Blatter, dádivas y encubrimiento

viernes, 5 de junio de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Durante sus 17 años al mando de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), el suizo Joseph Blatter cultivó a sus huestes con apoyos y concesiones, a cambio de su voto para dirigir ese deporte. Ese manejo lo ha puesto en la mira del Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas inglesas) de Estados Unidos. Si bien la acusación de seis altos ejecutivos de la FIFA, dos exfuncionarios de ese organismo y seis empresarios –presentada el pasado 20 de mayo por el Departamento estadunidense de Justicia ante la Corte del Distrito Este de Nueva York– no inmiscuye al suizo, de ella se desprenden elementos y filiaciones que lo colocan en una posición incómoda ante la justicia, sea por omisión o comisión con los hechos denunciados. Dos de los acusados por el cobro irregular de más de 150 millones de dólares durante 24 años, el trinitario Jack Warner y el paraguayo Nicolás Leoz, han sido personajes cercanos a Blatter desde que ocupaba la secretaría general del máximo organismo del balompié global, hasta su llegada a la presidencia en 1998. El pliego, de 164 páginas de extensión y que no menciona a Blatter, explica cómo Warner, alto dirigente de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Fútbol Asociación (Concacaf) entre 1982 y 2011, hizo negocios para su beneficio personal. Por ejemplo, el Comité Ejecutivo (CE) de FIFA en mayo de 2004 evaluó las ponencias de Marruecos, Sudáfrica, Egipto y otros países para albergar la copa mundial de 2010. Previamente, Warner y su familia habían congeniado con funcionarios del fútbol sudafricano en relación con el fallido intento de ese país de organizar la Copa del Mundo 2006. A inicios del año 2000, un co-conspirador no identificado en la querella, familiar de Warner, había utilizado sus contactos en Sudáfrica para organizar juegos amistosos de equipos de Concacaf en el país africano. Warner instruyó a su familiar para volar a París y aceptar una maleta con fajos de 10 mil dólares de manos de un funcionario del comité organizador sudafricano. El trinitario voló de vuelta a Trinidad y Tobago, donde entregó el maletín a Warner. Meses antes de la elección del organizador del Mundial 2010, en mayo de 2004, Warner y Chuck Blazer, secretario general de Concacaf entre 1990 y 2011, viajaron a Marruecos, como lo hicieron en 1992 antes de la elección de la sede del torneo de 1998. Allí, un integrante del comité marroquí le ofreció un millón de dólares a Warner para sufragar a su favor. Posteriormente Blazer supo por Warner –miembro del CE entre 1983 y 2011– que altos ejecutivos de FIFA, el gobierno sudafricano y su comité organizador estaban preparados para que el gobierno del país africano le diese 10 millones de dólares a la Asociación Caribeña de Fútbol para “apoyar a la diáspora africana”. Blazer entendió que la oferta era a cambio de que él mismo, Warner y otro co-conspirador no identificado, también integrante del CE, votasen por Sudáfrica, y no Marruecos. El trinitario le indicó que había aceptado el trato y le ofreció a Blazer un millón de dólares. Durante la reunión del CE de FIFA, el 15 de mayo de 2004, Sudáfrica obtuvo la sede sobre Marruecos y Egipto. Warner, Blazer y otro miembro del comité aceptaron haber votado por los sudafricanos. El expediente, turnado al juez Raymond J. Dearie, da cuenta también que el trinitario financió en 2005 la compra de un condominio en Miami, a nombre de un familiar y con dinero proveniente de una cuenta titulada para una instalación deportiva registrada ante Concacaf. Además, relata cómo Warner, de 72 años y uno de los vicepresidentes de FIFA desde 1997, se embolsó coimas cobradas por contratos de derechos de torneos de la confederación al brasileño Grupo Traffic y sus filiales, encabezado por el empresario José Hawilla, quien ya se declaró culpable y accedió a reembolsar 151 millones de dólares. El trinitario también aparece en la trama de Qatar para comprar los votos que le valieron la organización de la copa mundial de 2022, como lo reveló la investigación “Complot para comprar la Copa del Mundo” del diario inglés ‘Sunday Times’, el 1 de junio de 2014. El qatarí Mohamed Bin Hammam, miembro del CE de FIFA, le entregó 450 mil dólares a Warner antes de la votación decisiva del 10 de diciembre de 2010. Además, Warner ayudó a organizar en 2011 una reunión extraordinaria con los delegados caribeños en Puerto España (Trinidad y Tobago) y en la cual Bin Hamman les entregó dinero para sembrar el camino de su candidatura a la presidencia de FIFA. A pesar de todos esos antecedentes, Blatter nunca actuó en su contra, debido a la deuda que mantenía con Warner. La cercanía del suizo con el trinitario se remonta a 1998, cuando Blatter se impuso al sueco Lennart Johansson en las