Gran Bretaña: el eventual regreso militar a Irak

viernes, 15 de agosto de 2014
LONDRES, (apro).- El fantasma de la guerra de Irak ronda cada vez con más fuerza por los oscuros pasillos de Westminster y la residencia oficial del primer ministro en Downing Street, en pleno barrio gubernamental de Londres. Los catastróficos errores cometidos por Estados Unidos y Gran Bretaña en el conflicto bélico lanzado por George W. Bush y Tony Blair en 2003 --que ambos mandatarios siguen negando a pesar de sendas investigaciones independientes al respecto--, parecen haber puesto un freno en el gobierno del conservador David Cameron para autorizar ahora los bombardeos aéreos contra yihadistas del Estado Islámico (EI), antes Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS, por sus siglas en inglés). Cameron, quien el pasado 13 de agosto decidió suspender sus apacibles vacaciones familiares en Portugal para regresar a Londres y encabezar una serie de reuniones de emergencia por la crisis iraquí, también rechazó convocar una sesión extraordinaria en la Cámara de los Comunes con el fin de debatir una eventual participación militar británica. El Parlamento se encuentra en receso de verano (boreal) hasta el 1 de septiembre próximo. Los consejeros del Primer Ministro están cada vez más nerviosos y preocupados por el creciente pedido de generales, políticos conservadores y hasta autoridades religiosas para que Gran Bretaña se sume a Estados Unidos en los bombardeos aéreos contra los yihadistas. Según Naciones Unidas, entre 20 mil y 30 mil personas de la comunidad Yazidi se encuentran en Sinjar mientras tratan de escapar de la creciente violencia de los extremistas del EI. En Londres la coalición de conservadores y liberales democráticos se ha enfocado principalmente en incrementar la ayuda humanitaria en el norte de Irak con transporte de equipos en aviones Tornado y helicópteros Chinook, al tiempo que "lidera negociaciones" en el Consejo de Seguridad de la ONU para aprobar una resolución que deje en claro "la determinación compartida de la comunidad internacional para combatir las amenazas que presenta el EI". Esos jets Tornado están además equipados con equipos sofisticados de vigilancia que han comenzado a recabar información de Inteligencia sobre la situación en la zona. De todos modos, los pedidos para una intervención militar se acrecentaron con el correr de las horas y el avance del EI en el norte iraquí, como también el llamado a Cameron para que convoque a una votación en el Parlamento para la guerra. La última vez que Cameron trató de convencer a los parlamentarios para que Gran Bretaña participara de bombardeos aéreos en el Medio Oriente, contra Siria, en agosto de 2013, terminó perdiendo un voto crucial en la Cámara de los Comunes. Esa fue la primera vez que un primer ministro británico fallaba en convencer a los parlamentarios en un voto de guerra desde 1782. La derrota en esa Cámara fue atribuida en parte al negro legado militar de Gran Bretaña en la guerra iraquí de 2003, el cual provocó que la opinión pública británica se opusiera en masa a cualquier intervención militar en el extranjero. Bajo el mandato de Blair (1997-2007), el Reino Unido ayudó a Estados Unidos a invadir a Irak al afirmar como justificación --errónea, como más tarde se comprobó en sendas investigaciones públicas-- que el presidente Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Al menos 100 mil civiles iraquíes, muchos de ellos mujeres, niños y ancianos, y unos 35 mil soldados y milicianos leales a Saddam perdieron la vida en esa sangrienta campaña militar de ocho años. Además, la guerra provocó la muerte de 4 mil 486 soldados estadunidenses y 179 militares británicos. El conflicto bélico en Irak tuvo un enorme costo financiero para el Reino Unido, estimado en más de 4 mil 500 millones de libras esterlinas (9 mil millones de dólares), mientras que para Estados Unidos fue más de 845 mil millones de dólares, con el costo total para la economía de este último estimada en de 3 a 5 billones de dólares. A pesar de los errores de esa criticada guerra y ante el avance de la violencia yihadista en el norte de Irak, una de las primeras voces en escucharse desde Londres fue la del exministro de Defensa, el conservador Liam Fox, quien en una entrevista con el diario Daily Mail afirmó que Gran Bretaña debe unirse a la campaña militar que a principios de agosto inició Estados Unidos en Irak. "La idea de que este no es nuestro problema es en el mejor de los casos un pensamiento de deseo, y en el peor, una complacencia catastrófica. Sin embargo, frente a toda la evidencia hubo una política de parálisis en el Occidente", subrayó. "El gobierno estadunidense ha tomado una decisión tardía, pero bienvenida, al lanzar bombardeos aéreos para atacar las bases del EI. Nosotros deberíamos hacer lo mismo si se nos pide. Enviar ayuda humanitaria es adecuado, pero si dejamos a las personas vulnerables sin protección del