Gran Bretaña: Los secretos escondidos de la esclavitud

viernes, 24 de enero de 2014
LONDRES (apro).- Gran Bretaña enfrenta una “oleada” de juicios multimillonarios por compensación de parte de descendientes de esclavos maltratados, luego de descubrirse una serie de documentos históricos sobre el comercio de esclavos que la cancillería británica trató de esconder de forma ilegal durante años en archivos secretos. Algunos de los documentos datan de 1662 y contienen información sobre el vínculo de Inglaterra en el tráfico y comercio de esclavos en el Caribe y África, mientras que otros son del siglo XIX y detallan los intentos de previos gobiernos británicos por suprimir ese comercio de personas. Los legajos forman parte de una serie de archivos con 1.2 millones de documentos que el Ministerio de Exterior británico comparte con los servicios secretos MI5 y MI6 en el sitio de alta seguridad de Hansloe Park, al norte de Londres. Bajo la ley actual de Archivos Públicos, los documentos sobre esclavitud deberían haber sido entregados a los Archivos Nacionales de Kew, al sudoeste de la capital británica, donde el público general tiene acceso. La cancillería británica se ha negado a hablar públicamente sobre esos legajos, y los historiadores han indicado que por ello es difícil determinar la importancia real de los documentos sin la oportunidad de examinarlos con detalle. William St Clair, investigador emérito de la Universidad de Londres y autor del libro La puerta sin retorno, un estudio sobre el tráfico de esclavos en el Atlántico, consideró que los papeles secretos "es improbable que causen vergüenza nacional o dificultad alguna" a las autoridades, aunque sí podrían servir como evidencia en la corte para personas que buscan resarcimiento financiero por maltrato a sus antepasados. Nick Draper, que trabaja en el proyecto de investigación Legados de la esclavitud británica, de la University College London (UCL), sostuvo por su parte que duda que los documentos lleven a una revisión completa de la historia de Gran Bretaña y su pasado de esclavitud. Sin embargo, se preguntó si detallarían algún vínculo existente entre mercaderes y comerciantes británicos y el tráfico de esclavos, luego que la esclavitud fue abolida en el imperio británico en 1807. Varios historiadores del país han expresado preocupación y duras críticas por la forma en que dichos documentos fueron escondidos ilegalmente de la mirada pública durante décadas. Algunos de los expertos incluso consideran emprender acciones legales para preservar los archivos de Hanslope Park y garantizar el acceso público, mientras que otros se preguntan si en los legajos existe información --por ejemplo, sobre la Primera Guerra Mundial (1914-1918)-- que sirva para reescribir la historia británica. La dimensión del archivo escondido fue demostrada por un inventario que la cancillería británica publicó recientemente, y que indicó que uno de los temas enlistados contiene 2.9 millones de documentos. Ese inventario fue descubierto por el periódico The Guardian en una investigación especial dada a conocer el pasado lunes 20. El archivo ocuparía cerca de 15 millas de estantes en Hanslope Park, aunque esto es difícil de verificar debido a que las autoridades del sitio prohíben de forma estricta el acceso de periodistas o del público, por incluir documentos de seguridad nacional. El inventario muestra que hay un gran número de legajos sobre Hong Kong y Rodesia, ambas excolonias británicas donde Inglaterra mantenía esclavos. También se incluyen documentos sobre la posición legal británica acerca de la soberanía de las Islas Malvinas, sobre la Guerra de Malvinas de 1982; informes en alemán sobre el Holocausto que fueron retirados de Alemania después del fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y un número de documentos “top-secret” sobre actividades paramilitares en Irlanda del Norte durante los años setenta  archivados en una sección de la Cancillería sobre propaganda política. Uno de los documentos lleva por título Crímenes de guerra en Australia, mientras que otro está titulado Criminales de guerra nazi en Gran Bretaña. Esos documentos debieron haber sido desclasificados para su estudio por parte de historiadores y expertos. Otro de los legajos trata sobre actividades hasta ahora desconocidas de Robert Maxwell, un militar, empresario, periodista, publicista, editor, político y multimillonario magnate de los medios británico de origen checoslovaco, fundador de Maxwell Communications Corporation, que a pesar de toda la fortuna que amasó y del prestigio del que llegó a gozar, tras su muerte, su vasto imperio colapsó, debido a transacciones fraudulentas que desestabilizaron a la compañía y amenazaron con llevarla a la bancarrota. Los archivos incluyen además documentos sobre "comunicaciones con el general (Charles George) Gordon; caída de Khartum". Gordon fue un general británico, apodado Gordon Bajá, que como administrador colonial estuvo al mando de la fallida defensa de Khartum que comenzó el 18 de marzo de 1884. La intervención de Gordon sólo sirvió para prolongar la resistencia de la ciudad. Al año siguiente, en 1885, los derviches tomaron