Argentina: Entre Scioli y Macri

viernes, 13 de noviembre de 2015
Buenos Aires (apro).- La joven de ojos verdes y largo cabello rubio entrega volantes en una concurrida esquina del barrio de Palermo. Se llama Johanna Duarte y dice apostar al cambio que propone Mauricio Macri, el líder de Propuesta Republicana (PRO) y candidato a presidente por la alianza Cambiemos. “El cambio del que hablamos es ‘Pobreza cero’, ‘Terminar con el narcotráfico’ y ‘Unir a los argentinos’”, dice la joven ante la pregunta del corresponsal. Responsabiliza al actual gobierno por la polarización política que percibe en la sociedad argentina. “Nuestra presidente (Cristina Fernández) no deja de marcar que hay una grieta en el país, es ‘ellos’ y ‘nosotros’, y realmente me gusta que alguien quiera trabajar por todos en general y nos mire a todos por igual”, sostiene, en referencia al candidato para el que milita. Macri encabeza las preferencias de voto para el balotaje (segunda vuelta) que el próximo 22 de noviembre definirá al futuro presidente de Argentina. La debacle protagonizada por las encuestadoras el 25 de octubre obliga sin embargo a la prudencia. Todas auguraban un triunfo holgado del candidato oficialista Daniel Scioli en la primera vuelta. Scioli se impuso finalmente por 3 puntos. El debate presidencial del 15 de noviembre será quizá su última oportunidad para torcer una tendencia que se le presenta adversa. Uno y otro candidato han privilegiado en sus mensajes de campaña las invocaciones a la fe y la esperanza. La presencia de Macri en el escenario, micrófono en mano, se asemeja a la de un guía espiritual. El llamado al cambio –Cambiemos es el nombre de la alianza opositora– es un anhelo que sus votantes pueden significar a gusto. Scioli, repentinamente en desventaja, ha tenido que asumir la ofensiva. Hoy presenta a Macri como la cara apacible bajo la que se esconde un regreso al neoliberalismo de los noventa. “Esa es la campaña del miedo --refuta la militante de PRO Johanna Duarte–. Están metiendo miedo, pero creo que no sirve, como ya se demostró el 25 de octubre. Estoy segura de que el gobierno de Mauricio va a ser con mucha participación del Estado, pero bien administrado –dice–. Y que no se va a privatizar todo otra vez”. El propio Macri se había encargado de anunciar meses atrás que en caso de asumir la presidencia mantendría las políticas sociales impulsadas por el kirchnerismo. Negó que fuera a dar marcha atrás con la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y de la petrolera YPF. Su probable ministro de Energía, el exejecutivo de Shell, Juan José Aranguren, se encargó sin embargo está semana de poner en duda esta promesa.   Gradualismo o shock El horizonte que proponen ambos candidatos presenta algunas similitudes. La moneda argentina se devaluará frente al dólar. La restricción de compra de moneda extranjera para empresas y particulares se irá flexibilizando. Se reducirán el gasto público y la política amplia de subsidios. Se buscará una solución negociada con los fondos buitres. Mientras que Scioli propone cambios graduales, Macri apuesta por un terapia de choque. “Cuando se habla de gradualismo, en el caso de que gobierne Scioli, y de shock, en el caso de que lo haga Macri, me parece que esto se refiere a problemas vinculados con el valor del dólar y de las tarifas”, dice a Apro el economista Andrés Asiain, director del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz. “En el caso de Macri, el shock me parece que tiene que ver con una orientación estratégica, con un golpe muy fuerte sobre el dólar y las tarifas, para después generar un bajo traslado de esta devaluación a los precios a través de la contención de los salarios y de una apertura importadora”, dice. El economista considera que un eventual gobierno de Macri plantearía “un esquema especulativo financiero, basado en el ingreso de capitales con apertura importadora en desmedro de la producción y del empleo, para dar una sensación de bonanza.” Un eventual gobierno de Scioli buscaría –supone Asiain– una devaluación mucho menor, acompañada por una serie de políticas compensatorias, como ocurrió en enero de 2014. “En el corto plazo es cierta administración del dólar y las tarifas con gradualismo –sostiene–: en el mediano plazo, apuntar a inversiones más productivas del sector estratégico como el energético, el industrial, la vivienda”. Considera que Scioli es “un candidato más de la concordia entre sectores, que puede ampliar las bases sociales del kirchnerismo hacia algunos sectores empresariales y hasta mediáticos”, cosa que no tenían ni Néstor Kirchner ni Cristina Fernández. El peronista disidente Sergio Massa, que en todo momento intentó aliarse con Macri, ha dicho que no apoyará a ninguno de los candidatos en el balotaje, dando libertad a 21% de los votantes que optaron en octubre por su candidatura. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) anunció que promoverá el voto en blanco. En la primera vuelta el FIT cosechó 3.2% de los votos, que podrían ser decisivos en caso de inclinarse por lo que la izquierda considera el “mal menor”, es decir, por Scioli. Se sostiene que tanto Scioli como Macri piensan realizar ajustes similares. Esta postura ha recibido fuertes críticas de parte del peronismo. Entre las clases medias urbanas el voto a Cambiemos se da por descontado. “Yo tengo 62 años, y nunca había visto un gobierno que sea tan corrupto, que haya desmanejado totalmente la economía, de eso estamos muy cansados, es por eso que elegimos Cambiemos”, dice a Apro la contadora pública María Mabel Seoane, resumiendo el humor opositor. “Creo que van a ser más honestos, que van a ser más transparentes, al menos eso espero, y el nombre lo dice, que cambien, que cambien el estilo, no más tanto personalismo, el país somos todos, no es la presidenta sola”, sostiene.   