"Salvajismo" del EI contra mujeres y niñas en Irak: AI

viernes, 26 de diciembre de 2014
LONDRES (apro).- "Un día nos dieron una ropa que parecían trajes de baile, y nos dijeron que nos bañáramos y nos la pusiéramos. Jilan se mató en el cuarto de baño. Se cortó las muñecas y se colgó. Era muy hermosa, y creo que sabía que un hombre se la iba a llevar, y por eso se mató". Una niña que estuvo recluida en la misma habitación que Jilan y otras 20 cautivas, entre ellas dos menores de 10 y 12 años, contó la forma en que Combatientes del Estado Islámico (EI) las secuestraron, torturaron y abusaron sexualmente de ellas. Jilan, de 19 años, se quitó la vida mientras permanecía cautiva en Mosul porque temía que la violaran. Su historia es una de cientos que dan cuenta de los horrores sufridos por mujeres y niñas bajo cautiverio del EI, grupo que las traumatizó de tal manera que algunas de ellas se han visto abocadas al suicidio. EI “nos arruinó la vida” Wafa, de 27 años, otra excautiva, contó que ella y su hermana habían intentado quitarse la vida una noche después de que su captor las amenazó con forzarlas a contraer matrimonio. Trataron de estrangularse con unos pañuelos, pero dos niñas que dormían en la misma habitación se despertaron y se los impidieron. "Nos atamos los pañuelos alrededor del cuello y tiramos hacia atrás, alejándonos una de la otra, con todas nuestras fuerzas, hasta que me desmayé (…) Después, estuve varios días sin poder hablar", dijo. Randa, de 16 años, originaria de un pueblo cercano al monte Sinjar, fue secuestrada junto con decenas de miembros de su familia, incluida su madre, quien se encontraba embarazada. A Randa la "vendieron" o dieron como "regalo" a un hombre que le doblaba la edad y que la violó. Describió a Amnistía Internacional (AI) el impacto de su suplicio: "Lo que me hicieron a mí y a mi familia es tan doloroso… Da'esh (el EI) nos ha arruinado la vida (…) ¿Qué será de mi familia? No sé si los volveré a ver". A medida que avanzaban por el norte de Irak, los combatientes que acompañaban al EI atacaron de forma sistemática a integrantes de comunidades no árabes y no sunitas, así como a musulmanes sunitas que se oponían a ellos. Incluso dentro de esta persecusión de minorías, EI concentró sus esfuerzos en atacar a la minoría yazidí, especialmente a las mujeres y niñas, quienes fueron sometidas a un trato brutal. El yazidismo es una religión preislámica de Oriente Medio de más de 2 mil años de antiguedad, que pertenece a la corriente minoritaria del yazdanismo. En una época fue la religión oficial de los kurdos, pero la islamización obligatoria redujo su número. La mayoría de los yazidíes vive cerca de Mosul, con pequeñas comunidades en Armenia, Georgia, Irán, Rusia, Siria y Turquía. En total suman unos 800 mil fieles, aunque esta estimación es poco precisa debido al secretismo que envuelve a la confesión. En agosto de 2014, combatientes del EI secuestraron a cientos, posiblemente miles de yazidíes –entre ellos mujeres y niños-- que escapaban de la región de Sinjar, al noroeste del país. Cientos de hombres fueron asesinados y otros forzados a convertirse al Islam bajo amenaza de muerte. Un documento del organismo defensor de los derechos humanos Amnistía Internacional (AI), dado a conocer en Londres el lunes 22, concluyó que la tortura, las violaciones y otras formas de violencia sexual que sufren las mujeres y niñas yazidíes en Irak secuestradas por el EI dan cuenta cada vez más del “salvajismo” y “barbarie” de ese grupo de extremistas que comete de forma sistemática crímenes de lesa humanidad. El documento, titulado “Escapar del infierno: Torturas y esclavitud sexual bajo cautiverio del Estado Islámico en Irak”, describe los abusos sufridos por miles de mujeres y niñas yazidíes que fueron forzadas a casarse, “vendidas” o entregadas como “objetos” a yihadistas del EI o a sus seguidores. En muchos casos, las cautivas fueron forzadas a convertirse al Islam. Arwa tiene 15 años. Fue secuestrada en agosto pasado en la localidad de Monte Sinjar junto a algunos de sus familiares y cientos de vecinos, y fue mantenida bajo cautiverio del EI en varios sitios en Siria e Irak, donde fue violada y maltratada, antes de lograr escapar. Unos 62 miembros de su familia, incluida su madre y hermanos, siguen en manos del EI. “Nos llevaron primero a Siria, a un sitio llamado Hasake. Allí nos mantuvieron en una casa con muchas niñas. Luego de diez días, a un grupo que me incluía nos llevaron de regreso a Irak, a Mosul, por dos días. Luego nos llevaron a Baiji con una de mis hermanas y mis primas, mientras que cuatro de mis hermanas y dos de mis primas fueron trasladadas a Siria. En Baiji me mantuvieron en dos sitios distintos, y luego de tres semanas fui llevada a Rambussi, cerca de Sinjar, con mi prima