Ucrania: Avionazo en un escenario descontrolado

viernes, 18 de julio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- El derribo del avión de Malaysian Airlines en la zona de Donetsk, al oriente de Ucrania, donde desde hace meses combaten las fuerzas separatistas prorusas y el gobierno de Kiev, ha provocado una conmoción mundial. Lo que hasta ahora era un conflicto focalizado entre Rusia y Ucrania, y una guerra de palabras y sanciones entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, adquirió una resonancia internacional con las casi 300 víctimas inocentes del avión derribado. Aunque habrá que esperar los resultados de una investigación internacional sobre el hecho, la catástrofe ya ha producido graves consecuencias políticas, endureciendo la posición de Kiev y de Estados Unidos en relación con Rusia y con las regiones ucranianas que proclamaron su independencia. El trasfondo de la trágica suerte del avión de Malaysian Airlines es un conflicto que, lejos de apagarse, no hace más que escalar. La rebelión en Lugansk y Donetsk, que empezó tras la caída del presidente Víctor Yanukovich en febrero y que fue estimulada por la reincorporación de la Península de Crimea a la Federación Rusa en marzo de este año, llevó –en mayo– a la realización de un referéndum que aprobó la independencia de las dos regiones, confirmando el enorme descontento con el gobierno de Kiev. Los comicios presidenciales del 25 de mayo, en los que fue elegido Petro Poroshenko, prácticamente no tuvieron lugar en ninguna de estas dos regiones.  El nuevo presidente, que definió la pacificación del país como su prioridad, decretó un cese al fuego e inició negociaciones con los dirigentes de las repúblicas separatistas en junio, pero no se llegó a ningún resultado y los combates se renovaron a comienzos de julio.   Un punto en el radar El viernes 4 los rebeldes separatistas se vieron obligados a abandonar las ciudades de Slaviansk y Kramatorsk, que habían sido el símbolo de la resistencia, y se concentraron alrededor de la ciudad de Donetsk, que con un millón y medio de habitantes es el centro urbano más poblado de la región. Los separatistas respondieron con renovada fuerza a los nuevos ataques de las fuerzas ucranianas. Según el diario Kyiv Post, hasta ahora han perdido la vida 275 soldados ucranianos, de los cuales 52 murieron del 10 de julio a la fecha. Sólo ese día, en Lugansk, un enfrentamiento provocó la muerte de 19 soldados. Durante la semana pasada, las acusaciones entre Rusia y Ucrania sobre ataques en la frontera subieron de tono y se temía que en algún momento se llegara a un enfrentamiento directo entre fuerzas armadas de los dos países. El lunes 14, las autoridades ucranianas informaron del derribo de un avión militar An-26 en la región de Lugansk. Por su parte, la agencia Itar Tass rusa informó el 29 de junio que los separatistas habían tomado una unidad de defensa antiaérea equipada con sistemas Buk. Sin embargo, el fiscal general de Ucrania señaló este viernes que “los terroristas no poseen sistemas Buk ni S-300 ucranianos” y que los sistemas de defensa antimisiles no se han usado en la operación antiterrorista. El especialista militar ruso Pavel Felgenhauer explicó al periódico Novaya Gazeta que en la última semana la situación cambió radicalmente con fuertes combates en la frontera, en los que se juega la suerte del movimiento separatista. “Si los militares ucranianos logran cortar la línea fronteriza con Rusia, de donde los rebeldes reciben apoyo, es inevitable la derrota de los rebeldes, que desde fines de abril vienen retrocediendo”, apuntó. Según Golts, tanto Ucrania como Rusia tienen sistemas antiaéreos con Buk, C-200 y C-300 que pueden derribar un avión a la altura de diez kilómetros, pero cree que todavía no se puede definir la responsabilidad del ataque. “Que no querían derribar un avión comercial, eso está más o menos claro. A ninguna de las dos partes en conflicto les conviene. Querían derribar un avión del enemigo, pero por una baja capacitación no lo pudieron identificar. Lo más probable es que esto lo hayan hecho personas que no tienen sistemas de defensa antiaérea y no pueden verificar sus datos, sólo ven un punto en el radar”.   