Rusia: la guerra comercial con Europa alcanza a la población

viernes, 15 de agosto de 2014
MEXICO, DF, (apro).- Las jirafas del zoológico de Moscú ya no podrán comer manzanas polacas, los leones de mar no recibirán su pescado favorito, los orangutanes no comerá pimientos holandeses. Los chef de los refinados restaurantes moscovitas tendrán que hacer malabares para reemplazar el queso parmesano y la mozzarela de búfalo de Italia, el salmón noruego, las naranjas españolas y los melocotones griegos. Pero si la vida puede continuar sin gorgonzola o langostinos españoles, no sucede lo mismo con productos infaltables de la mesa rusa provenientes de la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá y Noruega, cuya importación se prohibió a partir del viernes 8, en respuesta a las sanciones occidentales contra Rusia: carne fresca y congelada, cerdo, pollo, pescado y productos de mar, lácteos, yogures, cremas, mantequillas, quesos, verduras (papas, tomates, cebolla, repollo, lechuga, zanahoria, remolacha, apio, pepinos, berenjenas, hongos, pimiento), nueces, bananas, piñas, aguacates, guayaba, mango, cítricos, uvas, melones, papayas, longanizas y salchichas. Luego de la desaparición de la Unión Soviética, la violenta apertura a los mercados globales provocó la destrucción de buena parte de la industria y la agricultura rusas. Mientras se cerraban fábricas de lácteos y frigoríficos, mientras los koljoses y sovjoses agrícolas desaparecían, las fronteras se abrían para permitir el ingreso de todo tipo de alimentos, al tiempo que florecían las cadenas de supermercados europeas y estadunidenses, y hasta en los kioskos de la entrada de las estaciones del Metro se podían comprar todo tipo de delicias importadas. Ese mundo idílico acaba de tener un abrupto final, con la primera medida que afecta masivamente a la población rusa desde que se inició el enfrentamiento entre Rusia y Occidente a partir de la crisis en Ucrania, enfrentamiento que por ahora se mantenía contenido en las pantallas de la televisión sin impactar en la vida cotidiana. También será una prueba de fuego para el presidente Vladimir Putin y su popularidad, que por ahora se mantiene en altísimos niveles. Si bien es posible que algunos productos sean suplidos por industrias locales, lo más probable es que dicha sustitución se demore, que empiecen a escasear productos, y que se provoquen importantes ajustes en los precios. Por ejemplo, la prohibición de importaciones cortará 30% de la provisión de queso, lo cual obligará a aumentar su producción local comprando más leche, que ya es 30% más cara que en Europa, encareciéndola para el consumo popular. A este primer remezón masivo se suman otros efectos de las sanciones europeas y de Estados Unidos que ya se sienten, como la huida de capitales, estimada en cerca de 100 mil millones de dólares este año, la devaluación del rublo, el cierre de negocios europeos, y la suspensión de inversiones y emprendimientos, como el de la cadena danesa Jysk, de muebles para el hogar, que frenó su plan de abrir cientos de sucursales en Rusia. Putin justificó la prohibición de las importaciones alimentarias acusando a Estados Unidos de querer cortar las relaciones comerciales de Rusia con la Unión Europea. “El objetivo de sus sanciones es garantizar el dominio global de Estados Unidos, e incluso generar condiciones más ventajosas en los mercados mundiales, incluyendo sacarnos del mercado europeo”, dijo en una reunión con parlamentarios en Yalta, Crimea, según la agencia Interfax del jueves 14. También señaló que el comercio de Rusia con Estados Unidos es de 27 mil millones de dólares, pero con Europa es de 440 mil millones. “¿Ven la diferencia? Cualquier cambio en esta relación es muy importante para nosotros y para los europeos, pero para Estados Unidos no tiene casi ninguna importancia”, dijo. Por ahora, la opinión pública continua favoreciendo a Putin, y la mayoría aprueba vivir sin naranjas importadas. Según una encuesta del Centro Levada, 82% apoya alguna forma de sanciones contra Occidente, 76% está a favor de la prohibición de fruta importada. Un 82% de los que se disponen a votar lo haría por el presidente Putin y 63% está de acuerdo con la actuación del gobierno en relación con Ucrania, según el Centro Ruso de Estudio de la Opinión Pública. Un golpe para Europa La crisis en Ucrania y las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea a las principales empresas y a los hombres más influyentes de Rusia, ya provocaron una caída de la magra recuperación de la Eurozona, cuyo crecimiento se redujo a 0.1% entre abril y junio, la mitad del módico 0.2% de comienzos de año. Filas de camiones con 3.5 millones de kilogramos de duraznos griegos tuvieron que devolverse para ser tirados a la basura por el calor del verano, y las mismas escenas se repitieron en España, Alemania e Italia. La diferencia es que los afectados no son las grandes corporaciones, sino los miles de pequeños productores agrarios, que encontraron en el mercado ruso una salida para sus frutas, cerdos y verduras, y que ahora deberán buscar mercados alternativos, en una costosa reestructuración. Rusia es el quinto importador de comida del mundo, el primer importador de carne bovina en volumen (13% del total mundial, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos), y compra a la UE cerca de 10% de sus exportaciones de comida. En 2013 estas exportaciones tuvieron un valor de 11 mil 900 millones de euros, de los cuales casi la mitad será afectada por las sanciones. Entre los países más golpeados están Alemania, el mayor proveedor de productos agrícolas y carne de