Chile: Terremoto en la Iglesia católica

viernes, 18 de septiembre de 2015
Valparaíso (apro).- La reciente revelación de correos intercambiados hace un año entre el arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati, y el también cardenal chileno y miembro de la cura vaticana, Francisco Javier Errázuriz, desataron un terremoto en la Iglesia Católica chilena. La bomba estalló el 9 de septiembre cuando el diario electrónico El Mostrador publicó la nota “Los correos secretos entre Ezzati y Errazuriz y el rol clave de Enrique Correa en las operaciones políticas de la Iglesia”. Allí se puso en evidencia cómo ambos prelados operaban para evitar que el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet nombrara al popular sacerdote jesuita, Felipe Berríos, capellán de La Moneda, la casa de Gobierno. Maniobraban también para impedir que el Papa Francisco designara a Juan Carlos Cruz --víctima de los abusos sexuales del otrora poderoso sacerdote Fernando Karadima-- miembro de una comisión vaticana contra el abuso de menores. En una carta fechada el 28 de junio de 2014, Ezzati le señala a Errázuriz: “En Chile estamos terminando una semana bastante complicada con la entrevista del padre Berríos a TVN. Una hora llena de soberbia y de afirmaciones contrarias al magisterio de la Iglesia, utilizando al Santo Padre, en tono de profeta que denuncia la corrupción y la incoherencia de la Iglesia”. Ezzati añadió en su misiva: “Estoy preparando una nota para evidenciar el magisterio de la Iglesia acerca de los temas cuestionados por el P. Berríos, consciente que en la ocasión anterior, lastimosamente contó con la justificación de su superior provincial y del superior general. (Ya le) anticipé que sospechaba que el gobierno lo propondría como candidato a Capellán de La Moneda, cosa que a estas alturas ya es evidente”. Sobre Cruz, Ezzati señaló: “Ayer (…) me encontré con el P. Marcelo Gidi (sacerdote jesuita) que acaba de llegar de Roma y me comunicó que en la Comisión Pontificia de Previsión de Abusos Sexuales, sería nombrado el Sr. Juan Carlos Cruz. Su nombramiento es postulado por la mujer irlandesa víctima de abusos (alude a Marie Collins), que ya es miembro de dicha comisión. Espero que no sea así, sería demasiado grave para la Iglesia de Chile. Significaría, entre otras cosas, dar crédito y avalar una construcción que el Sr. Cruz ha construido astutamente (…) Espero que Usted pueda hacer luz con quienes tienen responsabilidad de este nombramiento”. La respuesta de Errázuriz llegó un día después. “Querido don Ricardo (…) Antes de salir de Chile llamé a (Enrique) Correa (operador político y empresarial) para decirle que si el gobierno nombrara al personaje [Berríos] capellán de La Moneda estaría armando un gran e innecesario conflicto, porque te obligaría a rechazarlo, lo cual crearía serias tensiones entre el gobierno y la Iglesia (…) Me dijo que lo transmitiría de inmediato”. Aludiendo a las predicas del padre Berríos, Errázuriz escribe: “Su pensamiento es claro: ‘No sigan al magisterio, síganme a mí, porque yo soy el profeta de la Iglesia del futuro, la cual acogerá de lleno la cultura del tiempo actual’”. El cardenal Errázuriz concluyó su misiva: “Mañana lunes a primera hora me instalo en las oficinas del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe para impedir el mal del cual me escribes. Si no lo acepta, hablaré con el Santo Padre. ¿Y qué te parece si se procediera a un nombramiento así sin consultar ni al presidente de la CECH (Conferencia Episcopal de Chile) ni a ninguno de los cardenales chilenos? Sería un nuevo motivo para reformar la Curia”. Se despidió con palabras santas: “Te deseo una hermosa semana, colmada de la cercanía de Nuestro Señor y de María Auxiliadora. Tu hermano en el episcopado + Fco. Javier Errázuriz Ossa”. Perdón en el “Te Deum” La publicación de estas cartas fue rechazada por la cúpula católica, la que cuestionó que se publicitara correspondencia privada. Pero el debate no caminó por ese rumbo. Más bien, se desató una ola de rechazo contra Ezzati y Errázuriz. Los primeros en reaccionar fueron los aludidos en las cartas. El jesuita Felipe Berríos indicó a Radio Cooperativa –el mismo 9 de septiembre- que encontraba “tan