El embargo, ese gran estorbo

Por más que Barack Obama flexibilice o desaparezca muchas de las medidas restrictivas hacia Cuba; por más que la isla se abra a una economía menos centralizada; por más que el turismo (especialmente estadunidense) literalmente invada las calles de La Habana… el embargo comercial contra la Revolución Cubana sigue siendo el gran enfriador de cualquier acercamiento. LA HABANA (Proceso).- A poco más de un año de la reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, varias de las medidas que la administración de Barack Obama adoptó para derretir las estructuras del bloqueo económico vigente desde 1960 ya se hacen sentir en la isla, en particular en un sector estratégico en la economía del país: el turismo. Durante 2015 el número de turistas estadunidenses que visitó Cuba llegó a 161 mil 233, lo que significa un crecimiento de 76.7% respecto a 2014. Y no se trata de cubano-estadunidenses que fueron a visitar familiares, sino de ciudadanos estadunidenses sin relación con Cuba, que se acogieron a una de las 12 categorías de viajes autorizadas por Obama en enero de 2015, un mes después de anunciar la histórica reanudación de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Los cubano-estadunidenses que visitaron la isla en 2015 también crecieron 13.1% respecto a 2014. Fueron 292 mil 692, según estimaciones del economista y profesor de la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana, José Luis Perelló Cabrera. De acuerdo con un informe entregado a Proceso por el académico, los turistas procedentes de Estados Unidos –incluidos los cubano-estadunidenses– ya son los que más visitan Cuba después de los canadienses. Este nuevo flujo de visitantes de Estados Unidos fue determinante para que Cuba alcanzara en 2015 una cifra récord de turistas, con 3 millones 524 mil 779 (17.4% más que el año previo), y de ingresos por ese concepto, con mil 940.1 millones de dólares. Y el fenómeno no se detiene: el pasado viernes 11 se alcanzó la cifra simbólica de 1 millón de turistas, 14.6% más que el mismo día del año anterior. Esto, a pesar de que el turismo a Cuba todavía está prohibido para los estadunidenses. Lo único que hizo Obama en enero de 2015 fue autorizar visitas familiares, oficiales, periodísticas, de interés profesional, educativas, religiosas, humanitarias, para eventos culturales y deportivos y para transacciones comerciales permitidas dentro del embargo que aún rige contra la isla; luego dio luz verde al transporte por barco, lo que hace prever que en breve comiencen a operar servicios de trasbordadores que ya están aprobados en Washington. El mes anterior, autoridades de los dos países firmaron un convenio para reanudar el servicio de vuelos comerciales regulares entre los dos países, con lo cual este verano entrarán en operación 30 vuelos diarios de ida y vuelta Estados Unidos-Cuba. Hasta ahora sólo hay vuelos chárter, que son más costosos y limitados. El martes 15, el presidente autorizó los viajes individuales para categorías como la educativa, religiosa y de interés profesional, que hasta ese día sólo podían hacerse en grupo. Debido al amplio margen de interpretación de estas categorías –la visita a museos puede entenderse como “actividades de intercambio educativo”–, Obama autorizó de facto los viajes turísticos de estadunidenses a la isla. Perelló señala que es difícil hacer un pronóstico sobre el crecimiento que experimentará este año el turismo estadunidense en la isla, pero dice que los vuelos comerciales y la eliminación de otras restricciones, que podrían ser anunciadas durante la visita de Obama a La Habana esta semana, tienen el potencial de generar un salto importante en el número de visitantes. “Tal vez viajen desde Estados Unidos 1 millón de visitantes (este año), pero habrá que esperar los resultados de la visita del presidente Obama”, asegura el doctor en economía. Señala que el simple anuncio de la visita del mandatario a Cuba, que será este lunes 21 y martes 22, y el concierto gratuito que ofrecerán los Rolling Stones el viernes 25 en la Ciudad Deportiva de La Habana, hicieron que en estos momentos resulte “imposible” conseguir hospedaje en la capital cubana, ni en hoteles ni en casas de renta. De hecho, uno de los desafíos inmediatos que enfrenta Cuba es ampliar la infraestructura hotelera, aeroportuaria y turística en general, que ya tiene problemas para dar respuesta a esta oleada de nuevos visitantes. En la tarde del miércoles 16, por ejemplo, el aeropuerto José Martí se saturó ante la llegada casi simultánea de cinco vuelos –de Panamá, Ámsterdam, Roma, Caracas y Lima–, lo cual provocó importantes demoras. Nuevas medidas Los aspectos medulares del embargo se mantienen inalterables, pues su derogación es facultad del Legislativo y no del Ejecutivo. Y aunque Obama ha solicitado al Congreso revocar las leyes que impiden la liberalización total de las relaciones económicas, comerciales y financieras de Estados Unidos con la isla, la mayoría