En Uruguay permea un 'falso suspenso”; Lacalle Pou será el presidente

miércoles, 27 de noviembre de 2019
MONTEVIDEO (apro).- Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou aventajó por 28 mil 666 votos a su oponente, el oficialista Daniel Martínez la noche del domingo 24 de noviembre y así se convirtió en el nuevo presidente de la República Oriental del Uruguay, a falta de 35 mil votos observados por contar, que de ninguna manera torcerían el destino. Recién el martes 26 la Corte Electoral comenzó un nuevo recuento de votos (incluidos los observados) y pronosticó que el viernes 29 anunciaría formalmente quién será el sucesor de Tabaré Vázquez. Todo con la parsimonia habitual con que se hacen las cosas en Uruguay, sin alharacas, y sin generar ningún estallido social en las calles tras una victoria por un puñado de votos (un punto porcentual). Lo curioso es que todas las encuestadoras habían pronosticado un holgado triunfo del centroderechista Lacalle Pou sobre el izquierdista Martínez, por cinco, seis o hasta ocho puntos porcentuales. Y ninguna le atinó. Si Luis Lacalle Pou fuera cabulero o afecto al juego, el lunes le habría jugado al 28 mil 666 a la cabeza. Pero no lo es. Sí es un hombre metódico y muy organizado, tanto que desde 2017 tenía una app en su celular que contaba cuántos días (horas y minutos) faltaban para las elecciones internas de 2019, para el 27 de octubre, para el 24 de noviembre y para el 1° de marzo de 2020. Antes de bajarse esa app, simplemente iba tachando los días en una cartelera en su despacho como diputado. Ya como senador apeló a una aplicación en el celular y un día clave era el del balotaje. Estaba convencido de resultar vencedor y la espera hacia el 1° de marzo sólo sería cosa de matizar la ansiedad. El lunes 25 de noviembre, con el resultado parcial de 48.7% de los votos escrutados a su favor contra 47,5% para Martínez, ni miró la app (que ya había dejado atrás las internas, la primera y la segunda vuelta). Y debió cancelar sus otros planes: tener reuniones con sus allegados a las 9:00 de la mañana o reunirse con el presidente de la República a las 15:00 horas para dar comienzo formal a la transición de gobierno. Dado que el exintendente de Montevideo no aceptó la derrota en la noche del domingo 24, la reunión con Vázquez no tenía más remedio que ser pospuesta. Pero ya era un hecho: Lacalle lideraría un gobierno multipartidario, porque si llegó hasta allí fue por una alianza que fue construyendo durante meses con mucha negociación y oficializó la noche del 27 de octubre, cuando el candidato del histórico Partido Colorado, Ernesto Talvi, el líder del Partido Independiente, Pablo Mieres; de Cabildo Abierto, el general Guido Manini Ríos, y el candidato del Partido de la Gente, el empresario Edgardo Novick, hicieron saber que harían campaña por el candidato de la oposición. “El nuestro no será un gobierno del Partido Nacional. Será un gobierno multicolor, encabezado por el Partido Nacional”, aclaró Lacalle Pou la noche del 27 de octubre, tras salir segundo en la primera vuelta electoral. El Frente Amplio, sin alianzas con otros partidos, debería apostar a su militancia más fiel para ganar en segunda vuelta. La noche del 24 Este cronista estuvo la tarde y la noche del domingo 24 en el búnker nacionalista. Antes de las 20:30 todo era paz, satisfacción y cierto exitismo que costaba disimular.
“Estamos tranquilos, esperanzados y muy optimistas, pero ojo, eso no quiere decir exitistas. El partido no está ganado”, decía el senador electo Álvaro Delgado -eventual ministro- intentando camuflar sus verdaderas sensaciones. Todas las caras de dirigentes nacionalistas eran de alegría, optimismo y algo de ansiedad. Querían terminar la ceremonia temprano. “A las 22:00 habla Luis. Quiere terminar temprano porque al otro día quiere arrancar”, habían dicho allegados a esta revista el sábado 23.
