Netanyahu, 'El Mago” en apuros

sábado, 23 de septiembre de 2017
La visita a México del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, tuvo como telón de fondo los escándalos de corrupción y fraude que ponen en la cuerda floja su carrera política. El jefe de gobierno quiso en esta visita histórica a América Latina iniciar una “nueva era” de relaciones y recabar apoyos políticos para Israel en organismos internacionales. JERUSALÉN (Proceso).- En Israel a Benjamín Netanyahu se le apoda El Mago, por su capacidad para sobrevivir ante la adversidad política y mantenerse en primera línea, eclipsando a cualquier adversario, pese a no haber disfrutado nunca de un gran apoyo popular. El Mago que visitó México tiene actualmente serias dificultades para conservar su buena estrella, su cargo y hasta su libertad. Su gira histórica por América Latina, que tuvo México como última etapa, coincide con investigaciones judiciales que cercan cada día un poco más al primer ministro. El viaje le permitió respirar en medio de las acusaciones de soborno y fraude que pesan sobre él y sobre su esposa, Sara. De hecho, en Israel ya hay quienes se preparan para la era post-Netanyahu, porque parece complicado que el primer ministro siga políticamente indemne más tiempo. “Todo hace pensar que Netanyahu deberá responder ante la justicia. Las sospechas que se ciernen sobre él son más serias que las que existían contra (el exprimer ministro Ehud) Olmert (2006-2009, condenado por corrupción y actualmente en libertad condicional). De una manera o de otra, todo indica que caminamos hacia el fin de la era Netanyahu. Sólo es cuestión de tiempo”, afirma Ben Caspit, analista político israelí en un artículo publicado a principios de este mes en el portal Al Monitor Israel Pulse. Netanyahu fue primer ministro de 1996 a 1999 y ostentó de nuevo el cargo desde 2009. Es el segundo jefe de gobierno que más tiempo se ha mantenido en el poder desde David Ben Gurión. Si completa su mandato, que expira en 2019, superará el récord del fundador del Estado de Israel. La invulnerabilidad que siempre ha mostrado hace que muchos no crean por ahora en el fin de su era, una tesis reforzada por el hecho de que “nadie le hace sombra en el ámbito político” y no hay presión de la coalición gubernamental para que deje el cargo. El primer ministro encabeza desde 2015 una variopinta coalición por la que pocos apostaban, pero que se mantiene debido a los intereses de unos y de otros. Los partidos religiosos, ultranacionalistas y de centroderecha que forman este conglomerado en el poder saldrían malparados si el gobierno se hiciera añicos. Y en la izquierda tampoco hay rival que tenga el peso político de Netanyahu. Los laboristas acaban de elegir a un nuevo líder, Avi Gabbay, que intenta fortalecer su imagen de cara a unas futuras elecciones. “La realidad es que Netanyahu no está debilitado, ni mucho menos. Es más, sus índices de popularidad se mantienen estables y si hubiera elecciones hoy, yo creo que las ganaría”, explica a la corresponsal Mauricio Dimant, director del Departamento de América Latina del Instituto de Investigación Harry Truman, de Jerusalén. Según el experto, sólo el ministro de Educación, Naftalí Bennett, o la titular de Justicia, Ayelet Shaked, ambos del partido ultranacionalista Hogar Judío, podrían sacar algún rédito político de la salida de escena de Netanyahu, pues ambos tienen ambiciones de encabezar el gobierno. Pero la semana pasada Shaked sorprendió anunciando públicamente que el primer ministro no tiene por qué renunciar a su cargo si es acusado oficialmente y desde un punto de vista legal sólo debería dejar el poder si es condenado y si todos los recursos judiciales se agotan. Cercado por la justicia Netanyahu libra varias batallas judiciales. Uno de sus más cercanos exasesores, Ari Harow, exjefe de gabinete y de campaña, se ha convertido en un testigo clave de los fiscales y podría ser la pieza que haga que la era Netanyahu se venga abajo. Harow está suministrando información a los fiscales en dos casos. Uno de ellos investiga si Netanyahu ofreció favores políticos a cambio de regalos costosos, como puros o champaña. Otro se centra en un supuesto acuerdo para que uno de los diarios más importantes de Israel, Yediot Ahronoth, realizara una cobertura favorable al primer ministro. El tercer caso que salpica a Netanyahu es la compra de tres submarinos a la empresa alemana Thyssenkrupp, una enrevesada operación en la que se sospecha que el abogado de Netanyahu habría cobrado comisiones. La justicia por ahora no tiene pruebas de que el primer ministro se haya beneficiado directamente de estos sobornos y, en cualquier caso, Alemania, ante la magnitud del escándalo, anuló la venta. Por si los casos que cercan directamente al primer ministro fueran pocos, la justicia informó hace dos semanas que la esposa de Netanyahu, Sara, podría ser juzgada en breve por presuntos gastos excesivos para comidas y alimentos de consumo personal, pagados con el dinero del contribuyente israelí. La cifra superaría los 100 mil dólares, colocados hasta el último centavo en la lista de gastos oficiales del matrimonio, pese a que serían estrictamente personales. Como ha hecho desde hace años, Netanyahu niega con pericia y aplomo todas las acusaciones que lo salpican a él o a cualquiera de los suyos y evita referirse a estos escándalos. “Si no son submarinos, son habanos y si no, conversaciones con un periodista”, clamó recientemente. Para el primer ministro, la culpa de lo que le ocurre es de la prensa y de la izquierda, que quiere que abandone el poder pero que ha sido incapaz de ganarle en las urnas. “La izquierda y la prensa son lo mismo”, ha zanjado el jefe de gobierno, a lo que detractores le han respondido que si tan claro tiene que el pueblo está con él, convoque a elecciones anticipadas. Una visita estratégica “Está claro que el