Filipinas: Una paz acotada

viernes, 11 de abril de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- El pasado 27 de marzo, después de 30 años de enfrentamiento armado, el gobierno de Filipinas encabezado por Benigno Aquino y el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) firmaron un acuerdo de paz que crea en la sureña isla de Mindanao la región autónoma de Bangsamoro, como los musulmanes filipinos denominan a su tierra ancestral. Calificado como histórico, el acuerdo sin embargo está todavía muy lejos de significar la pacificación de ese convulso archipiélago sudasiático, donde al menos otras tres organizaciones guerrilleras más se mantienen en armas, y las marcadas diferencias económicas y sociales constituyen un perenne caldo de cultivo para el descontento social. De entrada, la creación formal de Bangsamoro deberá ser aprobada por una “ley fundamental” en el Congreso, misma que previamente deberá ser votada en un referendo por la población filipina en general. Es previsible que en este proceso la oligarquía terrateniente y los parlamentarios católicos, respaldados por la poderosa Iglesia local, puedan plantear serios obstáculos para su culminación. Por otra parte, no bien firmado el acuerdo marco de pacificación en octubre de 2012, un grupo autodenominado Luchadores por la Libertad del Bangsamoro Islámico, que no se conforma con la autonomía sino desea la independencia total de esa región, se escindió del FMLI y anunció su voluntad de seguir combatiendo al Estado hasta alcanzar su objetivo. El Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN), secular y de filiación marxista, del que a su vez se separó el FMLI en 1984, tampoco está muy contento de haber sido relegado a un segundo plano, cuando fue  en realidad el primero que inició la lucha por la independencia de la zona sur de Filipinas en 1972 y luego firmó los primeros acuerdos de pacificación con el gobierno en 1996, que dieron entonces paso a la llamada “Región Autónoma del Mindanao Musulmán” (RAMM). Dentro del espectro islámico se encuentra también el grupo yihadista Abu Sayyaf, fundado en 1991 por radicales salafistas que rompieron con el FMLN al oponerse a cualquier negociación con el gobierno, y que pretenden crear mediante la fuerza un Estado islamista independiente en  Mindanao y Sulu. Con iguales objetivos actúa marginalmente otro grupo extremista denominado Jemaah Islamiya. Ambas organizaciones, a las que se vincula con Al Qaeda, han sido calificadas como terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea, y son combatidas militarmente por el gobierno filipino. Finalmente en el campo secular se ubica el Partido Comunista de Filipinas, con su brazo armado el Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), que mediante la guerra de guerrillas busca establecer un régimen comunista en todo el país. Con origen en el movimiento campesino Huk de los años treinta del siglo pasado, este grupo luchó primero contra la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y luego contra la dominación de Estados Unidos, cuya presencia en el archipiélago combate hasta hoy. Luego de una fallida aproximación de los comunistas a la legalidad en los años cincuenta, el partido original se dividió en una rama prosoviética y otra maoísta, siendo esta última la que se ha mantenido en armas en las provincias de Bizayas, Luzón y Mindanao, aunque también tiene células en Manila. Se calcula que actualmente cuenta con una fuerza de entre 8 mil y 10 mil hombres, a los que su líder histórico, José María Sison, dirige desde el exilio en los Países Bajos. Esta organización también ha sido calificada por Washington como terrorista y es combatida por el gobierno filipino. Exceptuando Abu Sayyaf y las últimas escisiones del FMLI, todas las fuerzas han establecido contactos con los sucesivos gobiernos filipinos en búsqueda de eventuales acuerdos de paz, en los que sin duda los dos Frentes Moros son los que han llegado más lejos. Con largas raíces históricas, los musulmanes arribaron al archipiélago a fines del siglo XIII y en los siguientes 300 años consolidaron dos grandes sultanatos en Maguindanao (hoy Mindanao) y Sulu, de modo que cuando llegaron los españoles en 1565 se toparon con la primera resistencia “mora”. Los choques entre los conversos católicos del norte  y del centro con los rebeldes islamistas del sur se mantendrían durante todo el periodo colonial y definirían las diferencias etno-religiosas que se extienden hasta la actualidad. No sería empero sino hasta la administración colonial estadunidense, iniciada en 1898, cuando se bosquejarían los movimientos sociales y separatistas que habrían de marcar el devenir históríco de la Filipinas actual. “Fue Estados Unidos el primero que logró subyugar con éxito a los musulmanes e incorporar a toda la isla de Mindanao a la misma estructura política del resto de las Filipinas”, dice la internacionalista colombiana Angélica Alba Cuellar, en un artículo sobre el tema publicado en 2013. En cualquier caso, ni el colonialismo español ni el estadunidense contemplaron en la construcción de un proyecto nacional filipino las particularidades de la identidad mora, y se centraron en el movimiento tagalo, asimilado y convertido mayoritariamente al catolicismo. Peor aún, ambos promovieron la migración de cristianos a la región sur, con privilegios que colocaban a los musulmanes en condiciones de vasallaje. Así, desde que se promulgó la independencia en 1946, los musulmanes plantearon la inconvenciencia de mantener bajo una misma bandera a dos pueblos no sólo disímbolos, sino antagónicos. Pero la nueva élite política de Manila, que también era la económica del país, no sólo continuó con las dinámicas coloniales, sino las empeoró. Si entre 1900 y 1940 se establecieron en Mindanao unos 700 mil colonos cristianos, tan sólo entre 1948 y 1960 llegaron un millón 200 mil. Sus más conspícuos representantes se apropiaron de la actividad política y económica, y