Irak, el dilema de Europa

viernes, 22 de agosto de 2014
BERLÍN (apro).- Ya no basta con ayuda humanitaria para Irak. En ello coinciden las potencias europeas y se enfrentan ahora al complejo dilema de cómo apoyar a la resistencia de los Peschmergas kurdos y al ejército iraquí ante el bestial avance de los combatientes del Estado Islámico (EI) en Irak sin que la ayuda se revierta en un futuro. La desesperada situación de emergencia que viven las minorías cristiana, yazidíe, turcomana y kakis de ese país, las que han tenido que huir de sus territorios ante la amenaza del EI de exterminar a todo aquel "infiel" que no se sume al califato instaurado por ellos en los territorios de Irak y Siria y que pretende abarcar hasta Irán, así como el atroz crimen del fotógrafo estadunidense James Foley, cuya decapitación fue grabada y subida a internet por el grupo islamista, rebasaron los límites que Occidente puede soportar. Los reportes oficiales de Naciones Unidas hablan de 1.2 millones de desplazados en todo el territorio iraquí y los medios de comunicación de todo el mundo recogen los testimonios de los refugiados que refieren secuestros, violaciones y matanzas de mujeres, niños y hombres a manos de los islamistas radicales. Así, los recientes acontecimientos diluyeron poco a poco los discursos mesurados de los representantes europeos que evitaban a toda costa utilizar frases como "apoyo militar" y "entrega de armas" y que buscaban limitar la ayuda al apoyo humanitario y al suministro equipo de defensa militar, como chalecos antibala y cascos. Primero fueron Gran Bretaña y Francia, que, junto con el envío de vuelos cargados con toneladas de ayuda humanitaria, también se pronunciaron sin recelo por el envío de armas a la región kurda del norte de Irak. La decisión fue respaldada por la Unión Europea y el pasado 15 de agosto ésta acordó ampliar el respaldo a cada uno de sus 28 miembros que decidan de forma individual hacer lo mismo. La única condición: que todo sea con el acuerdo y consenso del gobierno central de Irak. Alemania, que había sido el país más cauteloso y que no había querido referirse al tema de las armas toda vez que su política de exportación armamentista le impide el envío de éstas a zonas en guerra o a Estados que pongan en peligro la seguridad de los países miembros de la OTAN, rompió el tabú al respecto y, en voz de sus ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, Ursula von der Leyen y Frank-Walter Steinmeier, respectivamente, se dijo lista para suministrar el equipo requerido por los combatientes kurdos. "Los terroristas del Estado Islámico deben ser detenidos", aseguró incluso la ministra von der Leyen. Pero con tales decisiones también surgió el eterno debate y la preocupación sobre la repercusión que tendrá un envío de armamento a una zona que es un polvorín y que puede explotar con el posterior uso que se pueda hacer de éste. De entrada, el principal temor de Occidente es que las nuevas armas que puedan suministrarse vayan a parar a manos en las que no deben estar. El propio EI es un ejemplo de ello, pues parte de su arsenal está compuesto por los denominados Hummvees, vehículos militares multipropósitos, que Estados Unidos entregó al Ejército iraquí y que le fueron literalmente robados a éste por las milicias radicales. Otro ejemplo: las armas que los talibanes en Afganistán utilizaron para combatir a Estados Unidos son las mismas que le fueron entregadas a los muyahidines para luchar contra el ejército soviético muchos años antes. Pero no sólo eso, hay un riesgo más: un posible rearme de las fuerzas de defensa kurdas avive los sueños de autonomía en el Kurdistán iraquí y se busqué entonces la independencia del país. Occidente conoce este riesgo y lo asume “con el fin de evitar algo peor", según aceptó el ministro de Exteriores alemán. Ello puede derivar en otras consecuencias: por un lado, un posible conflicto con la vecina Turquía ante un grupo kurdo empoderado. Hay analistas que incluso no descartan que las armas alemanas, por ejemplo, pudieran terminar en manos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) prohibido en Turquía, que hoy mismo combate codo a codo con los Peschmergas kurdos de Irak en contra de los milicianos del EI, y que éste pueda utilizarlas en contra de las fuerzas de seguridad turcas, dañando así a un socio de la OTAN. Otra posible consecuencia de esta entrega de armas que consideran cuando menos las autoridades alemanas, y que se desprenden del análisis del propio Ministerio del Exterior alemán citado por el semanario Der Spiegel: el desmembramiento a largo plazo del Estado iraquí. De acuerdo con este escenario, ante la conformación de un estado independiente kurdo en el norte del país, la minoría chiíta del sur --que representan aproximadamente el 40% de los árabes en Irak-- buscaría también separarse. El resto del Estado, junto con Bagdad, no sería capaz de sobrevivir, según la propia evaluación del ministerio del exterior alemán. Finalmente y según advertencias que habría hecho el Inspector General del Ejército alemán Volker Wieker, citadas por la prensa alemana, existe un temor de que la entrega directa de armas en Irak agrave el problema, pues una solución netamente militar podría desembocar en una guerra de guerrillas larga y sangrienta toda vez que las estimaciones que se tienen sobre el potencial de las unidades del EI es que éstas son muy superiores a las de los talibanes de Afganistán militar y estratégicamente hablando. Ante tal diversidad de escenarios, Occidente parece haber asumido los riesgos y estar decidido a, pese todo, brindar el apoyo militar que se requiera para detener el avance del radicalismo islámico del EI que, según los propios mandatarios europeos, representa no sólo una amenaza para Medio Oriente sino para el mundo entero.

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