Irrumpe la clase media cubana

miércoles, 30 de marzo de 2016
“En Cuba todos somos iguales” es una frase que devino clásica pero que, aparentemente, ya no es cierta. El ajuste oficial de la política económica cubana, que permite la creación de empresas, sumado a los isleños que reciben grandes cantidades de dólares vía remesas, han dado paso a una incipiente clase media, algo que era impensable hace apenas una década. Para muestra está el dueño del paladar donde cenó la familia Obama el domingo 20, un hombre que puede cobrar hasta 30 dólares por una cena individual en su establecimiento, en un país donde el ingreso promedio mensual es de 24 dólares. LA HABANA (Proceso).- A sus 52 años Carlos Cristóbal Márquez está contento: hace dos años el San Cristóbal, su paladar, ganó el cuarto lugar de los mejores restaurantes del Caribe. Ha atendido a políticos, altos funcionarios y al cuerpo diplomático en funciones en esta capital. Y el pasado domingo 20, la familia Obama apareció ahí. Su cena en el paladar –así llaman en Cuba a los restaurantes privados– fue muy comentada. El teléfono del local no para de sonar cuando lo visita Proceso, el lunes 21. El recepcionista está obligado a rechazar a los clientes que no reservaron. “Todo el día estuvo fatal. Quiero decir, muy bueno”, plantea. Algunos turistas toman fotografías de la fachada verde de esa casa antigua, que sobresale entre los edificios en mal estado de la calle San Rafael, en el centro de La Habana. Los vecinos pasan y bromean con el chef: “Ya estás en la gloria, ¿verdad?”, le dice uno. El restaurante que el chef Cristóbal fundó en 2010 ofrece platillos criollos de gran calidad a precios accesibles: una cena “presidencial”, con todo y bebida –Michelle Obama tomó vino–, no supera los 30 dólares por persona. Incluso puede comerse por 10 dólares. Cristóbal asevera que el año pasado atendió a la presidenta chilena Michelle Bachelet y a su antecesor, Sebastián Piñera –cenaron juntos y, aunque son adversarios políticos, compartieron el mismo plato, se ríe el chef–. El hombre imponente y jovial también ha recibido a los presidentes de Guatemala, Honduras y de San Vicente y Granadinas; altos funcionarios estadunidenses y cantantes como Beyoncé o Mick Jagger. Pero su clientela diaria la forman turistas y cada vez más cubanos. –¿Cubanos de clase media? –pregunta el reportero Cristóbal se asombra. “En Cuba no podemos hablar de clases; en Cuba somos todos iguales”, asevera. Pero reconoce: “Hay algunos que tienen familia en Estados Unidos y están más aventajados que otros”. Su clientela cubana “tiene de por sí, guarda su dinerito para comer una vez al mes en un lugar así, con la novia, ¿me entiendes? Es como el brasileño cuando festeja el carnaval, gasta todo su dinero en una fantasía”, abunda. Aun así, sus precios resultan inalcanzables para el cubano común y corriente, cuyo ingreso promedio es de unos 24 dólares mensuales. En los últimos años la población acomodada creció en Cuba, empujada por la “actualización” del modelo económico socialista de la isla que hizo el Partido Comunista Cubano (PCC) en distintas etapas entre 2008 y 2011. Además de esta apertura se incrementó el monto de las remesas que llegaron a la isla en divisas extranjeras: la Comisión Económica para América Latina y el Caribe estimó que en 2015 Cuba recibió mil 800 millones de dólares de remesas. La apertura del PCC consistió en la crerciente apertura de la economía a la iniciativa privada. Hoy un cubano puede ejercer 201 profesiones a cuenta propia con permiso del Estado, y según las cifras oficiales, 495 mil cubanos estaban registrados en el sector privado en 2015. En 2010 apenas rebasaban los 200 mil. En las avenidas de La Habana se multiplican los paladares, los pequeños negocios y las casas particulares donde se rentan cuartos a los turistas; los taxistas privados recorren la ciudad en sus “carboneras”, los autos estadunidenses de los cincuenta que siguen circulando. Los empleados de estos negocios con los que platicó Proceso aseguran, como si fuera evidente, que su salario es mucho más elevado que lo que ganarían en una empresa del Estado por un empleo similar. A su vez, estos “cuentapropistas” forman parte de la clientela cubana que ocupa las terrazas de los bares y paladares de los barrios acomodados de la capital cubana, en los que precios se indican en CUC, la moneda convertible cubana equivalente al dólar. [caption