legislativa republicana se ha negado siquiera a discutir esa posibilidad. El pasado 20 de julio, Cuba y Estados Unidos reabrieron sus respectivas embajadas en Washington y La Habana, y desde entonces Obama ha anunciado tres nuevos paquetes –el primero fue en enero de 2015– que flexibilizan más el comercio, los viajes y el envío de dinero a la isla. Los estadunidenses que viajen a la isla ya pueden abrir comercios y cuentas bancarias; el límite a las remesas que envían los cubano-estadunidenses a sus familiares (2 mil dólares por trimestre hasta septiembre pasado) quedó eliminado; y la cantidad de efectivo que puede llevar un viajero ya tiene el mismo tope que para cualquier otro país (10 mil dólares). Además de equipos y software para telecomunicaciones y el desarrollo de internet, Cuba ya puede importar de Estados Unidos bienes y servicios para la educación, la agricultura, la industria alimentaria, el transporte público, las actividades artísticas y la atención a desastres. En el cuarto paquete de cambios regulatorios, anunciado el pasado martes, los cubanos quedan autorizados a trabajar en Estados Unidos, lo que tiene gran potencial para músicos y beisbolistas. La nueva regla aplica siempre y cuando el gobierno cubano no someta al beneficiado a un trato fiscal especial y no retenga una parte de su salario, como ocurre en la actualidad. Las nuevas medidas también responden de manera parcial a una de las peticiones más insistentes de Cuba, ya que autorizan el uso del dólar –algo prohibido hasta ahora– en algunas transacciones que involucran a ciudadanos o entidades cubanas. De esta manera, bancos estadunidenses quedan autorizados a “dolarizar” transacciones con origen o destino en el extranjero en las que tengan interés el gobierno de Cuba o un ciudadano cubano, y podrán procesar instrumentos monetarios en dólares, tanto en efectivo como en cheques de viajero, que sean presentados por instituciones financieras cubanas a través de cuentas en terceros países. “Esto es muy importante”, sostiene el economista Everleny Pérez Villanueva. Con ello, plantea, Cuba obtendrá una mayor liquidez, pues dejará de pagar las elevadas tasas de interés al recibir créditos de bancos internacionales por ser transacciones “de alto riesgo”. De hecho, el pasado jueves 17, Bruno Rodríguez Parrilla, canciller cubano, pidió que el gobierno de Estados Unidos emitiera “una declaración política así como instrucciones claras y precisas que proveerán garantías legales y políticas a los bancos”. Esta medida también inducirá un incremento sustancial en el ingreso de miles de familias que reciben dinero de la comunidad cubano-estadunidense a través de las remesas, pues ya no tendrán que gastar la décima parte de la suma en impuestos, asevera Pérez Villanueva, profesor e investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana. Según la Comisión Económica Para América Latina, Cuba recibió alrededor de mil 800 millones de dólares en remesas el año pasado. Según el economista Pérez Villanueva, una de las necesidades más urgentes de Cuba consiste en recibir inversión extranjera, ya que la isla no tiene acceso a los organismos financieros internacionales y requiere de mucha inversión para que sus productos compitan a nivel internacional. Pérez Villanueva dice que en esta materia también hay ya un primer paso “muy concreto”, que se ha dado con la autorización, el pasado 15 de febrero por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, para que una empresa fabricante de tractores de ese país se instale en la Zona Especial de Desarrollo del puerto cubano de Mariel. Otras empresas estadunidenses que han solicitado autorización al Departamento del Tesoro para invertir en Cuba son las cadenas hoteleras Starwood, que maneja las marcas Sheraton y Westin, y Marriott. También el consorcio de telecomunicaciones AT&T está interesado en llegar a la isla. La concreción de algunos de estos proyectos podría producirse durante la visita de Obama. Se espera que ejecutivos de esas y otras empresas formen parte de la delegación que acompañará al mandatario. Las compañías on-line estadunidenses tendrán una llegada más rápida y sencilla a Cuba, pues no requieren costosas instalaciones para operar en ese mercado. Algunas de las que ya ampliaron sus operaciones a la isla son Netflix, Amazon y los servicios de búsqueda de hospedajes Airbnb –hay más de 300 hospedajes disponibles en La Habana– y de vuelos y hoteles Kayak. Y más allá de los vínculos económicos y comerciales, hay dos ámbitos, el cultural y el deportivo, en los cuales ha fluido con mayor vigor el proceso de normalización de relaciones Cuba-Estados Unidos. Un acto emblemático de la era de deshielo que viven los gobiernos de los dos países se produjo el 15 de octubre pasado, cuando el legendario grupo Buena Vista Social Club llevó el son cubano a la Casa Blanca y puso a bailar a los invitados de Obama. El mandatario confesó a los veteranos músicos cubanos Omara Portuondo, Eliades