Ucrania: La guerra y la discriminación

viernes, 31 de octubre de 2014 · 22:15
DONETSK (apro).- En junio pasado –poco antes de que estallaran los enfrentamientos más cruentos-- la familia de Evgeniy Shulayeva siguió el ejemplo de sus vecinos: recogió sus cosas a toda prisa y, antes del anochecer, abandonó su vivienda. Sus integrantes metieron a las maletas sólo lo necesario: dinero, documentos y algo de ropa. Los milicianos pro-rusos los vigilaron de reojo. Nadie ya confiaba en nadie. El aeropuerto, modernizado dos años antes, había sido destruido pocas semanas antes. En su huida, la familia escuchó disparos y, en la lejanía, gritos incomprensibles. Sus miembros sintieron una aliviadora paz cuando dejaron atrás los puntos de control de la ciudad de Donetsk. A Evgeniy, empresario y un pro-ucraniano convencido, le duele contarlo. Hace cuatro meses la guerra en el este de Ucrania lo obligó a escapar de Donetsk. Sin embargo, no le es fácil encontrar refugio en Kiev. El dueño del departamento en el que vivía le subió el alquiler a un precio estratosférico. “Imagínense qué amarga sorpresa fue encontrar anuncios que rezaban: ‘Abstenerse gente de África, Donetsk y Luganks’”, cuenta su hija, Yuliya. “Un patrón hasta me dijo que debíamos morirnos todos. Pero mi marido los sigue justificando, dice que es normal en tiempos de guerra”, afirma la madre, Elena. En Kiev y en las demás ciudades ucranianas, la solidaridad con la que al principio se acogieron los refugiados ha empezado a disiparse. Es el impacto a largo plazo de las guerras. Y no es el único. Existen sospechas de todo tipo sobre las violaciones de derechos humanos que están cometiendo ambos bandos en el este ucraniano desde que hace seis meses inició el conflicto armado. La organización Human Right Watch (HRW) incluso acusó al gobierno ucraniano de haber usado bombas de racimo y presentó presuntas fotografías que lo demuestran, pero la autenticidad de la acusación ha sido desmentida rotundamente por Kiev y puesta en duda por Naciones Unidas y la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE). “Existen casos de violaciones (por parte de los leales a Kiev), pero no de forma sistemática. Si hubiera, lo sabríamos”, aseguró a Apro un alto funcionario de las Naciones Unidas. No obstante, Amnistía Internacional (AI) afirma que ambos bandos han cometido “ejecuciones sumarias y otras atrocidades” en el este ucraniano, aunque no hay pruebas de que esto haya ocurrido en una escala masiva. Eso sí, de acuerdo con AI, investigar estos casos es complicado por “la guerra propagandística” que han puesto en marcha desde el principio Moscú, Kiev y los insurgentes pro-rusos del este. Estos últimos aprobaron incluso la pena de muerte en Lugansk y Donestk.   Heridas psicológicas El golpe más inmediato y nacional es, sin embargo, el trauma psicológico, que está afectando trasversalmente a toda la sociedad ucraniana y profundizando la fractura social existente entre las dos Ucranias. “Ya tenemos casos de soldados que vuelven con el síndrome de Vietnam (sensación de derrota e impotencia)”, explica la doctora Oksana Syvak, responsable de E+, una organización civil surgida el año pasado para ayudar a los heridos de la revuelta Maidán y que ahora también se encarga de los combatientes pro-ucranianos del este. “Nos preocupa mucho el fenómeno, pues todavía no sabemos qué consecuencias psicológicas traerá esta guerra”, añade Syvak. “A los soldados que vuelven del este, intentamos que se calmen y regresen a la normalidad, pero no es fácil”, continúa Syvak. Los desplazados internos, que según diversas fuentes suman el millón, viven en carne y hueso este tipo de heridas. Es el caso de la familia Shulayeva, pero también de muchos otros. “Yo personalmente he tenido que irme de la casa para refugiados que me habían asignado”, cuenta Ekaterina, una refugiada de Crimea. Es que, dice, “se había transformado en un sitio peligroso, sin ningún control por parte de nadie”. “Hay muchas familias rotas, cuyos miembros han sido separados por la guerra y se encuentran en situaciones económicas desesperadas”, explica el responsable para Ucrania de ACNUR, Oldrich Andrysek. Además, la tregua pactada a principios de septiembre pasado en la ciudad de Minsk no ha producido hasta ahora los resultados esperados. Ha habido una disminución de los combates, pero la guerra continúa en el este ucraniano. El pasado 29 de octubre se registraron en un lapso de 24 horas, siete soldados muertos y 11 heridos, según declaraciones oficiales de Andriy Lysenko, portavoz del Consejo Nacional de Defensa de Ucrania. Según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) de Naciones Unidas, desde el comienzo de la guerra y hasta principios de este octubre, 