Gobierno y FARC firman acuerdo que pone fin a la guerra en Colombia

jueves, 23 de junio de 2016
BOGOTÁ (apro).- El gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC firmaron este jueves en La Habana un histórico acuerdo que pone fin a una guerra de 52 años y que establece los pasos para que esa organización insurgente entregue sus armas e inicie su transformación en partido político. Durante la ceremonia, el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el comandante en jefe de las FARC, Timoleón Jiménez, Timochenko, coincidieron en que la culminación del conflicto armado interno constituye el inicio de una etapa de reconciliación, desarrollo social y construcción de paz en el país. El acuerdo, que fue suscrito por el jefe de los negociadores del gobierno, Humberto de la Calle, y de las FARC, Iván Márquez, establece un cese bilateral y definitivo del fuego, la dejación de las armas del grupo guerrillero y la concentración de las tropas insurgentes en 23 zonas transitorias de normalización y ocho campamentos cuya ubicación aún está por definir. Esos tres compromisos comenzarán a implementarse un día después de la firma del acuerdo final de paz, que según fuentes cercanas a las negociaciones deberá realizarse entre agosto y septiembre próximos en el balneario colombiano de Cartagena. El cese bilateral del fuego será verificado por una misión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la que habrá observadores de varios países latinoamericanos y representantes de las FARC y el gobierno. La dejación de armas de la guerrilla consistirá en la entrega de éstas a la misión de la ONU, que destruirá parte del armamento y el resto lo destinará a la construcción de tres monumentos cuyas características y ubicación deberán definir el gobierno y el grupo rebelde. Las FARC deberán culminar el proceso de desarme en un máximo de 150 días después de la firma del acuerdo final. Es decir, en enero o febrero del año próximo. Santos dijo que este día Colombia dio un paso definitivo hacia el fin del conflicto con las FARC, el cual han debido afrontar 12 presidentes. “No solamente se acordó el fin de las confrontaciones, con un cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo, sino que también se definió un cronograma preciso para que las FARC dejen las armas para siempre. Esto significa, ni más ni menos, el fin de las FARC como grupo armado”, aseguró el mandatario. El acto, realizado en el salón de protocolo de la zona habanera de El Laguito, conto con la presencia de los presidentes de Cuba, Raúl Castro; de Chile, Michel Bachelet; de Venezuela, Nicolás Maduro; de República Dominicana, Danilo Medina, y de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén. Además, estuvieron presentes el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, quien fue invitado por Santos desde el martes y sólo a última hora decidió asistir, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, quien le confirió a la ceremonia un carácter “histórico”. Logro latinoamericano El presidente cubano, cuyo país es garante de los diálogos de paz junto con Noruega, afirmó que la pacificación de Colombia “no tiene vuelta atrás”, lo que es una victoria para toda América Latina. El conflicto colombiano es, a fin de cuentas, el único que persiste en la región, y las FARC han sido el principal adversario del Estado. Timochenko, el jefe máximo de las FARC, recordó que el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez jugó un papel determinante para acercar a esa guerrilla con el gobierno de Santos para iniciar conversaciones de paz. El jefe guerrillero afirmó que “en un plazo relativamente breve” habrá un acuerdo final que será producto de un diálogo serio entre dos adversarios que se enfrentaron en el campo de batalla sin que ninguno pudiera derrotar militarmente a la contraparte. Esto, dijo, “no es una capitulación de la insurgencia, como querían algunos obtusos”. Cuando Timochenko terminó su discurso, caminó hasta el sitio del estrado donde estaba Santos, para saludarlo. El presidente respondió el gesto entregándole un “balígrafo”, que es una bala de fusil convertida en bolígrafo. A diferencia de la ceremonia del 23 de septiembre pasado, cuando Timochenko y Santos firmaron en La Habana el acuerdo de justicia y víctimas, en esta ocasión ambos lucieron relajados y dispuestos a sonreír de buena gana para la foto. El presidente, en particular, había estado renuente, por consejo de un asesor, a mostrarse muy efusivo con el jefe guerrillero en el acto anterior. Pero en el evento de este jueves todo fue algarabía y entusiasmo. No sólo por el pacto para poner fin a la guerra, sino porque las partes también anunciaron de manera sorpresiva un acuerdo sobre el mecanismo de refrendación de los acuerdos de paz. Hasta ahora las FARC se rehusaban a aceptar un plebiscito para refrendar los acuerdos, a pesar de que hace tres semanas el Congreso colombiano aprobó ese mecanismo y de que la Corte Constitucional estudia su legalidad. Este jueves, sin embargo, el gobierno y el grupo guerrillero anunciaron que ya convinieron acoger como fórmula de refrendación la que determine la Corte Constitucional, que ya tiene una ponencia favorable al plebiscito y sólo resta que la apruebe el pleno de ese tribunal. Seguridad contra paramilitares Otro de los acuerdos suscritos en La Habana fue el de los mecanismos de seguridad que se pondrán en marcha cuando se firme el acuerdo final para proteger a los guerrilleros de las FARC desmovilizados y combatir a los grupos criminales sucesores del paramilitarismo que han cometido varios crímenes de líderes de izquierda y dirigentes sociales pro-paz en el último año. Para las FARC es un tema fundamental que el Estado garantice la seguridad. Una experiencia muy sentida para esa guerrilla fue la del exterminio de la Unión Patriótica, un movimiento político surgido en medio de un proceso de paz en los ochenta y el cual acabó aniquilado por grupos paramilitares y agentes de la fuerza pública. Más de tres mil de sus militantes fueron asesinados. Por ello, alrededor de cada una de las 23 zonas transitorias donde se concentrarán las FARC se establecerá un perímetro de seguridad de un kilómetro de ancho donde sólo podrán transitar los observadores de la ONU. Además, el gobierno y las FARC “definirán conjuntamente unos protocolos de seguridad que permitirán, de manera integral, minimizar las potenciales amenazas que pueden afectar o vulnerar las personas y bienes comprometidos en el Cese al Fuego y Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas”, según el acuerdo. En esas 23 zonas transitorias, que tendrán una vigencia de seis meses, unos 15 mil guerrilleros y milicianos de las FARC comenzarán su incorporación a la vida productiva, para lo cual contarán con ayuda del gobierno, así como su transformación en partido político legal. Los guerrilleros desmovilizados contarán con protección de una unidad civil especializada, del Ejército y la policía, de acuerdo con un esquema que diseñaron los negociadores de las FARC y del gobierno, entre ellos el general Oscar Naranjo, exasesor de seguridad del presidente mexicano. Luego del paso que dieron este jueves, al gobierno y a las FARC sólo les resta por negociar los detalles finales del sexto y último punto de la agenda, que es el de implementación, verificación y refrendación, así como las salvaguardas que quedaron pendientes de los cinco acuerdos alcanzados hasta ahora. El proceso colombiano de paz, que arrancó en noviembre de 2012, está virtualmente concluido y, como dijo el presidente cubano Raúl Castro, “ya no tiene vuelta atrás”.

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