España: El fin de los embajadores panistas

viernes, 1 de noviembre de 2013
MADRID (apro).- El presidente Enrique Peña Nieto nombró a la diplomática Roberta Lajous Vargas como embajadora de México en España, terminando con una etapa en las relaciones bilaterales que estuvo marcada por el tono impuesto por tres embajadores emanados del Partido Acción Nacional (PAN), que se convirtieron en la bisagra de la nutrida llegada de inversiones españolas a suelo mexicano. Esa proclividad por centrar la relación bilateral en la parte económica y en beneficiar a los capitales españoles fue el tono impuesto por los gobiernos panistas de Vicente Fox y de Felipe Calderón. El 15 de febrero de 2001, tres meses después del inicio del gobierno foxista, Gabriel Jiménez Remus entregó sus cartas credenciales al rey Juan Carlos I como embajador de México, cargo en el que se mantuvo hasta el 28 de febrero de 2007. A su salida, al frente de la legación permaneció dos meses el encargado de negocios Gabriel Rosenzweig, hasta abril de 2007, cuando tomó el relevo Jorge Zermeño, que venía de la presidencia de la Cámara de Diputados, recordada principalmente por dirigir la atropellada sesión de toma de posesión de Felipe Calderón. Luego del bajo perfil público de la gestión de Jiménez Remus, Zermeño infundió un mayor protagonismo en la embajada, aunque marcadamente en temas relacionados con empresas e inversiones. Sus intervenciones subrayaban la relación estratégica de la relación bilateral, no obstante, se centraban en las posibilidades que México ofrecía a dichas inversiones. Así lo refirió en un encuentro con empresarios andaluces en el marco de la 26 Exhibición Anual de Enganches en la Plaza de Toros de Sevilla, La Maestranza, en la que señaló “la solidez y estabilidad de la economía de México y la dimensión de su mercado interno, con cerca de 112 millones de personas que hacen del país un destino importante para las inversiones españolas”. El coahuilense abandonó el cargo en diciembre de 2011 para regresar a México a competir por una senaduría, intento que vio frustrado. En abril de 2012 el panista jalisciense Francisco Ramírez Acuña fue nombrado embajador en España. Permaneció en dicha misión diplomática hasta el 15 de octubre pasado, aunque el fin de su encargo tenía fecha del 1 de septiembre. No obstante, acordó con el canciller José Antonio Meade quedarse a organizar aquí la fiesta patria del 15 de septiembre. Ramírez Acuña tuvo una gestión marcada por un evidente declive de los contactos diplomáticos por ocurrir hacia el final de la administración de Calderón, incluidas las elecciones federales de julio del año pasado, así como el periodo de transición del nuevo gobierno y la llegada de Peña Nieto a la Presidencia. El nuevo gobierno hizo un evidente vacío a la gestión de Ramírez Acuña, aunque él en los actos protocolarios que atendió igualmente resaltaba las posibilidades de ensanchar las inversiones, como lo hizo en abril pasado, ante la Cámara de Comercio de Madrid, donde subrayó que el nuevo gobierno de Peña Nieto “prevé nuevas inversiones en sectores estratégicos para su economía, como las infraestructuras, las energías renovables o la tecnología”, que son posibilidades para el “fuerte posicionamiento del capital español en México”. Incluso antes, durante la visita de Peña Nieto como presidente electo, en octubre de 2012, Ramírez Acuña lo presentó ante 43 presidentes y altos ejecutivos de las mayores trasnacionales y bancos españoles. “Esta es una reunión de buenos amigos”, aludió (Proceso 1877). Los primeros desencuentros del embajador y el equipo de Peña Nieto surgieron en esa visita, porque Ramírez Acuña validó la lista de los 43 empresarios que asistieron a dicho encuentro, aunque el actual director general de (Petróleos Mexicanos) Pemex, Emilio Lozoya, entonces responsable de asuntos internacionales del equipo de transición, tenía reparos en que acudieran algunos empresarios que apoyaron con financiamiento la campaña de Josefina Vázquez