8 mil 770 personas fueron heridas y 3 mil 660 murieron en el este. Incalculable es, además, el daño a la infraestructura y a los inmuebles privados en muchas áreas de Donetsk y Lugansk. En algunos casos, como el de Yasynuvata, ubicado a unos 20 kilómetros de Donetsk, la gran mayoría de los edificios quedaron destruidos luego de que este poblado quedó en medio de fuego cruzado entre las tropas ucranianas y de los rebeldes pro-rusos. “Las ventanas fueron acribilladas y los muros quedaron agrietados. Y el frío ya ha llegado”, dice Anastasia, una señora de unos 60 años que se considera demasiado vieja para escapar de la guerra. “Aquí también hay (milicianos) rusos, chechenos y de otros países. Pero también hay ucranianos matando a ucranianos y esto en Kiev lo minimizan”, añade la mujer. Un símbolo de la lucha entre los insurgentes pro-rusos, el ejército y las tropas de voluntarios ucranianos es el aeropuerto de Donetsk. A finales de mayo los ucranianos lo reconquistaron y desde entonces lo defienden con uñas y dientes. Y eso a pesar que, día y noche, en el intento de avanzar incluso pocos metros, los insurgentes atacan lo que queda de él: el esqueleto de terminales que antaño fueron el orgullo de Víktor Yanukóvick, el presidente de Ucrania derrocado por la revuelta de Maidán.   El acuerdo del gas A ello se añade otro fenómeno: la destrucción de la economía ucraniana. De acuerdo con cifras difundidas la semana pasada por el Instituto de Estadísticas de Ucrania, el PIB del país se desmoronará 5.1% este año, a raíz de la caída de la grivna (la moneda ucraniana), el desplome de la producción y la costosa operación militar en el este. A todo esto hay que sumarle ahora también la amenaza de Rusia de no suministrarle gas a Ucrania este invierno –cosa que no hace desde junio– a raíz de las deudas que Kiev posee con Moscú y de que Rusia no tiene intención alguna de hacer descuentos. Ello a pesar de que la propia economía rusa sufrirá los efectos de no suministrar gas a Ucrania. “Esto es secundario”, es la respuesta. Y, sin embargo, a todo esto se suma la disputa por el gas. En la universidad Nacional Mohyla de Kiev se está celebrando una reunión de profesores. El edificio es colosal, pero sus ventanas apenas contienen el pertinaz frío ucraniano. Los catedráticos, alrededor de 20, discuten y se comunican las noticias de la comunidad. Según se ha decidido, este año los alumnos no irán a clases por dos meses y recibirán formación a distancia, a raíz de la amenaza rusa de no suministrar gas a Ucrania. “Nunca habíamos llegado a esto, ni en 2009 (año de la anterior crisis gasífera ruso-ucraniana)”, cuenta la profesora Olena Maslyukivska, experta en asuntos enérgicos y medio ambiente. Nadie sabe con exactitud cuánto gas necesita Ucrania para atender en los próximos meses las necesidades energéticas de sus ciudadanos e industrias. Según cifras de septiembre del gobierno ucraniano, el país posee 16 mil 700 millones de metros cúbicos en reservas de gas, pero necesita el doble para sobrevivir al invierno. Y no produce esta cantidad. Circunstancias que, según varias fuentes, entre ellas un informe del Instituto de Estudios Económicos y Políticos (IER) de Kiev, indican que ya a principios de 2015 Ucrania podría estar en una situación crítica. Ello también ocurre porque a la escasez de gas hay que sumarle la caída en la producción de carbón, otro de los recursos energéticos usados por familias y empresas del país. “En la actualidad, la producción de carbón ha caído 70% a raíz de que la mayoría de las minas se encuentran en zonas en guerra”, explica Ildar Gazizulin, analista energético. De ahí que numerosas escuelas y universidades se estén preparando a cerrar sus puertas para cuando el frío sea inmisericorde. Apenas el pasado 23 de octubre llegó a Odesa el primer cargamento con 84 mil toneladas de carbón provenientes de Sudáfrica. Tanto para la Unión Europea como para Moscú sería catastrófico justificar ante sus ciudadanos las consecuencias de un corte de suministro de gas ruso con destino a Europa, que pasa en su mayoría por territorio ucraniano. Ello empujó a que el pasado 23 de octubre se llegara finalmente a un acuerdo sobre el gas. Las negociaciones, arbitradas por la Comisión Europea, establecieron el pago de la deuda de Ucrania con Rusia en dos tramos, uno inmediato y otro a final de año, además de fijar el precio del combustible, que deberá ser pagado por anticipado. Moscú exigió asimismo que Europa actúe de garante, considerando la difícil economía de su país. Kiev, por su parte, logró que se garantice que no variarán las tarifas durante el tiempo que dure el contrato; es decir, hasta marzo próximo.

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