Subalimentación crónica en el mundo se agravó, 815 millones de personas la padecen: FAO

viernes, 15 de septiembre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Después de una década y media de mejora a nivel global, el hambre volvió a ganar terreno en la humanidad: 815 millones de personas sufrieron subalimentación crónica en 2016, 40 millones -11%- más que el año anterior, de acuerdo con un informe que publicó hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En paralelo a la agravación del hambre, el sobrepeso y la obesidad -la otra cara de la malnutrición- crecieron en todas las regiones del planeta a un ritmo que se acelera desde 1975. De acuerdo con el estudio, 600 millones de adultos eran obesos en 2014, equivalente a 13% de la población adulta mundial. Así, cuando 155 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica -una tercera parte de ellos tiene desnutrición aguda-, 41 millones más sufren de sobrepeso u obesidad. Tanto la desnutrición como el sobrepeso infantil tienen impactos de largo plazo en el desarrollo mental y en la salud. La multiplicación de los conflictos -más de dos mil millones de personas vivían en países afectados por situaciones de conflicto en 2016- y de los desastres climáticos -y a veces una combinación de los dos- son, “en gran parte”, los causantes de la agravación del hambre, ya que suelen reducir la disponibilidad de los alimentos e incrementar sus precios. Según el informe, la “inmensa mayoría” de las personas que padecen inseguridad alimentaria y malnutrición -489 millones de personas, entre ellas 122 mil niños- viven en países afectados por conflictos, los cuales representan el “común denominador en situaciones de crisis alimentaria grave y hambruna reciente”. No obstante, la FAO observó una agravación del hambre en regiones pacíficas, pero afectadas por la desaceleración económica. Lo detectó sobre todo en países dependientes de la exportación de petróleo, ya que “estas recesiones económicas han reducido los recursos fiscales y han erosionado los recursos disponibles para mantener subsidios en servicios básicos y prestar apoyo a través de programas de protección social”. Por otra parte, el aumento del sobrepeso y la obesidad está relacionado en su mayoría por la transición hacia una dieta basada en alimentos altamente procesados en todo el mundo -muchos de los cuales están llenos de grasas saturadas, sales y azúcares, a la par que tienen pocas vitaminas y minerales- y hacia un modelo de vida más sedentario. “Puesto que las grandes empresas dominan cada vez más los mercados, los alimentos altamente procesados son más fáciles de conseguir, en detrimento de los alimentos y hábitos dietéticos tradicionales”, deploró la FAO. Por más paradójica que parezca, la situación de una humanidad cada vez más hambrienta y más obesa se puede explicar, en parte, con la escasez de recursos para comprar alimentos, según el organismo. Así, cuando el precio de los alimentos sube a nivel mundial, una parte de la población -en los países en desarrollo- no los puede comprar, mientras que otra parte -que vive en general en países desarrollados- opta por consumir alimentos más baratos e hipercalóricos. De acuerdo con la FAO, a este ritmo la humanidad no alcanzará la erradicación del hambre y la malnutrición al horizonte 2030, como se comprometieron los gobiernos al adoptar la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. “Todavía no está claro si el reciente incremento de los niveles de hambre e inseguridad alimentaria indica el comienzo de una tendencia ascendente o si refleja una situación transitoria grave, teniendo en cuenta que el ritmo de disminución en los niveles de subalimentación se ha visto frenado significativamente desde 2010”, advierte el informe.

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