Ochoa, Barbarito Torres y Manuel Mirabal, puntales de Buena Vista Social Club, que cuando salió el documental del cineasta alemán Wim Wenders sobre esa banda, en 1999, él compró el compacto. Y en diciembre pasado un grupo de peloteros de las grandes ligas de Estados Unidos visitó Cuba en una misión de buena voluntad, el Museo del Bronx prestó una muestra de su exposición permanente al Museo de Bellas Artes de La Habana y la orquesta sinfónica de Minnesota ofreció un concierto en el Teatro Nacional de la capital cubana. Aunque este tipo de intercambio cultural no es nuevo, sí cobró nuevo ímpetu desde que Obama y Raúl Castro echaron a andar, el 17 de diciembre de 2014, un histórico proceso que, para el economista cubano-estadunidense Carmelo Mesa-Lago, está en ciernes pero es prometedor. Frenos a la aplicación Para el economista y abogado Mesa-Lago, las medidas que ha aplicado Obama para flexibilizar el bloqueo y normalizar las relaciones bilaterales “son mucho más que cosméticas”. Menciona, por ejemplo, la decisión de la Casa Blanca, en mayo pasado, de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. “Esto tiene mucha importancia porque era un obstáculo muy serio para las relaciones económicas de Cuba con otros países. Esta medida también facilitará las transacciones del gobierno cubano con bancos extranjeros. Es decir, muchos de los pasos que ha dado Obama con Cuba tienen un efecto multilateral, no solo para la relación bilateral”, señala. Pérez Villanueva sostiene que las medidas de alivio al embargo decretadas por Obama son positivas y han sido importantes para Cuba, “pero las fundamentales, las que de verdad apuntan hacia el fin del bloqueo, todavía no se han tomado”. Indica que el gobierno de Cuba todavía no puede hacer ninguna operación internacional con dólares estadunidenses; que el turismo, como tal, sigue prohibido, y que no se ha concretado ninguna inversión de ese país en la isla. “Hay voluntad de normalizar las relaciones y establecer las económicas, pero al día de hoy las medidas de flexibilización aún no tienen un impacto significativo en la economía cubana”, señala. Considera que Obama aún tiene un margen de acción para atenuar aún más el bloqueo a través de decretos ejecutivos, como lo ha hecho hasta ahora. Entre otros, podría “otorgar licencia a cada una de las empresas que soliciten realizar operaciones en Cuba” o “aceptar la entrada de Cuba al Fondo Monetario Internacional”, sostiene. Pero precisa que la potestad de desmontar todas las barreras al comercio, al intercambio económico y a la posibilidad de que Cuba haga negocios con cualquier empresa del mundo corresponde al Congreso de Estados Unidos. Además, varias de las medidas anunciadas por Obama se aplican con lentitud o todavía no arrancan. El permiso a las empresas de Estados Unidos de importar productos a la incipiente iniciativa privada, por ejemplo, no se puede aplicar porque el Estado cubano no deja a los cubanos la posibilidad de exportar. De igual manera, la ampliación de la cobertura de wifi para los cubanos se realiza a pasos lentos, aunque los avances fueron sustanciales desde que el Estado abrió zonas para ello en el espacio público, en julio pasado. En La Habana, por ejemplo, se crearon cuatro zonas en un primer tiempo; luego 20, y ahora existen 67 parques, esquinas y banquetas en las que se aglutinan decenas de personas –jóvenes la mayoría– para navegar con sus celulares. El gobierno cubano vende tarjetas de acceso a Nauta –el servicio estatal de wifi– por un costo equivalente a dos dólares la hora; pero unos jóvenes bajan la señal a su computadora y venden el mismo servicio a la mitad del precio. “No estábamos preparados para vivir estos cambios fuertes en menos de un año. Por la mentalidad, incluso, de los que dirigen o por la capacidad de las instituciones”, analiza Everleny y añade: “Hay una serie de medidas que requieren después de las respuestas cubanas”. Peter Kornbluh, coautor del libro Diplomacia encubierta en Cuba, explica a Proceso que “los principales obstáculos a la implementación (de las medidas) residen en el proceso más lento del lado cubano de firmar acuerdos comerciales con empresas estadunidenses” y abunda: “Puede ser un problema de falta de preparación, de burocracia o de filosofía económica”. De hecho la administración de Obama no esconde sus intenciones de incidir en los cambios sociales y políticos de Cuba a través de las medidas económicas. Así, Jacob Lew, secretario del Tesoro, aseveró que las nuevas regulaciones tenían el objetivo de “apoyar al pueblo cubano en su esfuerzo para alcanzar las libertades políticas y económicas necesarias para construir una Cuba democrática, próspera y libre”. La postura del gobierno cubano al respecto no cambia: todavía el pasado jueves 17, el canciller afirmó que “si el gobierno de Estados Unidos está realmente interesado en ayudar el pueblo cubano, entonces el embargo tiene que ser eliminado”.

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