Egipto: Un Estado de impunidad

viernes, 30 de enero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- En ambiente de luto se mira vacía la Plaza Tahrir en El Cairo. Alrededor, tanquetas militares rodean todas sus entradas, y, quienes intentan acercarse, son dispersados por la policía con gas lacrimógeno o toletes. Hace cuatro años cientos de miles de mujeres, hombres y niños --musulmanes, cristianos y laicos-- abarrotaron la icónica plaza de la capital egipcia hasta ver caer al octogenario presidente Hosni Mubarak, quien había dirigido los destinos del país por 30 años. Lo que debió haber sido el cuarto festejo de la revolución fue cancelado por el actual presidente, el militar Abdelfatah Al-Sisi, con la excusa de que el país guardaría luto por la muerte el 23 de enero del rey de Arabia Saudita Abdalá Al-Saud, quien en repetidas ocasiones apoyó al régimen de Mubarak en contra de los manifestantes de la llamada Primavera Árabe. Este sábado 24 la fotografía de una joven poeta y activista socialista con la cara ensangrentada, muriendo en brazos de su esposo ahora encarcelado junto a otros seis activistas, fue difundida viralmente en redes sociales y se convirtió en la reveladora ilustración de lo que hoy ocurre en Egipto. La joven Shaimaa El-Sabagh participaba en un pequeño rally convocado por la Unión de Partidos Socialistas en la calle Huda Sharaway, ya que los participantes no pudieron llegar a la Plaza Tahrir. Se manifestaban pacíficamente, aunque el Ministerio del Interior asevera que antes de dispararles había ocurrido un enfrentamiento. Los manifestantes, sin embargo, llevaban flores y cantaban las consignas “pan, libertad y justicia social”, de acuerdo con el testimonio del fotógrafo Osama Hamamm. “Las fuerzas de seguridad dispararon granadas de gas lacrimógeno. No corrí”, dice su testimonio difundido en Twitter. “Encontré a Shaimaa El-Sabagh caminando a mi lado con algunos otros manifestantes que tampoco corrieron. Escuchamos tiros al aire. Comencé a correr. Pararon los tiros, me detuve y vi caer a Shaimaa. Tomé algunas fotos de ella. Encontré a sus colegas tratando de levantarla. No lo hizo. Luego la policía se acercó y corrí”. Como Shaima, otras 17 personas perdieron la vida durante la jornada. Las acciones para reprimir a manifestantes y las detenciones arbitrarias de activistas y periodistas han aumentado de forma rampante en Egipto desde que Al-Sisi dio un golpe de Estado al expresidente islamista Mohamed Morsi el 3 de julio de 2013.   Contrarrevolución El jueves 29, Human Rights Watch lanzó un comunicado titulado Egipto: derechos humanos en agudo declive, firmado por Sarah Leah Whitson, directora de Asuntos del Medio Oriente y África del Norte, en el marco del lanzamiento de su Reporte Anual del 2015. El texto dice literalmente que Al-Sisi preside un “Estado de impunidad” y que la situación de los derechos humanos es “la más seria en la historia del país”. El documento inicia con las siguientes palabras: “Los nuevos líderes de Egipto han sistemáticamente dado reversa con las frágiles ganancias del levantamiento de 2011 encarcelando a cientos y ahorcando los últimos espacios de libertad de expresión y asamblea”. Informa que hay 41 mil detenidos desde el golpe de Estado de Al-Sisi. Cerca de 29 mil de los detenidos son simpatizantes de la Hermandad Musulmana, partidarios del expresidente Morsi, y aclara que las detenciones han abarrotado las prisiones causando muertes dentro de ellas. En abril y junio de 2014, dice el documento, un juez en la región de Minya sentenció a muerte a 220 personas y a 495 a cadena perpetua en un proceso lleno de violaciones al debido proceso. Otro juez en la región de Giza dictó 188 penas de muerte en diciembre por un ataque a una estación de policía. En julio el Ministerio del Interior dijo que había arrestado a 7 mil 389 personas después de la caída de Morsi. En octubre el propio Al-Sisi extendió el poder de las cortes militares sobre los civiles. Hoy hay 820 civiles bajo procesos militares. Además, se ha reforzado las llamadas “leyes antiprotesta” lanzadas en noviembre de 2013 que han llevado a prisión a los fundadores del movimiento Seis de Abril, precursor de la revolución: Ahmed Maher y Mohamed Adel, al igual que la defensora de derechos humanos Yara Sallam, la activista Alaa Abdel Fattah y a su hermana Sanaa Seif. “Las nuevas leyes otorgan al Ministerio del Interior de un poder total para prohibir una reunión de más de diez personas”, dice el informe de HRW. “Las fuerzas de seguridad han usado esta ley de manera continua y violentamente con el propósito de dispersar manifestaciones no autorizadas, lo cual ha resultado en asesinato de activistas”. El informe de HRW califica la muerte de más de mil simpatizantes de la Hermandad Musulmana en la Plaza de Rab’a en 2013 de “uno de los mayores asesinatos en masa de tiempos modernos y de los mayores crímenes en contra de la humanidad”. También destaca el aumento de la violencia en contra de las mujeres, además de hostigamiento en contra de trabajadoras sexuales y la comunidad LGBT. Igualmente denuncia la existencia de nuevas leyes promulgadas por el gobierno egipcio que obligan a grupos políticos independientes a registrarse provocando que éste vigile sus actividades o corte sus fondos. Hay además reformas en el Código Penal que pueden derivar en prisión de por vida a quien reciba financiamiento