos en septiembre de 2007 (…) Los gastos de viaje nosotros los cubrimos”, declaró José Regino con convicción. Durante el interrogatorio, el hermano menor reconoció que en un primer momento viajaron a Malasia, donde no encontraron trabajo, por lo que se fueron a Vietnam, supuestamente empleados para descargar barcos en el puerto de Ho Chi Minh, para regresar otra vez a la localidad malasia de Johor Bahru, con un trabajo de limpiadores. En su turno, el fiscal Umar Saiffudin cuestionó que tres personas cruzasen el océano Pacífico para trabajar en la limpieza de una fábrica por un salario de 3 mil 500 ringgit malasios (equivalentes a 14 mil 700 pesos), cuando en su tierra natal operaban una grúa. Su argumento también destacó la importancia de las ropas y guantes con restos de droga que pertenecían al tercero de los González Villarreal, una posibilidad que José Regino negó repetidamente sin dudar. “Vuelvo a insistir: usted estaba ahí para procesar anfetamina. Ese era su trabajo”, concluyó el fiscal, impotente por no poder tambalear al testigo. La entereza del más joven elevó la moral de la defensa y de sus hermanos: “José Regino estuvo fantástico, claro y directo”, resumió el abogado malasio con una sonrisa. Luego fue el turno de Simón, el hermano mediano. Las preguntas se repitieron prácticamente en orden idéntico: “¿Por qué viajó a Malasia?” “¿Cuál era su empleo anterior?”. El segundo de los sinaloenses explicó que en 2007 fue despedido como operador de grúas en Mazatlán y decidió emigrar para buscar trabajo. Acerca de su ubicación, Simón insistió en otro de los argumentos básicos de la defensa, que es que la detención se produjo en el patio de la fábrica, fuera de las instalaciones donde se halló la droga, y que los hermanos se limitaban a “barrer, trapear y limpiar” lo que ahí se almacenaba, lo que justificaría los vestigios de anfetamina en sus ropajes el día de la redada policial. Con menos temple que su hermano pequeño, Simón sacó adelante su declaración. En último lugar compareció Luis, el hermano mayor y el menos comunicativo de los tres. Kitson Foong procedió a iniciar las mismas preguntas acerca del origen del viaje y del empleo, para desesperación del fiscal Umar Saiffudin y del juez Mohamed Zawawi, quienes parecieron darse cuenta del nerviosismo del testigo y apremiaron su testimonio. Luis negó ser un narco y haber cocinado metanfetamina en el laboratorio, pero su tono trastabillado envalentonó al fiscal. Saiffudin lo acusó abiertamente de mentir, para indignación de la defensa. “Constantemente interrumpía los testimonios, reformulaba preguntas ya lanzadas a su antojo y en la sala se realizaron comentarios personales innecesarios”, lamentó Foong. Sin embargo, para contrarrestar las dudas, el equipo defensor llamó a declarar a un testigo sorpresa, el químico de la Real Policía de Malasia que realizó las pruebas científicas de la droga confiscada. Su novedoso testimonio permitió abrir una vía de esperanza para los hermanos, pues declaró que en la fábrica había un cuarto cerrado con candado al que los acusados no tuvieron acceso y puso de manifiesto las lagunas en la investigación: “El informe policial no coincide con los datos presentados en el juicio, está manipulado, además desapareció un tercio de la droga encontrada… El procedimiento es un desastre y una injusticia”, enumeró el defensor. La próxima cita Al término de los seis testimonios, el juez Mohamed Zawawi decretó que la decisión definitiva se tomará el 26 de marzo, cuando las partes presenten los argumentos finales y el veredicto se haga público. “El trabajo de la defensa ha llegado hasta aquí, los chicos lo hicieron muy bien, pero están bajos de ánimos. En cualquier caso, la sentencia no será definitiva. Si se les condena a muerte, recurriremos, y la tendencia señala que entre 60 y 70% de las apelaciones se conceden”, remarcó Foong. Primero irían a la Corte Federal y, si fuese necesario, hasta la Corte Suprema, el máximo estamento judicial de Malasia, e incluso se baraja una súplica al Sultán de este país asiático. Los González Villarreal finalmente han dado su testimonio, pero la guerra para salvarlos de la horca todavía no ha terminado.