El dilema de Putin En las acusaciones cruzadas sobre la autoría del disparo que provocó la caída del Boeing 777, Estados Unidos señala a los rebeldes apoyados por Moscú. Samantha Power, la embajadora de Washington ante la Organización de las Naciones Unidas, dijo en la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad que Estados Unidos posee “evidencia creíble” de que los separatistas rusos son responsables del ataque. El gobierno ucraniano ha distribuido imágenes de sistemas Buk aparentemente en poder de los separatistas, grabaciones de audio entre supuestos rebeldes atribuyéndose el ataque, así como informaciones en las redes sociales de dirigentes separatistas sobre el derribo de un avión, que luego fueron borradas. Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso informó que la ruta y el sitio del accidente del Boeing 777 está en la zona de tiro de dos sistemas de defensa ucranianos S 200 y Buk-MI, y negó que algún sistema antiaéreo Buk o de otro tipo haya pasado a través de la frontera rusa a los rebeldes ucranianos. En la sesión urgente del Consejo de Seguridad, Vitaly Churkin, embajador ruso ante Naciones Unidas, acusó de la tragedia al conflicto ucraniano en general y cuestionó el hecho de que los controladores aéreos de Ucrania hayan permitido el tráfico comercial sobre el espacio aéreo de la región donde se desarrolla el conflicto bélico. Pero si de las investigaciones surge que los rebeldes derribaron el avión con un arma rusa, los problemas crecerán exponencialmente para Moscú. El día anterior al trágico hecho del avión de Malaysian Airlines, Estados Unidos decretó nuevas sanciones contra Rusia, incluyendo al Banco de Comercio Exterior (Vneshekonombank), la compañía petrolera Rosneft, a Novotek, una empresa petrolera privada y varias industrias de la defensa, en las mayores medidas tomadas hasta el momento. Ahora Putin está en el dilema que buscó evadir hasta el momento: o continúa permitiendo un apoyo no oficial a los rebeldes separatistas y se expone a la condena internacional, o corta toda posibilidad de provisión de hombres y armas desde las fronteras rusas, permitiendo que las repúblicas de Donetsk y Lugansk sean derrotadas por las fuerzas del gobierno de Kiev. Esto, a su vez, podría traer graves consecuencias internas, pues Putin será visto por la mayoría de la población y por los habitantes de las regiones orientales de Ucrania como una persona que no mantuvo su promesa de defenderlos frente a los ataques de las fuerzas ucranianas. Lo cierto es que el conflicto ya se ha salido de las manos tanto del Kremlin como de Kiev. “Cada guerra tiene su lógica”, escribió el político opositor ruso Serguei Davidis en el sitio Ezhednievni Zhurnal. Explicó: “Cuando miles de hombres armados combaten, el desarrollo de la situación no puede controlarse totalmente. Los últimos acontecimientos se desarrollan por un escenario descontrolado: cada acción de una de las partes, real o de propaganda, provoca la reacción de la otra. Los cohetes y armamentos en la frontera pueden volar hacia el territorio del otro en la realidad o en la propaganda, pero despiertan la respuesta del lado contrario, y así de vuelta, y en esta atmósfera no hay casi posibilidades de detenerse, de tomar medidas de contención y control. Cada nueva etapa de la escalada inevitablemente trae al conflicto nuevos participantes”. Lilia Shevtsova,  investigadora del Centro Carnegie de Moscú, vaticina que “Occidente va a reaccionar a este acto con un paquete de medidas económicas, políticas y probablemente militares. Esto es inevitable porque están amenazadas no sólo las reputaciones de los principales líderes occidentales, en primer lugar de Estados Unidos, Francia y Alemania, sino su capacidad de mantener el orden mundial”. Otra consecuencia, si la investigación arroja la culpa sobre los separatistas, es que la República Popular de Donetsk puede ser declarada como una organización terrorista, según Ben Judah, escritor inglés especializado en Rusia, citado por el diario The Guardian. En una muestra de la renovada decisión de las fuerzas de Kiev tras la catástrofe, la madrugada del sábado 19 las fuerzas de Kiev ocuparon el sur oriente de la ciudad de Lugansk, incluyendo el aeropuerto, la más seria ofensiva sobre el control rebelde de la ciudad hasta el momento. Las graves consecuencias de este atentado que costó la vida a cerca de 300 personas inocentes, entre ellas 80 niños, ya han colocado el conflicto ruso-ucraniano en un nuevo umbral, que involucra no solo a los participantes directos, sino al conjunto de la comunidad internacional.

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