id="attachment_434113" align="alignnone" width="702"]La Habana. Foto: AP / Rebecca Blackwell La Habana. Foto: AP / Rebecca Blackwell[/caption] Nuevos “hobbies” La socióloga Denisse Delgado Vázquez asevera que, en paralelo al crecimiento de la clase acomodada, “cada vez hay una mayor estratificación social en Cuba”. Estos cubanos, afirma, tienden a ahorrar; acuden a paladares; practican nuevos hobbies, como el buceo o el tenis; o vacacionan en las playas cubanas donde existe una oferta de hoteles para el turismo nacional. En entrevista con Proceso explica que las remesas no se emplean en Cuba en la educación o la salud –como suele ser el caso en otros países de América Latina, como México–, pues en la isla el acceso a estos servicios es universal. “Hay quienes montan un negocio para independizarse de las remesas y lograr un desarrollo familiar más auténtico”, abunda. Señala que se están abriendo jardines privados de preescolar, donde los niños reciben enseñanzas especiales, como música o inglés. “Hacen relación con otros niños que acceden a este espacio de educación distinta, paralelo al sistema estatal”, sostiene, y asevera que estos centros pueden cobrar hasta 100 dólares mensuales. En un estudio que está por publicar como parte del Programa de Estudios sobre Pobreza y las Desigualdades, del Colegio Latinoamericano de Ciencias Sociales –para el cual recibió apoyo de la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo–, Delgado analizó las desigualdades que provocan los distintos usos de las remesas. Según la académica, hay cubanos que reciben remesas relativamente pequeñas de sus familiares en el extranjero: alrededor de 100 dólares mensuales. Gastan este dinero en el consumo diario, principalmente en la alimentación. En el estudio de la socióloga –que encuestó a 74 habaneros–, el perfil típico del receptor de este tipo de remesas es el de una mujer que ronda la treintena, blanca, con nivel educativo superior y un trabajo en el sector estatal. Pero hace cinco años surgió un nuevo fenómeno en Cuba: los cambios en la economía de la isla motivaron el envío de remesas para invertir en proyectos privados, los cuales permiten al receptor generar su propio ingreso. En este caso, el receptor estándar que identificó Delgado es un hombre no mayor de 60 años, blanco, con un nivel de instrucción técnico superior y que trabaja en el sector privado. “Pregunté en el estudio sobre las marcas: las mencionan más los que tienen negocios; conocen los nombres de los lugares de moda, más costosos, como el bar Sarao –en El Vedado–, el que más mencionan”, señala. Una forma común de invertir las remesas consiste en la apertura de paladares o en la renovación de casas, condición para recibir el permiso de hospedar turistas. Los cuartos en las casas particulares ubicadas en las zonas céntricas de la capital cuestan entre 20 y 50 dólares por día; la renta mensual va de 350 a 500 dólares. Teresa Rumbaut renta un cuarto en su casa particular, en El Vedado, desde hace un año. No recibió dinero de las remesas para renovar su casa, pues su esposo labora en una empresa alemana y recibe un salario superior al promedio cubano. Para desocupar la recámara, la pareja y sus dos hijas duermen en el mismo cuarto. Su madre, jubilada, ocupa una estancia independiente en la planta baja. En temporada alta, Rumbaut cobra 35 dólares por noche. Ha recibido cuatro estudiantes estadunideses, de las Universidades de Michigan y Minnesota, en estancias prolongadas; y turistas de todas partes del mundo por algunas noches. “Nos ayuda mucho. He ido renovando la casa con los mismos ingresos (de la renta). Aquí todo es muy caro: la televisión, el aire acondicionado o la pintura”, explica a Proceso. Si bien el dinero nunca fue un verdadero problema en su familia, “ahora podemos planificar vacaciones en un hotel de Varadero, en Matanzas o en Los Cayos”, añade. Delgado se sorprendió de los montos que recibieron algunos de los receptores de remesas que estudió: las sumas alcanzaron hasta 200 mil dólares. No fue fácil conseguir la información, asevera la socióloga. El tema del ingreso constituye un tabú en la isla. “A la gente no le gusta mucho hablar de los dineros”, plantea, y añade que platicar de las remesas equivale a abordar “la participación de familiares en los cambios del modelo económico en Cuba”, un tema sobre el cual la postura del gobierno ha sido poco clara. “No hay un pronunciamiento desde el discurso