cerdo; Lituania, que exportó a Rusia 927 millones de euros en productos alimenticios en 2013, y Polonia, que vendió 841 millones. Los polacos, que han sido los más vociferantes en las sanciones contra Rusia, han lanzado una campaña para incrementar el consumo interno: “Coma una manzana para escupir a Putin”. Holanda y Finlandia verán resentidas las exportaciones de lácteos, y los países mediterráneos están enfrentando graves pérdidas en sus exportaciones de frutas y verduras. “Rusia es el mayor socio de Grecia por fuera de la UE y absorbe más de 60% de la exportación de duraznos y 90% de las fresas”, según declaró al diario inglés The Guardian Christos Yannakakis, presidente de la mayor asociación griega de cooperativas y pequeños productores, que reúne cerca de 15 mil familias. “Ahora son los duraznos, pero luego serán las manzanas, las cerezas, los kiwis y las frambuesas, una catástrofe para nuestra economía en un momento tan duro para Grecia”, agregó. En Andalucía las cooperativas de productores están preocupadas por la caída de las ventas de frutas de hueso, tomate, cítricos y pepino, aunque el aceite de oliva no fue alcanzado por las sanciones. Alemania es el mayor socio comercial de Rusia en la Unión Europea y por eso muchas pequeñas empresas, que son la base del boom exportador teutón, temen que, como consecuencia de las sanciones occidentales, Rusia las reemplace definitivamente por los productos asiáticos. Según la Asociación de Productores de Maquinaria, el comercio con Rusia cayó 20% entre enero y mayo en relación con 2013. En Finlandia, cerca de la mitad de las empresas del país se verán afectadas, debido a que Rusia es el tercer mercado de exportaciones del país nórdico. Entusiasmo latinoamericano Serguéi Dankvert, jefe de la Agencia Federal de Supervisión en materia de Agricultura de Rusia (Rosseljoznadzor), se entrevistó con los embajadores y representantes de Brasil, Argentina, Chile y Ecuador para ampliar las importaciones de víveres procedentes de estos países, y el ministro de Agricultura Nikolai Fiodorov declaró que Rusia fijó una lista de países prioritarios, dedicando una mención muy especial a América Latina. "Hay mucho entusiasmo de los exportadores de productos agrícolas de Brasil, Uruguay y Argentina ante la posibilidad de incrementar las exportaciones a Rusia", señaló a Apro Dmitriy Belov, ministro consejero de la embajada de la Federación de Rusia en Argentina. Brasil autorizó de inmediato a 90 frigoríficos a exportar pollo, carne de vaca y cerdo a Rusia, y Chile puede encontrar una veta para reemplazar el pescado europeo. Matías García Tuñón, coordinador general de la Cámara de Comercio e Industria Argentino-Rusa, dijo a Apro en Buenos Aires que “Argentina Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile se posicionan como grandes beneficiados ante esta situación, lo cual se va a poder capitalizar en función de la coordinación entre los empresarios privados y estatales, de la oferta exportable y de precios competitivos”. “Estamos recibiendo muchísimas consultas de parte de empresas rusas que averiguan por frutas, lácteos, pescados, carnes y productos envasados. Los principales distribuidores de supermercados que antes compraban a empresas europeas de primeras marcas están buscando sustituir estos productos. Ante esta urgencia hay que ver quién los puede abastecer. No es fácil, porque a ellos les están bajando las góndolas, pero tenemos por lo menos 30 a 40 días de tránsito, va a haber más costos de flete, y los precios van a ser más altos”, señala García Tuñón. “También hay consultas de operadores de otros países como Holanda y España, porque tienen sus clientes en Rusia y quieren continuar abasteciéndolos, pues ya desde antes muchas exportaciones de América Latina hacia Rusia se hacían a través de países europeos. Sin embargo, no se trata de un beneficio automático, pues habrá que superar muchos problemas”, agrega. Según el periódico Financial Times de Londres, la Unión Europea presionará a los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Venezuela, con Chile y Ecuador como miembros asociados) para que no vendan a Rusia. El descontento de Bruselas con las gestiones de varios gobiernos latinoamericanos con Moscú se produce en un momento decisivo de las negociaciones para la firma de un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Ígor Nikolayev, profesor de la cátedra de macroeconomía aplicada de la Escuela Superior de Economía en Moscú, señaló a la agencia Itar Tass el martes 12, que los europeos quisieran mantener sus posiciones en el mercado agrícola y que tienen herramientas para presionar a los países latinoamericanos. Por ejemplo, Brasil exportó 20% de su producción a la UE en 2012, 11% a Estados Unidos, y 1.3% a Rusia. “En este sentido, la UE pesa mucho más para el país suramericano, frente a Rusia, por lo que los brasileños no pueden menos que tomar en consideración el criterio de Europa”, señaló. De cualquier manera, los países latinoamericanos difícilmente dejarán escapar esta oportunidad. Es agosto. Los rusos están de vacaciones. Los que pueden, en el Mediterráneo, los que no, en sus dachas cultivando pepinos, papas y tomates, y buscando frutos y hongos en los bosques. Por ahora la mayoría se entusiasma ante la respuesta firme de Putin frente a las sanciones occidentales, así deba reemplazar las manzanas españolas por las manzanitas verdes y chiquitas de su dacha. La prueba para el gobierno de Putin vendrá a partir de septiembre, cuando se retome la actividad, y los precios del queso, la leche y la carne empiecen a subir.

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