El golpe a Repsol

martes, 24 de abril de 2012
Las relaciones entre la compañía española Repsol y el gobierno de Cristina Fernández entraron en franco conflicto a raíz de un hecho: el descubrimiento en 2011 de Vaca Muerta, un yacimiento ubicado en el sureste de Argentina cuyas reservas de petróleo garantizarían la autosuficiencia energética del país. Este factor, entre otros, estaría detrás de la expropiación de la empresa YFP decretada por el gobierno argentino. Con ello Repsol no sólo queda fuera de un multimillonario negocio, también debe asumir pérdidas de tal magnitud que reducen sus expectativas de convertirse en una de las grandes empresas globales de hidrocarburos. MADRID (Proceso).- Repsol no sólo perdió el acrónimo YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) de su nombre institucional. La expropiación de su capital en la filial argentina, anunciado por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, le significó la pérdida de la joya de la corona. El boquete que le provocó al grupo hispano le representó más de 25.6% de su resultado operativo (equivalente a mil 231 millones de euros) en 2011, según los datos entregados en su momento por Repsol a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. El 21% del beneficio neto que recibió Repsol ese año (461 millones de euros) provenía de YPF. También representó 33.7% de la inversión total del grupo petrolero, equivalente a 2 mil 182 millones de euros. Las reservas probadas de petróleo de Repsol-YPF eran de 2 mil 180 millones de barriles, de los que casi la mitad –mil 13 millones– eran de YPF. Sin YPF la producción diaria de crudo y gas de Repsol bajará 62%, situándose en cerca de 300 mil barriles diarios equivalentes de petróleo, según las cifras de la empresa. YPF suponía casi dos terceras partes de dicha producción, con más de 500 mil barriles. Igualmente, sin YPF Repsol desciende 10 posiciones hasta caer al número 49 de entre las petroleras privadas de todo el mundo, muy lejos de las grandes empresas globales de hidrocarburos, según la tabla de PetroStrategies. Sin esa veta de producción de petróleo y gas, los casi 300 mil barriles diarios de Repsol se convertirán en una imagen difuminada frente la producción diaria de 4 millones de barriles de Exxon, los cerca de 3.5 millones de British Petroleum y de Shell, o los 2.5 millones de Chevron y de Total. Su estructura de negocios ahora estará orientada a la refinación y la distribución. La producción propia sólo cubrirá la quinta parte del crudo que procesan las refinerías del grupo para su venta en las gasolinerías. Con ello tendrá que comprar grandes cantidades de petróleo, según analistas consultados por el periódico económico Expansión. Stuart Joyner, analista de Investec, consultado por el mismo medio, indica que “YPF ha sido un generador neto de tesorería para Repsol. La nacionalización reduce su valor en 11 mil 750 millones de euros”. Los datos son abrumadores para Repsol y sus socios –Pemex incluido como tercer accionista en importancia–, pese a que el presidente de Repsol, Antonio Brufau, trató de minimizar los efectos de la expropiación al asegurar el martes 17 que “la repercusión será cero en compras, en precios y en aprovisionamiento”. “Las repercusiones serán contundentes”, dice en entrevista con Proceso un consultor en temas petroleros que habla a condición de mantener el anonimato por estar involucrado en negocios en Argentina. Este consultor recordó que de acuerdo con la memoria de Repsol de 2011, de los casi 71 mil millones de activos de Repsol, 14 mil millones estaban en Argentina; alrededor de 20%. “Francamente, no pueden decir que no les afectará”, señala. Es por ello, explica, que Brufau estimó en 10 mil 500 millones de dólares la indemnización que pide al gobierno argentino por la expropiación, monto que el viceministro de Economía de Argentina, Axel Kicillof, aseguró ante el Senado de su país que no pagarán por “no ser real”, y que revisarán “las cifras sobre el valor verdadero de la