Alemania-EU: Espiando a los amigos

viernes, 11 de julio de 2014
BERLÍN (apro).- La prensa y los especialistas hablan de la crisis política más fuerte en las relaciones entre Alemania y Estados Unidos desde la época de la Segunda Guerra Mundial. El discurso de políticos, y no sólo los de la oposición, y medios de comunicación es de real indignación. Exigen un ¡ya basta! Y parece que éste ya llegó con la decisión que tomó el jueves 10 el gobierno encabezado por Angela Merkel al pedir al representante de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) en Berlín que abandone el país. El motivo: el agudo y permanente espionaje de Washington sobre Berlín. Y es que, en menos de cinco días, la opinión pública alemana se enteró de la existencia de cuando menos dos casos en que funcionarios alemanes habrían filtrado información secreta al gobierno de Estados Unidos a cambio de jugosas sumas de dinero. Este nuevo escándalo fue la gota que derramó el vaso. Ya el año pasado la revelación hecha con base en los documentos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), filtrados por el exanalista de esta dependencia, Edward Snowden, de que la inteligencia estadunidense espiaba el celular de la canciller alemana y las comunicaciones de millones de alemanes, había provocado un cataclismo. Merkel logró, sin embargo, contenerlo con una respuesta más bien tibia en aras de no dañar las necesarias y provechosas buenas relaciones que tiene con la administración de Barack Obama. Esta tibieza frente al comprobado espionaje de la NSA quedó en evidencia cuando el gobierno de Merkel se negó a que Snowden viaje a Alemania para declarar ante la Comisión Especial del Parlamento alemán que investiga el caso de espionaje estadunidense. La canciller no quiere darle ningún tipo de oportunidad al exagente de la NSA de quedarse en suelo germano y con ello desatar la ira de su socio estadunidense. De espías modernos Sin embargo, la situación volvió a ponerse candente cuando el pasado 5 de julio trascendió un nuevo caso de espionaje que cimbró los edificios de gobierno en Berlín. Dentro del propio Servicio Secreto Alemán (BND, por sus siglas en alemán) se había ubicado a un espía: un trabajador de 31 años, cuyo nombre no fue revelado, que desde hace dos años habría transferido información a Estados Unidos. Un día antes, el 4 de julio, la Fiscalía General había realizado la detención del espía alemán y tras un breve interrogatorio salieron a la luz algunos detalles. Por ejemplo, que el informador alemán habría sido detectado, entre otras cosas, porque mediante un correo electrónico también había ofrecido sus servicios a los rusos; que durante aproximadamente dos años filtró entre 200 y 300 documentos confidenciales del sistema interno de BND, los cuales habrían quedado guardados en una memoria USB; que dentro de estos documentos se encontraban algunos con información, irónicamente, sobre los trabajos de la comisión especial del Parlamento que investiga las escuchas a Merkel; y que por su trabajo de espionaje el hombre habría recibido entre 10 mil y 15 mil euros (unos 180 mil pesos). Apenas habían pasado cinco días de tal revelación, cuando el miércoles 9 un segundo caso volvió a cimbrar a la clase política. La sospecha fundada de que había un nuevo espía, esta vez dentro del Ministerio de Defensa alemán. Ese día un equipo de la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA, por sus siglas en alemán), junto con un fiscal federal, llegó a la sede de dicho ministerio con una orden de búsqueda en contra de un funcionario asignado al Departamento de Política de Seguridad. Trascendió que desde hacía meses el Servicio de Contraespionaje Alemán tenía en la mira al funcionario al haber detectado una serie de encuentros sospechosos con gente identificada por los alemanes como perteneciente a los servicios secretos estadunidenses. El último encuentro habría sido en febrero de este año. De acuerdo con las autoridades, son muchos los indicios, aunque aún prosiguen las investigaciones. Indignación Los dos casos, más lo acumulado, generaron tal presión de parte de los medios y la clase política que al gobierno no le quedó otra opción que actuar. "Es suficiente. El gobierno federal debe defenderse de la arrogancia del espionaje estadunidense. Los medios para hacerlo, los tiene", tituló en su portada el prestigiado rotativo Die Zeit. Y fue a más en una especie de editorial firmado por uno de sus redactores: "Querida gente en Washington, uno quisiera vociferar… ¿Cómo se puede ser tan torpe y reclutar a un agente doble en el NBD y además dejarse descubrir? ¿No les fue suficiente con el enojo generado por Snowden? ¿Les da lo mismo que el antiamericanismo se extienda por toda Alemania y que aquí hay algo fundamental que pueda quebrarse?". Los políticos no se quedaron atrás. Integrantes de la Unión CDU/CSU, partido de Merkel, se pronunciaron incluso por la expulsión de los agentes estadunidenses en Berlín. "Uno tendría que preguntarse si los estadunidenses ven al Servicio de Inteligencia alemán como un socio o como un objetivo para ser espiado. (Porque es) difícil creer que los compañeros estadunidenses del espía alemán hayan actuado sin el consentimiento de su dirección", reflexionó el presidente del Comité Interior del Parlamento, el democristiano Wolfgang Bosbach. Por su parte, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y compañero de coalición de Merkel, exigió se frene de inmediato el espionaje estadunidense. El jefe de su grupo parlamentario, Thomas Oppermann, resaltó el daño que trae la actividad encubierta de los estadunidenses en su relación con Alemania. "La confianza es una de las columnas de la amistad. Estados Unidos debe darse cuenta que no puede destruir todo", dijo. Expulsado En la tarde del jueves 10 la decisión, consensuada en todos los niveles de gobierno, incluyendo a la Cancillería, se hizo pública: se pidió al gobierno de Estados Unidos el retiro del país del jefe de los servicios secretos estadunidenses en Berlín. El anuncio lo hizo el presidente de la Comisión de Control de los Servicios Secretos del Parlamento alemán, el democristiano Clemens Binninger, quien argumentó que la decisión se tomaba como "reacción al largo periodo en que la colaboración para pedir explicaciones no ha funcionado". Más tarde, la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, fue más precisa: "El gobierno federal reaccionó y solicitó claramente al jefe de los servicios secretos estadunidenses en Berlín que abandone el país. Con ello dejamos claro que no toleramos este trato. Pero está es quizás también una oportunidad, sobre todo del lado estadunidense, para comenzar, bajo nuevas bases de trato mutuo, un nuevo trabajo conjunto”. Continuó: “Necesitamos relaciones basadas en la confianza y por eso es amargo cuando se ésta pierde. La actitud del gobierno federal es correcta y lo que desea es mandar señales claras de que no tolerará más las actitudes que rompen la confianza”. Y si bien hay quien califica la medida como sólo un gesto perteneciente más a una reprimenda diplomática, lo cierto es que es un suceso inédito en la historia de la relación entre ambas naciones luego de la posguerra.

Comentarios