Argentina: Desencuentros comerciales

domingo, 30 de octubre de 2016
Desde hace un año, China dejó de comprar aceite de soya a su principal abastecedor latinoamericano: Argentina. La situación entre ambos países se tensó porque el gobierno de Mauricio Macri trazó un paréntesis sobre muchos acuerdos pactados por su predecesora Cristina Fernández con el país asiático. Y aunque en septiembre pasado Macri se reunió con su homólogo Xi Jinping, el diferendo no se destrabó. Ahora falta el encuentro de la Organización Mundial de Comercio, programado para diciembre, donde Argentina debe pronunciarse si China es o no una economía de mercado. BUENOS AIRES (Proceso).- China ha paralizado la compra de aceite de soya proveniente de Argentina. El gigante asiático frenó de cuajo sus pedidos a Argentina a partir de octubre de 2015. Por tratarse del principal importador y del primer exportador de este producto en el mundo, respectivamente, los medios hablan de una presunta represalia. Su razón, aseguran, sería el freno que el gobierno de Mauricio Macri impuso a la construcción de dos represas en la Patagonia, adjudicadas por Cristina Fernández de Kirchner a un consorcio chino en 2013. Otra causa que se esgrime es que Argentina no ha anunciado aún si apoyará a China en diciembre en la Organización Mundial de Comercio (OMC), cuando se vote si el país asiático es o no una economía de mercado, convalidando o rechazando de este modo sus políticas de dumping. El gobierno y la cámara que aglutina a los productores de aceite de soya decidieron bajar el tono al conflicto. Las autoridades sostienen que China está sustituyendo importaciones y produciendo el aceite a través del frijol de soya que sigue comprando a Argentina. Según esta versión, verdadera aunque quizá no única, esto no constituye represalia alguna, aunque sí agrava una relación bilateral totalmente asimétrica. Argentina vende a China materias primas e importa bienes manufacturados. El aceite de soya es uno de los pocos productos argentinos con valor agregado dentro del comercio bilateral. En 2015, China adquirió 808 mil toneladas de aceite de soya, 538 mil de las cuales provinieron de Argentina. En octubre de ese año, mes en que se llevaron a cabo las elecciones generales en Argentina, China frenó por completo sus compras. Y mantuvo su postura una vez que Macri ganó la presidencia en segunda vuelta y asumió en diciembre. Un informe de la Consejería Agroindustrial de la Embajada Argentina en China indica que en los primeros siete meses de 2016 la nación asiática importó 279.229 toneladas de aceite de soya, en su mayor parte de Brasil y Ucrania. Uno de los primeros anuncios hechos por Macri al inicio de su mandato fue que revisaría los contratos de infraestructura firmados por su antecesora en el cargo. Días después ordenó detener la construcción de las represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner en la provincia de Santa Cruz. El mandatario adujo que primero debía evaluarse el costo de oportunidad y el impacto ambiental que tendrían. Las represas fueron adjudicadas en 2013 a un consorcio liderado por la corporación estatal china Gezhouba, con la local Electroingeniería S.A., como socio menor. El monto presupuestado asciende a 4 mil 714 millones de dólares y el financiamiento corre por cuenta de la corporación china. Jorge Taiana, quien fue ministro de Relaciones Exteriores de Argentina entre 2005 y 2010 y hoy preside el Parlamento del Mercosur, comenta a Proceso: “El nuevo gobierno, al asumir, trazó un paréntesis sobre muchos acuerdos que había con China, pero es difícil de comprobar si esto ocasionó una molestia que incidió en la paralización de las compras de aceite de soya, ya que los chinos aducen que es por el precio. “En todo caso, si es que hubo un obstáculo de tipo político-comercial, éste, en principio, se ha encauzado. Lo cierto es que las represas ya están con un acuerdo, se modificó parte del proyecto y del financiamiento, pero nuevamente hay movimiento de dinero y creo que pronto empezarían nuevamente las actividades”. En ese sentido resultó decisiva la reu­nión de los mandatarios de Argentina y China durante la última cumbre del G20, realizada en septiembre en China. El encuentro, sin embargo, no logró zanjar todas las diferencias. “Lo cierto es que en su entrevista individual con su homólogo Xi Jinping, Macri no logró destrabar o lograr ningún compromiso de compra de aceite de soya”, refiere Taiana. [caption id="attachment_343938" align="alignnone" width="702"]El presidente de China, Xi Jinping. Foto: AP El presidente de China, Xi Jinping. Foto: AP[/caption] “Dumping” Durante el gobierno de Cristina Kirchner (2007-2015), China se convirtió en socio estratégico de Argentina. Invirtió en ferrocarriles y construirá una nueva central atómica. Después de Brasil, el país asiático es el mayor socio comercial de Argentina. Para China, sin embargo, Argentina es el cuarto socio comercial en América Latina. La balanza comercial se tornó además deficitaria para Argentina a partir de 2010, ascendiendo a 6 mil 634 millones de dólares en 2015. Las asimetrías son manifiestas. En Argentina nadie pone en duda la necesidad de profundizar los vínculos comerciales, financieros, diplomáticos y culturales con ese gran actor global. Lo que está en entredicho es el modo. El 99% de los productos que Argentina importa de China son bienes industriales: teléfonos, computadoras, químicos, motocicletas, juguetes, instrumental médico. A su vez, le vende porotos (frijoles) y aceite de soya, petróleo, tabaco, carnes, cueros, caballos de polo, peras, manzanas y uvas. A la hora de invertir en infraestructura, China apunta siempre a abaratar los costos logísticos y de transporte de las materias primas, energía y minerales que necesita. Y aun cuando ofrece una financiación con bajo interés y años de gracia, se asegura