Brasil: Una década con el PT

viernes, 11 de enero de 2013
SAO PAULO (apro).- El Partido de los Trabajadores (PT) ha cumplido su primera década en el gobierno de Brasil con los gobiernos de Luiz Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff. Su principal conquista fue colocar en la agenda del país la inclusión social como motor económico interno y el peso del gigante sudamericano como un actor clave en el escenario global del siglo XXI. Lula, el fundador del partido que surgió de las bases sindicales en el Gran Sao Paulo con las que se enfrentó en los años setenta a la dictadura militar, llegó al gobierno el 1 de enero de 2003, tras haber vencido la cuarta elección en la que participaba. Fue la primera vez en que un partido de izquierda llegaba al poder formal en uno de los países ejemplos de la desigualdad en el mundo. "Los diez años de gobiernos del PT incorporaron una nueva agenda de Brasil. El combate a la desigualdad pasó a ser por primera vez una política de Estado y no una situación de emergencia. Se retomó la inversión pública en educación, salud, vivienda e infraestructura", dijo la presidenta Dilma Rousseff al cumplir, el 1 de enero, sus primeros dos años de mandato. En la página oscura de la década, se encuentra la corrupción: la máxima corte del país, en un polémico fallo, determinó que el PT, entre 2003 y 2005, se aprovechó de una red de lavado de dinero y préstamos ficticios para pagar sus deudas a los nuevos partidos aliados, en lo que se interpretó como soborno o pagos de favores. Pese a ello –que se consideró la peor crisis política de la era Lula--, el exmandatario fue reelecto en 2006 y logró imponer en 2010 a Rousseff, su delfín. Ambos son los políticos más populares del país, según las encuestas, y ganarían en todos los escenarios para las presidenciales de 2014. "Fue muy triste ver vanidad en compañeros, enriquecerse con la función pública. La diferencia es que fueron sancionados, no como ocurría antes de nosotros", admitió recientemente a la Rede TV el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, un hombre que goza de la confianza de Lula. La era Lula Cuando Lula llegó al poder la situación no era la misma que la actual: presionado por el sector financiero, el líder sindical se comprometió antes de asumir a mantenerse dentro del sistema internacional con las directrices macroeconómicas de estabilidad monetaria heredadas de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso. Lula incorporó el plan Hambre Cero en su inicio de mandato, que luego mutó a lo que se llama Bolsa Familia: la transferencia de dinero a las familias pobres mediante una tarjeta de débito que benefició a 40 millones de personas que estaban en situación de miseria extrema. Otros 28 millones saltaron de la clase baja a la clase media, de la que forma parte actualmente el 50% de la población. "Los empresarios se beneficiaron de eso, toda la rueda de la economía se benefició, porque se creó una clase media que consume, que ese dinero no lo guarda para comprar dólares, sino para comprar productos industrializados y comida", evaluaba Lula sobre la incorporación de los miserables como consumidores. El país, con Lula y con un escenario internacional favorable de la mano del renacimiento del mundo emergente en Asia y África como compradores de materias primas, vivió sus años dorados de crecimiento. En la era de Cardoso (1995-2002), el crecimiento promedio anual fue de 2.48%; en los 8 años de Lula fue de 4.65% y en los dos años Rousseff se registró un avance del 2,7% del PIB. "El resultado es altamente positivo. El PT cambió la agenda, con el avance de las clases sociales. Lula logró mostrarse como un garante de la estabilidad, pero a la vez supo imponer en forma paralela una agenda social y de determinación en el contexto internacional. Eso, acompañado por el gran desprecio, aún, de las grandes elites nacionales", dijo a Apro la analista política Cristina Pecequilo, profesora de relaciones internacionales de la Universidad Federal de Sao Paulo (Unifesp). Incluso con una alianza de centro, con partidos que históricamente habían combatido el izquierdo del PT, Lula logró despojarse de las esposas ideológicas de los acuerdos políticos y desarrollar una política de expansión de las empresas nacionales como una forma de diplomacia. Actor global En el contexto sudamericano, la llegada de Lula irradió a la izquierda un nuevo rumbo: cuando ganó las elecciones, apenas Hugo Chávez en Venezuela representaba a la izquierda. Luego de Lula, las políticas regionales ganaron vigor y Brasil fue un gran aliado de los presidentes de corte progresista y soberanista que llegaban al poder en Argentina con Néstor Kirchner; en Paraguay, con Fernando Lugo; en Bolivia, con Evo Morales; Ecuador, con Rafael Correa; y Uruguay, con Tabaré Vásquez. El epicentro de ese movimiento continental se registró en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005, donde el bloque sudamericano sepultó ante George W. Bush la idea del Alca, el área de libre comercio de las Américas propuesta por Washington. Meses después, Brasil pagaba toda su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con lo cual abandonaba el modelo de visitas periódicas y monitoreo del organismo. "Con Lula, el primer presidente surgido del pueblo pobre, Brasil impulsó junto a los BRICS (Rusia, India, China y Sudáfrica) cambiar el modelo mundial de relaciones internacionales, el cambio del sistema financiero dentro del G-20, en base a una crítica del modelo neoliberal. Brasil asumió con Lula el orgullo de pertenecer al Tercer Mundo y haber roto el alineamiento automático con Estados Unidos. Fue una doctrina de afirmación nacional, multilateralismo y apertura hacia Sudamérica y las naciones emergentes", evaluó la profesora Pecequilo. Más crítico, el profesor Ricardo Teixeira, de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), apuntó como el hecho más importante, en términos estratégicos, la diversificación de los mercados realizado mediante la diplomacia personal de Lula, como los BRICS, la Unión Sudamericana de Naciones y la consolidación del Mercosur. "Es nuestra garantía de competir con los productos chinos en Sudamérica. Lo que preocupa actualmente es la tasa de inversión pública y el índice de crecimiento, que en 2012 fue del 1%", dijo. El avance de China a nivel mundial lo convirtió en el primer socio de Brasil, desplazando la hegemonía de Estados Unidos. Otra marca del gobierno de Lula, además de la inclusión social a gran escala, fueron las acciones afirmativas hacia el movimiento negro, tradicionalmente relegado como una de las principales herencias de la esclavitud, con la creación de cupos universitarios para los afrodescendientes. Sin embargo, el gran déficit en el país sigue siendo el de la educación pública. "Formamos una nueva clase media con 90 millones de personas, lo que asegura un mercado de trabajo y de consumo pujante, con la expansión del microcrédito. El problema es que no existe un programa de educación pública de calidad que pueda acompañar el salto del país. Eso es una tragedia", dijo el Teixeira, historiador de las relaciones internacionales brasileñas. Con vista a 2014, la oposición articuló en las últimas semanas movimientos de renovación pero bajo la batuta de Cardoso, que resurgió como cerebro del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Cardoso indicó como el principal candidato del PSDB para las elecciones de 2014 al senador Aecio Neves, hombre fuerte del estado de Minas Gerais, que reivindica las políticas privatizadoras y neoliberales de los años noventa, como el contendiente ante la reelección de Dilma Rousseff.

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