terror militar de estos yihadistas, nuestra ayuda será sólo superficial", continuó. Otro de los correligionarios de Cameron que se sumó a ese pedido fue el parlamentario conservador Mark Pritchard, quien consideró que los legisladores británicos votarían por mayoría en favor de una intervención militar de Gran Bretaña para prevenir que el EI cometa más atrocidades. “La comunidad internacional puede dar toda la ayuda humanitaria que quiera, pero ello no resolverá la creciente crisis. Al menos que sean asesinados los yihadistas islámicos y sacados del campo de batalla, seguirán masacrando y cometiendo atrocidades en la población”, escribió el diputado oficialista en el sitio de análisis PoliticsHome. Por su parte, el coronel Tim Collins, comandante del Primer Batallón del Real Regimiento Irlandés, advirtió que antiguas civilizaciones de Irak "podrían terminar siendo exterminadas" al menos que se tomen acciones contra el avance de EI. El militar también consideró que el gobierno británico "se está durmiendo" sobre el tema, y acusó a los políticos "por negarse a aceptar la responsabilidad moral de actuar". "En los próximos meses, antiguas civilizaciones serán exterminadas bajo nuestras narices al menos que actuemos", dijo Collins en un editorial publicado en el periódico Daily Telegraph el martes 12. "Gran Bretaña ayudó a crear Irak en 1920 y tenemos la responsabilidad moral de ayudar. Hemos utilizado a los kurdos como conveniencia pública por demasiado tiempo, ahora están con la espalda en la pared y tenemos que ayudarlos", agregó. El general Sir Mike Jackson, que fue el jefe del Ejército británico durante la guerra de Irak en 2003, subrayó que el Reino Unido debería sumarse a Estados Unidos en los bombardeos aéreos contra los milicianos del EI. "Teniendo en cuenta nuestra historia de los últimos años en Irak, tenemos la obligación moral de hacer lo que podamos en materia humanitaria", dijo Jackson. "No tengo dificultad alguna en decir que deberíamos apoyar a Estados Unidos y dar nuestro apoyo con la justificación de los fines humanitarios", agregó. Otro militar que se sumó al debate fue el exgeneral Richard Shirreff, quien este mes se retiró del Ejército británico tras una carrera que incluyó un cargo como vice comandante de la OTAN en Europa. Shirreff dijo que los políticos “quieren ganar rédito, hacen mucho ruido pero no actúan”. “Este gobierno está aterrado ante el escenario de participar de cualquier intervención militar que involucre desplegar soldados por tierra, antes de las elecciones generales del próximo año (en Gran Bretaña)”, señaló. Este miércoles 13 de agosto el secretario de Desarrollo Internacional británico, Justine Greening, confirmó que varios aviones Tornado de la Fuerza Aérea británica (RAF) lograron transportar de noche ayuda a decenas de miles de yasidíes atrapados en las montañas de Sinjar como consecuencia de la violencia de los extremistas islámicos en el norte de Irak. Greening informó que los aviones transportaron tiendas de campaña para proveer de refugio ante el calor extremo en la zona, como también equipos de purificación de agua potable. Londres también envió "un pequeño número" de helicópteros Chinook a la región para ayudar en las tareas de rescate. Hasta ahora el gobierno británico se ha negado a enviar fuerzas militares para sumarse a la campaña lanzada por Estados Unidos contra el EI y rechazó convocar a una sesión de emergencia en el Parlamento, que se encuentra en el período de recesión de verano. En tanto, un sondeo elaborado por la consultora YouGov para el periódico The Times concluyó el pasado 12 de agosto que 40% de los británicos apoya una campaña de bombardeos aéreos contra las fuerzas del EI en Irak. Sin embargo, 36% se opuso a una acción de ese tipo, al temer que Gran Bretaña quede envuelta en un nuevo conflicto bélico en Irak. Una encuesta similar publicada en el diario sensacionalista The Sun concluyó que 37% de los británicos están a favor de una intervención militar, contra 36% que se opone. 27% dijo no tener una opinión formada al respecto. Lo cierto es que la oposición Laborista, que ha resurgido en las últimas encuestas de opinión superando a los conservadores por más de siete puntos, dio la bienvenida a las tareas de ayuda y rescate humanitario, pero se negó a pedir al gobierno que se sume en la campaña militar estadounidense. El ministro de Asuntos de Exterior en la sombra, el laborista Douglas Alexander, explicó que el gobierno iraquí "pidió por ayuda internacional". "El Consejo de Seguridad de la ONU ha instado al mundo a actuar, y Estados Unidos cuenta con las capacidades militares adecuadas para ayudar a evitar una masacre", dijo el parlamentario opositor. "Claramente el Reino Unido debe hacer ahora todo lo posible para asistir en los esfuerzos de ayuda humanitaria en curso, con el fin de ayudar a salvar vidas y prevenir más sufrimiento humano", concluyó.

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