Pide ONU a Gran Bretaña sancionar a tabloides que lucran con el racismo y el odio

viernes, 24 de abril de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- En una declaración poco frecuente, el titular de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH), Zeid Ra’ad Al Hussein, cuestionó el uso del “pretexto de la libertad de expresión” que hacen desde hace dos décadas los tabloides británicos para vender mensajes de odio y racismo, por lo que urgió a las autoridades a examinar “con seriedad el extendido problema de la incitación al odio por la prensa sensacionalista”. “En 2003 el Daily Express imprimió 22 portadas con historias negativas sobre solicitantes de asilo o refugiados en tan sólo 31 días”, recordó Zaid, al añadir que “los solicitantes de asilo y los migrantes han sido, día tras día y durante años, vinculados con violación, asesinado, enfermedades, ladrones y prácticamente cada crimen imaginable en portadas (…) de prácticamente todos los tabloides británicos”. Y advirtió que “la historia nos enseñó en varias ocasiones los peligros de satanizar a extranjeros y minoridades, y resulta extraordinariamente y profundamente vergonzoso de ver el uso de este tipo de tácticas en varios países simplemente porque el racismo y la xenofobia resultan tan fáciles para levantar votos o vender periódicos”. La reacción oficial del organismo de la ONU se originó en un texto que escribió la columnista de The Sun, Katie Hopkins, el pasado viernes 17 de abril, que tituló “¿Rescatar barcos? Yo usaría buques armados para detener a los migrantes”, en referencia a los sucesivos naufragios ocurridos en el Mar Mediterráneo en las semanas pasadas y que ya cobraron más de mil 500 vidas desde que empezó 2015. “Enséñame una foto de un ataúd, enséñame cuerpos flotando en el agua, toca violines y enséñame gente delgada que parece triste. No me importa. Porque en el minuto siguiente me vas a enseñar un joven hombre agresivo en (el puerto francés de) Calais, expandiéndose como un nuevo virus en un crucero”, introdujo su texto. El resto de la columna conservó el mismo tono racista: evoca que “los chóferes británicos tendrán multas cada vez que esta plaga de humanos salvajes termine en sus tráileres”; habla de ciudades británicas “plagadas por una nube de migrantes y solicitantes de asilo, gastando beneficios (sociales) como si fuera Monopoly”; o advierte “no se la crean: estos migrantes son como cucarachas (…), están construidos para sobrevivir a bombas nucleares”. Su solución para resolver la tragedia humanitaria en el Mediterráneo se resume en: “Sin barco, no hay migrantes”, por lo que llamó a adoptar una estrategia similar a la de Australia –un país poblado de “británicos, pero con huevos de acero”--, es decir “buques armados regresando estos barcos (de traficantes) hacia sus propios países”. El pasado lunes, una organización civil británica, la Asociación de Abogados Negros, interpuso una denuncia en contra de The Sun ante la policía y solicitó que el caso sea investigado por el delito de incitación al odio racial. “Este asalto verbal en contra de migrantes y solicitantes de asilo en el Reino Unido ha sido impune de la ley durante demasiado tiempo”, se indignó Zeid, al insistir en que la libertad de expresión “no es absoluta”: “cualquier incentivo al odio nacional, racial o religioso, así como a la discriminación, la hostilidad o la violencia debe ser prohibido por ley”. “Los medios nazis describían a la gente que sus amos querían eliminar como ratas y cucarachas”, recordó Zeid, mientras la OACDH afirmó que el lenguaje que utilizó la columnista resulta “muy similar” al que emplearon el periódico ruandés Kangura y la radio Mille Collines en vísperas del genocidio de 1994 en el país africano. Advirtió que durante los juicios llevados a cabo en tribunales internacionales después de la tragedia, “los líderes de ambas organizaciones mediáticas fueron inculpadas por incitación pública a cometer genocidio”. A raíz de la publicación de la polémica columnista –producto de la televisión ya que inició como actriz de telenovelas primero, luego en programas de tele-realidad--, un número “sin precedente” de quejas llegó a la Organización de los Estándares de la Prensa Independiente (Ipsos) mientras que una petición en línea juntó más de 288 mil firmas exigiendo su “remoción como columnista”. Hopkins desata con regularidad olas de indignación a través de los mensajes de odio que publica en su cuenta de Twitter y en el espacio que ocupa en una radiodifusora inglesa. Muy pocas veces ofreció disculpas públicas, y al contrario suele reutilizar los argumentos de sus críticos para ridiculizarlos. El titular de la OACDH se alarmó ante el uso del “pretexto de la libertad de expresión” que llevó a que en “otras partes en Europa, así como en otros países, existiera un proceso de satanización similar, pero generalmente lo encabezan partidos extremistas o demagogos y tanto medios extremistas”.

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