Alemania: Merkel y Gauck, paralelismo conservador

viernes, 23 de marzo de 2012 · 22:18
BERLÍN (apro).- Joachim Gauck es el nuevo presidente de Alemania. Fue elegido por la Asamblea Federal el pasado domingo 18. Gauck reemplaza al democristiano Christian Wulff, quien un mes antes tuvo que renunciar al cargo, en medio de un escándalo de corrupción. La prensa alemana comenzó a celebrar a Gauck mientras su antecesor todavía se aferraba al cargo. El periódico Bild Zeitung, el de mayor tiraje en Europa, lo bautizó entonces como “el presidente de los corazones”. Así decía traducir un sentimiento popular. Gauck fue pastor protestante en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA). Tras la reunificación dirigió la Comisión Federal de los Archivos de la Stasi, a cargo de las actas de la policía secreta de la RDA. Las reseñas biográficas lo describen como anticomunista y militante por los derechos civiles en la RDA. Gauck obtuvo 991 de los mil 228 votos válidos en la Asamblea Federal. Contó con el apoyo de los cuatro bloques mayoritarios en el Parlamento: conservadores, socialdemócratas, verdes y liberales. Ocupa así el segundo cargo representativo en orden de importancia dentro de la jerarquía del estado germano. Al frente del poder ejecutivo está, desde el año 2005, la canciller Angela Merkel. Uno y otra, Gauck y Merkel, son hijos de la RDA. La así denominada Alemania Oriental tuvo una vida efímera. Alcanzó a festejar su 40 aniversario y se desintegró luego en cuestión de meses. La caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, arrastró consigo a todo el bloque comunista. Por entonces nadie hubiera sospechado que dos alemanes del Este ocuparían –apenas 22 años más tarde– los máximos cargos del país reunificado, que hoy comanda la Unión Europea y es una de las naciones capitalistas más poderosas del planeta. Otro punto de contacto entre la canciller y el nuevo presidente es su proximidad a la Iglesia Evangélica. Merkel es hija de un pastor protestante. Gauck ha sido pastor protestante y funcionario de dicha iglesia. Ninguno de los dos proviene de las elites de Alemania. En los círculos del poder industrial y financiero prácticamente no hay alemanes orientales. Los analistas políticos enuncian diferentes causas para explicar el ascenso de ambos al poder: cansancio de la población frente al tradicional establishment político; búsqueda de una “autenticidad” que los políticos occidentales ya no ofrecen; éxito de la integración de los alemanes orientales en el nuevo sistema, lo que debería “poner fin a su papel de víctimas” y hacer que “asuman responsabilidades”; simple arribo, tanto de Merkel como de Gauck, “a las filas conservadoras occidentales”, a ese lugar que siempre habían anhelado, sin haber sido opositores en la RDA. El pastor Gauck nació en la ciudad de Rostock en enero de 1940. La Segunda Guerra Mundial había comenzado cuatro meses antes. Su padre era oficial de la marina de guerra del Tercer Reich. En 1945, el padre fue tomado prisionero por los británicos y liberado tras algunos meses. Más tarde, en 1951, fue detenido por las fuerzas soviéticas que ocupaban la RDA y juzgado en secreto por espionaje y “agitación antisoviética”. Recién dos años más tarde, la familia supo que todavía estaba vivo. Había sido deportado a un campo de trabajo en Siberia. La suerte corrida por su padre posicionó a Joachim Gauck de manera temprana, según cuenta el presidente en su libro de memorias, Winter im Sommer (Invierno en verano), publicado en 2009. “La obligación de lealtad absoluta hacia la familia cerró la menor forma de confraternización con el sistema”, escribió. “Hice mío de tal manera este mandato, que ya tampoco volví a caer en la tentación de asistir a las actividades de tiempo libre que ofrecía la organización juvenil comunista (FDJ)”. En realidad, este posicionamiento parece haber crecido con él desde la temprana infancia, ya que tanto