A las 20:30 en la planta alta del local de Todos -el sector de Lacalle Pou- empezó un conteo que acompañaba el de la pantalla del canal Teledoce: 5, 4, 3, 2, 1... y los más altos dirigentes políticos nacionalistas explotaron en un grito cuando la pantalla led tenía el mensaje “Lacalle Pou presidente electo”. Pero no pasó un minuto cuando la euforia fue dando paso a un murmullo generalizado. ¿Qué pasó con los famosos 7 u 8 puntos de diferencia? La encuestadora Cifra -con la socióloga Mariana Pomiés a la cabeza- decía que el blanco había ganado apenas por tes puntos. Y el paso de los minutos fue permitiendo que todas las encuestadoras: Cifra, Factum y Opción -las principales destacadas en TV- fueran revisando y ajustando sus números y porcentajes, hasta llegar a una paridad absoluta: 48.2% para cada uno decía Factum en TNU con Oscar Bottinelli en el estudio del canal estatal. En TV Ciudad, incluso, daban ganador a Martínez: 48.4% contra 47.5% decía el canal municipal tomando como cierta la información de La Diaria Datos antes de las 21:00. Fue curioso: en el local del Partido Nacional se celebró mucho más -con más griterío y euforia- la noche del 27 de junio cuando la fórmula blanca resultó segunda -casi 10 puntos atrás de la frenteamplista-, que en la noche del 24 de noviembre, cuando absolutamente todos esperaban una diferencia mayor y rotunda (del candidato de la oposición), y no un empate técnico que ningún encuestador se vio venir. Pasaron las horas y pasadas las 23:00 se vio al ingeniero Daniel Martínez subir al escenario de 18 y Yaguarón saltando y agitando sus brazos en clara actitud triunfante. Atrás lo siguió Graciela Villar y casi todos los líderes frentistas, con la llamativa ausencia de José Mujica y su esposa Lucía Topolansky. Martínez no asumió la derrota, agradeció a la militancia frenteamplista por el “batacazo” y tiró una frase que fue zócalos en la TV y título de portales: “Intentaron enterrarnos, ¡lo que no sabían era que somos semillas!”, gritó Martínez, repitiendo una frase que alguien le había pasado por Whatsapp. Había perdido, pero celebró mucho más que el ganador. Cuando todos lo señalaban como el padre de la derrota y se aprestaban a culparlo de parricidio (optó por prescindir y desoír consejos de José Mujica y el ministro de Economía, Danilo Astori), la mística frentista hizo lo suyo y terminó casi empatando un partido imposible. Por eso, quizás, Martínez subió a un escenario montado en la principal avenida montevideana, 18 de Julio, alzando los brazos y golpeándose el pecho. Otra fue la actitud de Lacalle Pou: mucho más calmo y tranquilo, con porte presidencial según los principales analistas políticos. “Tiene estatura de estadista. Se preparó para esto desde que perdió las elecciones de 2014”, dijo a Proceso su biógrafo, el periodista Esteban Leonís. Recién sobre la medianoche, y lejos de los planes iniciales de Lacalle Pou, el candidato blanco subió al escenario, después del turno de Edgardo Novick, Pablo Mieres, Ernesto Talvi y Guido Manini (el hombre de la discordia por su video a militares pidiéndoles que no voten a la izquierda, al borde de la veda).  Lacalle Pou se lamentó por no haber recibido un llamado del candidato oficialista reconociendo la derrota, pero aclaró que sí recibió un llamado del presidente Vázquez:
“Como el candidato del gobierno no reconoció la derrota, tanto el presidente como nosotros nos vamos a atener a lo que diga la Corte en los próximos días”, dijo. “Vuelvan a sus casas con cuidado, con alegría mesurada. Nos vemos en una semana para confirmar esto”, dijo el retador, quien unos minutos antes, se supo ganador. “Tenemos la convicción de que el 1° de marzo asume un gobierno multicolor. Formalmente lo sabremos en pocos días. Nosotros lo sabemos, todos lo sabemos” enfantizó. “Parece haber aprendido a la perfección el manual del perfecto candidato sobre el escenario. Dejó a los principales líderes detrás, él se paró dos metros por delante de ellos y en el centro y al hablar iba girando hacia un lado y hacia el otro”, detalló el semiólogo Richard Danta.
