Gran Bretaña: "Voto de castigo"

viernes, 11 de mayo de 2012
LONDRES (apro).- El gobierno británico de coalición, formado por conservadores y liberales democráticos, sufrió una demoledora derrota electoral en los comicios municipales del jueves 3 en Inglaterra, Gales y Escocia. Fue un “voto de castigo” ante los ajustes y austeridad que --según la administración de David Cameron-- buscan sacar al país de la peor crisis económica en un siglo. En una clara señal del electorado al primer ministro conservador y a su viceprimer-ministro, el liberal democrático Nick Clegg, los electores británicos le dijeron “No” de forma categórica a una serie de impopulares medidas con las que la coalición busca recortar en 130 mil millones de dólares el gasto público, despidiendo a miles de trabajadores estatales y reformando el sistema de pensión nacional. El opositor Partido Laborista, que encabeza Ed Miliband, fue el gran ganador en los comicios del jueves 3, al lograr la victoria en 75 de los 181 municipios en juego, 35 más de los que tenía actualmente. Miliband, hermano del excanciller de Gordon Brown, David, es visto ahora como futuro contendiente para convertirse en el próximo mandatario. Los laboristas ganaron 2 mil 158 concejales, 823 más de los que tenían actualmente, mientras que los tories (conservadores) perdieron 405, y se quedaron con mil 5 representantes locales. Por municipios, el partido de Cameron ganó en 42 circunscripciones. Quienes también sufrieron una aplastante derrota fueron los liberales democráticos, quienes cedieron 336 concejales, para quedarse con 431. En total, el Partido Laborista consiguió 38% de los votos (tres puntos porcentuales más que en los comicios anteriores), mientras que el Partido Conservador logró 31% (cuatro puntos menos) y los liberal-democráticos quedaron con 16%, y por primera vez en su historia, tendrán menos de 3 mil concejales en el país. El índice de participación en los comicios, en los que estaban en juego más de 4 mil 700 asientos en ayuntamientos, fue de 32%, el nivel más bajo desde el 2000, una señal del escaso interés de los británicos en la política y los políticos actuales. La sorpresa de las elecciones la dio el derechista y euroescéptico Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés), que logró sus mejores resultados en unos comicios locales, al obtener 14% de los votos en aquellos municipios donde había presentado candidatos, aunque no incrementa en gran medida el número de concejales. La única buena noticia para los conservadores fue la victoria en Londres, donde el actual alcalde Boris Johnson logró obtener una ajustada reelección sobre el laborista Ken Livingstone (alcalde londinense de 2000 a 2008) y permanecer en su puesto por otros cuatro años. “Noche triste” Luego del “desastre” electoral para el gobierno, Cameron salió a pedir perdón a los representantes de su partido en las alcaldías, aunque reiteró que su administración seguirá firme con las políticas de ajuste. “Son tiempos difíciles y no hay respuestas fáciles”, dijo el jefe del gobierno al justificar las medidas económicas que, dijo, deben adoptarse para combatir la deuda y el déficit y recomponer una “economía rota” que atribuyó precisamente a la herencia del Partido Laborista. “Nuestro gobierno hará todo lo que sea para demostrar que estamos del lado de la gente trabajadora y que haremos lo que sea correcto para las familias”, destacó. Para Clegg, la del jueves 3 fue una noche "realmente triste" por la gran cantidad de concejales de su partido que han perdido sus bancas. "Seguiremos desempeñando nuestra función para rescatar, arreglar y reformar la economía británica. No es una labor fácil y no se puede hacer de un día para otro, pero nuestro deber es aumentar, promover el empleo y la inversión y devolver la esperanza y el optimismo a nuestro país ", agregó el viceprimer ministro. Fue Miliband quien salió rápido a festejar la victoria de su partido, que dijo puede ahora "ofrecer a Reino Unido el cambio que necesita". "Somos un partido que está recuperando la confianza de la gente, ganando terreno, pero aún queda trabajo por hacer", subrayó el parlamentario opositor. Cinco días después de los comicios y en medio de crecientes pedidos de legisladores conservadores y liberales democráticos para que ambos líderes distancien sus políticas, Cameron y Clegg salieron juntos a mostrar la “unidad” del gobierno, en