compañía”. Pero además de la expropiación de casi todas sus acciones en YPF (ahora sólo conserva alrededor de 6%), Repsol enfrenta otros efectos colaterales, como el crédito –hasta hoy impagado en su totalidad– que hizo al grupo Petersen (de la familia Eskenazi), al que Repsol financió y avaló a petición del expresidente Néstor Kirchner. En 2007 Kirchner pidió a Repsol la incorporación del Grupo Petersen a YPF. La petrolera hispana ofreció condiciones ventajosas a los Eskenazi para que –pagando sólo 10% del total por las acciones– entraran como accionistas, adquiriendo hasta 25% del capital de YPF. El resto lo financiaron Repsol y un conjunto de bancos, explica el entrevistado. “En ese proceso de ‘argentinización’ de YPF, Repsol buscaba desinvertir ante el alto riesgo que representaba Argentina, pero también se concluyó que por la amistad tan cercana con Néstor Kirchner, la entrada de los Eskenazi ayudaría a tener una mayor interlocución con el gobierno, que nunca fue del todo fluida”, explica el consultor. El problema es que si los Eskenazi no reciben beneficios suficientes de YPF para pagar los créditos bancarios que ascienden hoy a mil 500 millones de dólares, Repsol deberá responder por ellos. El grupo empresarial argentino aún debe, adicionalmente, mil 552 millones de dólares a Repsol. El especialista niega el argumento del gobierno argentino en el sentido de que Repsol-YPF no reinvirtió los beneficios en Argentina. “El gobierno de Cristina Fernández pretendía que se reinvirtieran todos los beneficios, algo imposible y nunca acordado. Se pretende desconocer el acuerdo que con el aval de Néstor Kirchner establecía lo siguiente: 90% de los dividendos generales de YPF serviría para que los Eskenazi amortizaran parte de la deuda que adquirieron para comprar 25% de la compañía”, explica. Según Brufau, en 2011 las inversiones llegaron a 2 mil 990 millones de dólares frente a los beneficios que fueron de mil 289 millones de dólares en el mismo periodo. Negociaciones fallidas Una semana antes de que se anunciara el inicio del proceso parlamentario para expropiar 51% de YPF, Brufau viajó a Argentina. Tenía cita con la presidenta Fernández. Sin embargo le cancelaron de último momento la reunión. El viernes 13, Julio de Vido, ministro de Planeación; Axel Kicillof, viceministro de Economía, y Roberto Baratta, representante del gobierno ante YPF, “nos comunicaron que se cancelaba la reunión porque la señora estaba enojada y no se podía negociar. Creo que tenía la decisión tomada desde el día uno de su gobierno”, relató en su conferencia del martes 17 el presidente de Repsol. “No ha habido voluntad de diálogo ni con la empresa ni con el gobierno español”, añadió e ironizó: “No se me ocurrió ponerme detrás de Sean Penn para poder ver a la presidenta”, en alusión a que el 14 de febrero, mientras él trataba infructuosamente de ver a Fernández, ésta recibió al actor estadunidense. “Hasta una semana antes del anuncio, todo el mundo en el sector petrolero aquí (España) y en Argentina opinaba que el gobierno argentino expropiaría todo el capital del grupo Petersen (25%) y una parte de Repsol, porque (la presidenta) no tiene la buena relación que tenía su marido con la familia Eskenazi”, dice el consultor entrevistado. Añade: “Por eso llamó poderosamente la atención que el golpe seco sólo se haya concentrado sobre el capital español, lo cual hace pensar que existe un ingrediente político derivado de sus desencuentros con éste o bien que los Eskenazi negociaron con el gobierno”. Señala que la relación entre Repsol y el gobierno de Fernández era buena pero no “extraordinaria”. Este último cambió de actitud después de que se anunció el descubrimiento de Vaca Muerta, la gigantesca formación de hidrocarburos no convencionales (más pesados, con más azufre y más difíciles de extraer) descubierta por YPF en 2011 en el suroeste de Argentina. “Vaca Muerta está detrás sin lugar a dudas. La mitad del discurso de la presidenta fue Vaca Muerta”, dijo Brufau. El