Romper décadas de hostilidad, el reto de Obama en Cuba

domingo, 20 de marzo de 2016
LA HABANA (proceso.com.mx).- Las primeras gotas de lluvia cayeron cuando se abrieron las puertas del Air Force One, el avión presidencial estadunidense que aterrizó en el aeropuerto internacional José Martí a las 16:19 horas. Antes de salir Barack Obama desplegó su paraguas, puso un pie en la escalera y saludó a los fotógrafos mientras descendía junto con su esposa, sus hijas y su suegra. Con el simple hecho de tocar suelo cubano, Obama cumplió con un objetivo esencial de su visita: marcar la historia. Por primera vez en 88 años y después de más de cinco décadas de hostilidad abierta entre la isla y su poderoso vecino, un presidente de Estados Unidos visita Cuba. Al mandatario lo esperaban Bruno Rodríguez Parrilla, el canciller cubano José Ramón Cabañas, el embajador de Cuba en Estados Unidos y Jeffrey DeLaurentis, el encargado de negocios de la embajada de EU en la isla, quien funge como embajador de facto. Una comitiva de legisladores, representantes de grupos de intereses –del sector hotelero, agrícola y banqueros, entre otros– y empresarios, acompañan a Obama durante su visita oficial. Poco a poco la llovizna se convirtió en un aguacero que obligó a los habaneros y turistas a buscar refugio debajo de las arcas o los pórticos de los restaurantes. En los restaurantes, los televisores transmitían la llegada del presidente, la cual fue blanco de bromas por el vehículo blindado que Obama utiliza durante sus visitas, bautizado como La Bestia. La Habana Vieja, el barrio colonial y turístico de la capital cubana, vivió una tarde prácticamente normal, previo a la visita de la familia presidencial. Los bares y restaurantes estaban llenos de clientes extranjeros. Todo sería como de costumbre sin la presencia de centenares de agentes vestidos de civil, postrados en cada esquina de las calles que más tarde recorrería el presidente y su esposa. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, vestidos de traje, de camisa o de regguetonero; los agentes ocuparon todo el espacio. Conforme avanzaba la tarde empezaron a limitar el acceso al centro, controlaron a los pasantes y a las cinco cerraron por completo las calles, provocando la molestia de los turistas quienes se dirigían hacia sus hoteles ubicados en la zona cerrada. Operativo de seducción Anoche la Casa Blanca asestó un fuerte golpe mediático en la isla previo a la visita: Barack Obama protagonizó un sainete con Pánfilo, el personaje cómico de la televisión cubana que encarna el actor Luis Silva en el programa semanal “Vivir del cuento”. Pánfilo representa a un jubilado que enfrenta los problemas diarios de la vida cubana; una forma de burlarse de manera sutil de la situación en Cuba donde la crítica no es permitida. Tiene, por ejemplo, su libreta de racionamiento de comida enmarcada y colgada en la pared de su salón. En el corto video, Pánfilo llama a Washington para saber si lloverá durante el partido de beisbol que jugarán la selección nacional cubana y los Rays de Tampa Bay el próximo martes. Le contesta Barack Obama, y cuando el cómico se identifica, el presidente le pregunta en inglés: “¿El verdadero Pánfilo, del programa de televisión?”. Ante la respuesta afirmativa, el mandatario abunda, en español: “No me digas, ¿Qué bola?”. Luego reafirmó su “impaciencia” de visitar Cuba, pues “el pueblo cubano y el pueblo americano son amigos”. La operación de comunicación funcionó. En poco tiempo, el video se volvió viral en las redes y los medios cubanos lo retomaron abundantemente. Al arribar a La Habana, Obama reiteró su broma en su cuenta de Twitter: “¿Qué bolá Cuba? (en español) Aterrizando apenas aquí, esperando conocer y oír directamente del pueblo cubano”. Del lado cubano, unas horas antes del arribo de Obama, Rodrigo Malmierca, el ministro del Comercio, llamó a la administración estadunidense a continuar con la flexibilización del embargo económico, pero deploró que “unas medidas tienen un cierto sesgo de promover determinados ámbitos”. Las medidas que adoptó el gabinete de Obama se enfocan hacia la iniciativa privada y no benefician a los sectores económicos en los que opera el Estado cubano. El funcionario reiteró una vez más la postura oficial de su gobierno: que los avances en la relación son significativos, pero que el bloqueo que mantiene Estados Unidos contra la isla desde hace más de cinco décadas es “el principal freno al desarrollo económico” de la isla. Insistió en que Cuba está “dispuesta a recibir cualquier empresa” y que el gobierno castrista busca “diversificar al máximo” sus lazos comerciales internacionales. Tras un rápido paseo por las calles empedradas del barrio colonial –acompañado por el historiador Eusebio Leal–, Obama y sus acompañantes arribaron a la Catedral, todos protegidos debajo de sus paraguas negros, lo cual dio un aspecto funerario a la escena. En la entrada del edificio religioso saludó al cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana. Desde 2010, el hombre religioso multiplicó las iniciativas para acercar a ambos gobiernos y sirvió como canal extraoficial de comunicación entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos. Abogó por el derecho a manifestarse de las “Damas de Blanco” –familiares de los disidentes encarcelados en Cuba– y exhortó al Congreso de Estados Unidos agilizar los viajes, entre otros. Apenas 20 minutos después de entrar a la Catedral, Obama regresó a La Bestia que recorrió el Malecón habanero hasta el imponente edificio de la embajada estadunidense en la capital cubana.

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