Estados Unidos: cuando la relación con México poco importa

viernes, 30 de octubre de 2015
Washington (apro).- Es tradición que cada vez que se acerca la visita de un presidente de México a Estados Unidos, o a la inversa, la Casa Blanca o el Departamento de Estado difunden a los cuatro vientos que en las relaciones bilaterales más importantes para Washington, la mexicana está en primer lugar. Se necesita ser idiota para no saber que esto es una mentira. Hay miles de ejemplos que demuestran todo lo contrario, que exhiben las dos caras de Estados Unidos hacia México y los mexicanos. Basta solo con revisar cualquier despacho de noticias sobre el trato a los inmigrantes indocumentados de origen mexicano y la discriminación racial de la que son víctimas. Y no hay que rasgarse las vestiduras para exponer el último ejemplo de lo insignificante que es para los intereses de la Casa Blanca y el Departamento de Estado la relación con México. En septiembre de 2014 el presidente Barack Obama anunció la nominación de María Echaveste para ser embajadora de Estados Unidos en México. Esto ocurrió después de conocerse que Anthony Wayne quería dejar su puesto diplomático en la capital mexicana, lo que efectivamente ocurrió en julio pasado. Algunos opinólogos en México y los llamados mexicanólogos en Washington subrayaron que el anuncio de la postulación de Echaveste, quien fungió como subjefa de gabinete del expresidente Bill Clinton, implicaba “un reconocimiento a la importancia que le da Estados Unidos a la relación con los mexicanos”. Para quienes destacaron su nominación, Echaveste --de origen mexicano y una estratega política muy reconocida -- era la calza perfecta de la relación bilateral. Se suponía que la confirmación de aquella, primero en el Comité de Relaciones Exteriores y luego en el pleno del Senado, era meramente un asunto de trámite. Pero pasaron poco más de cuatro meses y nada. En febrero, la excolaboradora de Clinton anunció que se retiraba como la nominada de Obama, exhibiendo con ello la falta de interés de la Casa Blanca y del Departamento de Estado para empujar su candidatura en el Senado. Wayne se tenía que quedar más tiempo en México, pero el diplomático condicionó su estancia sólo hasta julio. Un mes antes de que el exembajador dejara México, la Casa Blanca anunció que ahora era Roberta Jacobson la elegida por el presidente Obama para hacerse cargo de la sede diplomática en la ciudad de México. Los opinólogos y mexicanólogos regresaron a la cantaleta de que la elección de Jacobson demostraba el gran interés que tiene Estados Unidos por la relación con los mexicanos. Los argumentos de los aplaudidores de carrera sobre la relación bilateral destacaban el hecho de que la Casa Blanca se hubiese fijado en alguien de la talla de Jacobson: diplomática de carrera, experta en temas mexicanos (negoció la Iniciativa Mérida, por ejemplo) y subsecretaria de Estado Adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental. También destacaron el hecho de que Jacobson estuviera a cargo de las negociaciones con Cuba, que culminaron en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. La nominación de Jacobson está a punto de cumplir cuatro meses y nada más no avanza. Y cuatro meses precisamente fue lo que duró la selección de Echaveste, después simplemente se disipó. En el Comité de Relaciones Exteriores, la postulación de Jacobson está atorada. Los senadores de origen cubano, Marco Rubio, republicano por el estado de Florida, y Bob Menéndez, demócrata por el estado de Nueva Jersey, la tienen técnicamente anulada. En dicho Comité no se ha podido celebrar la votación debido a la oposición de ambos legisladores. La primera vez que el voto se pus en agenda, Rubio y Menéndez pidieron que se aplazara hasta que recibieran respuesta del Departamento de Estado a unas preguntas sobre Jacobson. Pero las preguntas de éstos nada tienen que ver con México… sino con Cuba. Ambos están furiosos por el restablecimiento de las relaciones de Washington con La Habana y con Jacobson en particular, por ser quien las dirigió, no porque ella quisiera, sino porque se lo ordenaron y lo hizo. En la semana del 19 al 24 de octubre, Rubio utilizó la regla que permite a cada integrante del Comité pedir un espacio de una semana para suspender una votación, esta vez con el pretexto de que no está satisfecho con las respuestas del Departamento de Estado sobre Jacobson. La semana pasada la candidata de Obama no volvió a salir en el calendario de votaciones del Comité. Y se habla que Menéndez utilizará en la primera semana de noviembre el mismo recurso que Rubio para bloquear el voto, con lo cual, en el mejor de los casos y en el supuesto de que ocurra, el Comité pospondría la votación hasta mediados o fines de noviembre. Nadie tiene la menor duda de que el Comité aprobará la nominación de Jacobson, pero eso no le garantiza que será embajadora en México. El pleno del Senado la tiene que ratificar, y ahí las reglas permiten que uno solo de los senadores postergue por tiempo indefinido una votación, que según algunas fuentes es lo que harán Menéndez y Rubio si el Comité aprueba a la experta en temas mexicanos. Lo más grave es que la Casa Blanca y el Departamento de Estado saben a la perfección lo que ocurre en el Comité y no han hecho nada para rescatar a la nominada. Si de verdad la relación con México fuera la más importante en la cartera de relaciones exteriores de Estados Unidos, ¿creen acaso que la Casa Blanca estaría cruzada de brazos ante la indefinición del Senado por la nominación de Jacobson? Si el titular de la Casa Blanca tuviera tantos meses acéfalas las embajadas de Estados Unidos en Moscú, Londres o Beijing, en el mismo Capitolio los legisladores ya estuvieran pidiendo la cabeza del secretario de Estado. ¡Todavía hay niveles y prioridades… Hasta para la diplomacia!

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