El conflicto palestino-israelí se extiende a Chile

viernes, 15 de agosto de 2014
VALPARAÍSO, (apro).- El conflicto entre Israel y Palestina, en la asimétrica guerra de Gaza, tiene una fuerte repercusión en Chile. Y no es para menos: en este país habitan unos 300 mil descendientes de inmigrantes palestinos, la mayor colonia de esta nación fuera del mundo árabe. La comunidad judía también tiene importancia y larga tradición. Miembros de este pueblo llegaron junto con los primeros conquistadores españoles, huyendo de la persecución de la Inquisición. En los siglos posteriores ha habido sucesivas oleadas migratorias de judíos, siendo la más numerosa de ellas la producida en la década de 1930, que estuvo relacionada con la persecución de los nazis verificada en Alemania y otros países europeos. Según el censo de 2002, esta comunidad bordea los 20 mil miembros. Hay entre ellos premios nacionales, empresarios, deportistas y políticos. Sobresalen la senadora de Renovación Nacional (RN), Lily Pérez; el diputado del Partido por la Democracia (PPD), Daniel Farcas y el exministro de Interior, Rodrigo Hinzpeter (RN). La presencia de este último en el gobierno de Sebastián Piñera --fue ministro de Interior-- determinó un ostensible acercamiento entre Chile e Israel. Simbólico en este sentido resultó el desarrollo de ceremonias religiosas judías en La Moneda, como la festividad de Janucá, cuya realización en 2011 motivó ácidas críticas de analistas políticos y parlamentarios. “Todos somos Palestina” Sin embargo, el mayor enraizamiento en la sociedad chilena de los palestinos; la simpatía que su causa genera; el rechazo generalizado a la masacre contra civiles, y la asunción de la centroizquierdista Michelle Bachelet ha inclinado la balanza de la política en favor de los árabes. Muestra de esto es el hecho que el gobierno de Bachelet llamó a consultas el 29 de julio a su embajador en Tel Aviv, Jorge Montero. Esta decisión la tomó Chile en conjunto con Perú y El Salvador. Esto supuso un duro golpe político a Israel, considerando que otros dos países latinoamericanos: Brasil y Ecuador, han tomado igual decisión desde que el 8 de julio comenzó la operación “Marco Protector”, contra el grupo Hamas en la Franja de Gaza. En un comunicado, la cancillería chilena justificó la medida al afirmar que la operación militar israelí constituye “un castigo colectivo a la población civil Palestina en Gaza” y añade que “Chile observa con gran preocupación y desaliento que dichas operaciones militares no respetan normas fundamentales del Derecho Internacional Humanitario, como lo demuestran las más de mil víctimas civiles, incluyendo mujeres y niños, como también el ataque a escuelas y hospitales”. Israel reaccionó indignado ante esta determinación. El 30 de julio el Ministerio de Relaciones Exteriores de dicho país emitió un comunicado en el que expresó que la decisión de estos países “supone un espaldarazo a Hamas, una organización reconocida como terrorista por muchos países del mundo”. La comunidad judía en Chile también declaró su malestar. Lo hizo con una protesta en la Plaza de la Constitución, la que se llevó a cabo el 30 de julio y congregó a unas 300 personas. Encabezados por su líder, Gerardo Gorodischer, los asistentes criticaron el trato “asimétrico” con que, a su parecer, actuó Chile. Las expresiones de solidaridad con Palestina, sin embargo, han sido mucho más masivas. El 19 de julio unas 10 mil personas marcharon por las santiaguinas comunas de Las Condes y Providencia, para protestar ante las embajadas de Israel y Estados Unidos. Lo hicieron bajo el lema “Todos somos Palestina”. Esta manifestación, que se desarrolló en paz, fue convocada por agrupaciones de la colonia palestina en Santiago –entre ellas la Federación Palestina y Palestina Somos Todos- y contó con el respaldo de importantes organizaciones de la sociedad civil: Confech, ACES, CONES, ANEF, entre otras. Las manifestaciones se han ido sucediendo semana a semana sin decaer. El 9 de agosto unas 12 mil personas marcharon hasta La Moneda para pedir “¡fin a la masacre!”. Lo hacían gritando: “¡A romper, a romper, relación con Israel”! Una vez frente a la casa de gobierno realizaron un acto político cultural que estaba coronado por lienzos que decían: “Paren el genocidio de palestinos” y “No más muerte de niños inocentes”. Llamó la atención que en esta protesta participó una significativa delegación de judíos que apuestan por una salida pacífica al conflicto. Las manifestaciones de apoyo a Palestina no sólo se han dado en las calles: el Congreso Nacional ha jugado un papel muy importante en esta materia. El 22 de julio el Senado aprobó por 18 votos a favor y ninguno en contra un proyecto de acuerdo en que solicitó al gobierno expresar “el total rechazo del pueblo de Chile” a las acciones militares de Israel en