el gobierno decretó leyes de reasentamiento y expropiación de tierras, que sumieron a la población musulmana en la marginalidad. En medio de crecientes choques entre ambas comunidades, fue como en 1969 surgió el FMLN cuyo ejército, denominado Bangsamoro, se lanzó a la liberación de su territorio ancestral. El movimiento buscó además el reconocimiento de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) para 13 grupos etnolingüísticos musulmanes en los territorios de Mindanao. Sulu y Palawan. En los siguientes años los enfrentamientos con el gobierno central, encabezado por Ferdinand Marcos, fueron feroces, particularmente tras la imposición de la Ley Marcial de 1972. Sin embargo en 1976, bajo los auspicios de la OCI, el FMLN aceptó cambiar su exigencia de independencia por una de autonomía para 13 provincias y nueve ciudades de Mindanao. Se trataba de una autonomía amplia, que contemplaba la aplicación de la sharia en la cortes locales; el manejo autónomo de hospitales, escuelas y universidades; sistemas administrativos y financieros propios; y la creación de fuerzas regionales de seguridad. Todo ello quedó asentado en el Acuerdo de Trípoli, pero casi nada llegó a la realidad, porque Marcos sólo jugó con los tiempos políticos y volvió a la represión. Este fracaso no sólo costó más sangre, sino significó la división del movimiento moro en el FMLN y el FMLI: el primero marcado por el nacionalismo secular, la autonomía y las negociaciones de paz; y el segundo por la recuperación del Islam, la independencia y la lucha armada. Caída la dictadura de Marcos, el gobierno de Corazón Aquino reinició las negociaciones con el FMLN y logró en 1987 un cese del fuego; sin embargo, esta vez fue el Frente el que se levantó unilateralmente de la mesa. A pesar de ello, la nueva Constitución reconoció la autonomía de los territorios musulmanes históricos dentro de la integridad territorial y la soberanía de Filipinas y, por primera vez, se planteó la creación de una Región Autónoma del Mindanao Musulmán (RAMM). Aunque la gubernatura de esta nueva entidad le fue ofrecida al líder del FMLN, Nur Misuari, éste, que había vuelto de un largo exilio, optó por una nueva sublevación armada y acabó detenido. No fue por lo tanto sino hasta 1996, después de cuatro años de negociaciones y ya bajo el mandato de Fidel Ramos, cuando la RAMM entró propiamente en funciones. Desde entonces –y ratificado por elecciones locales– el FMLN ha estado al frente del gobierno de esta región autónoma. Aunque se opuso a esos acuerdos y continuó su lucha armada, el FMLI también inició dos años después, con el apoyo de Libia, negociaciones con el gobierno de Ramos. Éstas sin embargo se vieron interrumpidas en el año 2000, cuando su sucesor, Joseph Estrada, emprendió una sorpresiva ofensiva militar contra el movimiento islamista, que continuaría intermitentemente durante el mandato de Gloria Macapagal Arroyo, enmarcada en la guerra global contra el terrorismo. Ello no obstante, a partir de 2001 y con la mediación de Malasia se reanudaron los diálogos entre el gobierno de Manila y el FMLI, y en 2005 se creó un Equipo Internacional de Supervisión, integrado por Libia, Brunei, Japón, Noruega y la Unión Europea. Desde esa fecha y hasta 2009 las discusiones giraron básicamente en torno de la realización de un referendo en 735 poblaciones de mayoría musulmana adyacentes a la RAMM de Mindanao y seis ciudades de Lanao del Norte, que determinara su voluntad de unirse a una nueva entidad jurídica denominada Bangsamoro. En los hechos, lo que se dicutía eran los principios autonómicos de una nueva región ampliada que reemplazara a la RAMM, y cómo los acuerdos que eventualmente se alcanzaran con el FMLI se conciliarían con los ya antes establecidos con el FMLN. Inevitablemente, esto hacía surgir la pregunta sobre cuál de las dos formaciones llevaría las riendas superado el conflicto. El último empujón lo dio el actual presidente filipino, Benigno Aquino, quien en su discurso de toma de posesión sostuvo que una de sus prioridades era firmar un acuerdo de paz con los rebeldes moros antes de concluir su mandato. También dijo que debido a la corrupción, la violencia y la pobreza rampantes la RAMM había resultado un “experimento fallido”, con lo cual el destino de esta entidad quedó sellado. A cambio de la región autónoma de Bangsamoro, una importante cuota de poder en el nuevo gobierno y el reparto de la riqueza en esta zona del sur del archipiélago filipino, el FMLI renunció a sus demandas de independencia y se comprometió a desmovilizar gradualmente a los alrededor de 12 mil hombres que todavía tiene en armas. Por lo pronto, la dirigencia ya les pidió no portar armas ni uniformes militares en público. Sobre estas bases y después de un encuentro secreto entre Aquino y el líder del FMLI, Ebrahim Murad, en Tokio, el 15 de octubre de 2012 se firmó en Kuala Lumpur un acuerdo marco que fijo la ruta para un acuerdo definitivo de paz, mismo que fue firmado el pasado 27 de marzo. El proceso total deberá concluir en 2016, cuando se celebren elecciones en Bangsamoro para determinar la conformación de la asamblea legislativa y el nuevo gobierno. La ruta, pues, ha quedado trazada, pero nada asegura que se llegue con bien al final del camino. Aun si se logran superar las presiones de los poderes fácticos y los obstáculos en el Congreso, falta todavía enfrentar al resto de la insurgencia armada. Durante los dos años que mediaron entre el acuerdo preliminar de paz y su ratificación, todos los grupos han protagonizado enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales, incluidos miembros del FMLN, disgustados con la reducción del trozo de poder que detentaban. Más, ahora, los inconformes del propio FMLI, que ya anunciaron que renudarán la lucha. Según cálculos aproximados, estos conflictos han cobrado en conjunto unas 150 mil vidas y unos 2 millones de desplazados.

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