¿A quién protegemos al prohibir a los migrantes subir a La Bestia?

viernes, 5 de septiembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- El martes 29 de julio en Huixtla, Chiapas, un grupo de migrantes que intentaba subir al tren conocido como La Bestia fue sorprendido por un operativo del Instituto Nacional de Migración (INM), cuyos agentes estuvieron acompañado por personas armadas encapuchadas y vestidas de civil, quienes obligaron a los migrantes a escapar del tren y esconderse. Esta situación se ha repetido en otros puntos de Chiapas y Tabasco durante el mes de agosto, con resultado de decenas de detenidos y la huida de cientos de migrantes a zonas de maleza o “al monte”, de acuerdo con testigos. La Bestia se ha convertido en el símbolo de la odisea de miles de centroamericanos que atraviesan México huyendo de la pobreza y la violencia en sus países. Las imágenes de los hombres, mujeres y niños viajando sobre los techos de los vagones, asaltados por grupos criminales, han conmovido a la opinión pública mexicana y mundial. Ahora, los gobiernos de México, Guatemala y Estados Unidos han acordado impedir que los migrantes lo utilicen. ¿Qué consecuencias tendrá esta prohibición? Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) llevamos tres años prestando atención médica y psicológica a los migrantes en el sur y centro de México –sólo en 2013 atendimos a más de 11 mil personas-- y conocemos de primera mano las razones que empujan a los migrantes a emprender la ruta. Hace unas semanas, mientras visitaba uno de los albergues que les ofrecen comida y cama al lado de las vías, un grupo de hondureños me relataba cómo la miseria y el miedo a ser víctimas de las maras les habían forzado a huir a Estados Unidos. Conocen bien los riesgos a los que se exponen en el camino. Para algunos, ese era el segundo o el tercer viaje, tras haber sido deportados por las autoridades mexicanas o estadunidenses. Los migrantes no van a abandonar su sueño de llegar a Estados Unidos porque no puedan utilizar el tren. Pero se verán obligados a buscar otras rutas, carreteras secundarias o caminos, cada vez menos visibles y por ello más vulnerables a la violencia y explotación del crimen organizado, los traficantes humanos (los polleros), la delincuencia común y algunos agentes del orden. Según nuestros datos, 58% de los migrantes centroamericanos ya sufre episodios de violencia en el sur de México. Obligarlos a esconderse sólo aumentará el número de víctimas. La experiencia de MSF asistiendo a migrantes en el norte de África, Europa o Yemen, así como las propias estadísticas migratorias, muestra que las iniciativas de represión apenas logran reducir los flujos de migración, pero aumentan el sufrimiento de los migrantes. No tenemos que ir muy lejos para comprobarlo. El gobierno estadunidense ha invertido cientos de millones de dólares para “impermeabilizar” su frontera sur con miles de efectivos policiales y medidas de alta tecnología. Y los migrantes siguen cruzando. La sociedad mexicana mantiene una tradición de refugio y asilo, desde la acogida a los españoles que huían de la dictadura franquista y los refugiados de las guerras civiles en Centroamérica. Todavía hoy el gobierno mexicano aplica medidas ejemplares como el tratamiento gratuito en hospitales públicos a los migrantes en casos de emergencias médicas, la emisión de visas humanitariaspara los que han sufrido alguna situación de violencia extrema, o el propio trabajo del Grupo Beta, institución pública creada para la protección de los migrantes. El gobierno debería profundizar en estas medidas, flexibilizando la concesión de visas humanitarias a grupos especialmente vulnerables, como las mujeres y los menores de edad; y asegurando la concesión del estatuto de asilo para aquellos que huyen de la violencia directa perpetrada por las organizaciones criminales en sus países de origen. Esperemos que la prohibición de usar La Bestia, o la orden dada al Grupo Beta de apoyar operativos policiales, pervirtiendo su misión, no sean la señal de un cambio de rumbo contrario a la tradición solidaria mexicana. No nos engañemos, prohibir a los migrantes subir a La Bestia sólo servirá para proteger la conciencia de la opinión pública, que ya no los verá en los noticieros. La auténtica Bestia que amenaza a los migrantes no es el tren que utilizan para cruzar el sur de México, sino los grupos criminales y delincuentes que los extorsionan y abusan de ellos tanto en los países de origen como en su tránsito por México. Prohibiéndoles usar el tren, no los alejamos de esa Bestia, solo los hundimos más en sus garras. ------- *Pablo Marco es responsable de las Operaciones de Médicos Sin Fronteras en América Latina.  

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