Irlanda del Norte: Impasse para la paz

viernes, 27 de diciembre de 2013
LONDRES (apro).- Irlanda del Norte, que se encaminaba a aprobar un acuerdo histórico por los desfiles orangistas –que resolvería el polémico izado de banderas–, no logró el consenso buscado y el conflicto –que dura ya 30 años, con saldo de 3 mil 500 muertos– sigue en un peligroso “impasse”. Los principales cinco partidos políticos que conforman el Ejecutivo norirlandés confirmaron el pasado martes 24 que finalmente no llegaron a un acuerdo y que por ende deberán volver a reunirse en las próximas semanas. Las negociaciones, encabezadas por el exdiplomático estadunidense Richard Haass y la profesora de Harvard Meghan O'Sullivan, terminaron sin soluciones concretas y los expertos estiman que no habrá resolución antes de este fin de año, como se esperaba inicialmente. El ministro principal norirlandés, el protestante Peter Robinson, y su viceministro, el nacionalista Martin McGuinness, habían encargado en julio pasado a Haass ser el árbitro de dichas discusiones para destrabar un conflicto que se agrava con el correr de los meses. Desde entonces, el equipo de mediadores de Haass ha mantenido más de 100 reuniones y se ha dirigido a más de 500 personas durante un proceso que ha incluido, además de a los políticos, a otros representantes de la sociedad norirlandesa, organizaciones no gubernamentales, grupos civiles y de voluntariado. Dicho proceso incluyó también al Sinn Fein, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA) y principal representante de la comunidad católica-nacionalista en la región. El acuerdo buscaba sellarse tras incidentes de violencia durante la temporada de desfiles de la orden protestante de Orange, tanto en el verano boreal como a principios de este año, cuando cientos de policías resultaron heridos en enfrentamientos con jóvenes protestantes y católicos por la retirada de la bandera británica del Ayuntamiento de Belfast, que sólo ondea ya en días señalados. Hasta diciembre de 2012, el estandarte británico (Union Jack) ondeaba en un mástil de ese edificio cada día del año desde hacía un siglo. Pero desde entonces la Alcaldía de Belfast modificó las normativas, indicando que la bandera sólo ondeará ciertos días al año. Esos cambios por el izado llevaron a muchos jóvenes, en su mayoría de la comunidad unionista protestante, a repudiar el hecho en masivas manifestaciones callejeras, algunas de las cuales terminaron con incidentes violentos. Ese grupo protestante y unionista busca mantener los lazos históricos y culturales con el Reino Unido, mientras que aquellos republicanos, en su mayoría católicos, quieren una Irlanda unificada, que sea independiente del control de Londres. Las negociaciones también buscaban poner fin a la violencia y tensiones durante las marchas de la Orden de Orange, cuando la comunidad unionista celebra la victoria del rey protestante Guillermo III de Orange sobre el católico Jaime II en la batalla del Boyne en 1690, desfiles que, en muchos casos y de forma desafiante, atraviesan zonas nacionalistas republicanas. La violencia paramilitar entre los republicanos mayoritariamente católicos y los protestantes pro-británicos, que comenzó en los años setenta, terminó en gran parte desde el acuerdo de paz firmado el Viernes Santo de 1998, aunque varias zonas de Belfast siguen registrando enfrentamientos durante los meses de verano, cuando los grupos protestantes celebran desfiles tradicionales que los nacionalistas consideran una provocación. Ese acuerdo, firmado por los gobiernos británico e irlandés y aceptado por la mayoría de los partidos políticos norirlandeses, dispuso, entre otros puntos, que el estatus constitucional de Irlanda del Norte fuera determinado por el deseo democrático de las poblaciones de Irlanda del Norte y de la República de Irlanda. Además, bregó por un compromiso de paz entre los partidos políticos de la región y por el establecimiento de una Asamblea Legislativa de Irlanda del Norte. También abogó por el establecimiento de la regla de la "doble mayoría" (cross-community principle) para las decisiones principales de la Asamblea, es decir, que sean aprobadas tanto por la mayoría de los representantes de la comunidad republicana-católica como de la unionista-protestante, así como por el establecimiento de un Ejecutivo de Irlanda del Norte por un sistema de "poder compartido", la creación de un Consejo Británico-Irlandés con representantes de todas los lugares de las Islas Británicas y la consolidación del desarme de grupos paramilitares. A pesar de los avances conseguidos en el Acuerdo del Viernes Santo, aún quedan muchos aspectos sin resolverse en el arduo camino por una paz duradera en Irlanda del Norte. Haass y su equipo de mediadores, que regresaron a Estados Unidos para el período de Navidad, buscan con el nuevo acuerdo revertir una radicalización de la ciudadanía más joven y un creciente accionar de los disidentes del IRA, que fueron capaces de intensificar en los últimos meses su campaña armada y que, según la Policía, representan una amenaza seria para la paz. Entre las ideas planteadas por Haass destaca la adopción de una nueva bandera para Irlanda del Norte y la redacción de un "código de conducta" que establezca normas sobre el despliegue de "banderas y emblemas de manera no oficial en lugares públicos", como podría ser un desfile orangista o en los murales de fachadas de edificios. Además, propuso rever de qué forma Irlanda del Norte lidia con su pasado, especialmente acerca de los procesos de justicia a los familiares de personas muertas durante los llamados Troubles (conflictos) desde los años setenta.   “Lidiar con el pasado” El Ejecutivo autónomo de poder compartido, conformado por el Partido Unionista Democrático (DUP), el Partido Unionista del Ulster (UUP), el Partido Liberal y Socialdemócrata (SDLP) y la Alianza, formada por miembros de ambas comunidades, no consiguió sellar el acuerdo y creció el descontento en Belfast por la falta de un consenso para resolver estos asuntos. Según Jeffrey Donaldson, vocero del DUP, a pesar de que hasta ahora se ha progresado bastante sobre el acuerdo, "aún quedan muchos desafíos por resolver", algunos de los cuales siguen dividiendo a protestantes y católicos. Gerry Kelly, del Sinn Fein, sostuvo que "aún hay mucho trabajo por hacer" para lograr un acuerdo por la paz duradera en Irlanda del Norte y pidió a las partes no darse por vencidas. "La gente tiene que darse cuenta que lo que aquí estamos debatiendo no es sólo la cuestión de la britanicidad, sino de las identidades nacionales, de lo irlandés", dijo. Por su parte, Alex Attwood, vocero del SDLP, sostuvo que lo más complejo de las negociaciones "es cómo lidiar con el pasado". "El país sólo avanzará si conoce la verdad sobre lo que ocurrió", agregó Attwood, cuyo partido aún no se ha puesto de acuerdo sobre el tema de cómo lidiar a nivel estatal con el discurso nacional del conflicto y divisiones sectarias en Irlanda del Norte. Desde Estados Unidos, Haass expresó que los partidos políticos del Ejecutivo norirlandés le tendrán que dar “buenas razones” para regresar a Belfast a mediar en el conflicto. "Queremos creer que hay razones para regresar, veremos cómo avanzan estos temas sin resolverse", sostuvo el exdiplomático norteamericano. En ese sentido, la secretaria británica para Irlanda del Norte, la conservadora Theresa Villiers, dijo que el gobierno de Gran Bretaña “está esperanzado” por alcanzar un acuerdo. "El gobierno británico seguirá dando su apoyo para que los partidos de Irlanda del Norte logren un consenso. También damos la bienvenida al apoyo entusiasta del gobierno irlandés en este proceso", sostuvo la funcionaria. Agregó: “El precio de un acuerdo es mucho más importante que cualquier fecha límite”.

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