"Que ellos sean los últimos", clama padre sirio que perdió a su esposa en naufragio

jueves, 3 de septiembre de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- “Que ellos sean los últimos”, clamó Abdulá Kurdi, cuya esposa Rihan Kurdim y sus hijos, Galib de cinco años y Aylan de tres, fueron arrancados de sus brazos cuando la pequeña balsa en la que iban se hundió en aguas de la península de Bodrum, al suroeste de Turquía. El pequeño Aylan se convirtió el miércoles pasado en el símbolo del drama de los refugiados sirios cuando una foto de su cuerpo inerte arrojado por las olas a la playa turca de Ali Hoca Burni, dio la vuelta al mundo. La familia de Abdulá había sobrevivido a las bombas y la guerra en Siria que se ha prolongado por más de tres años, la misma edad de Aylan. Como miles de familias sirias habían tomado la decisión de huir y refugiarse en la isla griega de Kos. Antes ya habían intentado pedir asilo en Canadá, donde vive desde hace 20 años Teema Kurdi, tía del pequeño Aylan, pero la Oficina de Ciudadanía e Inmigración rechazó la petición que sus parientes habían solicitado en una representación consular canadiense en Turquía. Sin más remedio, Abdulá tomó a su familia y junto con otros dos sirios, la noche del martes partieron a bordo de una barca inflable de la península de Bodrum con destino a la isla de Kos. Nunca llegaron. Solo Abdulá y otra persona lograron ser rescatadas por los guardacostas turcos. Su esposa de 35 años, sus dos hijos y un joven de 18 años fueron absorbidos por el mar. Relató Abdulá al diario español “El País”: “La guardia costera (turca) nos detuvo y después nos liberó. Nosotros mismos conseguimos un bote y empezamos a remar hacia Kos. Después de alejarnos unos 500 metros de la costa, en el bote empezó a entrar agua y se nos mojaron los pies. A medida que aumentaba el agua, cundía el pánico. Algunos se pusieron de pie y el bote volcó. Yo sostenía a mi mujer de la mano. Las manos de mis dos niños se escaparon de las mías, intentamos quedarnos en el bote, pero el aire disminuía. Todo el mundo gritaba en la oscuridad. Yo no lograba que mi esposa y mis hijos oyeran mi voz”. Sus cuerpos fueron hallados horas después en las costas turcas. Tras la tragedia, Canadá ofreció asilo a Abdulá pero éste lo rechazó y afirmó que regresará a pasar el resto de sus días a Kobane, Siria, su lugar de origen. “Quiero que todo el mundo vea lo que nos ha ocurrido en el país al que vinimos a refugiarnos de la guerra. Queremos que el mundo nos preste atención para que puedan impedir que esto les ocurra a otros. Que ellos (sus hijos y su esposa) sean los últimos”, pidió. Abdulá dijo que su plan es llevarse los cuerpos de su familia primero a Suruç, ciudad turca en la frontera con Siria, y luego a Kobane. Según medios locales, la familia Kurdi había escapado de Kobane, ciudad kurdo-siria fronteriza con Turquía que durante casi medio año fue asediada por el Estado Islámico. La tía sirio-canadiense de Aylan y Galib, acusó a Canadá y al mundo entero de la muerte de sus familiares. En una emotiva rueda de prensa, afuera de su casa contó que el gobierno canadiense le dijo que le faltaba un documento para darle la visa a su familia. Pero su hermano Abdulá le dijo que no podía conseguir el documento que exigía el gobierno canadiense porque se trataba de un certificado de residencia de las autoridades turcas. “Honestamente no quiero sólo responsabilizar a Canadá. Estoy responsabilizando a todo el mundo por no ayudar lo suficiente a los refugiados y no detener esta guerra. Y sé que lo pueden hacer. Si nadie financia a los rebeldes, la guerra parará”, dijo Teema Kurdi. También explicó cómo, poco antes de que sus familiares intentaran abandonar Turquía habló por teléfono con su cuñada quien le expresó sus miedos sobre el viaje pues le confesó que no sabía nadar. Más víctimas Aylan y Galib no fueron los únicos niños que fallecieron la fatídica noche del miércoles. Otra embarcación que seguía la misma ruta que el bote de los Kurdi también naufragó. Ocho personas murieron, entre ellas una bebé de nueve meses, dos gemelos de año y medio y dos hermanos de 9 y 11 años. Esa barca tenía capacidad para 10 ocupantes pero viajaban 17 refugiados sirios por lo que se cree que el exceso de peso hundió el bote. Sólo siete personas sobrevivieron y dos aún no han sido halladas, aunque un oficial de la Armada turca citado por Reuters reconoció que apenas hay esperanza de que encontrar con vida a los desaparecidos. Uno de los sobrevivientes dijo a la agencia turca DHA que los traficantes que organizaron el viaje de la costa turca la isla griega de Kos, obtuvieron dos mil 50 euros por cada pasajero.

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