El Papa y Trump: El juego de los símbolos

viernes, 26 de mayo de 2017
ROMA (apro).- Francisco, el Papa que quiere tender puentes, intentó esta semana aprender a bailar con lobos: a tratar al presidente de los muros, el estadunidense Donald Trump, como un socio temible e inevitable a la vez. El resultado fue un impasse de espera: durante la reunión que mantuvieron en El Vaticano el miércoles 24, los dos líderes lograron un diálogo de mínimos sobre los grandes temas que los mantienen en polos opuestos, entre ellos los migrantes, la desigualdad social, el cambio climático y la paz. Lo precisó el secretario de Estado, Rex Tillerson, uno de los integrantes de la delegación estadunidense y quien, más allá de los muy diplomáticos comunicados oficiales, dio señales de que Trump considerará la opinión del Papa, entre otros asuntos, sobre el acuerdo climático de París de 2015, que Francisco ha defendido públicamente en reiteradas ocasiones. “Tuvimos un buen intercambio (de opiniones) sobre el acuerdo climático”, dijo Tillerson, en una declaración a periodistas horas después de la reunión. Y precisó que el cardenal Pietro Parolin, el segundo del Papa, les sugirió encarecidamente no desligarse del acuerdo. “El presidente dijo que todavía estamos pensando en eso, que él todavía no ha tomado una decisión definitiva. Él se lo dijo al cardenal Parolin y también al primer ministro italiano, (Paolo) Gentiloni, que esto es algo que decidiremos de regreso de este viaje”, explicó Tillerson. Y añadió que ambos conversaron también de terrorismo y radicalización religiosa. En la misma línea se situó el propio Trump, quien al despedirse del Papa después de una reunión en la que se habló -según la nota oficial de El Vaticano- de paz mundial, migrantes y Medio Oriente, le dijo a Francisco: “No me olvidaré de lo que usted me dijo”. “Encontrar a Su Santidad, el Papa Francisco, fue el gran honor de mi vida. Dejo el Vaticano más determinado que nunca en buscar paz para nuestro mundo”, aseguró en un posterior tuit. “Él es algo [He is something]. Tuvimos un encuentro fantástico”, comentó también el multimillonario, al margen del almuerzo que tuvo con el primer ministro italiano. Fue la conclusión de la primera reunión física entre los dos líderes, que duró aproximadamente media hora y estuvo marcada más por gestos simbólicos a descifrar que por los contenidos difundidos oficialmente; gestos que, en su mayoría, fueron de distensión. Por parte del Papa, estuvo su decisión de retrasar inusualmente 30 minutos su audiencia pública de los miércoles, en la que participan centenares de fieles, esquivando así especulaciones sobre uno de los factores que, desde el inicio de su pontificado, miden la cordialidad de los encuentros de Francisco con los mandatarios extranjeros: la duración. El mismo trato lo recibió de la delegación de Trump, quien llegó a El Vaticano minutos antes de las 8:30 de la mañana, hora prevista para el encuentro, entrando por la Puerta del Perugino, cercana al albergue de Santa Marta, donde habita el Papa. Una gran diferencia con el presidente ruso, Vladimir Putin, quien en noviembre de 2013 llegó con más de 30 minutos de retraso. Allí, Melania y la hija-consejera Ivanka, quienes se encontraban en la delegación oficial de Trump, enviaron otro signo de deferencia. Aparecieron con la cabeza cubierta por una mantilla negra, en señal de respeto, a pesar de que dicha costumbre protocolaria no es inflexible -la canciller de Alemania, Ángela Merkel no la vistió en una anterior visita- y de que ninguna de las dos lo hizo cuatro días antes en su visita a Arabia Saudita, país de mayoría musulmana sunita y socio estratégico de Washington; ahí donde las mujeres no pueden salir a la calle con el cabello al aire. “Bienvenido”, fue el recibimiento del Papa, a lo que Trump, con una sonrisa forzada, contestó: “Muchas gracias, es un gran honor”. A continuación, el jesuita Jorge Bergoglio le siguió hablando al estadunidense en español, algo que no hace comúnmente pues suele usar el italiano en sus encuentros bilaterales. “Yo hablo español, no sé hablar muy bien inglés”, le precisó el Papa. Entonces se dirigieron ambos a solas, acompañados sólo por los intérpretes, a la biblioteca del Palacio Apostólico, donde permanecieron unos 29 minutos. Acabada la conversación, a la hora del intercambio de los regalos, el Papa continuó en la misma línea y le ofreció al magnate-presidente varios presentes-mensajes. Un medallón con una rama de olivo que une una piedra dividida que, le explicó, podría ser un “instrumento de paz”. “Nos viene bien la paz”, le respondió Trump. Y luego algunas obras suyas muy representativas de la visión de Bergoglio