una ponencia ante trabajadores de una fábrica en Essex, en el este de Inglaterra. Entre los conservadores, una mayoría está impulsando un giro a la derecha que excluya a los liberales democráticos, y que esté centrado en temas de ley y orden, flexibilidad laboral, mayores restricciones al derecho de huelga y una profundización de los recortes fiscales. Una reforma de la Cámara de los Lores, para convertirla en una cámara electa, o el matrimonio gay son anatema para estos conservadores y constituyen la razón de ser de muchos liberales democráticos, que se están preguntando abiertamente por qué estar en una coalición que hasta ahora les produjo dos devastadoras derrotas electorales a nivel municipal. “No podemos dar marcha atrás en nuestra estrategia para sanear las finanzas públicas”, dijo Cameron, escoltado por su socio liberal democrático, mientras buscaba transmitir un mensaje de unidad concentrándose en la misma receta económica de ajuste. “Este es un momento muy difícil y necesitamos seguir por el mismo camino. No podemos dar marcha atrás en nuestra estrategia para sanear las finanzas públicas”, agregó. Clegg mantuvo una línea similar. Dijo: “No tenemos que olvidar que lidiar con el déficit es un medio para un fin y el fin es crecer económicamente”. La última vez que ambos hablaron juntos ante la prensa fue hace dos años, cuando anunciaron el matrimonio político en el señorial y florido jardín de 10 Downing Street, residencia oficial del primer ministro. Los problemas para Cameron y su gobierno han llevado a que la mayoría de los británicos considere que el primer ministro perdió todo contacto con la realidad y desconoce las penurias que atraviesan miles de familias trabajadoras como consecuencia de la crisis económica. Según un sondeo elaborado por la consultora Angus Reid para el dominical Sunday Express y difundido el pasado 29 de abril, más de ocho de cada diez votantes (82%) sostiene que la coalición perdió contacto con los ciudadanos de a pie. El sondeo reveló que crece cada vez más la brecha entre la elite política en Gran Bretaña y la opinión pública. Robin Hood tax Días antes, la parlamentaria conservadora Nadine Dorries calificó a Cameron y a su ministro de Economía, George Osborne, de ser "niños ricos arrogantes". El gobierno británico ha enfrentado una serie de escándalos y controversias en las últimas semanas, el último de ellos provocó la renuncia de Adam Smith, asesor especial del ministro de Cultura Jeremy Hunt, tras admitir vínculos con el conglomerado de medios de Rupert Murdoch News Corporation por el fallido proceso de compra del canal satelital BSkyB. El congelamiento de salarios, despidos y un aumento en el costo de vida ha llevado a que muchos electores británicos se sientan cada vez más críticos del gobierno y los parlamentarios, al considerar que estos últimos están protegiendo más las necesidades de banqueros y empresarios que las de las familias trabajadoras. Un sondeo elaborado por la consultora YouGov para el grupo de análisis político Policy Exchange concluyó que la mayoría de los británicos cree que tanto el Partido Conservador como los Laboristas deberían reclutar a más parlamentarios de clase trabajadora. Neil O’Brien, director de Policy Exchange, afirmó que cada vez más los británicos consideran que la clase política del país "está alejándose de las preocupaciones de los trabajadores". El mismo domingo 29 de abril, el cardenal Keith O'Brien acusó a Cameron de actuar "inmoralmente" al favorecer a los ricos en lugar de los ciudadanos de a pie más afectados por la recesión. El cardenal también denunció la oposición de Cameron al llamado "Robin Hood tax" a las instituciones financieras. En una entrevista con la BBC, O'Brien dijo que es inmoral "ignorar a aquellos que sufren como resultado de los desastres financieros recientes". "Mi mensaje a David Cameron, como jefe del gobierno, es que piense seriamente de nuevo acerca del Robin Hood tax, el impuesto que ayuda a los pobres a quedarse con algo de los ricos", destacó. "Los pobres han sufrido tremendamente de los desastres financieros de los años recientes y nada se ha hecho realmente para que los ricos aporten. Le digo al primer ministro que no proteja a sus colegas ricos en la industria financiera, y que considere su obligación moral para ayudar a los pobres de este país", finalizó.

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