El extraño caso del estudiante mexicano en Nicaragua

miércoles, 22 de junio de 2016
MANAGUA (apro).- Diez horas antes de presentar el proyecto que realizó durante tres meses en la empresa minera Hemco, Jobany Torres, de 23 años y estudiante de ingeniería metalúrgica en la Universidad Autónoma de Zacatecas, tomó su laptop y su mochila y emprendió un viaje de más de dieciocho horas sobre las deterioradas vías del Caribe Norte de Nicaragua. Subió y bajó de varios buses hasta llegar a Managua, recorriendo así 440 kilómetros, sin avisar a nadie en ese país. El día que desapareció, el lunes 30 de mayo, fecha en que se celebra a las madres nicaragüenses, llegó al hotel y salió poco tiempo después, dejando casi toda su ropa en el cuarto. Nada hizo indicar que no regresaría, ya que aseguró que iría al hospedaje en el que se encontraban los otros dos estudiantes mexicanos que llegaron al país centroamericano junto con él a inicios de marzo para realizar unas pasantías en Hemco, como parte de una alianza entre esa empresa y la casa de estudios. Torres casi nunca salía a pasear. Cada tarde, al terminar sus labores en la empresa Hemco, ubicada en el pueblo minero Bonanza, solía regresar al hotel en el que estaba hospedado y se entretenía platicando con el personal del lugar, que lo recuerda como una persona de sonrisa fácil. Era sociable, asegura Isabel Vanegas, dueña del modesto hotel. “Y también amistoso. Llegaba bien cansado del trabajo y no salía”, comenta. En ocasiones las pláticas versaban sobre cómo se preparaban las comidas en su país natal. El joven mexicano llegó a Nicaragua con el propósito de realizar una “pasantía”. Le pusieron como condición proponer un proyecto que beneficiara tanto a la empresa como a la universidad. Dicho proyecto se realizaría durante su estancia en el consorcio minero de capital colombiano. En declaraciones al diario El Debate, de Zacatecas, que ofreció cuando regresó a México, Torres precisó que el suyo era sobre perforación y desarrollo horizontal con manejo de explosivos. “Sentía que mi proyecto no estaba funcionando y los resultados que obtenía no eran satisfactorios. Sentía que mis cosas no daban resultado, nunca le puse entusiasmo”, dijo Torres al diario mexicano. “Eso es raro”, sostiene una fuente de Hemco que solicitó el anonimato, “nunca se quejó. Era un muchacho amable, algo campechano y de sonrisa fácil”. La noche del 30 de mayo sus compañeros se quedaron esperándolo. No lo llamaron porque pensaron que había cambiado de opinión y había preferido no practicar la presentación del proyecto. Pero no era así. En ese momento Torres estaba tomando un taxi para trasladarse de Bonanza hacia Rosita, otra ciudad minera. Su plan parecía fácil: desde Rosita tomaría varios autobuses hasta llegar a Managua. Carol Rodríguez, encargada de la boletería en la estación de autobuses de Bonanza, no recuerda haber visto al estudiante mexicano. “Por aquí no pasó, la policía también me preguntó, pero no vino, estoy segura”, dijo a Apro vía telefónica. El viaje de Bonanza hasta la capital por tierra demora unas 16 horas en autobús, pero como Torres tomó más autobuses, lo hizo en más de 18. La mañana del 31 de mayo, cuando estaba previsto que expusiera los resultados del proyecto, sus compañeros lo llamaron al celular y le escribieron por WhatsApp. Notaron de inmediato que había estado en esa red social por última vez el día anterior a las 6:30 pm, lo que les pareció raro porque siempre estaba en comunicación con su familia. La empresa minera Hemco, que posee 25 concesiones de exploración que abarcan más de 261 mil 300 hectáreas que se ubican en el distrito conocido como Triángulo Minero, ubicado entre las municipalidades de Siuna, Rosita, Bonanza y Waspam, dio parte a las autoridades y provocó que desde el más alto nivel en Nicaragua se trabajara en la búsqueda del estudiante. La empresa usó todas sus influencias para que se activara a la policía a nivel nacional. El 31 de mayo los otros dos estudiantes mexicanos defendieron su proyecto ante un grupo de expertos que laboran en la empresa minera, mientras las autoridades y la Policía Nacional realizaban las averiguaciones que les dieran pistas sobre la ubicación de Torres. “Fue hasta las 8:30 pm de ese día que se comunicó por WhatsApp con sus amigos, les dijo que estaba en Managua, que se había venido en autobús y que estaba