Gaza. El 7 de agosto una docena de diputados de todas las tendencias políticas se reunieron en las afueras del Congreso Nacional –con sede en Valparaíso- para apoyar la campaña en pos de “un alto al genocidio en Palestina”. Entre los presentes se contaban el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, Jorge Tarud (PPD); Marcela Sabat (RN), Gustavo Hasbún (Unión Demócrata Independiente, UDI) y Fuad Chaín (Democracia Cristiana, DC), todos ellos de procedencia árabe-palestina. También participaron la nieta del presidente Salvador Allende, la socialista Maya Fernández Allende; el abogado comunista Hugo Gutiérrez, Pepe Auth (PPD) y Patricio Vallespín (DC). Los voceros En entrevista con Apro el alcalde comunista de la santiaguina comuna de Recoleta y vocero de la Federación Palestina en Chile, Daniel Jadue, subraya que en este país “el conflicto se vive con una cercanía difícil de explicar para quienes no están en la situación de los chilenos de origen palestino”. La inmigración palestina en Chile comenzó en la década de 1860, época en que miles de palestinos cristianos --que eran asediados por los turco- otomanos-- dejaron Belén, Beit Yala y Bet Sahur arribando a Argentina y luego a Chile. Desde entonces se ha mantenido un vínculo que ha determinado el arribo de nuevas oleadas migratorias. En aquellas ciudades hay muy pocas personas que no tengan familiares directos en Chile. El alcalde de Recoleta --donde vive y trabaja una nutrida comunidad de palestinos que mayoritariamente se dedica al comercio--, sostiene que el gobierno de Michelle Bachelet “ha dado señales bastante claras en pos de exigir el fin de la agresión israelí contra civiles (…) Chile sabe diferenciar entre una potencia ocupante y un pueblo ocupado. Y sabe diferenciar las víctimas de los victimarios. Eso nos hace estar bastante contentos con las decisiones que ha ido tomando la presidenta Bachelet”. Otra es la sensación de los judíos en Chile. Uno de sus voceros principales, el diputado Daniel Farcas, expresa esta inconformidad en entrevista con Apro. Lo que más le molesta es el llamado a consultas a embajadores en Tel Aviv. Dice que esta decisión “le impide a Chile jugar un rol como el que juega en el conflicto en Colombia: garante entre la guerrilla de las FARC y el gobierno. Chile pudo haber jugado este rol (en el actual conflicto entre Israel y Palestina) pero perdió la oportunidad (…) no logro entender cuáles habrán sido las razones para cometer tamaño error”, afirmó. Farcas complementó su mirada de los hechos: “No se entiende mucho cómo a los que utilizan escudos humanos y atacan indiscriminadamente, no se les retira el embajador”. Se refiere a Hamas. Este parlamentario --que representa a las santiaguinas comunas de Conchalí, Renca y Huechuraba--, afirma que “hemos importado el conflicto a Chile”, acusando a autoridades políticas de haber participado “en actos políticos antiisraelíes”. Alude al hecho que en una marcha en apoyo a la causa palestina, registrada el 18 de julio en la sureña ciudad de Temuco, contó con la participación de la secretaria regional ministerial de Vivienda, Romina Tuma. Al finalizar dicha protesta, la citada funcionaria --que es hija del vicepresidente del Senado Eugenio Tuma y sobrina del diputado Joaquín Tuma-- disparó sin filtro: “estoy manifestándome en contra del estado sionista de Israel”. Y disparó: “los israelíes son unos genocidas”. En esta manifestación se quemó una bandera de Israel lo que aumentó la molestia de la comunidad judía la que exigió la salida de Romina Tuma de su cargo. No obstante, fue ratificada por el gobierno. Farcas asegura que en Chile ha habido “intentos de atropellamiento, amenazas, apedreamientos y rayados en contra de dirigentes y personas de la comunidad judía”. Sin embargo, no aportó antecedentes específicos que permitan comprobar la veracidad de sus dichos. Este parlamentario expresó que en el Congreso Nacional el conflicto entre Israel y Palestina “se ha vivido de una manera bastante poco sana: hay quienes están intentando provocar todo el tiempo que el conflicto se instale en Chile”. Afirma que congresistas “de origen sirio, libanés y palestino apoyan a Hamas, que es una organización terrorista”. Este supuesto apoyo ha sido rechazado por los parlamentarios filopalestinos, pero Farcas ha insistido en este punto. La situación en Gaza se ha ido calmando en los últimos días, entre otros factores, gracias a las negociaciones auspiciadas por Egipto. Pero la disputa de las fuerzas allí beligerantes se mantiene en Chile. Aunque no se hayan verificados más que pequeños incidentes, la tensión sigue su curso soterrado pero intenso. Ambos bandos quieren volcar a La Moneda, la Cancillería y a otras instituciones en su favor. Por ahora la partida la ganan los chileno-palestinos.

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