Guardería ABC: traumas de largo plazo

viernes, 8 de junio de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Desde hace tres años la madre de uno de los niños fallecidos en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, ha tenido frecuentes ataques de angustia y depresión. En otro caso, uno de los padres padeció una pobre salud mental, con cuadros como nerviosismo, pérdida de sueño e irritabilidad. Estas conductas forman parte del estudio que la estadunidense Fran H. Norris, profesora investigadora del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Dartmouth, desarrolló con un grupo de madres y padres de menores muertos y heridos en la guardería ABC, siniestrada el 5 de junio de 2009. “Este es el caso más serio que he visto en 25 años de carrera”, dice a Apro Norris, quien ha estudiado diversos trastornos psicológicos aparecidos en el país. “Creo que los resultados nos dicen algo que ya sabíamos. En la medida en que el evento se vuelve más serio y grave, vemos que las consecuencias son duraderas. Con el tiempo vemos que las cosas se asientan, pero ocasionalmente resurgen y eso lo vemos reflejado en este caso”, explica la especialista, con maestría y doctorado en psiquiatría por la Universidad de Louisville Su análisis, Duelo en el contexto del trauma. Un estudio sobre padres y cuidadoras luego del incendio de la guardería en Hermosillo, cuyos resultados preliminares revisó Apro, arrojó que ocho meses después del accidente, 46% de la muestra presentó trastorno de dolor prolongado, que se manifestó más por entre las madres (55%) que entre los padres (48%). En cuanto al trastorno de estrés postraumático (TEPT) o depresión aguda, se presentó en 29% de quienes tuvieron un descendiente lesionado, y las madres lo padecieron más que los padres: 35% frente a 21%. Pero el TEPT se disparó a 62% en las parejas que perdieron a un hijo. Al igual que el grupo anterior, las mujeres lo sufrieron más que los hombres: 79% y 70%, respectivamente. En febrero de 2010, 125 de 134 familias (93% del total) que tenían hijos en la guardería el día del siniestro fueron contactadas y 96 (72%) aceptaron participar en el análisis. La segunda ronda de entrevistas ocurrió 20 meses después de la tragedia. En la muestra participaron 90 madres, 57 padres y 78 cuidadoras, como abuelas y tías. “He visto poca recuperación. Es muy triste que la gente permanezca en ese estado. La clave es que cada día lamentan la ausencia del ser querido”, resalta Norris, con quien colaboraron en el análisis sus colegas Kathleen Sherrieb, Eric Jones, Art Murphy y Holly Prigerson. En la guardería ABC, donde no había extinguidores, las alarmas antiincendios eran defectuosas y la salida de emergencia estaba clausurada. Tras la tragedia, 49 niños perdieron la vida, 40 sufrieron quemaduras severas y 53 resultaron con daños menores. Derivado del incidente, un grupo de padres fundó el Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio, para demandar sanción a los responsables y exaltar la memoria de las víctimas. En su justificación del proyecto, realizado entre septiembre de 2009 y agosto de 2011, Norris explica que “la muestra provee de un contexto apremiante para examinar las consecuencias de corto y largo plazos del duelo y dolor prolongado, independiente de los efectos que pueden ser analizados por el estrés postraumático y una depresión grave”. Su objetivo primario fue documentar las secuelas funcionales únicas del luto y la congoja prolongada. El equipo se centró en aspectos como calidad de vida y de relaciones sociales con la esposa, la familia y amigos, estrés de padres y familiares, necesidad percibida de atención de la salud mental, tendencias suicidas, abuso de alcohol y problemas físicos e incapacidad. El TEPT puede manifestarse cuando el individuo sufre actos violentos, como un asalto, un secuestro, una violación o un desastre natural. Norris, afiliada a los centros nacionales de Investigación de Salud Mental ante Desastres, para Trastorno de Estrés Postraumático y Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo y sus Respuestas, partió de las hipótesis de que la aflicción tendrá efectos sobre los resultados funcionales de aquellos que pueden ser considerados con trauma. Sostiene que el dolor mostrará derivaciones sobre los resultados funcionales de aquellos que pueden ser considerados con TEPT y que las consecuencias del duelo y la pena serán más fuertes con el tiempo. “Tratamos de entender la relación entre los efectos de largo plazo y cómo se manifiestan en los trastornos y qué ocurre con el tiempo”, resume. Entre 1996 y 2001 la experta estadunidense y sus colaboradores llevaron a cabo investigaciones similares en el país para entender mejor el trauma en las culturas. En ese sentido, el TEPT parecer ser relevante y significativo en México. Esos estudios demostraron que los participantes identificaron un rango amplio de emociones y sutiles diferencias articuladas entre episodios agudos de trastorno y efectos prolongados. Según Norris, la depresión y quejas somáticas son también importantes de evaluar, lo cual les llevó a incluir la medición de síntomas físicos en estudios posteriores. En pesquisas previas, la psicóloga comunitaria halló que