Se había puesto fría la noche del 24 pasada la medianoche y la gente se fue a dormir sin tener un presidente electo, por más que desde la mañana del lunes 25 ya todos los politólogos decían que había ganado Lacalle, porque la diferencia era indescontable. Apenas necesitaba dos mil 615 votos en 35 mil. Martínez debía obtener el 92% de los sufragios para resultar vencedor. Un porcentaje quimérico, bastante improbable, considerando que los observados a su favor en octubre fueron el 27%. Mientras el martes 26 a las 15:00 horas la Corte Electoral se aprontaba a contar nuevamente los votos y sumar, esta vez, los observados, en la prensa empezaron a filtrarse algunas ideas de ministros del próximo gabinete: a los conocidos Azucena Arbeleche (Economía), Pablo Bartol (Mides) y Pablo Da Silveira (Ministerio de Educación y Cultura), Álvaro Delgado (Ministerio de Industria o Secretaría de Prensa),  Luis Alberto Heber (Transporte), Javier García (Defensa), Jorge Larrañaga (Interior), Carlos María Uriarte (colorado, en Ganadería) y el excandidato colorado Ernesto Talvi como canciller, fueron los nombres más manejados. A todo esto, en el Frente Amplio nadie tenía ni el más mínimo atisbo de qué sería de Daniel Martínez tras las elecciones, quien, de todos modos, prometió ir personalmente a saludar a Lacalle cuando fuera oficializado por la Corte Electoral que resultó ser el próximo presidente de la República.
“Siempre respetamos la voz del pueblo. Lo correcto es esperar los resultados de la Corte Electoral. Sea cual sea va a existir un diálogo con @LuisLacallePou, así lo exige nuestra rica tradición democrática”, tuiteó el lunes 25.
Y no fueron pocos los que criticaron -encendidamente desde el FA, más tibiamente desde otros aliados en la coalición “multicolor”- el video destinado a las Fuerzas Armadas de Guido Manini Ríos al borde de la veda, y el comunicado que difundió el Centro Militar. El general Manini, un excomandante en jefe del Ejército, fue el candidato de Cabildo Abierto, un partido de fuerte impronta militar que prometió en campaña que a los delincuentes “se les terminó el recreo”. Apenas horas antes del comienzo de la veda electoral, Manini difundió un video en redes sociales donde exhortaba a los integrantes de las Fuerzas Armadas a no votar al candidato oficialista por entender que el Frente Amplio los había despreciado. Tras el video de Manini Ríos, hubo otro gesto más preocupante: el Centro Militar, una institución que reúne militares jubilados y en actividad, difundió un comunicado que, entre otras cosas, decía:
“Los marxistas finalmente se irán del poder y con ellos felizmente se irá el largo rosario de ofensas a la Constitución, el desorden y despilfarro en todos los niveles de la administración”. Y agregó, unas líneas más abajo: “Cuando el último de los gobernantes del Frente Amplio deje el poder veremos la estela de varios crímenes cometidos contra el pasado y contra el futuro del país”.
Según el politólogo Adolfo Garcé, estos dos episodios fueron claves para mover la aguja a favor del candidato oficialista y le terminó resultando un búmeran en contra a Lacalle Pou. “Los encuestadores, cuando dieron sus últimos números, muy favorables por varios puntos a Lacalle, advertían que eso sería así siempre y cuando no existiera un meteorito de último momento. Bueno, el video de Manini a los soldados y el comunicado divulgado por el Centro Militar fueron esos meteoritos”, dijo Garcé a Proceso. Meteoritos aparte, y tras algunos días de falsa incertidumbre, Lacalle Pou -un abogado de 46 años que nunca ejerció, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-95)- se apresta a confirmar su gabinete, agendar una entrevista con Vázquez y encabezar la alternancia en el gobierno.

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