hallazgo de Vaca Muerta en noviembre pasado, entre las provincias de Neuquén y Mendoza, arrojó en los primeros estudios que tendría un potencial de 927 millones de barriles recuperables, que es un volumen muy cercano a las reservas probadas de YPF. Pero en febrero pasado la firma Ryder Scott hizo nuevas proyecciones para Repsol que arrojaron que el potencial certificado en el mismo sector de Vaca Muerta realmente era de 23 mil millones de barriles de petróleo no convencional y de gas no convencional. El yacimiento de Vaca Muerta se extiende por 30 mil hectáreas, donde también participan las petroleras Shell, Total, Exxon y Petrobras. Ahora bien, para que ello suceda se necesitan inversiones superiores a 27 mil millones de dólares, 12 mil millones más de lo que Repsol pagó por YPF en 1998. “Ahí cambió todo –dice el consultor entrevistado–. Si partimos del hecho de que si la exploración de Vaca Muerta resultara exitosa, en 10 años Argentina podría duplicar la capacidad de producción de hidrocarburos.” Fuentes de YPF relataron al entrevistado que cuando en 2011 se le comunicó a la presidenta argentina que el yacimiento podría empezarse a explotar en 2015, “se enojó porque ella quería resultados inmediatos”. La razón, explica, es que estos yacimientos requieren de herramientas tecnológicas de última generación y elevadas inversiones. Son procesos muy largos que obligan a la participación de varios grupos petroleros globales. Explica que es muy probable que existan empresas chinas interesadas, como Sinopec o CNOOC. Esta última ya participa en Bridas, la segunda petrolera argentina. “Los chinos tienen muchos recursos para invertir, pero no tienen la experiencia”, dice. En opinión del entrevistado, PDVSA, la petrolera estatal de Venezuela, podría apoyar a Argentina. Por lo pronto el presidente Hugo Chávez defendió la decisión soberana de Argentina de expropiar YPF y rechazar las “amenazas” españolas. Incluso propuso un esquema de explotación público-privada como la que se tiene en la faja petrolera del Orinoco, donde entre otras empresas está Repsol. El martes 17 el ministro venezolano de Petróleo y Energía, Rafael Ramírez, señaló: “Ayer mismo nos comunicamos con el ministro (argentino de Planificación) Julio de Vido (al frente de la intervención). Nos pusimos a la orden con todas nuestras capacidades operacionales y políticas legales”. El presidente de Repsol dijo que su compañía había sido víctima de “una campaña de hostigamiento, coacciones y filtraciones interesadas para derrumbar las acciones de YPF y facilitar la expropiación a precio de saldo”. Calificó la expropiación como un “acto ilegítimo e injustificable”, y anunció que la empresa recurrirá a los mecanismos de arbitraje del Banco Mundial, entre otras acciones mercantiles, industriales y jurídicas. Pese a su calidad de empresa privada que cotiza en la bolsa de valores, Repsol es considerada en España como una empresa estratégica, al grado de que los gobiernos de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero han influido en la elección de la presidencia de la petrolera. El gobierno de Mariano Rajoy se implicó en la defensa de Repsol al grado de llegar a fuertes tensiones diplomáticas con Argentina luego de anunciar que tomará medidas contra ésta por expropiar YPF. España incluso inició una ofensiva diplomática y encontró apoyo en Estados Unidos, la Unión Europea, Colombia y México. El más abierto en su crítica fue Felipe Calderón –pese a que México hoy preside el G-20, “lo que le resta calidad como mediador”, dice el consultor entrevistado–, quien señaló que “la expropiación de YPF a Repsol ha sido una decisión muy poco responsable y poco racional”. La opinión de Calderón “sorprendió” porque en agosto pasado el propio Brufau inició una cruzada política en España en defensa de la “españolidad” de Repsol con el propósito de impedir que Pemex incrementara su participación accionaria en esa empresa, recuerda el entrevistado.

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