el padre como la madre habían sido seguidores de Adolf Hitler y miembros del Partido Nacionalsocialista. El padre de Gauck –lo mismo que miles de prisioneros de guerra– regresó a Alemania tras la visita del entonces canciller Konrad Adenauer a la Unión Soviética, en 1955. Gauck se casó a los 19 años. La falta de adhesión al Partido Comunista (SED) le vedó la posibilidad de estudiar periodismo. Estudió teología, sin saber que algún día se convertiría en pastor. Buscaba encontrar allí una formación filosófica con la que poder confrontar el marxismo-leninismo que se predicaba desde las instituciones del Estado. Gauck fue ordenado como pastor luterano en 1967. Como era usual en estos casos, la Stasi observaba sus movimientos. Dentro de la Iglesia Evangélica se desarrolló una corriente llamada Iglesia en el socialismo, cuyo curso de acción asociaba la lealtad al régimen con la lealtad a la iglesia. A este sector conciliador pertenecía el padre de Angela Merkel. El teólogo y periodista Christoph Fleischmann, en una reseña crítica sobre las memorias de Gauck, reconoce que el presidente no ha sobredimensionado allí su papel en la RDA. “Él también dice lo que no era: es decir, no fue ningún disidente que se deslomó en la oposición al régimen del Partido Comunista (SED), sino sólo un pastor, que, como casi todos los representantes de la Iglesia Evangélica, se topaba una y otra vez con alguna dependencia pública y colaboraba para que hubiera algún espacio libre donde surgieran grupos opositores. No más que eso”. Tres de los cuatro hijos de Gauck emigraron hacia el Oeste. El pastor se sumó al movimiento de oposición, finalmente reunido alrededor del Nuevo Foro, en octubre de 1989, cuando el gobierno de la RDA se tambaleaba. Sauna Merkel sí formó parte de las organizaciones infantiles y juveniles del sistema comunista. Según varias fuentes, como su biógrafo Gerd Langgut, Merkel fue secretaria de la agrupación juvenil del Partido (FDJ) y responsable del sector “Agitación y propaganda” en el Instituto Central de Físico-Química en el que se desempeñaba. El clima de creciente protesta contra el gobierno comunista no parecía interesarle mucho. El 9 de noviembre de 1989, la doctora en física oyó las noticias acerca de la inminente apertura de la frontera para quien quisiera viajar al Oeste. Igual se fue con una amiga a tomar un baño sauna, según publicó el 8 de agosto de 2009 el diario Bild Zeitung. Sólo a su regreso, esa noche, se aventuró a ir al otro lado del Muro. “La hija del pastor protestante, al igual que su padre, estaban más bien cerca que lejos del sistema”, sostuvo el pasado 21 de febrero Gerhard Rein, en un artículo para el programa Politikum, de la emisora estatal WDR5. “Que ella hoy permita que se la ubique cerca de algunos espíritus críticos de la RDA se debe más bien un autorretrato embellecido que a una estimación realista.” “Joachim Gauck nunca perteneció a la oposición en la RDA”, prosigue Rein en el mencionado artículo. “Tampoco formó parte de los grupos de evangélicos críticos del sistema, que se reunían en torno a temas como la paz mundial o el medio ambiente. Gauck se unió al Nuevo Foro en Rostock en octubre de 1989. Es decir, semanas antes de la caída del Muro. No es adecuado mencionarlo como se hace en estos días como principal espíritu libre en la lucha contra el sistema”. “Merkel y Gauck no jugaron ningún papel en la oposición de la RDA, sólo después llegaron arriba y se colgaron ese estandarte”, dice a Apro Christian Meier, historiadora de la Universidad Humboldt de Berlín. “De esa generación crítica que se confrontó con el Partido y también contra el capitalismo, ninguno llegó muy lejos”, prosigue Meier, quien nació y creció en Turingia, entonces Alemania del Este. “Ellos querían reformar a la RDA, no acabar con ella. Los que tenían esa idea, independientemente de lo que se opine de ella, quedaron en el camino”. El 18 de marzo de 