de 13 años, mientras que a mi hermana y mi madre las llevaron a otro pueblo con otros familiares”, declaró la joven a Amnistía. “En Rambussi nos tuvieron en una casa con otras cinco chicas. Allí hicieron conmigo lo mismo que a otras niñas. Fui violada. A mi prima no la molestaron. Ellos querían llevársela para casarla con un hombre, pero finalmente la dejaron con nosotras, y luego logramos escapar. Una de las niñas dijo que no fue violada, pero no sé si es verdad. Espero que sí. Otra no quiso hablar sobre lo que le había pasado. Al resto las violaron. Los hombres eran todos iraquíes. Ellos nos amenazaron que si nos suicidábamos, matarían a nuestras familias”, agregó. Traumas   Donatella Rovera, consejera de AI en temas de crisis y quien se entrevistó con más de 40 mujeres que fueron rehenes de EI en el norte de Irak, afirmó que cientos de mujeres y niñas yazidíes “han visto cómo sus vidas fueron destruidas por los horrores de la violencia y esclavitud sexual al quedar bajo cautiverio del EI”. En total más de 300 yazidíes lograron escapar del cautiverio del EI, y han denunciado el horror de lo vivido. De todos modos, la mayoría de los secuestrados sigue bajo el poder de los yihadistas islámicos. “Muchas de las esclavas sexuales son niñas, de entre 14 o 15 años e incluso más jóvenes. Los combatientes del EI están utilizando las violaciones sexuales como armas de combate, en crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad”, agregó. Las mujeres y las niñas forman parte de las miles de personas yazidíes de la región de Sinjar, que desde agosto han sido blanco de ataques en una oleada de limpieza étnica emprendida por combatientes del EI decididos a eliminar a las minorías étnicas y religiosas en la zona. Amnistía denunció que la mayoría de los perpetradores de esos delitos son hombres iraquíes y sirios, muchos son combatientes del EI, aunque también hay simpatizantes de ese grupo. Algunas de las mujeres entrevistadas dijeron que fueron mantenidas cautivas en casas de familia, y que vivieron con la esposa e hijos de los perpetradores. Muchos de los sobrevivientes yazidíes también enfrentan el trauma de haber perdido a miembros de sus familias, ya sea debido a secuestros como por asesinatos perpetrados por el EI. "Los abusos físicos y psicológicos por la violencia sexual horrible que estas mujeres han soportado son catastróficos. Muchas de ellas han sido torturadas y tratadas como objetos. Incluso aquellas que lograron escapar estar totalmente traumatizadas", declaró Rovera. El trauma de las supervivientes de violencia sexual se ve además agravado por el estigma que rodea la violación. Las supervivientes creen que su "honor", y el de sus familias, se ha visto mancillado, y temen que, a consecuencia de ello, su lugar en la sociedad se vea afectado. Amnistía denunció que muchas supervivientes de violencia sexual “siguen sin recibir la ayuda y el apoyo integrales que necesitan desesperadamente”. Los familiares de algunas mujeres y niñas que lograron escapar de las garras del EI temen también que el trauma sufrido las lleve al suicido. "Mi esposa sufre de ataques de pánico y no puede dormir. No puedo dejarla sola porque tengo miedo por su vida", declaró el esposo de una mujer de 19 años que logró escapar de los jihadistas. El abuelo de una joven de 16 años que escapó también al cautiverio luego de ser violada, contó a Amnistía: "Ella está muy triste y deprimida todo el tiempo. Ya no sonríe ni le importaba más nada. Me preocupa que se quiera quitar la vida, por eso no me separo de ella en ningún momento", contó el hombre, cuya identidad fue mantenida bajo anonimato. Rovera explicó en el informe que el gobierno regional del Kurdistán, la ONU y otras organizaciones humanitarias que proporcionan asistencia médica y otros servicios de apoyo a las supervivientes de violencia sexual “deben redoblar sus esfuerzos”. “Deben garantizar que esos servicios llegan de manera rápida y proactiva a todas las personas que puedan necesitarlos, y que las mujeres y las niñas están al tanto del apoyo con el que pueden contar", agregó. Según Rovera, las ayudas no sólo deben incluir servicios de salud sexual y reproductiva, sino también asesoramiento y apoyo por los traumas sufridos. El documento concluyó que a pesar de una condena mundial, el EI “no muestra intención alguna” de poner fin a sus crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad que sus combatientes han cometido de forma masiva contra mujeres y niñas iraquíes a quienes siguen secuestrando y manteniendo cautivas. “Todo grupo, ya sea en Irak como fuera de ese país, con alguna influencia sobre el EI, debe utilizar esa influencia para garantizar la liberación inmediata de estas cautivas”, finalizó el informe.

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