hospedado por la Universidad Nacional Agraria (UNA), cerca del aeropuerto internacional Augusto C. Sandino, que al día siguiente salía para México, y que ya tenía el boleto de avión”, agregó una fuente de la municipalidad de Bonanza que habló con Apro bajo condición de anonimato. Según el abogado Ricardo Flores —quien defendió a Torres posteriormente, cuando el Ministerio Público de Nicaragua le imputó cargos por “simulación de delito”— el joven se alojó en la casa de una persona cerca de la UNA y ahí “manifestó que se sentía perseguido”. “Esa versión no ha sido corroborada, es una versión de la Policía. Lo que sucede es que él ha guardado silencio. Habló con la cónsul pero fue muy parco en sus expresiones”, dijo Flores a Apro. El 31 de mayo la empresa Hemco alertó también a la embajada de México en Managua. “Se temía que se hubiera perdido o que le hubiera pasado algo. A él la policía lo encuentra en el aeropuerto, cuando ya se había puesto en contacto con la familia y le habían mandado un pasaje electrónico”, relata Flores. Las pasantías en Hemco concluirían el 31 de mayo y un día después, el día que Torres pretendía salir de Nicaragua, estaba previsto que los estudiantes viajaran hacia Managua por avión y luego se quedaran tres noches en ciudades del Pacífico nicaragüense para luego regresar a México. [caption id="attachment_443692" align="alignnone" width="702"]El universitario mexicano Jobany Torres Becerra. Foto: Especial El universitario mexicano Jobany Torres Becerra. Foto: Especial[/caption] El celular Cuando Jobany se presentó para abordar el vuelo en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, la policía lo retuvo e interrogó y posteriormente lo retuvo en la cárcel de máxima seguridad de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), conocida como El Chipote. “Lo que debió haber hecho la policía era retenerlo, hacer las indagaciones por un lapso no mayor de tres horas que es lo que establece el Código Procesal Penal para determinar si había o no méritos para su detención. En ese momento no hay ninguna condición de responsabilidad, no ha manifestado que haya estado siendo perseguido o acosado ni agredido por nadie, lo que deduzco del mismo pliego acusatorio es que la policía registra su teléfono celular, y esa revisión es una violación a la privacidad”, explica el abogado defensor. De acuerdo con Flores, en el celular encontraron mensajes de texto dirigidos a su familia. “No puede la autoridad entrar a revisar el aparato telefónico, al hacer eso tienen que pedir una convalidación judicial que nunca pidieron”, agrega. Supuestamente a través de su celular él manifestó que era amenazado. “Dicen que había estado chateando con la familia y que les decía que se sentía amenazado, perseguido y que temía por su vida. Eso causa malestar en la policía porque creen que ha hecho eso de manera pública, pero esa es una comunicación privada entre él y su familia”. Inconsistencias La Ley General de Migración y Extranjería establece que puede retener a un extranjero cuando haya entrado ilegalmente a Nicaragua o cuando se le haya vencido el tiempo de permiso. “Ninguna de las dos cabe en el caso de él. Una tercera condición es que haya entrado con documentos falsos. Si la entrada o estadía es de manera irregular, de acuerdo con la ley, tienen que alertarlo que tiene hasta 30 días para aclarar su situación legal. La ley dice que puede estar hasta ocho días en el centro nacional de albergue porque puede ser retenido. Pero una vez que sea retenido debe ser puesto a la orden del juez, en un plazo de 48 horas, y eso tampoco se cumplió”, continúa el abogado Flores. Cabe decir que este proceso sí se llevó a cabo en el caso de los narcotraficantes que entraron a Nicaragua haciéndose pasar como periodistas de Televisa. El 1 de junio Torres fue llevado a las celdas de El Chipote. No tuvo acceso a atención consular ni pudo llamar a un abogado. Ese mismo día los otros dos estudiantes mexicanos tuvieron también que ir a rendir declaración, pero fueron puestos en libertad el mismo día. Fue hasta el 12 de junio que la Fiscalía nicaragüense anunció que iba a acusarlo formalmente en los juzgados porque simuló su desaparición. Invocó el artículo 473 del Código Penal de Nicaragua acerca de la simulación de delito, que reza así: “quien ante la autoridad competente simule ser responsable o víctima