Ucrania: Ataques indiscriminados

viernes, 21 de noviembre de 2014
LONDRES (apro).- A las 17:45 horas del pasado 15 de septiembre, el área alrededor de un garaje en la calle Kuybisheva, en Donetsk (este de Ucrania), fue blanco de varios ataques con proyectiles de mortero. Dmitriy Sitnikov, de 19 años, junto con otros dos hombres conocidos como Fil, de 31 años, y Sergey, de 24, estaban sentados cerca del lugar cuando fueron alcanzados por los proyectiles. Murieron instantáneamente. Tres días más tarde, a las 21:45 horas, una vivienda ubicada en el número 22 de la calle Rustaveli, también en Donetsk, fue alcanzada por una granada o misil, provocando la muerte de Vladimir Likov, de 64 años, quien se encontraba en la cocina de su casa mirando televisión. La calle Rustaveli se encuentra en un barrio residencial, muy cerca del aeropuerto de Donetsk. El 28 de septiembre en esa misma ciudad, hacia las 11:30 horas, un proyectil de mortero mató a Natalia Lysenko, de 63 años, cerca de la mina de Trudovskaya, ubicada en medio del distrito residencial de Petrovskyi. Debido al peligro constante de ataques de mortero, cerca de 60 personas viven en un antiguo refugio vecino a la mina. Natalia Lysenko era una de las personas que buscaban escapar a la muerte. Sin embargo, fue alcanzada por un proyectil cuando regresaba al refugio luego de haber visitado su vivienda muy cerca de allí. "Su cuerpo sangraba mucho", contó un vecino identificado como Andrey, quien ayudó a la mujer a subir a una ambulancia. Natalia Lysenko murió de camino al hospital. Once días después la vivienda ubicada en el número 16 de la calle Pugacheva, también cercana al aeropuerto de Donetsk, recibió un ataque de un proyectil de mortero, provocando la muerte de tres de sus ocupantes, Byla Taran, de 76 años; Svetlana Belykh, de 35, y Elena Kiseliova-Byila, de 52. Las tres mujeres, que pertenecían a la misma familia, estaban escondidas allí como consecuencia de continuos ataques durante ese día. Además, una pareja de jóvenes, Liubov Belykh y Aleksandr Taran, de 22 y 25 años respectivamente, resultaron heridos de gravedad en ese ataque de mortero. Blancos civiles En la ciudad de Avdiivka, a sólo diez kilómetros de Donetsk, un proyectil de mortero alcanzó el Hospital Municipal a las 19:00 horas del 3 de septiembre, provocando la muerte de una mujer e hiriendo a varias personas. El edificio resultó muy dañado por los ataques con misiles. La paciente Taisiya Yurchenko, de 66 años y quien recibía tratamiento médico por heridas de un previo ataque, murió de forma instantánea al ser alcanzada por metralla. Una enfermera identificada como Vera Ivanovna, de 65 años, se encontraba lavando los pisos en el corredor del hospital cuando el ataque la arrojó al suelo, provocándole serias heridas. La enfermera se dirigía a ayudar un paciente en silla de ruedas. Al levantarse de la caída, Ivanovna fue alcanzada por metralla. Como consecuencia del ataque sufrió lesiones graves en la pierna, el estómago y la mano, y perdió el pulgar izquierdo. "Me arrastré por el piso toda sangrando", contó más tarde Ivanovna. "Me llevaron al quirófano y me tuvieron que operar sin luces. Los médicos trabajaron muy rápido, y tuve mucha suerte. Aún tengo restos de la metralla en mi abdomen", agregó la mujer. Estos son sólo algunos de los casos que el grupo defensor de derechos humanos Amnistía Internacional (AI) detalló en un informe dado a conocer el jueves 6 de noviembre en Londres, que tituló Este de Ucrania: Ambas partes son responsables de ataques indiscriminados. El documento exhorta tanto al gobierno de Ucrania como a las fuerzas separatistas apoyadas por Rusia a poner fin de forma inmediata a ataques indiscriminados que violan las leyes internacionales. “Estas muertes constantes de civiles, un resultado predecible de dichos ataques, son inexcusables y aquellos responsables de ambos bandos debe enfrentar a la justicia”, agrega. La ONG británica sostiene que el patrón indiscriminado de dichos ataques “podría convertirse en un crimen de guerra”. John Dalhuisen, director de AI para las regiones de Europa y Asia Central, explica en el informe que ambas partes en el conflicto "han sido responsables por un patrón de ataques indiscriminados en áreas pobladas”. “Han asesinado y herido a civiles, destruido viviendas civiles y parece haber poco ánimo de ambas partes en poner fin a estas violaciones", subraya Dalhuisen. Durante una misión investigadora en Ucrania realizada a finales de septiembre y principios de octubre por expertos de Amnistía, el grupo defensor de los derechos humanos documentó más de 20 muertes de civiles como consecuencia de ataques con morteros en las ciudades del este del país: Donetsk, Avdiivka y Debaltseve. De acuerdo con el informe, la mayoría de esas muertes se produjo en barrios residenciales y fueron resultado de ataques indiscriminados. Destaca que las fuerzas atacantes utilizaron armas demasiado potentes como para poder discriminar con precisión entre blancos civiles y militares. La misión investigadora concluyó que la gran mayoría de las muertes ocurrieron en Donetsk, un territorio tomado por las fuerzas separatistas pro-rusas, y fueron responsabilidad de las fuerzas del gobierno ucraniano. Sin embargo, AI denunció que las fuerzas separatistas habrían sido responsables de varias muertes de civiles en Avdiivka y Debaltseve, ambas zonas bajo control del gobierno. La leyes humanitarias internacionales, también conocidas