Cuba-EU: Exitosa seducción

jueves, 31 de marzo de 2016
LA HABANA (Proceso).- .- “¿Cómo que comió en Cuba?”, preguntó, como si no lo pudiera creer, una joven cubana a su amiga en la Calle 23 de esta ciudad la noche del pasado domingo 20. Apenas una hora antes el presidente estadunidense Barack Obama había terminado de cenar en la Paladar San Cristóbal con su familia, y la noticia ya corría de boca en boca. Durante los dos días y medio que duró la estancia del presidente de Estados Unidos en esta ciudad, los habaneros comentaron cada gesto, declaración o actitud de Obama, prueba de que la campaña de seducción de la Casa Blanca para conquistar a los cubanos funcionó en esta isla, acostumbrada a un modelo de comunicación política hermético, rígido y vertical. En realidad, la estrategia arrancó el sábado previo a la visita, cuando Obama apareció en un video de Pánfilo, personaje muy popular de la televisión cubana encarnado por el cómico Luis Silva. Cada semana, el programa satírico Vivir del cuento exhibe al jubilado habanero enfrentando situaciones absurdas de la vida en la capital. Con un humor subversivo, el programa propina una crítica mordaz –y sutil– al sistema cubano. En el video, Pánfilo llama a la Casa Blanca para saber si lloverá o no durante el partido que jugarían el martes siguiente la selección nacional de beisbol de Cuba y los Rays de Tampa Bay. Se cae de sorpresa al percatarse que el mismo Obama contesta el teléfono. Se presenta y el presidente de Estados Unidos le dice, en español: “¡No me digas!, ¿qué bolá?”, expresión equivalente a “¿qué onda?” La embajada de Estados Unidos en Cuba difundió el video la noche del sábado; apenas dos días después había recibido más de 2 millones de visitas en internet –una proeza en un país que tiene un incipiente acceso a la red–. Las cadenas de televisión lo difundieron masivamente y la prensa en línea lo destacó en sus portales. Obama aún no pisaba el suelo cubano y su “¿Qué bolá?” ya conmocionaba la isla. Todos los habaneros con los que platicó Proceso después de la visita concordaron en que Obama dejó una gran impresión en la capital. “Habló de apertura y de cambios, esto es necesario aquí”, asevera Arleen Reyes detrás de su pantalla de computadora, en la que edita fotografías para documentos oficiales. Y en las pláticas callejeras no es extraño escuchar el nombre del mandatario estadunidense. Bajo control El lunes 21, tras despedirse de su anfitrión, Raúl Castro, con el que se había reunido en el Palacio de la Revolución, Obama se trasladó a una feria de negocios para charlar con empresarios cubanos en un ambiente relajado, un ejercicio en el cual el ocupante de la Casa Blanca es experto. Sobre todo si se encuentra bajo su control, como ese día. Después de “dar la bienvenida a todos los emprendedores extraordinarios, hombres y mujeres, que se encuentran aquí”, Obama dio una cátedra sobre los beneficios del modelo de la economía de mercado y aseveró a los actores del sector privado que “Estados Unidos quiere ser su socio”. Luego dio inicio a una sesión de “diálogo” que moderó Soledad O’Brien, periodista y empresaria cubano-estadunidense. Ella ofreció la palabra a cinco cubanos y cubanas, quienes platicaron de sus proyectos al presidente de Estados Unidos. Durante más de media hora, éste les prestó atención, los felicitó, les preguntó más a fondo sobre sus retos y necesidades y bromeó de vez en cuando para cautivarlos más. Se sucedieron al micrófono Gilberto Papito Valladares, peluquero “cuentapropista” desde 1999; Idiana del Río, joven diseñadora de moda quien estudió en Estados Unidos; Abelardo Álvarez Silva, presidente de una cooperativa de campesinos; Miriam Portuondo Sao, genetista; e Indhira Sotillo Fernández, quien creó una guía digital de Cuba para dispositivos móviles. La selección de los interlocutores no fue fortuita: los temas abordados concordaron precisamente con la agenda de Obama en Cuba. Las distintas intervenciones permitieron al presidente evocar la importancia de la iniciativa privada –empezar con poco y crecer–, de venta internacional, de la colaboración en materia agrícola o médica o de los incentivos que fomenta su administración para incrementar la cobertura de internet en la isla, entre otros. En medio de las charlas, O’Brien cedió la palabra a Brian Chesky, el joven fundador de Airbnb, la plataforma en línea de renta de habitaciones en casas de particulares creada en 2009, que ofrece servicios en Cuba desde el año pasado. Con una curiosidad fingida, Obama preguntó al empresario: “Después de ocho años, ¿en cuánto se valúa (Airbnb) hoy?” “25”, le contestó. “No seas tímido”, insistió el presidente. “25 mil millones (de dólares)”, abundó el joven. Según Rafael Hernández, director de la revista Temas –referente en materia cultural y social en Cuba–, durante la visita de Obama “la puesta en escena fue impecable”. “Muchos cubanos no se dieron cuenta de que (el mandatario) estaba leyendo los teleprompters mientras decía sus discursos”, asevera en entrevista con Proceso. Hernández no cree que Obama esté particularmente conmocionado por las deficiencias