Alemania: El efecto Tebartz-van Elst

viernes, 8 de noviembre de 2013
BERLÍN (apro).- El escándalo provocado por el obispo alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, acusado de despilfarro y falsas declaraciones y retirado temporalmente de su cargo por el papa Francisco, ha desatado una oleada de deserciones de creyentes de la iglesia católica alemana. Las cifras oficiales indican que el "efecto Tebartz-van Elst" duplicó el promedio de bajas de católicos tanto sólo del mes de septiembre a octubre. No sólo eso. Tal como ocurriera hace tres años, cuando quedó al descubierto el escándalo de abusos sexuales cometidos por sacerdotes alemanes, lo sucedido con el obispo de Limburgo reaviva también el debate en torno a una reforma y democratización de la iglesia católica alemana, una de las más ricas y también una de las poderosas. "Estamos en un momento en el que la iglesia alemana tiene que replantearse muchas cosas. Si realmente se quiere ser una Iglesia para los pobres, como lo viene predicando el Papa, acá se tendrán que modificar muchas cosas", dice en entrevista con Apro Elfriede Harth, integrante de la agrupación católica reformista alemana Somos Iglesia. El reto es grande si se toma en cuenta que en Alemania, la Iglesia católica —a pesar de que sólo 31 por ciento de la población total profesa esta religión— tiene una influencia muy fuerte frente a la Estado y goza de jugosas concesiones otorgadas por éste mismo que la dotan de poder.   Codicia y soberbia Los titulares de todo el mundo reportaron el pasado 23 de octubre sobre el obispo de Limburgo Franz Peter Tebartz-van Elst y la decisión del papa Francisco de apartarlo temporalmente de su sede episcopal por los excesivos y ostentosos gastos que realizó para la construcción del Centro diocesano de San Nicolás y de su nueva residencia oficial. De un presupuesto original de 5 millones de euros, la construcción requirió al final 31 millones de euros, algo así como 527 millones de pesos. Pero la historia de los excesos y exabruptos del polémico obispo comenzó años atrás. Fue en enero de 2008 cuando Tebartz-van Elst se convirtió en obispo de Limburgo. En ese primer año de su obispado, el clérigo decidió relevar de su puesto al párroco Peter Kollas, quien poco antes había otorgado la bendición a una pareja homosexual. Ya desde el año 2010 los medios locales daban cuenta de las voces críticas que señalaban al obispo de tener un carácter autoritario y de despilfarro de dinero. Esto último fue documentado por el semanario alemán Der Spiegel, que en 2012 publicó un texto en el que señalaba que para un viaje de sólo tres días a la India, Tebartz-van Elst había gastado una suma importante al viajar junto con su vicario en primera clase a ese país. Él lo negó y como la revista lo acusó de mentir, entonces prestó declaración bajo juramento. Más tarde, él mismo reconoció que viajó en business class, por lo que la fiscalía alemana inició una indagatoria por la sospecha del delito de falsedad en una declaración jurada. La mala racha del obispo no terminó ahí. Al día siguiente de inaugurar ante más de 200 invitados la nueva sede del Centro Diocesano de San Nicolás, el pasado 5 de septiembre, Tebartz-van Elst recibió lo que la prensa local denominó el Llamado crítico de Frankfurt, una carta firmada por más de cuatro mil 500 católicos en la que se pedía a la diócesis tomar otro camino y al obispo ser un representante fidedigno y creíble. Hasta entonces sólo se sabía que las obras de construcción de la nueva sede y residencia particular se habían duplicado, de 5 a 10 millones de euros. El escándalo fue mayúsculo cuando el Consejo de Administración de la diócesis confirmó días después que en realidad el costo de las obras había sido de 31 millones de euros. Tras semanas de turbulencia, en las que el papa Francisco intervino, hoy el obispo se encuentra recluido en retiro espiritual en un convento benedictino en la región de Bavaría, en espera de los resultados de la comisión especial creada por la Conferencia Episcopal alemana para investigar el caso.   Deserciones masivas Pero más allá de los resultados que arrojen las investigaciones oficiales, realizadas por la misma iglesia, y de la decisión final que asuma en el caso el papa Francisco, una parte de los feligreses alemanes ya tomó su decisión: como nunca antes, las deserciones de la Iglesia se duplicaron en los últimos meses en diversas regiones del país. En Alemania, las cifras oficiales indican que —sin escándalos de por medio— cada año un promedio de 100 mil alemanes se desempadronan de la iglesia católica. Tal seria la tendencia desde 1990. Tan sólo en el año 2011, luego de destaparse el escándalo de abuso sexual al interior de la Iglesia alemana, 126 mil 488 católicos dejaron de serlo oficialmente. Pero este año, tan sólo durante los meses de septiembre y octubre las salidas se han incrementado. Una pequeña muestra: En Colonia, por ejemplo, el número de bajas de septiembre a octubre fue más del doble con 571 casos; en la ciudad de Paderborn incluso se triplicó respecto al mismo periodo, con 107 casos; en Múnich mil 250 personas decidieron desempadronarse durante octubre y la cifra contrasta con los 602 que lo hicieron en el mes anterior. Otro ejemplo: en Nuremberg, Passau y Regensburg las deserciones superaron en cada una de las ciudades a las 120 personas durante octubre. El efecto Tebartz-van Elst es difícil de disimular. Tanto el vocero del obispado de Treveris, André Uzulis, como el director del juzgado de Bad Homburg, en Hesse, Stephan Schmidt, reconocieron esta semana ante los medios de comunicación que el motivo de las deserciones de los últimos meses están vinculadas al escándalo del obispo de Limburgo. Más aún, el semanario Der Spiegel asegura que desde el año 2008, cuando Tebartz-van Elst asumió el obispado, alrededor de 25 mil católicos de su circunscripción han abandonado las filas de la Iglesia católica.   