EU: Las causas de Dolores Huerta

viernes, 25 de abril de 2014
MÉXICO (apro).- Las grandes corporaciones como Coca Cola podrían empujar el proyecto de reforma migratoria en Estados Unidos. Sólo hace falta que los 53 millones de consumidores latinos en ese país exijan su apoyo para presionar a los republicanos con el propósito de que lo saquen de la congeladora, sugiere la activista chicana Dolores Huerta. El apoyo de las compañías permitiría convencer a 18 republicanos para que desbloqueen el proyecto de ley –actualmente en la Cámara de Representantes– y así evitar que el Partido Republicano imponga su línea dura en uno nuevo que, según Huerta, “no saldría muy bueno”. “En cualquier tienda que vaya en Estados Unidos, los que compran son los nuestros; si no nos tuvieran como consumidores, perderían mucho negocio”, añade Huerta durante una entrevista con Apro realizada en el marco de una visita que hizo a la Ciudad de México y que tuvo como propósito promocionar la nueva película de Diego Luna, César Chávez: El hombre que desafió a Estados Unidos. Dolores Huerta ya usó el boicot como herramienta exitosa de lucha social: hace medio siglo, en el terreno fértil de los años sesenta  en Estados Unidos, fundó junto con César Chávez el Sindicato de los Trabajadores Agrícolas de California (UFW, por sus siglas en inglés), a través del cual los trabajadores lograron mejorar sustancialmente sus condiciones laborales. “Mujer dragón” Huerta nació en 1930 en Dawson, una pequeña ciudad minera de Nuevo México. A raíz del divorcio de sus padres –ambos mexicanos– se mudó con su madre a Stockton, en California, donde vivió una infancia humilde. Fue profesora en una escuela rural. La mayoría de sus alumnos eran hijos de trabajadores agrícolas mexicanos. Le indignaron las condiciones de miseria en la que vivían los niños, por lo que en 1955 decidió abandonar su empleo para dedicarse a la lucha a favor de los derechos de los obreros agrícolas, traídos a Estados Unidos mediante el Programa Braceros. Este acuerdo permitía a productores agrícolas estadunidenses contratar a trabajadores mexicanos a muy bajo costo y mantenerlos en condiciones de “esclavos”, deplora Huerta. En una entrevista que concedió a la cadena norteamericana The Nation, explicó que los recolectores de uva ingresaban 90 centavos de dólar por hora y 10 centavos por canasta, mientras que las condiciones de trabajo, la labor infantil y el uso masivo de pesticidas generaban una esperanza de vida de 49 años. Tras fundar la sección local de la Organización del Servicio Comunitario –una asociación en defensa de los derechos civiles de los latinos en California–, conoció a César Chávez, con él que fundó la UFW en 1962. Ambos lucharon para revocar los acuerdos del programa bracero y para extender a los trabajadores agrícolas el programa de ayuda familiar de California. Su mayor logro se concretó al organizar a los trabajadores agrícolas latinos que recolectaban la uva en la región de Delano, y a unirlos a una huelga que habían empezado unos obreros filipinos en 1965. La singularidad de la uva reside en que si no se recolecta durante el día en que está madura, se pudre prácticamente al día siguiente. Huerta y Chávez movilizaron a los trabajadores en diferentes campos agrícolas de la región, donde brotaron piquetes de huelga. El 17 de marzo de 1966 Chávez encabezó  una “peregrinación” con los recolectores de uva. Enarbolando una bandera con la Virgen de Guadalupe, salieron de Delano rumbo a Sacramento, la capital del estado de California. Huerta se quedó en el campo para mantener la huelga. Pero el 10 de abril de 1966, cuando la marcha llegó a Sacramento, no fue Cesar Chávez quien tomó el micrófono para pronunciar un discurso ante las 10 mil personas amontonadas, que agitaban banderas blancas y rojas con el escudo del UFW, sino Dolores Huerta. “Al gobernador de California decimos: ya no puede usted cerrar los ojos ni las orejas hacia nosotros. No puede pretender que no existimos. No puede ignorar nuestros problemas porque aquí estamos, y no estamos solos”, declaró Huerta en un discurso que escribió durante la noche. La activista chicana fue designada como negociadora para buscar un acuerdo con los productores de uva de Delano. Según un documental que realizó Silvia Morales para el Servicio de Difusión Público (PBS, por sus siglas en inglés), los patrones