1990, en las primeras elecciones que tuvieron lugar en la RDA tras la caída del Muro, Merkel se convirtió en portavoz del gobierno del ministro presidente Lothar de Maizière. Gauck fue elegido diputado por los Verdes. Tras la reunificación alemana, el 3 de octubre de ese año, Gauck fue nombrado al frente de la Comisión Federal de los Archivos de la Stasi. Las denuncias realizadas por dicha comisión troncharon la carrera de varios políticos que aparecían como espías o informantes en sus actas. De este modo se impidió que muchos colaboradores de la Stasi se convirtieran en profesores, jueces o policías. Gauck se convirtió en un predicador de la libertad, la democracia y el Estado de derecho. Perfil alto “En la RDA había masas de personas que se adaptaban”, dice Gerhard Rein en el citado artículo, “pero también había otra RDA, en la que alguna gente se liberaba de sus miedos y creaba espacios de libertad y no dejaba que se le dijera cómo tenía que vivir. Éstos siguieron siendo ciudadanos críticos tras la caída del Muro. Esta gente no se ve representada por Gauck y Merkel. Ambos han llegado finalmente al sitio que siempre habían anhelado: el sector conservador de Alemania Occidental. Están en todo su derecho.” Algunas opiniones del futuro presidente Gauck parecen rubricar estas palabras. En 2004 se declaró a favor de los recortes sociales impulsados por Gerhard Schroeder. Las demostraciones contra los bancos y la especulación financiera que se llevaron a cabo en 2011 en casi mil ciudades del mundo le parecen plagadas de “ideas románticas”. El debate crítico frente al capitalismo es para Gauck “indeciblemente bobo”. La resistencia popular en la ciudad de Stuttgart frente al megaproyecto para construir una nueva estación central de trenes es “una muestra de histeria alemana” que a él le parece “aberrante”. Las declaraciones del político socialdemócrata Thilo Sarrazin contra los inmigrantes lo convierten para Gauck en un “valiente, que habla más abiertamente que los políticos de un problema que existe en la sociedad.” Tampoco a él le gustan los barrios “con demasiados inmigrantes y pocos alemanes.” Las intervenciones militares de las que participa la Bundeswehr le parecen necesarias en algunos casos. “Tengo frente a Gauck un sentimiento ambivalente”, dice a Apro el músico Ingo Stelzer. “Lo que se le critica a Gauck es lo mismo que yo le critico. Dijo que el movimiento Ocupa es ingenuo. Yo creo que sencillamente no lo entiende. Es casi demasiado viejo.” “El problema es otro”, dice Stelzer, quien nació en la ciudad de Chemnitz, entonces llamada Ciudad Karl Marx. “Vivimos en un tiempo muy complejo, en el que no hay personas carismáticas, por eso llegó Christian Wulff a la presidencia. Nadie sabe bien para donde va el barco. Algunos se aferran a valores viejos y otros buscan valores nuevos.” Stelzer igualmente cree que Gauck ha pasado por varias pruebas difíciles. “Eso no lo veo en muchos alemanes occidentales, que siempre tuvieron la democracia y no saben lo que es vivir en una dictadura.” En 2010 Gauck fue candidato a presidente federal por los socialdemócratas y los verdes. Perdió la votación parlamentaria contra Wulff, quien fue apoyado por la coalición en el gobierno de democristianos y liberales. Tras la reciente renuncia de Wulff, los liberales decidieron apoyar la candidatura de Gauck, conjuntamente con los opositores. La resistencia de Merkel fue enconada y casi lleva a la ruptura de la coalición. El expastor no será un presidente simbólico. Los analistas suponen que podría disputarle el centro de la escena a una canciller que hoy no tiene rivales de peso. “Gauck puede hacerle sombra a Merkel”, tituló un artículo de Die Zeit, del pasado 27 de febrero. Gauck podría llegar a ser un presidente de perfil alto, que excede el aura y la representación simbólica del Estado que la Constitución le confiere.

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