Saludo Obama-Castro deja atrás décadas de "Guerra Fría"

viernes, 10 de abril de 2015
PANAMÁ, (apro).- Una fotografía para la historia. Acto simbólico, apenas un apretón de manos que culmina con décadas de distanciamiento. El último reducto de la “Guerra Fría”, al menos en la alegoría del saludo entre los presidentes Raúl Castro, de Cuba, y Barack Obama, de Estados Unidos, marcó un hito durante la ceremonia inaugural de la Cumbre de las Américas. El presidente cubano Raúl Castro se reunió poco antes de la ceremonia con el secretario general de ONU, Ban Ki-Moon y, al finalizar el acto, Castro y Barack Obama se saludaron, con lo que el acto selló en ese apretón de manos el simbolismo del reencuentro entre ambas naciones. La participación de Cuba por primera vez en la Cumbre de las Américas, pero sobre todo el proceso de normalización de relaciones con su vecino del norte, dio pie a las felicitaciones continuas durante el acto inaugural celebrado esta noche en el Teatro Anayansi del Centro de Convenciones de Atlpa. Pero no todo fue congratulaciones. Inaceptable, fue la palabra que se volvió frecuente para hablar de prácticas antidemocráticas, violación de derechos humanos y procesos conflictivos. Inaceptable, como ha dicho el gobierno de Barack Obama en relación a esas prácticas atribuidas al gobierno de Nicolás Maduro, el venezolano que se resiste a las sanciones contra funcionarios de su gobierno y, aunque el diferendo entre Estados Unidos y Venezuela arroja como saldo el desacuerdo de la Cumbre de las Américas que mañana no tendrá declaración conjunta, nadie lo menciona. No lo hace el secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin, quien trajo la representación de un papa Francisco que parece replicar cada vez con mayor intensidad el viejo mensaje que desde los años sesenta daban los curas de la Teología de la Liberación. Durante la ceremonia de apertura de la VII Cumbre de las Américas, no dice nada sobre el diferendo Venezuela-Estados Unidos, el secretario general del organismo que auspicia el evento, la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza. Tampoco el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ni el presidente de Panamá y anfitrión del cónclave, Juan Carlos Varela. Poco antes de las 20:00 dio inicio la ceremonia inaugural de la Cumbre de las Américas, presidida por Juan Carlos Varela, flanqueado por Ban Ki-Moon y José Miguel Insulza. Las otras coincidencias tienen que ver con la congratulación por otros temas. Los cuatro –incluido el representante papal-- felicitaron el avance en el proceso de normalización de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos; también la conducción del diálogo de paz en Colombia que se desarrolla en La Habana; e inclusive, Insulza abundó en la posible resolución de un diferendo territorial entre Guatemala y Belice, así como las próximas elecciones en Haití, que a su juicio serán democráticas y muestran el éxito de la intervención en ese país. “Son ejemplos que muestran que el dialogo es el único camino para avanzar”, dijo. Destacó que en dos décadas la región no ha registrado guerras entre naciones americanas, así como que América Latina sea una zona libre de poder nuclear. Añadió que democracia y derechos humanos plantean desafíos, y que la persecución política y violación de derechos humanos no son aceptables en América. Sin mencionarlo, de eso justamente se acusa al gobierno de Maduro. “América no es continente pobre, pero aún es pobre uno de cada cuatro americanos; hay deficiencias en infraestructura, salud, competitividad y energía; la corrupción amenaza las democracias; las cifras de violencia criminal son inaceptables para algunos de nuestros países, el narco, la trata de personas amagan a algunos de nuestros países”, deploró. Ban Ki-Moon y Pietro Parolin abordaron ampliamente los problemas de la pobreza. Después del himno nacional panameño, una pareja de niños condujo el evento, para luego presentar al secretario del Estado Vaticano, quien dirigió un mensaje a nombre del Papa para el presidente panameño y a los jefes de Estado y gobierno participantes en la cumbre. El mensaje del Papa abundó en que la inequidad es fuente de conflicto y de violencia entre los pueblos, pues el progreso de unos se construye sobre el sacrificio de otros. “El bienestar es injusto en su raíz y atenta contra la libertad de las personas”, expresó Parolin. Sostuvo que las desigualdades persistirán mientras no se logre la justa distribución de la riqueza. Y lamentó que la pobreza dé origen a la migración, por lo que llamó a los gobiernos a tomar medidas al respecto. “No basta con salvaguardar la ley, porque la norma no responde a la verdad y la justicia”, subrayó. Por su parte, el secretario general de la ONU destacó la importancia de la cooperación, y exhortó a continuar trabajando por avanzar en los procesos de democracia y derechos humanos. Al concluir el acto, los 34 mandatarios se dirigieron –incluida la argentina Cristina Fernández, que se incorporó de última hora— al complejo monumental Panamá La Vieja, para participar en una cena de Estado que ofrece Varela, el anfitrión.