la ciudad y Gordon fue decapitado. La existencia de esos legajos salió a la luz como resultado de una causa judicial en el Alto Tribunal de Londres en la cual un grupo de pensionados keniatas demandó con éxito al gobierno británico por compensación tras abusos sufridos al permanecer bajo custodia militar británica durante el levantamiento de los Mau Mau en los años cincuenta. Luego de haber garantizado ante la corte que habían dado a conocer todos sus documentos históricos, diplomáticos de la cancillería británica admitieron estar en posesión de otros mil 500 documentos sobre Kenia en Hanslope Park. Esa admisión sólo fue hecha luego que un historiador logró localizar con éxito un memorando de 45 años de Whitehall –la sede del gobierno británico en Londres– que hacía referencia a ese material comprometedor. Los ministros del gobierno informaron luego al Parlamento de la existencia de unos 8 mil 800 documentos de 37 excolonias británicas almacenados de forma secreta en la sede de Hanslope Park. Cuando esos legajos fueron entregados finalmente a los Archivos Nacionales de Kew, la cifra real era superior a los 20 mil documentos. Pero lo que la cancillería británica no reveló en su momento fue la existencia de documentos de la época colonial y sobre la esclavitud en el inventario de Hanslope Park. En cambio, admitió haberle pedido al ministro de Justicia, el conservador Chris Grayling, que firmara una autorización para la retención de 1.2 millones de documentos, previo a que fueran transferidos a Kew. Ese procedimiento legal fue hecho sin darse a conocer públicamente. El número exacto de documentos incluidos en esos inventarios mantenidos en secreto y contra la Ley de Archivos Públicos sigue siendo un misterio. Inicialmente, la cancillería sugirió que eran 1.2 millones. Al comienzo del año la cifra fue revisada a la baja, a 600 mil documentos, con funcionarios del gobierno que indicaron que los restantes 600 mil no serían dados a conocer hasta los próximos 30 años bajo la ley de libertad de información pública. Sin embargo, los inventarios del gobierno muestran que algunos de esos documentos datan de 1852 y, por ende, que deberían darse a conocer sin falta. La cancillería británica ha presentado un plan para liberar algunos de esos legajos de Hanslope Park durante una reunión con el Consejo Directivo de los Archivos Nacionales, que está a cargo de evaluar los pedidos del gobierno para retener o redactar documentos más allá del período de gracia de 30 años previo a darse a conocer públicamente. Esa reunión, llevada a cabo en noviembre pasado, tampoco fue informada públicamente. En un comunicado presentado al Parlamento en diciembre último, el subsecretario de la Cancillería, David Lidington, dijo que una porción de los documentos serán transferidos a los Archivos Nacionales en los próximos seis años. De todos modos, sigue estando poco claro qué proporción de los archivos será transferida durante ese período. Aunque Lidington dijo que la cancillería “está determinado a cumplir con sus obligaciones para hacer que documentos oficiales sean del dominio público, de la forma más transparente posible", ese ministerio no dio ningún detalle del supuesto plan de transferencia, y se negó a decir cuánto tiempo llevará hasta que todos los documentos secretos sean de dominio público. Gran Bretaña puso fin a su comercio de esclavos en 1807, y de acuerdo a las crónicas históricas había liberado a todos los esclavos en sus colonias caribeñas para 1838. En 1837 España firmó con Inglaterra un tratado internacional mediante el cual se comprometía a suprimir la trata y abolir la esclavitud en un plazo de tres años. El acuerdo sin provisiones específicas quedó únicamente en expresión diplomática. No fue sino hasta 1867 cuando se publicó un decreto condenando e imponiendo penas para el tráfico de esclavos; para estas fechas los esclavos en Cuba habían ascendido de 199 mil 145 en 1817 a 369 mil en 1867. El gobierno británico pidió además prestadas 20 millones de libras esterlinas, en ese entonces alrededor de 40% de su presupuesto nacional, para cumplir con 47 mil reclamos por pérdidas de propiedad humana. Sin embargo, los exesclavos no recibieron nada. Según Marta Denis Valle, historiadora y periodista, “importantes financieros y hombres de negocios tomaron parte en el comercio de esclavos; numerosos barcos salían cada año de los puertos de Londres, Bristol y Liverpool hacia unos 40 centros que Inglaterra había establecido en las costas africanas para obtener esta mercancía humana”. “Sus mercaderías viajaban por la misma ruta y los antiguos corsarios se convirtieron en capitanes negreros.  Muchas de las fortunas creadas a partir de la explotación colonial y la trata esclavista contribuyeron a la revolución industrial en Inglaterra”, destacó. Lo cierto es que el descubrimiento de los nuevos archivos sobre la esclavitud no sólo podría llevar a un gran número de casos de compensación para descendientes de esclavos del imperio británico, sino también ayudar a repensar y revaluar el pasado vergonzoso de Gran Bretaña en el tráfico espurio e inhumano de esclavos.

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