presidenciales del organismo para suceder al brasileño Joao Havelange, en las cuales circularon rumores de pagos de unos 50 mil dólares a delegados africanos para votar a su favor. Warner operó el sufragio caribeño. Neville Ferguson, compatriota de Warner, se hizo pasar por el representante de Haití en ese sufragio, como lo consignan las memorias del Congreso de FIFA de ese año y el respectivo video oficial. En 2001, Blatter elogió a Warner como “su amigo maravilloso y leal”. En enero de 2012 el periodista inglés Andrew Jennings reveló una carta confidencial escrita por el francés Jaorme Valcke, secretario general de FIFA, que indica que entregaron derechos televisivos de la copa mundial a Warner, sin consultar con los comités correspondientes y en vez de subastarlos en el mercado. “Aquí está el acuerdo firmado por el P (presidente Blatter). El trato no ha pasado por todos los comités normales. Entonces, le estoy pidiendo que no lo publicite por el momento”, cita la misiva de Valcke, señalado de encubrir un soborno de 10 millones de dólares para que Sudáfrica organizase el Mundial 2010. La carta no está fechada, pero parece referirse a los derechos para los torneos de 2010 y 2014 en la región caribeña. Warner los habría revendido por unos 20 millones de dólares. El trinitario alega que recibió trato favorable a cambio de obtener 35 votos regionales cada vez que Blatter se nominó para la presidencia. En mayo de 2002, semanas antes de que Blatter fuese reelecto, Michel Zen-Ruffinen, entonces secretario general de FIFA, expuso los tratos con Warner en un reporte de 21 páginas y en el cual consignó que adquirió los derechos de las competiciones de 1990, 1994 y 1998 por un dólar. Además, acusó al suizo de prácticas contables manipuladas y conflictos de interés. A raíz del informe, 11 miembros del comité ejecutivo de FIFA presentaron una demanda ante tribunales suizos por abuso de poder y malos manejos financieros. Pero días después de la victoria de Blatter, Zen-Ruffinen abandonó el organismo y los acusadores retiraron la demanda. Para el periodista canadiense Declan Hill, quien ha revelado arreglos de partidos internacionales, sólo hay dos opciones: “O Blatter es muy estúpido o muy corrupto. Ha dirigido FIFA por 17 años y, como muestra la investigación estadunidense, hay un sistema de gobierno informal y una corrupción anclada en la FIFA; muestra un profundo y sistemático esquema corrupto. Si el FBI no investiga a Blatter sería un error”, señala en entrevista telefónica con Apro. Otro hombre próximo a Blatter, Nicolás Leoz, integrante del CE entre 1998 y 2013, también está indiciado por Estados Unidos. Una investigación de las autoridades suizas halló que la empresa de marketing deportivo International Sport and Leisure había pagado más de 100 millones de dólares en sobornos y comisiones para obtener contratos de FIFA por derechos de transmisión de partidos de las copas mundiales 2002 y 2006. Leoz, quien dimitió a la presidencia de la Comisión Sudamericana de Fútbol y al CE de FIFA en abril de 2013, recibió 130 mil dólares. Además, Leoz, mandamás de Conmebol desde 1986, cobró embutes por la concesión de derechos de TV y marketing exclusivos de las copas América y Libertadores a empresarios que están incluidos en la querella de EU. La sombra qatarí Blatter ha defendido que el triunfo de Qatar para organizar la copa de 2022 fue limpio. Pero se acumulan indicios en la vía contraria. Reuters publicó que el FBI investiga esa concesión y la de Rusia para 2018. Heidi Blake y Jonathan Calvert, periodistas del ‘Sunday Times’, revelan en su libro de abril último “El juego feo”, que en los dos años previos a la elección de diciembre de 2010, bin Hammam había entregado más de cinco millones de dólares a dirigentes de 30 federaciones de soccer de África. En junio de 2011, Warner desnudó a la FIFA y la obtención de la Copa 2022, al revelar un e-mail de Valcke, luego que el trinitario sugiriese que el qatarí se apartase de la lucha por la presidencia de FIFA. Bin Hammam, apartado de por vida del fútbol por el Comité de Ética de FIFA por reparto de dinero para su campaña presidencial, “pensó que podían comprar a la FIFA como compraron” la copa mundial. Blake y Calvert informan que había un acuerdo entre Qatar y Blatter, en el cual este último chantajeó al país asiático para apartar a Bin Hammam de la carrera presidencial a cambio de mantener la sede. La investigación interna de FIFA, comisionada al exfiscal estadunidense Michael García, no halló irregularidades. “Fue una no-investigación. García nunca fue a Qatar o Rusia y ahí está el fondo del asunto”, critica Hill, para quien Blatter y Valcke deben renunciar inmediatamente, pues “van a tratar de destruir evidencias, limpiar todo”. Blatter anunció que se quedará seis meses en el cargo, mientras se organiza una nueva elección.