Mota, confirmó una fuente diplomática involucrada en la agenda del viaje. Tampoco gustó al equipo del priista que Ramírez Acuña hubiera roto el protocolo a la llegada del avión presidencial al aeropuerto de Torrejón de Ardoz y hubiera subido al aparato en vez de esperar al mandatario al pie de la escalinata, explicó. Pero el desencuentro más tenso surgió cuando Ramírez Acuña se negó a acompañar a Peña Nieto al Palacio de la Zarzuela para participar en una cena con el rey Juan Carlos I y con el príncipe Felipe. El disgusto del panista fue a causa de que durante la comida de Peña Nieto con el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, en La Moncloa, le pidieron que permitiera que el encuentro fuera “uno a uno”. Esto molestó al panista, quien se negó a asistir, el mismo día, por la noche, a La Zarzuela. El tema escaló, inclusive, a la entonces secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, quien no logró convencerlo, comentó la misma fuente. Como consecuencia, en el encuentro que Peña Nieto mantuvo con el cuerpo diplomático de México, en enero pasado, Ramírez Acuña fue uno de los embajadores ausentes. Aunque el gobierno de Peña Nieto tuvo a la dirigencia nacional del PAN a uno de sus valedores para el Pacto por México, muy distinto fue el trato a la legación mexicana en Madrid, al grado que funcionarios de primer nivel del gobierno realizaron viajes a España marginando completamente a la embajada. El primero fue el director de Pemex, Emilio Lozoya, quien en sus negociaciones para hacer frente a la crisis en Repsol mantuvo un encuentro con el gobierno central en el Palacio de La Moncloa y otro más en Barcelona, con los principales accionistas de la petrolera hispana, Isidro Fainé, presidente La Caixa, y Manuel Manrique, presidente de Sacyr-Vallehermoso, sin mantener contacto alguno con la embajada. También sucedió el pasado 31 de julio, cuando el secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, y funcionarios de su dependencia estuvieron en “visita técnica” en Madrid para reunirse con el secretario de Infraestructuras y Transporte del gobierno español y con empresarios del ramo para conocer el funcionamiento del transporte ferroviario de pasajeros. En el verano pasado, la cancillería pidió a la embajada iniciar trámites ante el gobierno español para conseguir un cuerpo de seguridad para la actriz Sofía Castro, hija de Angélica Rivera, esposa de Peña Nieto, durante su estancia en Madrid, a donde venía una temporada a continuar su preparación como actriz. Sin embargo, ahí la negativa fue del propio gobierno español, no obstante, ello “no gustó en México”, explicó personal de la embajada. Ante la inminente salida de Ramírez Acuña, el gobierno mexicano inició trámites en julio ante el español para nombrar al nuevo embajador. Apro dio a conocer que el pasado 3 de septiembre España había otorgado el beneplácito para la embajadora Roberta Lajous Vargas. Con 33 años de experiencia diplomática, Lajous ha sido representante permanente y embajadora en Austria (1995-99), representante alterna en las Naciones Unidas (en 2002), embajadora en Cuba (2002-2005) y en Bolivia. Es parte de la escuela internacionalista de El Colegio de México, de donde se graduó; maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Stanford y autora de Las relaciones exteriores de México 1821-2000, publicado por El Colegio de México. Preside el Internacional Women Forum. Se prevé que en fecha próxima el Senado ratifique su nombramiento. Mientras tanto, en la embajada mexicana ya iniciaron los primeros relevos: Fue nombrado el nuevo responsable de prensa, Ramiro Pineda; el titular del Instituto Mexicano de Cultura, el poeta Pablo Rafael, sobrino de Miguel de la Madrid; el nuevo cónsul de México en Madrid, Bernardo Córdoba Tello. Sin embargo, se plantean futuros cambios en la jefatura de la cancillería de la embajada y en el área económica, adelantó personal de la sede diplomática.

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