el duelo traumático es el de mayor prevalencia en México, seguido por el atestiguamiento de un asesinato, accidente riesgoso y asalto físico. En relación con el trastorno de duelo prolongado ocasionado por el incendio de la guardería, 41% de los entrevistados lo padeció, tasa que bajó a 38% en la segunda medición. Por otra parte, el grado de TEPT pareció agravarse, pues sus porcentajes aumentaron entre ambos lapsos. Activismo terapéutico Patricia Duarte, madre del niño Andrés García –fallecido en el percance– e integrante del Movimiento 5 de Junio, acude a terapia al Instituto del Seguro Social cada 15 o 21 días. “No he superado el duelo y la terapia me ayuda a sobrellevarlo, me ayuda a soportar el tremendo dolor que tenemos”, dice a Apro la mujer de 34 años de edad. Como otras madres y padres, Duarte se ha entregado al movimiento para evitar que esos sucesos trágicos se repitan. La investigación de Norris reveló que la pareja de padres experimentó el trastorno de dolor prolongado durante los ocho meses posteriores al incendio. En ese periodo, los síntomas aparecidos entre las víctimas fueron, entre otros: estado vigilante y alerta, evocaciones involuntarias del suceso, problemas de concentración, dificultades para dormir, distanciamiento emocional de otras personas, irritabilidad y desinterés por las actividades cotidianas. “Hay un punto en que el dolor es tan duradero que tiene implicaciones serias para el bienestar de la gente”, subraya Norris, quien recibió financiamiento por 203 mil 435 dólares del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos. La autora adelantó sus resultados durante el V Congreso Mundial de Estrés Traumático, realizado a finales de mayo en la Ciudad de México. Entre sus conclusiones figura que incluso los participantes “más sanos” (aquellos cuyos niños vivieron) tenían altas tasas de TEPT y presentaron problemas de salud, además de que el nivel de incapacidad observado entre los padres apunta a significativos costos sociales de trauma y dolor. Casi cuatro de cada 10 participantes con hijos muertos y casi tres de 10 con menores lesionados sintieron que las otras personas no querían oír de la historia de los niños. Más aún: 68% de parejas con víctimas mortales prefirieron esconder sus emociones para no molestar a otros. “Otra complicación adicional es cuando alguien se siente incómodo y trata de evitar a la persona afectada. No saben cómo hablarle o cómo decirle ‘lo siento’. Eso es muy malo para la recuperación. La gente se siente constreñida a no querer saber del asunto y eso es más dramático. La gente es solidaria, pero no sabe cómo manifestarlo”, explica Norris. Huellas físicas La investigación dio cuenta que los padres de niños fallecidos o heridos padecen varias enfermedades al mismo tiempo. Patricia Ortega resultó con un cuadro prediabético y con altos niveles de colesterol y triglicéridos a causa del desastre, en tanto que su esposo José Francisco García sufre problemas cardíacos. “Subí de peso y eso me afectó la columna. Estamos bajo tratamiento”, relata. El trabajo de Norris se enfocó también en la interacción social entre las víctimas frente al suceso y así comprobó que ocho meses después del accidente, los padres estaban altamente interconectados. Dos grupos marcadamente separados de parejas emergieron, casi perfectamente determinados por el destino de sus hijos. La severidad de los síntomas de TEPT fue significativa y positivamente relacionada con la participación en la red en la muestra total, así como la pena en el subgrupo de los que presentaron duelo, según los resultados de la investigación. La participación en la red estaba completamente desvinculada de las percepción de apoyo social o limitantes sociales. En el análisis de la segunda etapa, los expertos empezaron a ver la separación entre los grupos, cuyo factor primario fue la orientación del activismo político. “Los resultados sugieren que estos eventos necesitan buenas respuestas. Es claro en los datos que mucha gente se involucró en el evento. Otro punto es entender cómo la recuperación individual es complicada en eventos que han tenido cierta naturaleza pública, con temas legales, judiciales y legislativos. Y las dinámicas sociales tienen que ver con la naturaleza humana, de cómo la gente se apoya. Es mucho más complicado de cómo lo entendemos”, indica Norris. “No me siento bien sin estar en el movimiento. Respeto a los padres que no han seguido (en las actividades de protesta). Cada uno lo ha vivido de forma diferente”, asegura Duarte. Los miembros del Movimiento 5 de Junio se reúnen dos veces por semana en Hermosillo. Los datos obtenidos no apuntan a verificar si el acceso a la justicia por parte de las víctimas puede contribuir a superar los síndromes psicológicos. “Es difícil de responder a eso, tal vez la justicia me va a dar un poco de tranquilidad”, precisa Duarte. “Una de las motivaciones de las redes fue buscar justicia. Una de las formas de enfrentar esto es tratar de hacer una diferencia, y eso es importante. Los padres tienen un fuerte motor para hacer eso, para impedir que ocurra a otras familias. Ahí encaja la búsqueda de justicia”, grafica Norris.  

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