del mundo: un documento en el que critica el capitalismo desbocado, la exhortación Evangelii Gaudium, un texto en el que denuncia el tráfico de armas y otro que alerta sobre los problemas medioambientales, la encíclica Laudato Si. “Pruebas de diálogo entre Trump y el Papa”, fue el comentario de Franca Giansoldati, vaticanista del diario italiano Il Messaggero, uno de los pocos que lee habitualmente Francisco. “Al Papa no se le escapó que Trump firmó acuerdos millonarios en Arabia Saudita. Por eso, también incluyó algunos regalos simbólicos, entre ellas el Mensaje por la Paz de 2017, en el que habla del tráfico de armas y de la necesidad de acabar con esto”, puntualizó Giansoldati. Pero también Francisco recibió regalos inesperados de parte de Trump, entre ellos un cofre con libros de Martin Luther King, el líder de los derechos civiles y símbolo de la lucha afroamericana en el mundo. “Muchas gracias”, le dijo el primer Papa latinoamericano quien recurrió a la ironía, una de sus tácticas para distender el ambiente y evitar el enfrentamiento directo hasta con quienes están lejos de sus convicciones. Así, a pesar de que al comienzo de la cita había aparecido con un rostro serio y frío, al saludar a Melania Trump, Bergoglio no se ahorró una pequeña broma a la esposa del estadunidense, de raíces católicas, quien vivió en Milán y sabe hablar italiano. - Pero, ¿qué le das de comer, potica?”, le preguntó sonriente, en uno de los momentos más distendidos de la reunión y refiriéndose a un tradicional postre de Eslovenia, el país de nacimiento de la primera dama de Estados Unidos. Ella le pidió que le bendijera un rosario y luego se despidieron. Una vez más, el Papa usó el español: “Suerte”, les dijo. Otra señal, de nuevo simbólica, fue la decisión de Trump de cambiar su imagen de perfil en sus cuentas en Twitter -@realDonaldTrump y @Potus-, sustituyéndola con una fotografía de su encuentro con el Papa argentino. Algo que ocurrió horas después de acabar el encuentro. Palabras entre líneas Según la sala de prensa de El Vaticano, que no entró en demasiados detalles sobre el encuentro como suele acontecer para las reuniones más delicadas, la conversación fue “cordial”. En ella se expresó “satisfacción por las buenas relaciones bilaterales, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia”. Esto último es quizá uno de los pocos asuntos sobre el que Trump y el Papa tienen a priori sintonía, pues tanto el magnate como Bergoglio hostigan el aborto y otras prácticas como la eutanasia. No obstante, de acuerdo con el mismo documento, los dos también hablaron de temas sobre los que sus posiciones son antitéticas, como la migración. Sobre esto, El Vaticano manifestó “el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes”, de acuerdo con la nota oficial. De igual modo, otro tema fue la actualidad internacional, en particular en Medio Oriente, donde El Vaticano es uno de los pocos países que ha mantenido una presencia continua, como demuestra el hecho de que su embajada en Damasco, Siria, nunca cerró. “Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Medio Oriente y a la tutela de las comunidades”, afirmó la Santa Sede, en un comunicado que, a pesar de ser muy vago, sí dio entre líneas algunas indicaciones sobre el verdadero contenido de la conversación entre Trump y el Papa. Sobre todo esto, Trump conversó durante 50 minutos -más de lo habitual- con el cardenal Parolin, acompañado por Jared Kushner, esposo de Ivanka y asesor especial, y Louis Bono, encargado de negocios estadunidense ante la Santa Sede. Este último participó en la reunión porque hasta el pasado 20 de mayo -más de tres meses después de la toma del poder del republicano- el mandatario no había nombrado nuevo embajador ante la Santa Sede. Finalmente, Trump eligió para este cargo a Callista Gingrich, esposa de Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y uno de los involucrados en la dimisión de Bill Clinton por el caso Lewinsky. No obstante, el nombramiento de Callista Gingrich, quien no tiene experiencia diplomática o política y cuyo marido la engañó públicamente con una relación extraconyugal, todavía tiene que ser confirmado por El Vaticano. En esta relación de mínimos, la Iglesia empezó a arrancarle un resultado concreto a Washington. Según una nota oficial de la Casa Blanca, Trump prometió entregar 300 millones de dólares para combatir la falta de alimentos que afecta a cuatro países de África: Yemen, Nigeria, Sudán y Somalia. Paradójicamente, dos de estos países estaban en la orden ejecutiva que Trump aprobó en enero pasado para restringir el acceso de migrantes musulmanes.

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