como leyes de guerra, prohíben los ataques contra blancos civiles, tanto humanos como de infraestructura. “Ambas partes del conflicto han violado la prohibición al realizar sin precisión disparos de mortero y de proyectiles dirigidos a zonas civiles muy pobladas”, subraya el documento. Además, destaca que al desplegar tropas, armas y otros blancos militares en zonas residenciales “el gobierno ucraniano y las fuerzas separatistas fallaron a la hora de tomar las precauciones posibles para proteger a civiles, poniendo en peligro a esas personas en clara violación de las leyes de guerra”. “El pasillo de la muerte” Vecinos de distintos pueblos al este de Ucrania contaron a Amnistía que las fuerzas separatistas utilizan morteros móviles para disparar proyectiles en zonas civiles. “Disparan los misiles y luego se trasladan rápidamente a otro sitio”, contó uno de los testigos a la ONG británica. En su documento, el organismo británico relata que el 3 de septiembre pasado en la ciudad de Debaltseve, que se encuentra bajo control de las fuerzas pro-rusas, la calle residencial de Leningradskaya fue alcanzada por un misil a las 20:30 horas. El ataque ocurrió sin previo aviso y Maksim Poznyakov, de 27 años, fue herido por una metralla frente a su casa. Cuando comenzó el ataque, Maksim logró llevar a su esposa Svetlana Kulikova dentro de la propiedad, aunque no llegó a tiempo para salvar su propia vida. Svetlana resultó herida con metralla en su pierna. "Escuché que Maksim gritaba '¡Corre, corre!' y luego ocurrió todo", contó un vecino del lugar identificado como Vladimir Nikolaevich, quien también fue herido en el ataque. Zavodskoy Poselok, un suburbio de Debaltseve, fue también blanco de un ataque de misil el 22 de septiembre a las 17:15 horas. Una mujer identificada como Anna Viktorovna, de 64 años, fue alcanzada por el proyectil en el momento en que regresaba a su casa y luego de haber ido en busca de agua potable durante un alto al fuego. Su cuerpo fue hallado totalmente mutilado más tarde en un callejón, que los vecinos llaman ahora "el pasillo de la muerte" por el gran número de fallecidos como consecuencia de los ataques de mortero. Tanya Mazur, directora de Amnistía en Ucrania, sostiene que a 25 años de la caída del Muro de Berlín, Ucrania ha visto una serie de cambios "sísmicos" que siguen sacudiendo al país. “Los años noventa fueron una etapa difícil para la Ucrania recién independizada. Recién salido del abrazo totalitario de la Unión Soviética, el país se sumió en el caos económico y social. Recuerdo los estantes vacíos en las tiendas, los cupones que teníamos que recortar, en sustitución del dinero real, con los que podíamos comprar azúcar, detergente y vodka. Varias generaciones que habían crecido en la etapa comunista intentaban abrirse paso en la nueva economía de mercado. En el caso de Ucrania, el país amaneció, no a la primacía de la ley, sino al imperio del crimen organizado y el desgobierno”, cuenta la experta. Mazur explica además que desde que cayó el Muro de Berlín en 1989, “la mayor parte de la población ucraniana estaba demasiado preocupada por la supervivencia diaria en medio de la pobreza para prestar atención a los asuntos de derechos humanos”. En Ucrania, según la activista de Amnistía, “se siguen cometiendo violaciones de derechos humanos con impunidad”. “La destitución del presidente Víctor Yanukovich fue sólo el principio de uno de los periodos más turbulentos de la historia de Ucrania. Rusia ocupó la península de Crimea y, en marzo pasado, se anexionó el territorio. El movimiento separatista pro-ruso se levantó en el este del país y se desató un conflicto armado que ha tenido como saldo más de 4 mil vidas”, señala Mazur. Destaca que la libertad de expresión corre el riesgo de caer “víctima de la guerra de información con Rusia y los activistas pro-rusos en el este de Ucrania”. “Ambos bandos se acusan mutuamente de cometer ejecuciones extrajudiciales y otros abusos contra los derechos humanos. Ambas partes enfrentadas han intentado imponer su versión de los hechos y amordazar a los medios de comunicación que pudieran ofrecer un punto de vista alternativo. Hay casos de periodistas sometidos a palizas y secuestro. A algunos los han matado, otros han desaparecido sin dejar rastro”, subrayó la investigadora de derechos humanos. Para Mazur, Ucrania está dividida “entre el pasado y el futuro”, y “vuelve a estar en una encrucijada 25 años después de la caída del muro de Berlín y 10 años después de la Revolución Naranja”. La experta se preguntó si con la elección del nuevo Parlamento ucraniano pro-europeo las nuevas autoridades promoverán los derechos humanos y la primacía de la ley, si entablarán un diálogo con la sociedad civil o si estará dispuesta la población ucraniana a perseverar en la lucha por los derechos humanos para todas las personas. “Me temo que la respuesta a algunas de estas preguntas es ‘no’ en un futuro inmediato. Amnistía sigue recibiendo duras críticas cuando alza la voz para denunciar las violaciones de derechos humanos perpetradas por las fuerzas afines a Kiev en el este de Ucrania. Una vez más, las autoridades no parecen dispuestas a seguir nuestras recomendaciones. Nuestra esperanza es que no todo está perdido. Hoy, igual que hace 25 años, la sociedad civil está creciendo con fuerza y los medios sociales siguen siendo un potente motor para el cambio”, concluyó.

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