de la democracia en Cuba o por las violaciones a los derechos humanos; el periodista observa que el mandatario no adopta la misma actitud en los países de América Latina donde hay desapariciones forzadas o en los cuales la mafia invadió las instituciones. Según él, la retórica de Obama trata de calmar a los “sectores de ultraderecha” establecidos en Miami y opuestos a la normalización de las relaciones con Cuba. Por lo anterior, asegura que “el gobierno cubano hizo todo lo posible para que la estancia estuviera como (el equipo de Obama) la tenía planeada” y escuchó las críticas sin responder. Discursos sin falta Los discursos que pronunció Obama en La Habana –dos de ellos, transmitidos en vivo en la televisión cubana– resultaron un ejercicio de comunicación sin errores. Multiplicó los elogios hacia el pueblo cubano –“el cubano inventa del aire”, aseveró–, se apoyó en los símbolos nacionales, como el revolucionario José Martí, y reconoció los “errores del pasado” que cometió su país respecto a Cuba. También retomó las críticas que el gobierno cubano suele hacer a su contraparte estadunidense –en materia política, social y económica–, subrayó la importancia de las libertades civiles e insistió que su país no se entrometerá en los asuntos cubanos. Dijo las frases más importantes en español, entre ellas: “El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”. Así, Obama recordó que como presidente se esforzó en eliminar el bloqueo económico contra la isla. Desde su imposición, el bloqueo representa el símbolo de la opresión estadunidense en Cuba y es señalado como el principal obstáculo del despegue económico de la isla. Obama prometió, en repetidas ocasiones, que tarde o temprano “el bloqueo desaparecerá”. Reiteró su admiración al modelo social de Cuba en materia de educación y salud, o los logros alcanzados en materia de igualdad de género, y resaltó los “profundos lazos” que unen a los pueblos de Cuba y Estados Unidos, los cuales “son hermanos en muchos sentidos”, pues surgieron como colonia europea, se liberaron de un sistema esclavista y son sociedades mestizas. Obama desplegó un discurso sutil para exhortar a la “reconciliación” entre los más de 2 millones de cubanos radicados en Estados Unidos y los de la isla. El tema sigue siendo espinoso en Cuba, pues durante décadas el gobierno tachó a los emigrantes cubanos de “traidores a la Revolución”. En las pláticas que tuvo Proceso con familiares de migrantes, ellos insistieron en que sus parientes viajaron a Estados Unidos por motivos económicos solamente. “Nada que ver con la política”, asegura Roberto Caballero, dueño de un negocio de servicios informáticos. “Sé que para ciertos cubanos en la isla puede cobrar sentido que quienes salieron, apoyaron de alguna forma el viejo régimen en Cuba”, concedió Obama, “pero les puedo asegurar hoy que muchísimos exiliados cubanos arrastran en su memoria una separación dolorosa. ¡Aman a Cuba! Muchos consideran que Cuba sigue siendo su verdadero hogar. “Para la comunidad cubanoamericana que llegué a conocer y respetar, eso no se trata solamente de política. Esto se trata de familia”, declaró entre aplausos. Hernández sostiene que tanto para Obama como para Castro, el objetivo central de la visita consistió en juntar grupos de apoyo suficientemente fuertes para que el proceso de normalización sea irreversible. “Se involucran distintas áreas y factores de la economía para que cuando se retire Obama (…) dar un paso atrás en la normalización de la relación tenga un enorme costo político”. El resto, según él, “es pura dramaturgia”. Sin embargo reconoce que “el sistema de comunicación del gobierno cubano no tiene la eficacia, el dominio o el encanto que tienen los medios de comunicación de Estados Unidos” y reflexiona: “Los dirigentes cubanos tienen que aprender a desarrollar sus capacidades comunicativas”. El martes 22 el periódico oficial Granma reaccionó ante la estrategia de seducción de Obama mediante una columna de opinión de Enrique Ubieta Gómez, intelectual del Partido Comunista Cubano, quien advirtió que detrás de la actitud conciliadora de Obama se esconde una estrategia del poderoso país para imponer la “reconquista económica y política” de Cuba. “Creo que la visita de Obama es un paso positivo. Es un hombre carismático. Con su sonrisa y su inteligencia natural conquista corazones. Nosotros, quiero decir, los cubanos de las últimas décadas, conocimos a otro tipo de líder. El candidato a un cargo político en aquella sociedad debe ser un producto apetecible para el potencial consumidor: debe saber reír con los humoristas de turno, y si es posible, hasta bailar”, aseveró. Y añadió: “Su propósito, insiste en ello, es estimular el éxito de los llamados “emprendedores”, los pequeños y medianos propietarios. Cree que ellos abrirán el camino hacia el capitalismo cubano. El capitalismo cubano, desde luego, no sería muy cubano. Y aquí está la bola escondida; porque si las transnacionales regresan y se apoderan del país como antes, los pequeños y medianos propietarios serían barridos”.

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