pusieron a Huerta el apodo de “mujer dragón” porque “exhalaba fuego mientras hablaba”. Durante las negociaciones la acompañaban empleados agrícolas latinos, a los que traducía en vivo las palabras de los patrones. Éstos trataron de romper la huelga al llevar autobuses llenos de trabajadores indocumentados a sus explotaciones, pero los huelguistas les bloquearon el paso. Boicot Mientras tanto, los huelguistas realizaron un trabajo de información a nivel nacional, en el que exhortaban a los estadounidenses a no comprar uva proveniente de Delano debido a las pésimas condiciones laborales de los trabajadores. En 1970, tras cinco años de huelga, el sindicato se había convertido en la mayor organización agrícola de California, con 50 mil miembros. Ante la efectividad del boicot, un productor, Freedman, aceptó mejorar las condiciones laborales de los trabajadores a cambio de poner un sello del sindicato en las etiquetas de sus productos para mostrar a los consumidores que había logrado un acuerdo con él. El 25 de julio de ese año la mayoría de los productores de uva de la región acordaron con los sindicatos un salario de 1.80 dólares por hora más 60 centavos por canasta de uva, controles sobre los pesticidas, así como primas de antigüedad. A los que le aconsejaban abandonar la lucha, Huerta solía contestar: “Sí, se puede”,  sin pensar que 50 años más tarde Barack Obama retomaría su lema como eslogan político. Como forma de sustentar el movimiento durante los cinco años de huelga, Chávez visitaba las universidades o centros comunitarios y solicitaba una contribución a “la causa”: la lucha para que se respetaran los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos. Huerta no dejó de militar para “la causa” cuando se acabó el conflicto agrícola: apoyó a la firma de la Ley de Reforma y Control de Inmigración de 1986, que si bien prohibía el reclutamiento de trabajadores indocumentados, permitió, según ella, que “un millón 400 mil campesinos obtuvieran su residencia”. “Logramos la última amnistía en 1986 tras un trabajo de diez años. La lucha migratoria actual nos está tomando una década también, así ha sido la historia”, apunta. Huerta encabezó varias huelgas campesinas; se manifestó en contra de las políticas de George Bush, en 1988 –en cuya ocasión la represión policíaca la llevó al hospital–; participó en luchas feministas, y lanzó programas de empoderamiento en las comunidades latinas. Las autoridades la detuvieron en 22 ocasiones. El 29 de mayo de 2012 la activista recibió de Barack Obama la Medalla de la Libertad, la mayor distinción honorífica de este país “Como mujer y con el racismo que existe vienen más críticas”, asevera Huerta. “Una mujer no gana el mismo apoyo como el que pueda conseguir un hombre”. A los 84 años de edad, Huerta sigue difundiendo sus mensajes políticos. Se reparte en esta tarea en Delano –donde reside y donde tiene su sede la fundación que preside--, escuelas, universidades, centros comunitarios o movimientos sociales. El 30 de junio de 2012, por ejemplo, participó en un mitin en Los Ángeles para denunciar las condiciones laborales en la cadena de supermercados Walmart. En 2007 atrajo la furia de los republicanos al aseverar durante un discurso ante estudiantes de segundaria en Tucson, en su mayoría latinos: “Los republicanos los odian”. Los republicanos “saben que los latinos votamos para los demócratas y por ello no quieren que pase la ley de migración”, abunda Huerta. “Pero ellos van a perder porque a lo largo del tiempo los latinos seremos mayoría. En California es casi imposible para un republicano ganar un puesto estatal”. La reforma migratoria, subraya, divide al partido republicano entre la corriente dura del Tea Party  y una tendencia más pragmática que ve en los latinos potenciales votantes. Por lo tanto, varios republicanos han cambiado su postura y se están inclinando a favor de aquella. El 1 de mayo de 2011 –durante el famoso May Day– algunos trabajadores agrícolas de Sacramento llevaron a cabo una protesta contra las promesas no cumplidas del presidente Obama hacia la comunidad migrante. El video del acto se encuentra en Internet. Dolores Huerta intervino y defendió a Obama y al Partido Demócrata, pero no logró convencer a los manifestantes. “Tenemos que comprender que nuestros enemigos son los republicanos, no los demócratas”, aseveró Huerta. “¡También