Democratización de la Iglesia Conocer el número exacto de gente que decide salirse oficialmente de la Iglesia no es difícil toda vez que, dependiendo el estado federado, son los juzgados municipales, los registros civiles o bien las oficinas de empadronamiento de cada ciudad las que se encargan de registrar también la religión de cada uno de los habitantes del país. Y es que en Alemania cada ciudadano tiene que declarar si pertenece a una religión y, de ser así, por ley, está obligado a pagar un impuesto correspondiente: el denominado impuesto de Iglesia. Así, en un trabajo conjunto —inusual dentro de un Estado laico— las autoridades civiles empadronan y llevan el control de los fieles de cada Iglesia. No sólo eso, la Hacienda alemana es también la autoridad responsable de confiscar dicho impuesto y entregarlo a las respectivas iglesias. Así es como se sabe que en el 2012 la iglesia católica alemana recaudó 5 mil millones de euros, mientras que la protestante 4.6 mil millones. Tal relación Iglesia-Estado es una de los tantos pendientes que los grupos católicos reformistas en Alemania piden resolver. "A partir de todo este escándalo encontramos el momento oportuno para volver a replantear muchas cosas dentro de la Iglesia. Por ejemplo, su relación con el Estado. La Constitución plantea una separación entre iglesia-Estado pero en la realidad existe una cooperación muy fuerte, en la que la Iglesia goza de mucha influencia en rubros que a lo mejor no deberían ser", señala en entrevista con Apro Elfriede Hart, de Somos Iglesia. Menciona como ejemplo la participación católica dentro del consejo de administración de la radio y televisión pública alemanas. "Dentro de la radio y televisión pública, la iglesia católica forma parte del consejo de administración y cuenta con derecho a opinar sobre la programación y los espacios", dice. Además del trabajo conjunto que hace con el Estado para el cobro del impuesto de iglesia, Harth explica también que mediante los concordatos firmados ente el Vaticano y Alemania, la iglesia católica goza de privilegios fiscales y, entre otras cosas, tiene garantizada la enseñanza de la religión en las escuelas públicas. "En la cuestión financiera, el Estado no sólo apoya con la recaudación de impuestos y privilegios fiscales. También, por ejemplo, es el que paga el salario de los obispos y sus posteriores jubilaciones, que no es poco dinero", señala. —En una situación así, más bien sería el Estado el que tendría que replantear la relación con la Iglesia —se le comenta. —Así es. De hecho, durante la campaña electoral pasada prácticamente todos los partidos, menos los Demócratas Cristianos de la canciller Merkel, pedían modificaciones a las relaciones con la iglesia porque no sólo está la cuestión financiera, sino también la laboral. Explica lo anterior: "En Alemania, las dos iglesias mayoritarias —la católica y la protestante— son el segundo empleador luego del Estado. Y esto es porque todas las asociaciones de beneficencia, hospitales, fundaciones y demás agrupaciones de corte religioso, que son muchas y muy importantes, están bajo el control de las iglesias y son éstas las que determinan, bajo sus propios parámetros, las condiciones laborales de cientos de miles de trabajadores laicos. "Por otra parte y más allá de las modificaciones en cuanto a las relaciones con el Estado, lo que los grupos reformistas pedimos son también reformas estructurales al interior de la Iglesia. Pedimos que la feligresía tenga mayor participación en la tomas de algunas decisiones, como el nombramiento de obispos y que en cuanto a las finanzas haya una recaudación de abajo hacia arriba, en donde también la feligresía tome parte en las decisiones. Vaya, en el fondo lo que pedimos es una democratización de la Iglesia", explica. Con la llegada de Jorge Bergoglio al Vaticano, la iglesia católica alemana parece tener frente a si un reto: ser la iglesia para pobres que el Papa pregona a donde quiera que va. Pero antes de enfilar hacia ese camino, tendrá que resolver, como primer paso, el caso del obispo de Limburgo. Para la activista de Somos Iglesia está claro que Tebartz-van Elst no debe y no puede volver. "La gente simplemente no lo quiere más", dice. Pero a diferencia de muchos alemanes, incluidos medios de comunicación, que sintieron cierto grado de decepción con la medida tomada por el papa Francisco de retirar sólo temporalmente al obispo de su episcopado en lo que la comisión especial de la Conferencia episcopal determina su grado de responsabilidad, esta católica reformista ve la decisión con buenos ojos. "Creemos que tiene que haber cambios. Ahora mismo el discurso del papa Francisco nos legitima a los grupos de fieles que pedimos reformas. La decisión de separar temporalmente de su cargo al obispo Franz-Peter Tebartz-van Elst la vemos positiva porque nos habla de un Papa que respeta a las iglesias locales y que no actúa como soberano. Está siendo respetuoso de los procedimientos y espera a que la comisión especial que se creó para investigar el caso presente sus resultados. Eso, creemos, es positivo", concluye.

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