desde el extranjero sin permiso del gobierno. Mohammed Zeinab, influyente bloggero egipcio desde la revolución en 2011, cuenta a Apro la situación que viven estudiantes en Egipto y su evaluación sobre por qué la población egipcia no se levanta contra Al-Sisi, como lo hizo en contra de Morsi y Mubarak: “Los estudiantes no pueden protestar en sus campus universitarios o hacer alguna actividad política o pueden ser expulsados porque las universidades nuevas se rigen bajo el Consejo Supremo de Universidades, controlado por Al-Sisi. Y explica: “La situación en el desierto del Sinaí, bombazos en El Cairo y la presencia del Estado Islámico (EI) en la región han contribuido a que mucha gente cambie auténticas reformas democráticas y de derechos humanos por la búsqueda de estabilidad, sin considerar que estabilidad sin libertad y democracia es estabilidad fallida”. Zeinab cuenta: “Soy bloggero, antes de julio de 2013 era seguro tomar mi cámara y reportear cualquier cosa en la calle como periodista, pero después de julio de 2013 y la histeria en los medios oficiales en contra de las cámaras y los periodistas ya no es seguro. Los mejores años para reportear fueron 2011 y 2012”.   La voz del régimen Zeinab opina que periódicos y cadenas de televisión juegan un papel importante para desincentivar manifestaciones masivas desde el golpe de Estado de Al-Sisi: “Los medios tienen una voz y es la del régimen”. Además, acusa que los derechos humanos son referidos en los medios como “algo malo” en la “lucha contra el terrorismo”. “Han representado un papel horripilante en difamar el movimiento en contra del régimen acusando a los manifestantes pro democráticos, sean liberales, socialistas, así como islamistas, de ser enemigos del régimen y del Ejército”, explica. Veinte días después del golpe en contra de Morsi, cuando Al-Sisi llamó a la población a salir a las calles para apoyarlo, el medio oficialista Al-Akhbar publicó en primera plana: “El mensaje de Sisi fue recibido y la gente respondió: ¡Te autorizamos!”. Como Al-Akhbar, periódicos privados como Al-Ahram, el de mayor circulación en Egipto, que tiene al gobierno como su mayor accionista y que puede nombrar a sus editores, son aliados del régimen. Algo parecido ocurre con las cadenas CBC y ONtv. El 26 de octubre de 2013, editores de diversos medios de comunicación egipcios lanzaron una declaración en la que renunciaban a criticar a militares, a las instituciones y decían cuidarse de la “infiltración de terrorismo” en sus publicaciones. El 3 de noviembre de 2014 The Guardian publicó un artículo llamado “Periodistas egipcios rechazan la lealtad de sus editores hacia el gobierno de Al-Sisi”, en el cual reporteros decían que los medios se estaban convirtiendo en un “partido político que apoya al régimen”. Además, la persecución de periodistas independientes e internacionales se ha intensificado. De acuerdo con el reporte de HRW, seis periodistas fueron asesinados después del golpe de Estado de 2013 y 11 permanecen en prisión, incluidos tres periodistas de la cadena Al-Yazeera: el egipto-canadiense Mohamed Fahmy, el australiano Peter Greste y el egipcio Mohamed Baher, condenados a más de diez años de prisión. Y sin embargo, el pasado 18 de enero Al-Sisi declaró ante el diario Al-Ahram que no había presos políticos y restricciones a la libertad de expresión en Egipto.   Atrapados La pobreza en Egipto sigue rondando al 25% de la población y se duplica en lugares como el Alto Egipto. La tasa de desempleo juvenil se mantuvo en 29% durante 2014, de acuerdo con datos de The Cairo Post. Mahmoud Khattab, joven fotógrafo, relata a Apro que en 2011 existía la esperanza de que la riqueza del país se compartiera equitativamente. “Desde entonces el régimen militar ha estado luchando y manipulando para asegurar que las viejas formas se mantengan y ahora la situación es peor para la juventud. Ahora somos castigados sistemáticamente porque la juventud es la que tomó mayor parte en el levantamiento de 2011”, dice Cuenta que varios de sus compañeros de escuela han sido asesinados durante las jornadas de protesta. Él mismo fue arrestado el año pasado por tomar fotografías desde un puente. Tuvo que abandonar el periodismo que ejercía desde 2013 y ahora hace otro tipo de fotografías. “Tengo todas las razones para salir del país si tengo oportunidad”, cuenta Khattab. “O iría fuera de El Cairo y disfrutaría del vacío y la quietud”. Sin embargo, recalca: “Tengo esperanza que en un futuro las olas de la revolución cambiarán y serán para nosotros, o para otras generaciones, quién sabe”. El bloggero Zeinab opina que la población, especialmente la población joven (30% tiene menos de 15 años) se encuentra frustrada, enojada y atrapada “en el mismo régimen corrupto”, pero, a diferencia de 2011, hace falta un liderazgo joven y un plan a futuro Coincide con Khattab en que la población egipcia ya no teme hablar. Cuenta su experiencia de reporteo en lugares como el Mar Rojo y el Alto Egipto, donde actualmente se organiza una campaña de desobediencia civil en contra de la decisión del gobierno de Al-Sisi de modificar sus fronteras. Dice con esperanza: “Solos, pues lo hacen sin ayuda de fuerzas políticas, partidos y cobertura de medios. Cubrí este caso y hablé con la gente allá y dijo que los jóvenes son los principales impulsores”.

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