Argentina: Vivir con el glifosato

viernes, 23 de octubre de 2015
BUENOS AIRES (apro).- El 100% del algodón y la gasa esterilizada que se venden al público en Argentina contienen glifosato o su derivado, el ácido aminometilfosfórico (AMPA). La presencia del herbicida se verifica también en el 85% de los hisopos, las toallas femeninas y los tampones. Así lo certifica un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El glifosato es el herbicida que más se utiliza en los cultivos de algodón transgénico en Argentina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo clasifica como “potencialmente cancerígeno”. Los resultados de la investigación fueron presentados en el Tercer Congreso Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados, que se realizó en la Universidad de Buenos Aires (UBA), del 15 al 17 de octubre. La concentración de glifosato detectada en el algodón sin procesar es de 13 microgramos por kilogramo y la de AMPA, de 39 microgramos por kilogramo. En las gasas esterilizadas se encontraron 17 microgramos por kilogramo de glifosato pero no se detectó AMPA. En cuanto a los productos de higiene femenina, hay marcas que tienen las dos sustancias, otras sólo una de las dos y otras ninguna. “Desde el punto de vista ambiental, esto significa que lo que está pasando en el campo está dentro de la casa de cada uno en la ciudad”, dice a Apro Damián Marino, doctor en Química, docente en la UNLP y director del estudio. “Ese vínculo o ese puente entre lo agropecuario y la gran ciudad no es algo lejano como pareciera ser. Esta es la conclusión más relevante que nosotros sacamos desde el punto de vista del área temática de nuestro trabajo”, agrega. El equipo de la UNLP a cargo del doctor Marino llegó a su descubrimiento de manera fortuita. En realidad estaba investigando las derivas de glifosato en aplicaciones aéreas; es decir, hasta dónde se expande la sustancia cuando se fumiga un cultivo. Buscaba demostrar la presencia de estas sustancias en otro tipo de cultivos. El equipo encontró un estudio internacional que proponía a la gasa de algodón como sistema de captura de glifosato. Pero al analizar la gasa esterilizada que pensaban utilizar para la detección, descubrieron que ésta ya contaba con la presencia de glifosato.  “Pensamos que habíamos cometido algún error, así que tiramos todo, compramos nuevas gasas y las analizamos: volvimos a encontrar glifosato”, dice Marino. El equipo realizó entonces un muestreo amplio, utilizando algodones, gasas, hisopos y artículos de higiene femenina de diferentes marcas de farmacias y supermercados de La Plata.  Marino cree que la presencia de glifosato en el algodón sin procesar y la gasa se debe a que los cultivos “se fumigan cuando el capullo está abierto, entonces el glifosato queda condensado y pasa directo al producto”. Un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) titulado “Manejo de malezas en el cultivo de algodón” describe el uso de agroquímicos en dicho cultivo transgénico. El glifosato se utiliza antes de la siembra, durante el ciclo de la planta y luego del florecimiento. La aplicación suele alejarse, por otra parte, de las “buenas prácticas” que pregonan autoridades y empresas. A nosotros nos ha tocado visitar esas escuelitas rurales y hay una cuestión fundamental de atropello a la dignidad humana”, cuenta Marino. Sigue: “Ves niños jugando en un patio y a 20 metros una máquina que pulveriza, independientemente de que sea Banda verde, roja o azul, que define el grado de toxicidad de los productos –explica–. También hay casos de escuelas rurales fumigadas por avionetas porque están en el medio de la nada, los sistemas de comunicación no llegan, la policía tarda en llegar. Son situaciones de mucha presión social”. Orina y lluvia El estudio mencionado complementa otros tres estudios recientes que detectaron glifosato en la orina de seres humanos, en frutas y hortalizas y en la lluvia. Un estudio de la Asociación Civil Bios, publicado en julio, halló la presencia de glifosato en la orina de 90% de los habitantes del poblado General Pueyrredón, en la provincia de Buenos Aires. Esto incluye a los vecinos de Mar del Plata, la quinta ciudad más poblada de Argentina. Allí se detectó glifosato o AMPA, su derivado, en la orina de la población rural y urbana. Otro estudio, realizado por el mismo equipo de la UNLP a cargo de Marino, demostró que los agroquímicos se evaporan y caen con las lluvias. “En el centro urbano de la ciudad de La Plata, en el agua de lluvia hubo detección y concentraciones medibles tanto de glifosato como de atrazina (otro herbicida), lo cual está implicando que la deriva secundaria o terciaria alcancen largas distancias”, explica el doctor en Química. Una tercera investigación del mismo equipo detectó la presencia de agroquímicos en ocho de cada diez verduras y frutas que se consumen en La Plata. El estudio “Plaguicidas. Los condimentos no declarados” fue publicado en marzo. Detectó la presencia de agroquímicos en 83% de las zanahorias, las naranjas y las mandarinas, en 78% de los pimientos y en 70% de las verduras de hoja verde como la lechuga y la acelga; 76.6% tenía al menos un químico y 27.7% de las muestras tenía entre tres y cinco agroquímicos. Entre ellos el insecticida endosulfán, prohibido en Argentina desde 2013. Por lo pronto, en marzo último, la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, reclasificó al glifosato como “probablemente cancerígeno en seres humanos”. El doctor Marino cree que este herbicida recorrerá el mismo camino que el insecticida DDT. Creado en 1947, el DDT comenzó a ser cuestionado a inicios de la década de los sesenta. Fue prohibido en Estados Unidos en 1972 y en Argentina recién en 1992. En 2001 ingresó al Convenio de Estocolmo, espacio internacional auspiciado por la ONU que regula el tratamiento de sustancias tóxicas. Encerrona Argentina elegirá nuevo presidente el próximo 25 de octubre. El candidato oficialista Daniel Scioli es quien cuenta con mayores posibilidades de alzarse con la victoria. Su principal adversario es el conservador Mauricio Macri. Ambos concuerdan con el modelo de cultivos transgénicos y uso intensivo de agroquímicos que se aplica en Argentina. “Es una encerrona muy compleja, de un nivel de delicadeza enorme desde el punto de vista social, cultural, político, económico –sostiene el doctor Marino –. Es extremadamente complejo el tema, porque hoy muchos de los sistemas del estamento social, educativo, se sostienen con base en este modelo productivo transgénico –dice–. Además hay una movilidad económica en insumos químicos impresionante. Se ha entrado en una coyuntura que no sé cómo se sale”. Por lo pronto, la Red Universitaria de Ambiente y Salud y los Médicos de Pueblos Fumigados han solicitado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que intervenga “a los efectos de que se conmine al Estado argentino a que adopte de modo urgente medidas eficaces para poner a resguardo la salud y vida de los niños, niñas adolescentes que viven en el país, de la exposición directa e indirecta a los agrotóxicos, ya sea por las fumigaciones áreas y terrestres en los cultivos extensivos e intensivos en más de 30 millones de hectáreas del territorio argentino, como por el consumo de alimentos con residuos de aquellos, respectivamente”. La demanda se fundamenta en “el aumento considerable de enfermedades graves como cáncer, leucemia, malformaciones, aborto espontáneo y lupus, entre otras que los médicos de distintas localidades y provincias del país denuncian hace años”. El pedido fue admitido por el organismo internacional, que ahora deberá expedirse sobre su procedencia. Marino recalca que “el algodón, la verdura o la lluvia nos recuerdan que lo que ocurre en el campo no es ajeno a lo que pasa en la ciudad. Somos todos una sola cosa. Unos estarán más expuestos, otros menos, pero estamos siendo parte del mismo sistema productivo”.