triste una conversación así entre cardenales”. Explicó que a él no le interesaba “ser capellán de La Moneda porque no tengo dedos para el piano (…) Yo no entré a cura para estar en estas cuestiones”, expresó. Por su parte, Cruz sostuvo --en entrevista con el diario La Tercera--: “me choquea (ver) que hombres de la calaña de Ezzati y Errázuriz traten a la gente así, que me digan ‘la serpiente’”. Contratacó: “ellos están metidos hasta lo más profundo en la mentira, tienen miedo a que la verdad salga a la luz”. Por otra parte, numerosas autoridades cuestionaron la permanencia de Ezzati a la cabeza de la Iglesia Católica. El domingo 13 el expresidente de Chile, el democratacristiano (DC) Eduardo Frei Ruiz Tagle, manifestó que sus palabras “no son propias de la autoridad máxima de la iglesia chilena”. Y añadió que por hechos como éste “la Iglesia está tan desprestigiada". Dando un paso más, sugirió que debía renunciar: “una persona que habla así no está en condiciones de liderar a la Iglesia”. El lunes 14 los dirigentes de los siete partidos que componen el oficialista conglomerado Nueva Mayoría –desde la DC hasta el Partido Comunista (PC), pasando por los partidos Socialista y Radical- determinaron no participar del Te Deum con que cada 18 de septiembre –desde hace 200 años-- se celebra en Chile la independencia del país. Hacían esto en rechazo a que el cuestionado cardenal Ezzati lo dirigiera, como le corresponde en tanto arzobispo de Santiago. El Te Deum –que también estuvo marcado por las secuelas del terremoto que afectó el miércoles 16 al norte del país-- se realizó y fue presidido por Ezzati. Sin embargo, no tuvo el color con que otros años la clase dirigente se luce ante el país. De todos modos, Ezzati aprovechó la oportunidad para pedir perdón “a todos los que se hayan podido sentir ofendidos” con sus actos. Pero las esquirlas de los escándalos sexuales igualmente sacudieron a la cúpula eclesiástica en esta jornada “dieciochera”. El Te Deum ecuménico realizado en la austral ciudad de Osorno, se vio empañado por una ruidosa protesta de fieles que rechazan el reciente nombramiento como obispo de dicha plaza, del sacerdote diocesano Juan Barros, quien formaba parte de la comunidad de la Iglesia del Bosque, liderada por Karadima, de quien se transformó en principal defensor. El diácono católico José Luis Caamaño expresó --en entrevista con Apro-- que la filtración de la citada correspondencia “sincera las conversaciones y sitúa a nuestros pastores en su desnudez original, como Adán después de haber comido la manzana, sin posibilidad de decir: ‘yo no fui’, ni de culpar otro, con la única opción de caer en la cuenta de que aquí algo no anda bien”. Caamaño –que recientemente abandonó el ministerio cuando estaba próximo a la ordenación sacerdotal-- sostiene que estos hechos muestran “una equivocada posición en la dirección pastoral de nuestros actuales apóstoles, Errázuriz y Ezzati”. Se explaya: “ellos pretenden vetar a algunos pastores polémicos como es el caso de Felipe Berríos, porque pueden dejarnos en vergüenza al denunciar nuestros propios errores como Iglesia”. Remata: “Se busca, en definitiva, mover hilos políticos para conservar el favor de una opinión pública cada vez más esquiva. ¿Por qué hemos caído en esto, si la Iglesia no nació con poder ni su vocación fue intentar obtenerlo para conservarlo?”. El sociólogo e investigador de la historia del cristianismo, Felipe Portales, en entrevista con esta agencia expresa que los citados correos “revelan descarnadamente el feroz autoritarismo y la defensa corporativa de la jerarquía chilena”. Señala que en el caso de Juan Carlos Cruz “demuestran la muy poca conciencia del daño que la jerarquía les ha hecho a las víctimas y a toda la Iglesia, al encubrir la pederastia sacerdotal”. Sostiene Portales que lo más grave de esto es que se evidencia como en la comunicación interna entre cardenales se usan “epítetos venenosos y crueles, que no se avienen en absoluto con la bondad cristiana”. Desprestigio La Iglesia Católica ya no goza del cariño y admiración de la población. Según la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), dada a conocer el viernes 11, sólo 29% de los chilenos confía en la Iglesia