de un delito, o denuncie uno inexistente y provoque actuaciones de investigación o procesales, se le impondrá de cien a doscientos días de multa”. Por ser una pena pecuniaria, no debía estar en prisión. Derechos violados La mañana del 13 de junio Jobany Torres fue presentado en los juzgados de Managua. Vestía camisa azul. Del joven de sonrisa fácil del que hablan en Bonanza no había nada. Estuvo cabizbajo todo el tiempo. Tenía los ojos rojos y debajo de estos, tenía moretones. “Lo vi hasta que llegué al juzgado. El 9 junio entregué un recurso de exhibición personal, lo presentamos en tiempo pero lo respondieron hasta el lunes 13”, recuerda el abogado Flores. Al ser consultada por los periodistas que estaban presentes en la audiencia preliminar sobre los golpes que Torres tenía en el rostro, la fiscal auxiliar de Managua, Guisell Borges, aseguró que ya le había consultado sobre eso. “Él manifestó que se autolesionó”, dijo. Esa misma versión ofreció el abogado. “La cónsul me dijo que a ella le comentó que se había autoflagelado”. El caso fue calificado como “enrarecido” por Gonzalo Carrión, director del Área Jurídica del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh). “Lo acusan por simular un hecho delictivo pero por esa simulación no hay cárcel, la condena es pecuniaria. Una vez que lo arrestan y lo acusan 12 días después están cometiendo una arbitrariedad, una inconstitucionalidad. Al mexicano se le violaron sus derechos humanos independientemente de las imputaciones o acusaciones que le hayan hecho. Para tener una idea: la fiscal dice que pretendía desprestigiar al gobierno y un poco más y lo ponen como un conspirador que tenía planes macabros”, dijo Carrión a Apro. De acuerdo con la fiscal que lo acusó, el joven mexicano simuló su desaparición “con el fin de desprestigiar la labor que realiza el gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de mantener la seguridad nacional”. “Si alguna vez ideó desprestigió al gobierno, el desprestigio mayor fue la acción del gobierno en su contra. Si alguna vez se dio a correr la voz que estaba desaparecido, luego se desapareció en manos de la policía”, considera el defensor de derechos humanos. Nicaragua es reconocida a escala internacional por sus altos índices de seguridad. Según la Policía Nacional, la tasa de homicidios es de 9 por cada 100 mil habitantes. “Yo creo que el Estado de Nicaragua quebrantó sus propias leyes y abrir ese proceso judicial fue una forma de justificación a la actitud irregular que demostró el Estado al retener al muchacho”, considera el abogado Flores. ¿Qué le pasaba a Jobanny? Según el abogado defensor, Torres “se sentía muy presionado por la carga académica y sentía que se estaba esforzando y no lo lograba. Se sentía inconforme pero estaba realizando un buen trabajo académico”. Flores agregó que su huida pudo haber sido motivada por la pérdida reciente de un bebé. El estudiante mexicano fue deportado a México el 15 de junio luego que pagó una multa equivalente a 160.35 dólares. Cruz Torres, padre de Jobany, dijo brevemente durante una entrevista telefónica con Apro que él “está bien, con su esposa”. “Ya no queremos saber nada de eso, estamos contentos”, añadió. Nadie en Nicaragua se ha atrevido a decir hasta ahora que Torres fue víctima de tortura. Sin embargo, el defensor de derechos humanos del Cenidh se pregunta por qué no le permitieron asistencia consular y legal. “¿Por qué lo encierran en El Chipote, principal centro carcelario y de tortura? Todo fue completamente ilegal, desproporcionado. Suponiendo que se golpeó solo, como explicó la fiscal, me parece una coincidencia: la mayoría de los que se declaran culpables lo hacen después de estar de huéspedes en el hotel cinco estrellas llamado El Chipote”, ironizó Gonzalo Carrión. En julio de 2015 la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) inició una campaña para solicitar el cierre de las cárceles de El Chipote alegando que se registran múltiples denuncias de violaciones a los presos en ese centro carcelario. El inmueble data de 1931, durante la presidencia de José María Moncada. Poco tiempo después, en los tiempos de Anastasio Somoza García, fue usado como centro de tortura. Por ahí pasaron todos los presos políticos, incluido el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.

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