político, no es permitido ni prohibido”, observa. La investigadora pidió a las personas que estudió ubicarse respecto a los demás en materia de bienestar. En un primer tiempo, les presentó una escala de valoración con cinco escalones, pero tuvo que cambiar su modelo por una de seis: todos se colocaban en el tercer escalón, el del medio. Recuerda que “uno se negó en ubicarse, aseverando que todos los cubanos son iguales”. Luego les pidió posicionar a otros sujetos de análisis del estudio, comparándolos con su propia situación. Constató que “siempre dicen que los demás están más arriba que ellos”. Delgado asevera que la revolución cubana adoptó la idea de la igualdad en el acceso a los bienes materiales y espirituales desde un principio, pero dice que a partir de la crisis económica –provocada por el derrumbe del bloque soviético– y del periodo especial en los noventa, se abrieron las brechas económicas. [caption id="attachment_434467" align="alignnone" width="702"]Un cubano con una playera de Obama en La Habana. Foto: AP / Ramon Espinosa Un cubano con una playera de Obama en La Habana. Foto: AP / Ramon Espinosa[/caption] “Se vende esta casa” “Mucha gente usa (las remesas) para arreglar y darle mantenimiento al hogar”, explica Delgado. “Otras personas compran casas o carros”, apunta. En los barrios céntricos de La Habana una casa puede valer entre 20 mil y más de 250 mil dólares, según su estado. Sólo la plataforma de compra venta inmobiliaria Poeltecho enlista más de mil 600 viviendas en venta en la capital. Además, al caminar por La Habana no es raro ver en las ventanas carteles en los que se indica “se vende esta casa”. Con tantos miles de dólares invertidos en renovación, una casa en pésimo estado puede rápidamente generar altas ganancias, si la vivienda se utiliza para albergar turistas. William Fernández, un humilde habitante de La Habana Vieja –por donde pasean muchos turistas–, deplora que “dentro de poco nos van a sacar a todos de aquí para el turismo”. Afirma que muchos de sus vecinos han vendido sus departamentos y se han mudado a partes más económicas de la ciudad. Con su ingreso de 300 pesos mensuales –cerca de 12 dólares–, Fernández forma parte de los cubanos que no se han visto beneficiados de las reformas económicas ni por las remesas. Trata de ganar un poco más al ofrecer cualquier servicio a los extranjeros de la zona. “Lo que he visto en el estudio es que estos cambios –la actividad privada, la venta de casas, el acceso de hoteles para turistas cubanos o los viajes al exterior–, forman parte de las reformas en Cuba pero no son aprovechadas de igual modo por todos. Se requiere de una plataforma que permita hacer uso de estas medidas”, sostiene la socióloga. “El sistema en Cuba es distinto, hay iniciativas privadas que no funcionan en las mismas dinámicas que en el capitalismo. Puede que cada vez nos estemos pareciendo más al mundo, y esto hay que analizarlo más a fondo”, reflexiona Delgado. “Cuba es un país donde se incrementan las desigualdades; es el papel del Estado arreglarlas”, indica. Desde enero de 2015 el gobierno de Barack Obama ha aplicado cuatro medidas para flexibilizar el bloqueo económico, vigente contra la isla desde 1962, y fomentar la iniciativa privada y las inversiones estadunidenses en Cuba. Entre ellas, suprimió el límite de las sumas enviadas como remesas. Todo indica que Cuba seguirá su transformación. En abril próximo el PCC llevará a cabo un nuevo congreso donde hará el balance de los últimos cinco años –incluyendo la nueva relación con Estados Unidos– y definirá su planificación hasta 2021. En 2017 Cuba se dotará de una nueva Constitución, la cual incluirá los cambios en el modelo económico; y el año siguiente el presidente Raúl Castro se retirará del poder. Durante su discurso ante los jóvenes empresarios cubanos, Obama declaró que “el futuro económico de Cuba” reside en “su capacidad de crear más empleos” y en su “creciente clase media”. Las palabras del mandatario quedaron marcadas en la mente del chef Cristóbal. Le gustó cuando el mandatario exhortó a “que hagamos lo que cada quien sabe hacer” e hizo suyo el exhorto a expandir la iniciativa privada en Cuba. “En México o en cualquier parte, en una misma calle hay 10 negocios. Aquí no, caminas y hay uno cada cien metros”, observa. “Veo el futuro en pirámide: todo para arriba”, y suelta una carcajada.

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