ser el proveedor principal de cada obra. –¿Es posible conjugar los intereses de desarrollo argentinos con la lógica china de comprar bienes con el menor valor agregado posible e invertir en los rubros que sirvan para facilitar las compras de esos bienes básicos? –se le pregunta a Taiana. –Yo creo que sí. Pero en este momento veo, del lado argentino, dos problemas. El gobierno nacional está llevando adelante una política que pone el acento en las exportaciones tradicionales y agrícolas. Se incentiva la producción primaria, sin valor agregado –explica–. “Por otra parte, para equilibrar el comercio y el intercambio con China, dada su dimensión, se requiere de mucha más coordinación y mucha más integración entre los países de nuestra región. De lo contrario es imposible, por el desequilibrio de fuerzas y también por cuestiones de volumen y de posibilidades de acceso al mercado. El freno chino a las importaciones de aceite de soya de Argentina tiene un antecedente. Entre abril de 2010 y mayo de 2011, ese país paralizó los pedidos a causa de las políticas antidumping del gobierno argentino. Y justamente en diciembre próximo, Argentina, al igual que el resto de los miembros de la OMC, tiene que resolver si le reconoce o no a China el estatus de economía de mercado. –¿Cuáles son los riesgos que implica una decisión argentina en un sentido y en otro? –se le pregunta a Taiana. –La relación de Argentina con China es de complementariedad. Esto pasa en general con todos los países del Mercosur. No sólo hay un enorme intercambio comercial, sino también una gran presencia china en inversiones, en infraestructura. “En cuanto a reconocer a China como economía de mercado, en 2004 ambos países firmaron un acuerdo que nunca se implementó del lado argentino, nunca entró efectivamente en vigencia. “Lo cierto es que, sobre todo a partir del descenso en el nivel de actividad de China, que ha pasado de un crecimiento de entre 10 y 11% del Producto Interno Bruto anual, a uno de 5 o 6% este 2016 y el año que viene, hay una creciente preocupación en Argentina, entre los productores siderúrgicos y de otros mercados, acerca de la posibilidad de que mucha mercadería china entre en condiciones de dumping. Por eso el reconocimiento de China como economía de mercado sería un tema bastante debatible y habría que ver cómo se plantea eso hoy. “El presidente Macri también quiere renegociar con Beijing puntos del acuerdo sobre la estación espacial china, en la provincia de Neuquén, cuya construcción está prácticamente lista. Pretende incluir una cláusula que prohíba de manera taxativa su uso militar. “Durante el gobierno de Cristina Kirch­ner fueron muchas las denuncias por la opacidad de lo acordado entre el gobierno y las empresas adjudicatarias de licitaciones. Ha habido casos de cláusulas secretas en los contratos que ni siquiera podían ser vistas por los legisladores. “Yo creo que la búsqueda de mayor transparencia y de mayor participación del Poder Legislativo es bienvenida y creo que va a haber un cierto avance, porque hay una legislatura bastante activa en este aspecto, y además se va a aprobar una ley de transparencia. “Creo que eso va a ayudar a que esta idea de que hay que tener muchos elementos confidenciales o secretos por razones comerciales se reduzca a lo que sea en todo caso imprescindible, y no que sea una forma de tapar beneficios más allá de lo razonable o incluso lesivos para el interés nacional.” [caption id="attachment_423913" align="alignnone" width="702"]Una pinta contra Macri en Buenos Aires. Foto: AP / Victor R. Caivano Una pinta contra Macri en Buenos Aires. Foto: AP / Victor R. Caivano[/caption] Ideología y negocios A la paralización de las represas en Santa Cruz se suma la de Chihuido, cuyo financiamiento, por parte del Banco de Desarrollo ruso, se encuentra congelado después de que el gobierno argentino intentó conseguir, por segunda vez en pocos meses, una mejor tasa de financiamiento. Jorge Taiana no cree que el gobierno esté guiado, como dice, por el interés de proteger la caja pública. “Es una cuestión más política –explica–. El gobierno nacional ha planteado una especie de ‘retorno a Occidente’ y el reforzamiento de las relaciones con Estados Unidos y con Europa. Tuvo la visita del presidente Barack Obama, luego de que Argentina pagó a empresas de Estados Unidos 15 mil millones de dólares, los fondos buitres, por orden de un juez de ese país. “Dice que quiere firmar el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea y en general ha criticado los acuerdos que el gobierno anterior había logrado con China y Rusia, diciendo que eran caros y que se podían conseguir mejores condiciones y que eso era tratar con Estados que no tienen centralidad en el mundo.” –¿Quiere decir usted que este gobierno descuida a otros socios estratégicos por motivos ideológicos? –Así lo pretendió, pensando que un acercamiento a Estados Unidos le iba a traer, como dijeron, una lluvia de dólares. Pero nada de eso sucedió. Hay lluvia porque este año ha sido muy lluvioso. Pero no ha logrado que viniera una sola inversión significativa de Estados Unidos ni hay asomo de que eso suceda. “Y la negociación Mercosur-Unión Europea está muy estancada, sobre todo porque la oferta europea es casi nada y en particular en el área agrícola, que es donde el Mercosur tiene una ventaja comparativa fuerte; hay una declaración de 13 países, empezando por Francia, diciendo que no quieren el acuerdo. “El gobierno se ha visto obligado a retomar las obras con China y con Rusia y finalmente las ha reafirmado a todas con pequeños cambios. La orientación de tener una diversificación de fuentes de financiamiento de infraestructura, que se tomó durante el gobierno anterior y que se basa en una relación más intensa con China y con Rusia, va a seguir.”

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