viaje a América Latina es una bocanada de aire fresco para Netanyahu en este contexto, pero no se trata en ningún caso de una gira para distraer la atención de la opinión pública israelí. Si fuera ese el objetivo, habría elegido otro destino más mediático. América Latina está realmente en la agenda de Israel”, afirma Dimant. Según cifras de la Cámara de Comercio Israel-América Latina, los intercambios con esta región representan 4% del total de comercio exterior israelí. Los destinos de esta gira tampoco son azarosos: Argentina, Colombia y México han tenido tradicionalmente una buena relación con Israel y son pesos pesados en la región en materia política y económica. Resultan, por tanto, una base perfecta para afianzar la relación futura con todo el subcontinente. Los primeros frutos de la gira de Netanyahu han sido firmes declaraciones de intenciones por todas las partes y acuerdos de cooperación en ámbitos diversos, desde el turismo hasta la ciberseguridad. “Esta oportunidad de visitar América Latina nos inyecta una gran esperanza. Creemos que América Latina tiene en su conjunto un potencial enorme y estamos convencidos de que el mundo se encuentra hoy inmerso en cambios fundamentales”, aseveró Netanyahu durante su gira. Argentina, con la comunidad judía más importante de América Latina, había protagonizado un acercamiento con Irán, enemigo acérrimo de Israel, en los últimos años del mandato de Cristina Fernández de Kirchner, pero con la llegada a la Presidencia de Mauricio Macri, las relaciones entre Israel y Argentina florecen de nuevo. En Colombia, la cooperación con Israel ha crecido en los últimos años y se traduce en importantes acuerdos en materia de seguridad y cooperación en la era de posconflicto que se inaugura. En México el interés financiero es innegable. El país es, después de Brasil, el socio más importante de Israel en la región y en él están presentes unas 150 empresas israelíes. “Los lazos con México son estrechos y las relaciones personales entre Netanyahu y el presidente Enrique Peña Nieto son muy buenas. La visita del primer ministro es la expresión de esta realidad. Además la comunidad judía en México (unas 50 mil personas) es la segunda más importante de América Latina tras la argentina y ese es el principal puente entre nuestros países”, dice en entrevista Emmanuel ­Nahshon, portavoz del ministerio israelí de Relaciones Exteriores. El empeño israelí de recabar apoyos en todo el mundo ya ha llevado a Netanyahu en los últimos meses a hacer giras por África y Asia. “El mundo es grande y cambia y hay otras zonas que tienen importancia también. Somos un país pequeño, pero creo que con una diplomacia activa podemos tener un papel importante en América Latina y enfrentar juntos los desafíos globales”, agrega Nahshon. “Nuestro objetivo es tener excelentes relaciones bilaterales con México y con América Latina en general y que la expresión de estas buenas relaciones se sienta en organizaciones internacionales para cambiar la lógica antiisraelí que se siente en estas instituciones”, admite Nahshon. México, Colombia y Panamá son los tres países latinoamericanos que aún no han reconocido a Palestina como Estado. Para los responsables palestinos, el principal objetivo de Netanyahu en este viaje es recabar apoyos para “la causa israelí y su expansión colonial en los territorios palestinos” y “buscar aliados más allá del respaldo incondicional de Estados Unidos, que ya no es el dueño del mundo”. “Esta gira no tiene nada que ver con la paz, sino con ganar apoyos para Israel y eclipsar las aspiraciones legítimas palestinas. Netanyahu quiere tejer una red de apoyo en regiones del mundo que tradicionalmente respaldaron los derechos del pueblo palestino, y América Latina es claramente una de ellas”, explica a un pequeño grupo de corresponsales Nabil Shaath, consejero del presidente palestino Mahmud Abbas. “No creo que el objetivo de Netanyahu sea sumar apoyos porque los países que ha visitado ya están alineados con Israel a nivel internacional. La gira ha dado un impulso a negociaciones y relaciones ya existentes y sólo un primer ministro podía dar un empujón tan significativo”, responde Dimant. “El asunto del tuit”  La estancia de Netanyahu en México zanja definitivamente el incidente diplomático provocado a finales de enero por un tuit de Netanyahu en el que parecía apoyar la idea de Donald Trump de construir un muro en la frontera mexicana. El mensaje de Netanyahu fue recibido con gran descontento por el gobierno mexicano, la comunidad judía de este país y la mayor parte de sus ciudadanos, y puso en la cuerda floja las relaciones bilaterales. Peña Nieto exigió disculpas y finalmente el gobierno israelí aclaró que el tuit había sido malinterpretado y las aguas volvieron a su cauce. “El asunto del tuit ha quedado reducido a un pequeño incidente sin importancia”, garantiza Nahshon. A finales de octubre los dos países vivieron un momento de tensión cuando México votó en la UNESCO a favor de una resolución adoptada por el Comité Ejecutivo del organismo internacional sobre la preservación del patrimonio religioso y cultural de Jerusalén Oriental. El texto indignó a Israel porque consideró que se negaba la relación del judaísmo con el llamado Monte del Templo, donde se sitúa actualmente la Explanada de las Mezquitas, lugar de culto musulmán. México quiso cambiar su voto, pero la UNESCO no lo permitió. “Me pregunto qué puede ofrecer Netanyahu a los mexicanos: ‘¿Podemos ayudarles con el Tío Sam? ¿Podemos convencer a Trump de que ceda en su empeño de construir el muro porque tenemos estrechas relaciones con él?’. Pero a estas alturas, los mexicanos saben perfectamente lidiar solos con Estados Unidos.”, se preguntaba, irónico, Shaath. Este reportaje se publicó el 17 de septiembre de 2017 en la edición 2133 de la revista Proceso.

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