Exigencias y rechazo a Hillary Clinton, en convención demócrata

lunes, 25 de julio de 2016
FILADELFIA (apro).- Con gritos de “No votaré por Hillary” y “No nos vamos, aquí nos quedamos”, cientos de manifestantes se dieron cita  frente a la alcaldía de Filadelfia, Pensilvania, para expresar su rechazo, unos, y pedirle compromisos en materia migratoria, otros, a la virtual candidata presidencial por el Partido Demócrata, Hillary Rodham Clinton. Al arrancar la primera de cuatro jornadas de la Convención Nacional Demócrata, donde el próximo jueves 28 se ungirá a Clinton como abanderada presidencial, los manifestantes fueron un botón de muestra de la impopularidad de la exprimera dama. “No vamos a votar por Hillary”, dice a Apro el joven Emerson, quien forma parte de los 13 millones de estadunidenses que apoyan el senador independiente por el estado de Vermont, Bernie Sanders. “Clinton no nos representa, forma parte del poder corrupto de Washington, y si Donald Trump gana la presidencia, no será culpa nuestra, sino de ellos, de los demócratas”, subraya Emerson, quien llegó a esta ciudad desde California y asegura estar muy enojado con la también exsenadora federal. Con pancartas, mantas y altavoces, los cientos de manifestantes en contra de Hillary gritaban al unísono: “Bernie, Bernie”, ante la mirada de decenas de policías que los dejaban protestar frente al histórico edificio de la alcaldía de Filadelfia. A otro sector del inmueble, el del lado Este, llegó la manifestación de los migrantes, que recorrió seis kilómetros de las calles de Filadelfia antes de llegar a la alcaldía. “No somos diez, nos somos cien, somos un chingo y aquí nos quedamos”, “No mas deportaciones, no mas deportaciones”, “Me gusta la lima, me gusta el limón, pero no me gusta la deportación”, gritaban los cerca de 200 manifestantes que llegaron a Filadelfia para pedir a Clinton compromisos en materia migratoria. Rosi Carrasco, dirigente de la agrupación Comunidades Organizadas en Contra de las Deportaciones, asegura que el único objetivo de su presencia en Filadelfia es la de hacer sentir a Clinton y al Partido Demócrata que la comunidad hispana en Estados Unidos está siendo criminalizada por las leyes federales. “Le estamos pidiendo a Clinton una moratoria en las deportaciones. Ya no pueden separar más familias. Si gana ella las elecciones tiene que aprobar leyes migratorias más humanas”, explica Carrasco. Las organizaciones civiles a favor de los inmigrantes indocumentados que llegaron a Filadelfia dicen que le tienen miedo al fascismo y al racismo del candidato presidencial republicano Donald Trump, pero al mismo tiempo quieren castigar a Clinton por respaldar al presidente Barack Obama en temas migratorios y por mantener vigentes las políticas de deportación. “Barack Obama ha deportado a millones de personas, Clinton lo apoya. Quienes son ciudadanos estadunidenses en mi organización, no van a votar por ella, ni por ningún otro partido, los demócratas nos han abandonado, y Trump es una amenaza mayor que no creo que vaya a ganar la presidencia”, expone la mujer, quien llegó desde Chicago, Illinois. El extraño crisol de denuncias contra Clinton y los demócratas en Filadelfia corrobora lo que han destacado las encuestas de opinión pública sobre la tendencia electoral en Estados Unidos respecto de las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre. De acuerdo con el último sondeo de la cadena de televisión CNN, Trump tiene 45% de apoyo entre los electores a nivel nacional, contra 42% de Clinton. Otra encuesta de la cadena de televisión CBS destaca que tanto para la demócrata como para el republicano hay un apoyo electoral de 42% entre los electores. Hasta el pasado 14 de junio, una encuesta de CNN reportó que Clinton gozaba de 49% de respaldo entre los electores, mientras que Trump tenía 42%. El resurgimiento del candidato presidencial republicano en los sondeos se achaca al momentum que vive el multimillonario empresario a cuatro días de haber concluido la Convención Nacional Republicana en Cleveland, Ohio, donde fue oficialmente nombrado. Sin embargo, la lectura de las encuestas sobre Clinton dice que cada vez pierde más popularidad debido a los escándalos de corrupción dentro de la dirigencia del Partido Demócrata. A unas horas de que arrancara la fiesta política en Filadelfia, el Comité Nacional Demócrata anunció la renuncia de su presidenta, Debbie Wasserman Schultz, como resultado de la controversia causada por las presuntas acciones que favorecieron la candidatura de Clinton sobre la de Sanders. La semana pasada se dio a conocer la filtración de correos electrónicos que se intercambiaron entre la dirigencia del Partido Demócrata y que expuso la organización de un complot para garantizar que aquella derrotara al senador en la contienda por la candidatura presidencial. La revelación de los correos electrónicos irritó todavía más a los millones de seguidores de Sanders, quienes ahora amenazan con no votar a favor de Clinton y/o abstenerse de sufragar en los comicios de noviembre. Algunos expertos en materia electoral aseguran que sin el respaldo de los seguidores de Sanders, Trump aumenta sus posibilidades de ganar la Casa Blanca. En Filadelfia, hasta antes de que se diera a conocer el escándalo de los correos electrónicos en el Comité Nacional Demócrata, todo indicaba que sería una demostración de unidad hacia la dupla presidencial integrada por Clinton y el senador federal por el estado de Virginia, Tim Kaine, a quien la exprimera dama eligió como candidato a la Vicepresidencia. Pese a que la incisión demócrata no es tan grande como la que se dio en torno de la Convención Nacional Republicana, los delegados electorales que ganó Sanders en la elección primaria del partido han dicho que esta semana expresarán su inconformidad con Clinton, en plena celebración del evento en la Arena Wells Fargo de Filadelfia. “La revolución comenzó ahora, nosotros somos la revolución contra la corrupción en Washington”, decía otra de las consignas que a coro gritaban en la alcaldía de Filadelfia los fieles seguidores del senador Sanders. Sin una rigurosa vigilancia de policías, los manifestantes congregados fueron un contraste total con lo ocurrido la semana pasada en Cleveland. La seguridad en torno a la Arena Wells Fargo, aunque rigurosa y masiva, nada tiene que ver con la que hay en las calles del centro de Filadelfia y la que  vigila a los manifestantes. Eran apenas unos cuantos policías y no miles los que supervisaron las protestas en la alcaldía para garantizar el orden,  no como los miles de oficiales que acuartelaron Cleveland la semana pasada.

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