Rajoy, en busca de aliados para formar gobierno

lunes, 27 de junio de 2016
MADRID (apro).— Los resultados electorales del 26-J en España, dan un nuevo aliento a Mariano Rajoy, líder del conservador Partido Popular, para poder hacer gobierno y mantenerse en La Moncloa durante una segunda legislatura. El camino no será fácil porque se abre un nuevo tiempo de negociación para lograr los apoyos que aún le faltan para presentarse a la investidura. Se repite el proceso de negociaciones, debido a que tras las elecciones del 20 de diciembre (20-D), los partidos fueron incapaces de alcanzar los pactos para formar gobierno en un escenario de fragmentación del voto –que se reflejó en el Congreso de los Diputados. Pese a la crisis económica y las brutales medidas de choque impuestas por el PP, los muchos escándalos de corrupción y las recientes grabaciones del ministro de Interior involucrado en una trama para armar acusaciones contra líderes pro-independencia en Cataluña, los partidos de izquierda no consiguieron el voto mayoritario para echar del poder al político de derecha. Una vez más, Mariano Rajoy hizo gala de su habitual resistencia ante los embates, tal y como él se lo pidió a Luis Bárcenas –en los ya famosos SMS que le envió a su examigo y extesorero— cuando ya se conocían las cuentas ilegales en Suiza derivado del caso Gürtel: “Sé fuerte, Luis (…) La vida es resistir”. Rajoy, un tipo austero con pinta de político antiguo, no se salió del guión de presentarse en campaña como la única opción de gobierno estable y con experiencia. También alimentó la idea del necesario voto útil para su candidatura aduciendo el voto del miedo ante la llegada del populismo de Podemos, a quien solía llamar “los malos”. A sus voceros los identificaba como “los viejos comunistas de siempre”. En estas décimo-terceras elecciones de la democracia española, uno de cada tres votantes se inclinó por el partido de Rajoy, que en diciembre perdió 69 escaños. Sin embargo, el 26-J recuperó 14 escaños para colocarse en 137 con el 33% del voto. El Popular perdió alrededor de tres millones de votos respecto de las elecciones de 2011, cuando arroyó con una mayoría absoluta, que le dio la llave para imponer sus políticas de austeridad en un país duramente golpeado por la crisis. Corrupción minimizada Los inesperados resultados a favor de la formación de Mariano Rajoy arrojan otra sorpresa: El votante no castigó la corrupción del PP o la vio como un factor menor de preocupación frente al discurso del miedo que alimentó la llegada de los populistas. Solo dos casos, uno tan extremo como el de la Comunidad Valenciana, epicentro de la corrupción del PP, consiguieron dos escaños más de los que ya tenían, a pesar de que recientemente su lideresa histórica Rita Barberá tuvo que dejar la dirigencia por los escándalos de corrupción que afectan al partido. En la Comunidad de Madrid, donde la Operación Púnica dio en el corazón del PP, con uno de los más escandalosos casos de corrupción, que orilló a la dimisión a la presidenta regional del partido, Esperanza Aguirre, tampoco se les castigó, por el contrario, les premiaron con dos diputados para sumar 15 en total. El segundo partido más votado el 26-J fue el Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez, quien consiguió 85 escaños, cinco menos que en diciembre. Esto coloca a los socialistas en su segundo peor resultado en su historia. Sin embargo, es de decirse que Sánchez logró resistir el llamado sorpasso que anunció Pablo Iglesias, líder y candidato de Podemos, quien ni con su alianza con Izquierda Unida (IU) consiguió arrinconar a los socialistas en la tercera posición en el mapa político. A nivel interno en el PSOE, Pedro Sánchez también logró resistir los embates de su adversaria política, la presidente de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, debido a que en ese caladero de votos socialistas también ella perdió, al quedarse con 20 escaños (31.13% de los votos) frente a los 23 escaños para el PP, que se quedó con el 33.50% de voto en esa comunidad autónoma. Esto le da a Pedro Sánchez un balón de oxígeno interno para mantenerse como secretario general de la formación política. El 22.70% de los votos que los socialistas obtuvieron a nivel nacional, no les da la posibilidad de intentar hacer gobierno, como lo hicieron en marzo pasado derivado de las elecciones del 20 de diciembre, cuando Rajoy se negó ante el rey Felipe VI a presentarse a la investidura, por no contar con los acuerdos para ello. Sin embargo, en esta ocasión el PSOE tiene la llave para permitir que Rajoy haga gobierno, ya sea con un apoyo directo –si bien se ve poco probable— o mediante la abstención en una segunda votación parlamentaria. En las primeras valoraciones, el PSOE anunció que no apoyará a Rajoy, es decir, los socialistas no le darán el apoyo a Rajoy para investirse en forma tan fácil y esperan que Rajoy mueva ficha buscando los apoyos suficientes para lograr la investidura y que sea él quien se desgaste en las tareas políticas para conseguirlo. Podemos: sin avances Por su parte, Podemos, la gran esperanza del voto joven, apenas logró salvar los resultados de diciembre. Sin embargo, no cumplieron las expectativas que ofrecieron en campaña ni las grandes posibilidades que les dieron las encuestas, que los colocaban como segunda fuerza, por encima del PSOE. El anhelo del sorpasso quedó en nada y solo consiguió refrendar los resultados de diciembre. Aunque se presentaron como la opción que podría desbancar a las viejas formas de la política en España, Podemos, sus aliados Izquierda Unida (IU) y las confluencias regionales, en la candidatura Unidos Podemos, se estrelló frente a la realidad y al voto útil que sí consiguió el PP. Unidos Podemos solo logró quedar tablas, al sostener los 71 escaños que en las elecciones de diciembre obtuvieron por separado, los 69 de Podemos y los 2 de Izquierda Unida (el partido más castigado por el sistema electoral español). Ciudadanos, el partido que dirige Albert Ribera, fue el gran perdedor, porque obtuvo 32 escaños (13,10% del voto) perdiendo 8 de los 40 escaños que consiguieron en diciembre. Su discurso de moderación y de acuerdos no fue suficiente. Ni su pacto con el PSOE en la fracasada investidura de marzo. El día después de las elecciones, en la prensa española se produjeron fuertes cuestionamientos a Ribera, porque en su ofrecimiento de llegar a acuerdos con el PP olvidó su discurso de campaña cuando vetó la presencia de Mariano Rajoy como condición para apoyar en el gobierno al PP. Albert Ribera se desdijo rápidamente y ya se apuntó para poderse sentar a negociar con el PP y con PSOE un posible bloque de gobierno “moderado”. El día después del sorpresivo resultado electoral, se empezaron a barajar los posibles escenarios y, sin duda, inicia un verano político caliente para España, porque aunque el PP tiene una posición más cómoda para intentar hacer gobierno, aún quedan largas horas de negociación para conseguirlo.

Comentarios