Católica, a diferencia de 2009, en que ese porcentaje alcanzaba 50 puntos. Este descrédito se origina en gran parte por escándalos de abusos sexuales en que destacados miembros de este credo se han visto implicados. Quizá el caso más emblemático de estos es el que involucra a Fernando Karadima, párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de El Bosque (Providencia, Santiago). Desde 2003 las altas esferas de la Iglesia Católica comenzaron a tomar conocimiento de diversas denuncias –entre ellas la del ejecutivo de empresas Juan Carlos Cruz-- que involucraban a Karadima en este tipo de ilícitos. Estos eran cometidos contra jóvenes que, imbuidos en la fe, se habían hecho miembros de la comunidad de la citada Iglesia del Bosque en la que Karadima era venerado como un santo. Sin embargo, las autoridades de la Iglesia Chilena, encabezadas por Errázuriz --que fue arzobispo de Santiago entre 1998 y 2011-- y Ezzati, originalmente le bajaron el perfil a estas denuncias y desoyeron las quejas. Errázuriz –como lo testimonian diversas cartas que han salido a la luz-- incluso asesoró a Karadima para protegerse de la contraofensiva de sus víctimas. No obstante, en abril de 2010, tras la publicación de reportajes de los medios chilenos La Tercera y The Clinic, así como en el diario estadunidense The New York Times, el escándalo estalló. Pronto los antecedentes pasaron al Vaticano que, luego de un juicio canónico, condenó a Karadima en enero de 2011 por “abuso sexual violento a menores”. Tras la apelación de Karadima, la cúpula eclesiástica católica cambió –en junio de aquel año-- la condena de pedofilia a efebofilia, porque estimó que éste sacerdote abusó de adolescentes. Cabe consignar que, tanto Cruz como el médico James Hamilton –otra de sus víctimas--, relataron que los abusos comenzaron cuando ellos tenían 17 años. Karadima era uno de los curas predilectos de la élite, llegando a ser el confesor del Eliodoro Matte, uno de los tres hombres más ricos e influyentes del país. La caída de Karadima se suma a lo ocurrido con el sacerdote irlandés y otrora principal referente en Chile de los Legionarios de Cristo, John O’Reilly, quien en noviembre de 2014 fue condenado por el Tercer Tribunal en lo Penal, de Santiago, a cuatro años de “libertad vigilada”, en su calidad de autor del delito de abusos sexuales cometidos de forma reiterada en contra de una menor de edad, exalumna del Colegio Cumbres. El sociólogo Portales, quien es autor de los libros Chile: Una democracia tutelada (2000) y Los mitos de la democracia chilena (2004), sostiene que el efecto sobre la Iglesia chilena de los escándalos de abuso sexual “han sido devastadores”. Portales estima que esta crítica situación se ha agravado “por el especial carisma de muchos de los sacerdotes involucrados en tan graves crímenes” y por el hecho de que ellos “cubren toda la gama de sensibilidades, conservadoras y progresistas, presentes en la Iglesia y la sociedad chilena”. Este investigador considera lamentable que el Papa Francisco, “quien está mostrando en su discurso interesantes aires de renovación”, haya nombrado como obispo de Osorno a Juan Barros. “Esto es ciertamente terrible. Que un personaje tan íntimamente vinculado a Karadima sea promovido por el Papa Francisco a dicha dignidad, supera la imaginación más delirante y morbosa”. Portales no sólo cuestiona éste nombramiento: “La designación del cardenal Errázuriz en el importantísimo Consejo de Cardenales que propondrán reformas a la organización mundial de la Iglesia, también es algo para quedar perplejos”. Fundamenta sus dichos señalando que Errázuriz “adoptó por años decisiones u omisiones” que agrandaron los daños generados por sacerdotes y obispos que cometieron abusos sexuales. Pese a lo difícil de la situación, este sociólogo -de inspiración católica- estima que el actual momento abre una gran oportunidad. “Nos permite a los católicos comprender que el despotismo absoluto que rige la Iglesia desde el medioevo tiene que ser reemplazado por estructuras y mentalidades fraternales y democráticas que nos posibiliten hacer efectivo el espíritu evangélico que inspiró a las primeras comunidades cristianas”.

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