Alineamiento Un cambio de signo político en Argentina tendría marcadas consecuencias en el plano regional. Un gobierno de Macri supondría un claro acercamiento a la Alianza del Pacífico y un debilitamiento de organismos como la UNASUR y la CELAC. Se supone que el próximo gobierno argentino, sea encabezado por Scioli o por Macri, va a ser más amistoso hacia Estados Unidos y los inversores extranjeros con el fin de conseguir mayor financiamiento externo. “El funcionamiento económico actual de la Argentina necesita ingresos de divisas, provenientes de inversiones o prestamos. No siempre se tendrá el favor del ingreso de recursos desde China, que no son inagotables”, dice a Apro el economista político Julio Gambina, presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISYP). Las relaciones estratégicas con China y Rusia se van a mantener firmes en el próximo gobierno. Durante la era kirchnerista China ha aportado los créditos para obras de infraestructura, tales como la inversión en el ferrocarril de cargas (Belgrano) o dos represas hidroeléctricas en la Patagonia. “China es el segundo socio comercial actual de Argentina. Los vínculos con Rusia son menores pero también se asocian a asuntos estratégicos, como la cuestión energética”, clarifica Julio Gambina. --Ambos candidatos hablan de la necesidad de fortalecer el Mercosur. ¿Debe asignarse a este fortalecimiento un sentido diferente en función del proyecto político que uno y otro representan? --se le pregunta. --Cada uno de ellos buscará alianzas al interior del bloque que sean más afines a su cosmovisión general y al sentido de la política exterior que puedan ejercer, dice el economista. --Ambos candidatos abogan por un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Percibe usted también aquí diferencias o ambos hablan de lo mismo? --Libre comercio es libre comercio, y la hegemonía la tiene el capital transnacional y los principales Estados del capitalismo mundial. Ambos son afines a esa hegemonía y sin pretensión de modificarla. --¿Se acercan Argentina y el Mercosur a la Alianza del Pacífico? --La crisis del Mercosur es profunda y la presión internacional es por la Alianza del Pacifico --responde el especialista--. Si no hay fuerte movimiento popular contra la liberalización, Argentina se irá acercando a la Alianza del Pacífico.   Inclusión social En los últimos meses Macri se ha encargado de repetir a quien quiera oírlo que un eventual gobierno a su cargo no recortará los planes sociales para los más desfavorecidos. Sobre todo, la Asignación Universal por Hijo, que hoy alcanza a 3.5 millones de beneficiarios e incrementa en un tercio los ingresos de los sectores más pobres. El sociólogo Gabriel Vommaro, coautor del libro Mundo PRO, Anatomía de un partido fabricado para ganar (Ed. Planeta, 2015), da crédito a esta promesa. Plantea, sin embargo, otras dudas: “Una gran incógnita con un hipotético futuro gobierno de PRO es si en ciertas áreas claves va a privar el dogmatismo o el pragmatismo”, dice a Apro. “Para los economistas neoliberales el déficit fiscal es un punto clave, es casi la madre de todas las batallas –ejemplifica–. Y reducir el déficit lleva siempre a recortes de las prestaciones del Estado como la salud, la educación, las jubilaciones”, recuerda, aludiendo la experiencia ya vivida por la sociedad argentina en los noventa. “No sabemos en qué medida eso va a ser llevado a cabo por un futuro gobierno de Macri, pero yo tiendo a pensar que va a ser más pragmático y que va a endeudar al país, un país poco endeudado, para no ingresar en políticas restrictivas y de recortes”, supone. El PRO se opuso a todas las leyes progresistas sancionadas durante la etapa kirchnerista. Por ejemplo, a la que permite el matrimonio de personas del mismo sexo o la que permite a las personas “trans” ser inscritas en sus documentos eligiendo nombre y sexo. “En cuanto a las políticas de derechos humanos y políticas que en un sentido amplio podríamos llamar de derechos de género, lo que cabe esperar (de un gobierno de Macri) es ‘ni un paso más adelante’”, sostiene Vommaro. “No creo en una vuelta atrás, porque el costo político sería mucho más alto que los beneficios –sostiene–. No son políticas económicamente costosas y ya se dio la disputa cultural pública en torno a esos temas”. Vommaro cree, por el contrario, que un eventual gobierno de Scioli mantendría a cuadros del actual gobierno al frente de estas áreas. En el plano económico, sin embargo, supone un giro hacia la moderación. “Habría políticas más amigables con respecto a la inversión privada, pero se mantendría una idea fundamental de estos años: que no hay crecimiento económico sin inclusión social –dice Vommaro–. Es decir, que ni el crecimiento económico ni el cierre de las cuentas públicas son un fin en sí mismos si no están asociados a una política de ingresos que incluya a toda la población”, concluye.