Cuba y EU: El deshielo histórico

viernes, 2 de enero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Sin duda, una de las noticias más destacadas de 2014 ha sido la decisión de Estados Unidos y de Cuba de emprender la normalización de sus relaciones diplomáticas, rotas desde 1961, anunciada simultáneamente el 17 de diciembre por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro. Ello tiene un enorme impacto para el futuro de Cuba y también para las relaciones de Estados Unidos con América Latina y el Caribe. Dicha decisión fue posible gracias a un paciente y discreto proceso diplomático que permitió hacer a un lado las posiciones más extremas y rígidas que impedían superar los resabios anacrónicos de la Guerra Fría en la región. Mientras que Estados Unidos condicionaba una eventual normalización a los temas de democracia y derechos humanos en un proceso de transición que implicaría un cambio de régimen político, Cuba estableció que el levantamiento del bloqueo era una condición previa a cualquier avance diplomático. Ni uno ni otro. El intercambio de espías (en la mejor tradición de la Guerra Fría) y la liberación de un contratista estadunidense cuya salud se deterioraba peligrosamente, abrió la brecha bajo la hábil diplomacia del Vaticano para establecer las bases del acuerdo. Estados Unidos ya había lanzado unas señales positivas al elogiar a Cuba hace unos meses como un ejemplo por su política solidaria hacia África al extenderse la epidemia devastadora del ébola. Cuba representó una piedra en el zapato para 10 administraciones gubernamentales en Washington como resultado de la orientación comunista de su régimen revolucionario, del apoyo brindado a diversos movimientos revolucionarios en América Latina hasta principios de la década de los noventa, de la crisis de los misiles de 1962, la audacia de su actividad diplomática y militar en África y sus posiciones militantes en contra de la política de Estados Unidos en instancias internacionales. En la medida en que Cuba perdió su valor estratégico con el fin de la URSS y del bloque socialista, y que dejó de representar una amenaza para los intereses estadunidenses teniendo en cuenta además la asfixia de su economía y sus carencias sociales, la política de aislamiento, rechazada en todos lados, comenzando por América Latina, carecía cada vez más de sentido, siendo mantenida más por razones de política interna que de política exterior. Libre de las ataduras electorales y ante la imposibilidad constitucional de un tercer mandato, Barack Obama ha marcado su legado en la historia con esta iniciativa y otras recientes como la limitada reforma migratoria en curso. Obviamente deberá de enfrentar la resistencia de los sectores más conservadores y representantes de la comunidad cubano-americana. Si bien el nuevo Congreso que entrará en funciones en 2015, el único facultado para eliminar el embargo y las medidas restrictivas que lo endurecieron como la Ley Helms-Burton, estará dominado por el Partido Republicano, la nueva política de Obama ha sido bien recibida en diversos ámbitos incluyendo, el del partido ahora mayoritario, además de que el cambio generacional ha modificado actitudes y visiones del exilio de Miami. En términos de política exterior, Estados Unidos genera un mejor ambiente en América Latina y le permite recuperar algo del terreno perdido. No olvidemos que la región despareció del mapa de la Casa Blanca con las nuevas prioridades post 11 de septiembre de 2001. En ese lapso, China y Rusia se han hecho más presentes en el continente. Por su parte, el gobierno de Raúl Castro ha demostrado su pragmatismo ante los desafíos que enfrenta el país bajo un cambiante escenario regional no necesariamente favorable. La situación económica de la isla sigue siendo crítica en el momento en que Venezuela, su principal aliado y apoyo económico, se adentra en un período de dificultades acentuadas por la crisis petrolera y el deterioro de la situación política que amenaza con aislarla cada vez más. Resulta por demás irónico que al tiempo que se anunció la normalización de las relaciones con Cuba, Estados Unidos impuso sanciones en contra del gobierno de Nicolás Maduro, además de que Venezuela ingresa al Consejo de Seguridad de la ONU el próximo 1 de enero. De ahí que el gobierno cubano decidió aprovechar la ventana de oportunidad que le ofreció Barack Obama abriendo la perspectiva de relaciones económicas, comercio e inversión, que permitirían estabilizar la economía cubana. En ese mismo sentido, Cuba y la Unión Europea reanudaron este año el diálogo bilateral poniendo fin a la política única decretada por Bruselas en 1996 a instancias del gobierno del presidente español José María Aznar. El proceso de normalización entre Washington y La Habana no será nada sencillo. La agenda es larga y llena de aristas que van desde los reclamos de indemnizaciones por expropiación de compañías y propiedades, hasta de compensación por los efectos económicos del embargo. Pero el proceso ha sido lanzado y están previstas distintas medidas en el corto plazo, entre ellas la liberación de 53 presos cuya lista fue entregada por Estados Unidos. Cuba ha declarado que está dispuesta a discutir cualquier tema sobre la mesa, pero debe tenerse claro que fiel a su acendrado nacionalismo aspirará a un trato digno y de iguales en el que no están contempladas las imposiciones políticas. El impacto en las relaciones interamericanas es sumamente positivo. En el corto plazo, las conversaciones en La Habana entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) encuentran un nuevo aliciente. En abril de 2015 Cuba estará presente en la Cumbre de las Américas en Panamá, bajo los mejores augurios. Obviamente no todo es miel sobre hojuelas dada la diversidad de problemas que afectan a países de nuestro continente y los focos rojos mencionados particularmente en las relaciones de Washington con Caracas. Pero tal vez el anuncio del 17 de diciembre siembre el camino para resolver las diferencias por la vía del diálogo y el respeto entre los Estados. ---- Claude Heller, Embajador Eminente de México, fue Embajador en Cuba, Austria, Francia, Japón, Suiza y Representante Permanente ante la ONU, la OEA y la OCDE. Este artículo fue publicado previamente por el diario brasileño Folha de Sao Paulo y se reproduce con autorización del autor.