los demócratas!, no hay nada que comprender: ¡No hay jobs¡”, le gritaron los manifestantes. Tras verse impedida de hablar, Huerta se retiró de la explanada. Durante la entrevista recuerda que si bien la administración de Barack Obama es la que más deportaciones ha realizado en la historia de Estados Unidos, se debe a leyes aprobadas durante los mandatos de George Bush que establecían cuotas de expulsiones. “En junio de 2013 Obama ordenó a las agencias de migración que no deportaran a padres de ciudadanos estadunidenses, a estudiantes o a personas sin antecedentes criminales, pero las agencias no le hicieron caso”,  asegura Huerta. Cadena de vecinos A través de su fundación, Huerta busca empoderar a las comunidades latinas en Estados Unidos: exhorta a los vecinos para que se  postulen a puestos en los distritos escolares o en las representaciones locales, y anda de casa en casa para que se inscriban al programa de seguro social, el Obamacare. “La mejor herramienta que tenemos es la organización. Entramos en las casas y de ahí formamos una cadena de vecinos. Así logramos la unión campesina, así logramos que millones de personas se beneficien con el Obamacare, con un trabajo de 50 años”, dice Añade: “Estamos en siete comunidades y hemos propuesto proyectos de infraestructura. A raíz de que se han organizado, una de ellas ha establecido un impuesto con el que junta un millón de dólares para los jóvenes, los bomberos y la policía”. También lucha a favor de los derechos civiles para evitar que las escuelas corran a los jóvenes latinos y afroamericanos, ya que, asegura, la deserción escolar de estos grupos supera a la de los “anglos” en 300% y 500%, respectivamente. “Estamos peleando para juntar evidencias y meter demandas en violaciones a derechos civiles, ya que a cada rato los sheriff y los policías matan a nuestra gente”. Pero una de sus principales tareas es exhortar a los latinos para que se conviertan en una fuerza política y puedan influir sobre temas de mayor importancia. “Si votamos los latinos, podemos hacer muchos cambios efectivos”, explica la activista. Y lamenta que cuando la gente es pobre no se da valor propio, no se da cuenta de su importancia para la democracia. “Mediante la organización y la educación les explicamos que al pagar sus impuestos deben recibir los beneficios que éstos generan. El problema reside en que no saben cómo acceder a dichos beneficios”, apunta. Los indocumentados “no se pueden hacer ciudadanos, no pueden votar, no tienen poder político”, precisa. Por temer a la deportación, los indocumentados ven a los empleadores atentar contra sus derechos, sobre todo a los originarios de comunidades indígenas que no dominan el español. Por lo tanto, asevera, muchos latinos se conformarían con una ley migratoria que los proteja contra las expulsiones arbitrarias. “Los patrones son muy hipócritas: apoyan a los republicanos y están a favor de las deportaciones, pero al mismo tiempo contratan a indocumentados y no les pagan seguro social, compensación de desempleo o discapacidad”. De acuerdo con la activista, el desempleo en el campo oscila entre 20% y 30%. Éstos desempleados “son los mismos migrantes e hijos de migrantes que los patrones empujan afuera de las escuelas y que no quieren ocupar porque son residentes o ciudadanos, por lo que les tendrían que pagar prestaciones sociales”. Y recuerda el caso de los dreamers o “muchachos soñadores”, jóvenes latinos que ingresaron a Estados Unidos siendo menores de 16 años y a los que beneficiaba la ley Dream. Según Huerta, la red de los dreamers genera los nuevos líderes latinos, quienes pelean para que se apruebe la reforma migratoria. Luego de recorrer la frontera de forma pacífica y gracias al apoyo de la comunidad virtual, lograron que el presidente Obama emitiera una orden que les permita ingresar a los colegios, obtener permisos de trabajo y licencias de manejo. “¡Fue grandísimo!”, exclama. “La reforma migratoria se convirtió en el objetivo principal del activismo latino” y eso le da esperanzas de un futuro promisorio para este sector de la población estadunidense. La mujer asevera que desde la cámara de comercio hispano, los sindicatos laborales y las redes religiosas, “todo el pueblo latino, hispano, mexicano y mesoamericano estamos unidos para lograr la reforma”. Remata: “Eso es algo muy bonito”.

Comentarios